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Archive for 8/03/17

Cada 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer que conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integral como persona.

Ya he dedicado varias entradas a diferentes grupos de mujeres trabajadoras en nuestro municipio: sardineras, trabajadoras del matadero, y escritoras. La figura de la sardinera es reconocida de forma unánime y su monumento conmemorativo sirve de homenaje a todas las mujeres relacionadas con la actividad portuaria, entre las que se incluyen las trabajadoras de las fábricas de conservas, escabeches y salazones a las que quiero referirme expresamente en esta ocasión.

En Santurtzi, en el último cuarto del siglo XIX e inicios del XX se fue consolidado una flota de traineras y vapores que impulsó el crecimiento de la actividad pesquera, de tal manera que se podía destinar una parte de las crecientes capturas a su transformación industrial. Las primeras industrias de conservas, escabeches y/o salazones ubicadas en Santurtzi se documentan a finales del siglo XIX. Algunas de las pioneras serán la fábrica de conservas regentada por Antonio Iglesias, instalada en 1882 y con actividad hasta 1885, la de salazones de Martín Goicoechea, instalada en 1894, y la fabrica de conservas de anchoa establecida por una empresa italiana, de la que se desconoce el nombre, en 1904.

Sin embargo, de estos inicios la información es muy escasa y no he encontrado referencias a mujeres empleadas en ellas. Más información sobre las características de una industria conservera de principios de siglo XX se puede obtener en la obra Historia de Santurtzi: el difícil equilibrio del siglo XX (1901-2001), pag. 97 y ss. De esos primeros años una postal nos permite ubicar con precisión una de esas industrias.

Ya avanzado el siglo XX documentamos la última concesión administrativa relativa a la industria transformadora de la pesca en nuestro municipio. Fue otorgada el 19 de julio de 1962 a la Cooperativa de Pescadores de Bajura (COPESBA) para la instalación de una fábrica de conservas en una parcela del puerto próxima a la sede de la cofradía de pescadores. Antes se ubicó durante un corto periodo en Mamariga, en un solar entre Juan Crisóstomo de Arriaga y Bruno Alegría conocido con el nombre de la huerta del Farras.

En la génesis de su constitución y explotación estuvo la Federación de Cofradías de Pescadores de Bizkaia. Se creó con la idea de poder dar salida a las abundantes capturas de anchoa que durante esos años se venían registrando en los puertos cantábricos, si bien al final se amplió el proyecto comprando maquinaria para la elaboración de conservas de pescado. La elección de Santurtzi estuvo condicionada por la inexistencia de industrias del ramo en la localidad, así como por la facilidad para conseguir los terrenos en donde ubicarse.

Comenzó a funcionar a mediados de 1962 elaborando salazón y posteriormente conservas de bonito, chicharro, verdel y filete de anchoa. Estuvo en activo hasta 1969 (o 1972, según las fuentes), si bien en los últimos años la gestión fue llevada por terceros. La marca comercial utilizada era La Sardinera.

El personal de la fábrica estaba formado principalmente por mujeres, la mayoría esposas e hijas de pescadores, por cuyas manos pasaba todo el proceso de manipulación y tratamiento del pescado recién capturado (descabezar, eviscerar, cortar, etc.) hasta su salida, transformado y enlatado en alguno de los diferentes productos listos para su comercialización y consumo.

El trabajo era generalmente temporal, supeditado a las diferentes costeras durante las cuales, la abundancia o escasez de capturas era determinante para la actividad de la fábrica. Por esta razón, la mayor parte de las operarias eran eventuales, se las contrataba sólo cuando entraba suficiente pescado para transformar. Las condiciones de trabajo eran duras y el salario era de aproximadamente unas 35 pesetas por jornada de trabajo, según algunas fuentes. Estas abnegadas mujeres mantenían a la unidad familiar con su sueldo cuando los hombres no podían salir a faenar y, a la vez, criaban a sus hijos con la ayuda de la familia. Cuando no trabajaban en la fábrica muchas de ellas vendían pescado de forma ambulante, es decir, eran temporalmente sardineras, por lo que también estarán incluidas en la entrada correspondiente.

El número de hombres era reducido, aproximadamente un 10% del total de la plantilla. Su actividad se caracterizaba por ser fija durante todo el año y por su especialización: administrativo, latero, soldador, mecánico, fogonero, conductor…

Entre las trabajadoras podemos citar, con nombre y apellidos, a las siguientes:

  • NN “la choclera, de Fontuso”

  • Angelines

  • Anita “la castreña”

  • Milagros ARCE VILLADA

  • Asunción CALVO GÓMEZ “la castreña”

  • Isabel CASTILLO SUSILLA “lsabelita, la de Suelas”

  • María Begoña LARRABIDE GONZÁLEZ

  • Visitación MÉNDEZ INCERA “Visi, la de Turtulu”

  • Catalina MIRA HORMAECHEA

  • Virginia del MORAL

  • Ascensión NOTARIO GONZÁLEZ “la Chamberina”

  • Ana OSUNA MORENO

  • Encarnación PÉREZ MARTÍNEZ

  • Carmen SANTAMARÍA LUIS

  • Belmira VILLADA CAMAÑO

Faltan otros muchos nombres y fotografías de detalle que me gustaría recopilar. Cualquier otra información será bienvenida.

Tengo que agradecer a Luis Javier Escudero Domínguez y a Koldo Urtiaga su colaboración para documentar, aunque sea sucintamente, la historia de las industrias transformadoras de la pesca en nuestro municipio.

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