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Archive for the ‘Artes plásticas’ Category

Santurtzi es un municipio que destaca por su tejido asociativo y más aún en lo que concierne a grupos de danzas tradicionales. En casi todos los barrios surge con el tiempo la inquietud por recuperar tradiciones reprimidas durante los años más duros de la dictadura franquista.

En 1961 se constituye Mendi Alde, en 1967 Bihotz Gaztea, en 1974 Zugaitza, en 1978 Mamarigako Etorkizuna, en 1986 Bideko Argia, en marzo de 1988 se constituía Mahastiako Dantzari Taldea y, finalmente, el 18 de julio de ese mismo año Dantza Zaharra.

Los comienzos del grupo se remontan, sin embargo, a finales de los años setenta. En 1978 un grupo de vecinos se organiza para participar en la primera bajada de las fiestas del barrio San Juan. A partir de ese momento el grupo va afianzándose durante los siguientes años hasta constituirse formalmente el 18 de julio de 1988 e inscribirse en el Registro de Asociaciones del Gobierno Vasco el 25 de agosto de ese mismo año. Declara tener la sede en la calle Juan Sebastián Elcano, 18 B.

A esos entrañables comienzos corresponden las siguientes fotografías.

Es imposible esbozar la historia de Dantza Zaharra sin mencionar al miembro más destacado del grupo que, además, estuvo desde su origen y al frente del mismo durante más de 30 años: Isabel Fernández Delgado.

En julio de 2013, cuando el grupo cumple oficialmente 25 años, Isabel Fernández recibe un merecido homenaje por parte del Ayuntamiento por su entrega y dedicación al grupo de danzas y a las actividades culturales del barrio San Juan. Se descubre el mural discoidal que reproduce la imagen del personaje agasajado ubicado en el interior del centenario kiosco de música. Isabel pasa a ser reconocida como personaje ilustre del municipio.

En octubre de 2017, son los propios vecinos del barrio San Juan quienes rinden homenaje a Isabel, la de danzas, fallecida el 27 de marzo de 2017. Se erige un sencillo monumento para perpetuar su recuerdo en un nuevo parque en las faldas del Serantes, justo al comienzo del barrio San Juan.

Respecto a la denominación del grupo, he encontrado dos versiones: Dantza Zaharra y Dantza Zaharrak. La primera parece ser la más antigua y oficial, pero podemos encontrar la segunda en numerosas ocasiones, tanto en banderas como estandartes.

Sea como fuere, con K o sin ella, y contando desde 1978 o desde 1988… ¡Zorionak!

No puedo concluir la entrada sin agradecer a Itziar Murua su inestimable colaboración para la realización de esta entrada.

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Ricardo Iñurria Arzubide nació en Santurtzi el 3 de mayo de 1908 y falleció en Bilbao el 24 de febrero de 1995. Hijo del matrimonio formado en 1890 por Marcelino Iñurria Salaverri (bautizado en Begoña en 1864) y Dominga Arzubide Villa (bautizada en Santurtzi en 1871). Era el último de seis hermanos que, curiosamente, se inscriben en el Registro Civil con el apellido Iñurriaga los tres primeros (Ángel, María y Juan) e Iñurria los tres últimos (Paula Antonia, Valentín y Ricardo). En el Libro de Bautismos de la parroquia de San Jorge, sin embargo, aparecen con el apellido Iñurria o Yñurria.

Por cierto, algunas fuentes afirman que el sacerdote santurtziarra (bautizado en 1876) Nemesio Faustino Honraeta Aguirre era tío suyo. En realidad, Faustino era hijo del primer matrimonio (1876) de Esteban Honraeta con Victoria Aguirre Nieto. Después, en 1885, Esteban Honraeta contrajo matrimonio con Paula Cirila Villa Garay, madre de Dominga Arzubide y abuela de Ricardo Iñurria.

En el estudio de su obra pictórica realizado por Jose María Arenaza Urrutia, editado en 2011, se afirma (pag. 18) que el domicilio familiar de los Iñurria Arzubide se ubicaba en la calle Solocoeche de Santurtzi. Evidentemente, no ha existido nunca una calle con esa denominación en nuestro municipio. En el censo electoral de 1895, su padre Marcelino Iñurria aparece registrado en la plaza, sin más detalle (la actual plaza Juan José Mendizabal). Declara ejercer el oficio de tablajero (equivalente al actual carnicero). En el censo electoral de 1932 no hay rastro de la familia en Santurtzi. No he podido consultar los padrones de población de años intermedios por falta de tiempo.

En 1921 inicia su formación en el taller de José María Garrós y en el de los Basterra (Serafín Basterra y sus hijos Higinio y Manuel). Entre 1928 y 1932 estudia en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. Y en 1933 recibe una beca para formarse en París, aunque su estancia es muy breve.

Durante la guerra civil, Ricardo Iñurria sirve como escolta y correo del lehendakari Agirre. En 1938 es detenido en La Peñilla y encarcelado en el penal de El Dueso (Santoña), después en El Puerto de Santa María (Cádiz) y finalmente en Alcalá de Henares (Madrid). En esta cárcel talla un Cristo en la cruz que se envía al papa de entonces y que ahora se conserva en los Museos Vaticanos.

En 1940 es liberado y regresa a Santurtzi. Comenza a trabajar, aunque al principio con ciertas limitaciones laborales. A diferencia de otros artistas, Ricardo Iñurria abandona la militancia activa tras su excarcelación. No así su afiliación al Partido Nacionalista Vasco en el que se mantiene hasta su muerte. Con mucha frecuencia se trasladaba a San Juan de Luz para reunirse con su amigo Lezo Urreiztieta Rekalde, personaje del que hemos hablado en este blog.

Su vida artística se extenderá hasta 1978 cuando deja definitivamente de esculpir, tallar y pintar. Como pintor realizó algunos paisajes, bodegones y retratos, como por ejemplo el de su madre, Dominga Arzubide.

Sin embargo, su principal actividad fue la escultura, en la que sobresalen sus trabajos en el campo de la imaginería policromada, donde han destacado varias esculturas muy veraces, a la altura de los grandes imagineros del barroco español. Como escultor, su figura ha quedado adscrita a la que puede denominarse como segunda generación de escultores vascos tras Francisco Durrio, Nemesio Mogrobejo o Moisés Huerta.

De su extensa obra destacan los pasos procesionales “Ecce Homo” (1944), “La flagelación del Señor” (1955), popularmente denominado “Los azotes”, y la imagen de San Antonio para la iglesia homónima de los franciscanos de Iralabarri. Fuera de Bilbao, destacan la imagen de la Virgen de las Mercedes, en la iglesia del barrio de Las Arenas en Getxo, el Cristo en la cruz en la iglesia de San Pedro de Mungia y la excelente Piedad de la iglesia de San Andrés de Ibarrangelua. En el Museo Diocesano de Arte Sacro se exponen dos obras: Crucifijo y El bautismo.

También sobresalen diferentes obras de escultura pública como el grupo Maternidad en la portada lateral de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, la estatua de Minerva en bronce que corona el chaflán de la antigua sede del  extinto Banco Hispano-Americano en la Gran Vía, y los bustos en bronce de destacados personajes locales en numerosos municipios vizcaínos como Juan Telesforo Arteche (Bedia), Enrique de la Alberca (Bilbao), Félix de Vidauzarraga  (Derio), Alberto de Palacio (Getxo), Miguel Sáinz-Indo (Karrantza), etc.

No obstante, su obra más popular es el Monumento a la Virgen del Carmen, en el puerto de su pueblo natal, cuya construcción se inició en 1948, hace 70 años. El monumento, construido por partes dado su tamaño (6 metros el pedestal y otros tantos la estatua), está esculpido sobre piedra de Urduliz.

Además, los medallones conmemorativos adosados a su base también es obra suya.

No es la primera Virgen del Carmen que realiza. En 1947, un año antes, realiza una estatua para el conde del Cadagua que finalmente se ubica en Casas Blancas (Cidamón, La Rioja).

También realizó una pequeña escultura de uno de los dos iconos de Santurtzi junto a su Virgen del Carmen: la sardinera. Está realizada hacia 1963 y posiblemente sea un boceto para el monumento a la sardinera que finalmente ejecutó Lucarini.

Fruto de su afición al fútbol y a su devoción por el Athletic, realizó magníficos cuadros de futbolistas.

Y también diseñó medallas conmemorativas como, por ejemplo, la realizada en 1977 para el Memorial Félix Izaguirre Garate (pelotari).

En algunas publicaciones se dice que el Ayuntamiento de Santurtzi le nombra Hijo Ilustre o Predilecto (según las fuentes) en 1945 o 1946. No he podido refrendar esta información.

Lo cierto es que en abril de 2011, coincidiendo con la edición del completo estudio de su obra pictórica citado antes, se inauguró en Santurtzi una exposición-homenaje centrada en su faceta de pintor.

El conjunto de obras expuestas se agruparon temáticamente (paisajes, bodegones, retratos) para que el espectador pudiera comparar, disfrutar y analizar las pinturas por temas, evitando la frialdad de un recorrido cronológico de sus trabajos. Esta exposición tuvo el honor de ser la primera en la recién estrenada Sala de Exposiciones ubicada en la planta baja del palacio Casa Torre.

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Como es tradicional, cada 23 de abril, fecha en que se venera de manera especial a San Jorge, copatrón de nuestro municipio, y “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”, la Red de Bibliotecas Municipales viene obsequiando a sus usuarios con un detalle. Se trata de una sencilla publicación que edita el Ayuntamiento desde  el año 2002, que no suele superar las 50 páginas, dedicada a promocionar el gusto por la lectura a través de obras de autores y/o temas locales, que ha dado lugar a la serie Cuentometrajes.

En 2014 se celebró el 40 aniversario de la creación de la primera biblioteca de la Red y por eso la efemérides mereció algo más significativo: una lámina que plasma una idílica vista del “casco” a comienzos del siglo XX (hacia 1907, con una licencia para incluir el monumento dedicado a Cristóbal y Luciano Murrieta, que es de 1923), realizada por el dibujante e investigador de temas locales Goio Bañales.

En 2015, aprovechando la citada lámina, se publicó un nuevo número de la serie Cuentometrajes, titulado Santurtzi 1900, en el que se ofrece unas pinceladas de los edificios, lugares y personajes más significativos que aparecen en ella como, por ejemplo, la iglesia dedicada al santo que dio nombre a nuestro municipio y de la cual este año se cumplen 940 años de la primera referencia escrita conservada.

En 2016, con motivo del Día Internacional del Libro, la Red de Bibliotecas de Santurtzi obsequió una lámina que reproduce una litografía a dos tintas realizada a mediados del siglo XIX por el pintor José Pérez de Castro (1823-1902). Se trata, precisamente, de una vista de parte de los arrecifes de Los Palos, situados entre La Peñota (gran peñasco que se encontraba próxima al acantilado y sobresalía en pleamar, que ha dado su nombre a la zona limítrofe con Portugalete) y la rada de Santurtzi (al antiguo puerto se le denominaba El Pedregal).

En 2017 no hubo regalo en todas las sucursales de la red (únicamente en la central), pero se compensa con el de este año. Un álbum desplegable con ocho tarjetas postales que reproducen vistas y estampas costumbristas de ese pintoresco Santurtzi de comienzos del siglo XX. Un buen modo de celebrar el día del libro y de fomentar la memoria histórica de nuestro municipio. En esta iniciativa hemos participado, además de la Red de Bibliotecas, Pedro Martín (que ha iluminado una de las postales), Iñaki Cítores y yo mismo (que hemos cedido postales de nuestras colecciones particulares).

El álbum se puede conseguir, hasta agotar existencias, en las sucursales de la Red de Bibliotecas de Santurtzi.

 

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Una vez repasada la historia del parque voy a centrarme en su elemento más singular, el kiosco de música. En primer lugar, es necesario tener en cuenta algunas consideraciones generales acerca de este tipo de edificación. Os remito a la lectura del artículo Una arquitectura para la música, el kiosco del arquitecto e historiador Iñaki Uriarte del que he extraído algunas ideas.

El kiosco o gazebo es un templete techado de planta simétrica (circular o poligonal) empleado como exótico mirador y elemento ornamental en los jardines palaciegos desde la segunda mitad del siglo XVII. En la siguiente imagen podemos ver a la vez dos ejemplos, uno de estilo clásico y otro de estilo oriental, en los Jardines del Príncipe en Aranjuez.

En el siglo XIX se suceden significativas transformaciones políticas, sociales y urbanísticas. Las nuevas políticas de ordenación urbana de las ciudades y el desarrollo de nuevos hábitos populares (la música deja de ser patrimonio de las elites) hacen que el kiosco de música se convierta en un elemento arquitectónico destacado en plazas, parques y bulevares.

Deviene una construcción elegante, diseñada para acomodar a las bandas de música tan de moda en la época. Sigue siendo una construcción muy abierta, simétrica con relación al eje central y de planta circular o poligonal, pero de mayor tamaño que su antecedente. Consta de un sólido basamento o zócalo de piedra o ladrillo sobre el que se sitúa la escena. La cubierta sostenida por columnas debe cumplir con ciertos requisitos acústicos y, a la vez, proporcionar abrigo básico ante las inclemencias meteorológicas. Para proporcionar mayor protección la cubierta sobresale a modo de alero.

Inicialmente eran modestas estructuras de madera, incluso sin techumbre. Con el tiempo se construyen en metal. El hierro fue empleado desde el último tercio del siglo XIX por su robustez, ligereza y posibilidades de moldeado. Existían catálogos con diferentes modelos de kiosco fabricados por diversas empresas de fundición. En numerosas localidades fueron proyectados ex novo por sus arquitectos municipales, pero también era muy habitual emplear como referencia piezas y elementos de esos catálogos, adaptándolos a las circunstancias concretas de cada lugar. La adecuada combinación de materiales, proporciones y ornamentos en una construcción tan simple, era fundamental para lograr una obra bella y correctamente integrada, ofreciendo la sensación de solidez en su base y ligereza en el resto.

Actualmente, debido a su escaso uso y falta de mantenimiento en algunos casos, porque se les considera simples peanas multiusos, padecen una preocupante desfiguración. Casi ningún municipio los destaca como una construcción de valor arquitectónico. Apenas están protegidos culturalmente, excepto si se insertan en un centro histórico o conjunto monumental. Y, sin embargo, aún en la soledad de su silencio emiten emoción y armonizan un lugar. En Santurtzi tenemos la suerte de haber sabido mantener nuestro kiosco de música en muy buen estado. Y además, el Ayuntamiento ha invertido en su conservación, sobre todo en la última década.

Respecto a la historia y evolución de los kioscos de música, Santurtzi constituye un buen ejemplo. Tenemos que remontarnos a los últimos años del siglo XIX para constatar la presencia de un kiosco de música de madera, desmontable y sin cubierta. Esto último era un inconveniente ya que en caso de lluvia la actuación de la banda de música y el baile se suspendían o se trasladaban al lugar techado más próximo, al pórtico de la iglesia de San Jorge. Este apaño finalizó a comienzos de 1919 cuando se prohibió utilizar el pórtico para estas lúdicas actividades, a petición del párroco Jenaro Oraá.

De este tipo de kiosco documentamos gráficamente dos modelos. Uno cuadrangular, que parece el más antiguo. Es apenas un tablao elevado con una estrecha escalera de cuatro peldaños y sencilla barandilla perimetral de largos travesaños horizontales. Se ubicaba en la entonces plaza del pueblo, la plaza del solar denominada con el tiempo plaza Juan José Mendizábal.

El segundo, documentado en la primera década del siglo XX es más elaborado. Sigue siendo de madera, pero es más amplio y más elegante. Tiene forma octogonal y tupida balaustrada de travesaños verticales torneados. En las fotos no se aprecia bien, pero podría tener unos altos y delgados soportes para sostener un toldo.

Finalmente, en 1917, aprovechando la transformación de parte de la explanada generada por el relleno en parque y jardines se edifica en el centro el actual kiosco de música. Ya en 1913 se había previsto la necesidad de edificar un kiosco estable. El primer proyecto fue el del arquitecto municipal Mario Camiña Beraza. Era el proyecto que se adjuntaba a la petición de cesión en arriendo de los terrenos para destinarlos a parque y jardines.

El kiosco diseñado por Mario Camiña constaba de dos cuerpos: el inferior de piedra y el superior formado por una estructura metálica. El primero tenía planta octogonal que se transformaba en cruciforme gracias a los cuatro pórticos sostenidos por pequeñas columnas. En el centro se planeaba un pequeño bar. El cuerpo superior, más estilizado, repetía la planta del inferior. Sobre el octógono central se elevaban ocho finas columnas metálicas que sostenían una desarrollada y decorativa cubierta con amplio alero.

Se desconocen las razones por las que este proyecto no se llevó a cabo. Quizás fuese la cuantía de la obra, la falta de tiempo para ejecutarlo o simplemente que Mario Camiña ya no era el arquitecto municipal.

El segundo y definitivo proyecto fue realizado por Ramiro Leza Agost. El tiempo apremiaba. En noviembre de 1916 el Ayuntamiento acuerda dirigirse a Ramiro Leza, excelente dibujante nacido en Madrid y formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En aquel entonces era delineante del Ayuntamiento de Getxo y tenía experiencia y reputación. Además, se aprovechó para abrir una suscripción popular para la financiación de las obras.

Para principios de diciembre Ramiro Leza ya tenía el proyecto, los planos y el presupuesto. A finales de ese mes el proyecto recibía el informe favorable de la Comisión municipal de Fomento, que además estimaba oportuno separar las obras: por una parte el parque, por otra el kiosco. Ramiro Leza redactaría los pliegos de condiciones para la realización de las obras y asumiría también la dirección facultativa. Como he comentado en la entrada precedente, a comienzos de enero de 1917 se sacaba a subasta las obras del parque, que se adjudicaban a finales de ese mismo mes a Pantaleón Rementería. Las obras para acondicionar la explanada como parque público se dieron por terminadas en junio de 1917.

Respecto al kiosco, el proyecto de Ramiro Leza se aprobó en febrero. Tras una primera subasta que quedó desierta, a finales del mes de mayo se adjudicaba al portugalujo Víctor Aroma por 7.900 pesetas. La obra finalizó en octubre. El 29 de diciembre de 1917 se aprueba la liquidación de las obras por la cantidad de 8.560’63 pesetas. Sin embargo, el director de las obras del parque, Ramiro Leza, encuentra deficiencias en el tejado del kiosco y propone el 20 de enero de 1918 tomar medidas para su subsanación porque en algunos aspectos no se ejecutaron conforme a las prescripciones técnicas.

Finalmente, la ceremonia de inauguración y bendición del parque y del kiosco tuvo lugar el domingo 31 de marzo de 1918 a las 12 horas. Las deficiencias se subsanaron en abril y con la instalación de las luces ese mismo mes concluyó la obra.

El kiosco que diseñó Ramiro Leza es un digno y elegante ejemplo de la arquitectura ecléctica de la época. Sobre una plataforma de planta circular se sitúa el escenario sobre el que se alzan nueve columnas de piedra unidas por arcos de medio punto que sostienen una original cubierta: una cúpula con visera en todo su perímetro recubierta con tejas planas lagrimadas.

Disponía también de un sótano dedicado a almacén al que se accede por una pequeña puerta situada a la izquierda de la escalera de acceso a la escena.

Así valoraban la originalidad del kiosco en la prensa de la época.

Según el proyecto, el kiosco tendría las siguientes características, según nos cuenta el historiador Víctor Arroyo en su segundo volumen dedicado a la Historia de Santurtzi, pág. 26 y 27:

En los años veinte se añade la balaustrada de estilo clásico que ha permanecido, aunque en deficiente estado, hasta la última reforma de 2009 durante la cual se ha sustituido por otra más ligera de acero y cristal más acorde con el proyecto original.

Entre mayo y julio de 1992 se sustituyó el jardín perimetral por un mosaico de cerámica refractaria de alta resistencia compuesto por 256 placas trapezoidales y 56 rectangulares. El mosaico, obra de Iñaki Martínez Coco (Barakaldo, 1962), reproducía vistas de la ría y de los pueblos de las márgenes. No he conseguido, de momento, imágenes de detalle.

En 1994 la Diputación de Bizkaia editó una interesante obra titulada Bizkaiko musika kioskoak = Kioscos de música de Bizkaia. Se trata de un inventario de estas edificaciones en el cual destaca por sus singulares características el kiosco de Santurtzi,  protagonista de la cubierta del libro.

Al parecer, es nuevamente restaurado en 2002 (desconozco la trascendencia) y finalmente en 2009. En esta última intervención se suprime el mosaico colocado en 1992 y las palomillas que sujetaban unos clásicos faroles.

Presenta, sin embargo, una especie de gárgolas por donde desagua el agua de lluvia acumulada en la cubierta que a mí no me gustan nada.

El kiosco, además de su valor patrimonial, tiene relevancia por otro motivo también relacionado con la memoria histórica. En el perímetro del zócalo y en el interior de la cúpula se han ido colocando anualmente unos relieves cerámicos conmemorativos realizados por Paco Presa Merodio. Les he dedicado dos entradas:

En la siguiente imagen, composición de Alfredo Bilbao, se pueden ver todos los relieves del zócalo:

Nueve personajes que destacan por su compromiso con el municipio en muy diversas facetas sociales:

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El 29 de marzo de 1988 se constituía el grupo de danzas Mahastiako Dantzari Taldea. Así figura el nombre en el Registro de Asociaciones del Gobierno Vasco. Y para conmemorarlo, Francisco Javier Pérez Cano, amigo y colaborador de este blog y administrador del grupo de Facebook dedicado al barrio de Las Viñas-Bullón, ha preparado con mucho cariño una entrada que paso a extractar.

Como el propio autor reconoce, el trabajo ha sido difícil porque no hay apenas nada publicado sobre la historia de los diferentes grupos de danzas del municipio. Así que su trabajo está basado, en gran parte, en los recuerdos de las personas que fundaron el grupo y que dieron sus primeros pasos con él. Pero son recuerdos de hace más de 30 años y son lejanos y difusos.

La historia del grupo comienza en el verano de 1985 cuando cuatro jóvenes amigas del barrio, Inmaculada Rubiano, Cristina García, María José Peñín y Belen Bartolomé, empiezan a pensar en la idea de formar un grupo de danzas en Las Viñas. Se dan cuenta de que casi todos los barrios de Santurtzi tienen el suyo (Dantza Zaharra, Mamarigako Etorkizuna, Mendi Alde, Zugaitza, etc.) y diversas asociaciones culturales también (Bihotz Gaztea, Centro Extremeño, Centro Gallego, etc.).

Así que decididas a montarlo, en septiembre de ese mismo año empiezan a buscar gente interesada. Ponen carteles por el barrio, hacen varias entrevistas en Radio Santurtzi, etc. Se habla con la Asociación de Familias de Las Viñas (D.A.E.M.) para ver la posibilidad de poder ensayar en el local que el Ayuntamiento tiene cedido a esta asociación en la calle Doctor Fleming 47-49.

A principios de 1986 se da de alta al grupo en la Federación Vizcaína de Danzas Vascas y las monitoras acuden a Bilbao para aprender las danzas que después deberían enseñar a los miembros del grupo. Comienzan los ensayos y comienzan los problemas por falta de recursos económicos, incluso para confeccionar los trajes típicos. El “pequeño gran Goyo”, Gregorio González, personaje muy querido en el barrio por su implicación en todo tipo de actividades, también quiso colaborar pintando la bonita pancarta que más tarde fue merecedora de más de un premio.

Después de muchos ensayos llegó el mes de septiembre y con él las fiestas de Mamariga. El grupo de danzas se apunta por primera vez a una bajada, que se celebró el sábado día 13.

Después de las fiestas de Mamariga llegaron las de Las Viñas y con ellas el día más esperado e importante de todos, el del primer alarde en su barrio y delante de su gente, el 27 de septiembre. La expectación era muy grande, al igual que los nervios, pero salió todo a pedir de boca. Fue todo un éxito. En este primer alarde solo participaron los mayores. Para los pequeños era muy pronto. Debido a su corta edad necesitaban más ensayos.

Pero los peques si desfilaron el siguiente sábado, 4 de octubre, en la bajada. Lo hicieron tan bien que ganaron el primer premio.

Al año siguiente, 1987, en las fiestas de carnavales del barrio, los peques del grupo fueron unos valientes y se atrevieron a bailar unas danzas en un acto que no estaba programado y que surgió espontáneamente. En las fiestas de Las Viñas de ese año, el grupo de danzas también volvió a participar junto con sus compañeros del grupo Dantza Zaharra del barrio San Juan.

El grupo seguía creciendo y con él los problemas. La falta de liquidez económica y el tener que estar dependiendo de la Asociación de Familias de Las Viñas para utilizar el local de ensayo, eran dos grandes problemas. Así que para subsanarlos el día 1 de marzo de 1988, en la primera reunión (reflejada en la primera acta), se decide constituir formalmente la asociación Mahastiako Dantzari Taldea y se aprueba confeccionar los estatutos y normas de funcionamiento para registrarlos donde proceda.

El 29 de marzo la asociación queda constituida oficialmente con la finalidad de fomentar y cultivar la danza y la música en las distintas modalidades del Folklore Vasco, así como la cultura en todas sus dimensiones. Ese mismo día se firma la segunda acta que recoge el nombramiento de la junta directiva: presidenta, Jasone Amézaga; tesorera, María José Peñín; secretaria, Inmaculada Rubiano. Como vocales: Cristina García, José Miguel Aguirre y Milagros Pascual.

Poco después llegaría otro día importante. El 15 de mayo el grupo de danzas acude a su primer Dantzari Eguna que se celebraría en Orduña y ya no se perdieron ninguno. Desde entonces era raro el barrio o el pueblo en fiestas que no les llamara para participar en las Bajadas y en los Alardes. También eran requeridos en celebraciones particulares como bodas, inauguraciones, aniversarios, etc.

El grupo siguió creciendo hasta llegar a ser alrededor de 150 miembros, aunque los problemas económicos seguían ya que se les concedían subvenciones de menor cuantía que a grupos con 30 o 40 miembros. Llegaron años en que se dejó de invertir en las fiestas de los barrios. Algunos barrios dejaron de celebrar sus fiestas, como ocurrió en Las Viñas, y eso hizo que se resintieran los grupos de danzas, bandas de cartón, etc. Se han pasado muchas penurias, pero el grupo sigue adelante. Hace alrededor de 5 o 6 años tuvieron que cambiar de local de ensayo porque en el de Doctor Fleming iban a construir un edificio de viviendas. Así que terminaron trasladándose a otro, ubicado en la calle Simón Bolivar, compartido con la Asociación de Familias de Las Viñas (D.A.E.M.). Un local demasiado pequeño para dos grandes asociaciones.

La gente que empezó con el grupo, por causas de la vida, lo fue dejando, unas antes y otras más tarde, pero hay nueva gente que sigue luchando día a día por el grupo, para que siga estando ahí.  Gente como Jaione de Castro Guerra y Oihane Lucena Coarasa siguen al pié del cañón, aprendiendo y a su vez enseñando nuevas danzas a nuestros dantzaris. Actualmente el grupo sigue acudiendo allí donde se le reclame y anima a todos los que tengan ganas de pasarlo bien y de aprender danzas vascas a unirse y participar.

Concluye Francisco Javier Pérez Cano su emotiva entrada agradeciendo a Cristina García, María José Peñín, Inma Rubiano, Jasone Amézaga, Sebastián Paniagua y Oihane Lucena su colaboración por la información y las imágenes que le han facilitado para la composición de la entrada publicada en el grupo de Facebook. También agradece la colaboración de Iñaki Cítores Antón que exprime como nadie la información publicada en la prensa histórica. Y al administrador de este blog por haberle recordado a través de la sección Efemérides santurtziarras la fecha de constitución del grupo. Yo le agradezco a él que me haya permitido publicar aquí una adaptación de su entrada y su permanente disposición a colaborar en todo lo relativo a la recuperación y difusión nuestra memoria histórica.

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Febrero es un mes significativo para el elegante chalet Sanginés, tristemente desaparecido. En febrero de 1878 (hace ahora 140 años) aparece la primera referencia a su construcción y en febrero de 1973 (hace ahora 45 años) se procedió a su demolición. Durante su casi un siglo de vida fue, en mi opinión, la mansión familiar más sobresaliente del patrimonio arquitectónico de nuestro municipio. Y ya es hora de dedicarle una entrada.

Todo comienza, hasta donde he podido investigar, a finales de febrero de 1878. Ángel Balparda, entonces vecino de Portugalete, solicita al Ayuntamiento del Concejo de Santurce licencia para quitar temporalmente unos árboles recién plantados en el paseo de la avenida Murrieta. Estos árboles impedían el acceso a una finca en donde se iba a comenzar a edificar una vivienda unifamiliar para su yerno José Sanginés Umaran. Se trata de una de las primeras residencias, villas o chalets construidos sobre la costa santurtziarra entre el antiguo puerto pesquero y Peñota, en el límite con Portugalete, durante la Belle Époque.

Para valorar en su justa medida el chalet Sanginés es imprescindible leer con detenimiento un documentado artículo de Maite Paliza Monduate titulado La importancia de la arquitectura inglesa del siglo XIX y su influencia en Vizcaya.

La arquitectura inglesa de la época victoriana (1837-1901) ejerció gran influencia en la de otros muchos países, sobre todo en la arquitectura residencial. La casa en sus numerosas versiones fue la gran protagonista de la arquitectura inglesa de la época. Es un fenómeno que se denomina Domestic Revival. Estuvo dominado por dos corrientes: por un lado, el Historicismo o Eclecticismo con una gran variedad de estilos (Neogótico, Old English, Reina Ana) y, por otro lado, el Pintoresquismo (con rasgos de Orientalismo y Romanticismo). En multitud de edificios podemos apreciar, mezcladas, influencias de los diferentes estilos.

En el caso del chalet Sanginés, el estilo arquitectónico empleado es el Reina Ana victoriano (no hay que confundirlo con el Reina Ana del s. XVIII) con algunos rasgos del Neogótico y Old English. El estilo Reina Ana nace en los años 70 del siglo XIX. Emplea, como el Old English, el ladrillo visto. Tiene una concepción asimétrica del edificio. Las ventanas se colocan con libertad y el tipo preferido es el de guillotina, de madera pintada de blanco y múltiples paneles de cristal. También se emplean los miradores oriel-window y bay-window. En las fachadas pueden aparecer motivos decorativos como pilastras de ladrillo, hornacinas con algún motivo escultórico y jarrones enlazados por guirnaldas y girasoles. Los hastiales tenían formas variadas, aunque eran típicos los que acababan en esquemas avolutados. Los tejados, como los el Old English, eran muy complicados y tenían ventanas que correspondían a habitaciones abuhardilladas.

Las fotografías nos permiten hacernos una idea más clara del estilo arquitectónico empleado en el chalet Sanginés.

Otros ejemplos de casa con torre-faro, cada una en su estilo y muy reformadas, se conservan todavía en diferentes localidades de nuestro entorno: Villa Clotilde en Bakio [su historia en este enlace] y Kurutz Alde en Lekeitio, sin ir más lejos.

Como he comentado, la construcción del chalet es una iniciativa del galdamés José Sanginés Umaran que cinco años antes, en 1873, se había casado en la iglesia de San Jorge con María Encarnación Balparda Baladia, nacida en Santurtzi en 1853 y fallecida en 1902. M.ª Encarnación era hija de Ángel Balparda Gorrondona, alcalde del Concejo de Santurce entre 1868 y 1872, y de su segunda esposa, María Encarnación Baladia Quintana.

José Sanginés, nacido en el barrio de Montellano de Galdames en 1829, era el típico propietario benefactor de la época, el equivalente a nuestro Cristóbal Murrieta. Era el cuarto hijo de José Sanginés y Ramona Umaran. En el siguiente cuadro, obtenido del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, podemos observar las diferentes grafías de los apellidos.

Su familia había poseído dos ferrerías y un molino. En 1863 edificaron una gran casona, actualmente en ruinas, en el solar en el que había arraigado el linaje en Galdames. Imágen facilitada por Nagore Orella Ruiz, del grupo de Facebook Montellano-Galdames.

También contribuyó a la financiación del retablo del altar mayor de la iglesia de Santa María de Montellano, instalado en 1869. Y sostenia a sus expensas una escuela de instruccion primaria. Así nos lo presentaban en la prensa de la época. 

José Sanginés y Encarnación Balparda tuvieron varios hijos. Los cinco primeros están bautizados en Bilbao, lo que probablemente indica que residían allí. El sexto está bautizado en Portugalete en 1881 y los dos últimos en Santurtzi en 1882. Además, sin cumplir un año de edad, también fallecen en Santurtzi. Todo parece indicar que el chalet Sanginés ya estaba acabado y habitable. En el siguiente cuadro, obtenido igualmente del AHEB, podemos observar la variabilidad que existe en la grafía de los apellidos.

Desgraciadamente, el promotor del chalet falleció inesperadamente el 30 de diciembre de 1884. Apenas pudo disfrutar de su preciosa casa de recreo veraniego.

Algunas fotografías antiguas nos muestran la situación del chalet y las magnificas vistas que tenía del Abra.

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El matrimonio de José Sanginés y Encarnación Balparda unía varios linajes encartados que, a lo largo del último cuarto de siglo XIX, dejaron su impronta en el patrimonio arquitectónico de nuestro municipio.

Una cuñada de José Sanginés, Adela Balparda Baladia, casó con Rafael Amezaga Piñaga. De sus hijos la más conocida fue Leonor Amezaga Balparda. Fueron los propietarios de otra residencia unifamiliar, el palacete Bellamar en Campo Grande, con excelentes vistas sobre el Abra. En la imagen, es el de la izquierda. El de la derecha es el palacete Arana-Vidósola (antes de la reforma).

Uno de los primeros hijos de José Sanginés y Encarnación Balparda, Pedro Sanginés Balparda, nacido en Bilbao en 1877, fue un deportista que destacó en esgrima y aeronáutica (fue piloto de aviación). Su trayectoria se recoge en el libro, editado por Euskal Museoa, Galería de celebridades vizcaínas. En el Torneo Nacional de Esgrima de 1900, en la modalidad de sable, participaron los hermanos José y Pedro Sanginés Balparda, discípulos del maestro de esgrima Pedro Duccouso. Pedro Sanginés Balparda contrajo matrimonio con María Teresa Aznar González, nacida en 1890 y fallecida en Getxo el 22 de enero de 1968. Ya viuda, sucedió en el título de marqués de Bérriz en 1959. Pedro murió asesinado en Madrid a comienzos de la Guerra Civil, el 7 de noviembre de 1936.

Otra hija, Elena Sanginés Balparda, contrajo matrimonio con Francisco Taramona Díaz de Entresotos. Y una cuñada de Elena, Dolores Taramona y Díaz de Entresotos, marquesa de Astorga y duquesa de Sessa por su matrimonio con Francisco Osorio de Moscoso y Jordán de Urríes, tenía también una mansión familiar muy próximo al chalet Sanginés, el palacete Taramona.

Otro personaje entroncado con esta familia fue José Villalba Avilés, fallecido el 14 de abril de 1932. Había contraído matrimonio con Amparo Sanginés y Balparda. Una hija de este matrimonio, Carolina Villalba Sanginés, se casó con el marqués de Perales. Este matrimonio también tenía una mansión familiar en las cercanías, junto al hospital San Juan de Dios.

Siguiendo con la historia del protagonista de la entrada, en 1959, las Hermanas Carmelitas Teresas de San José deciden fundar un colegio en Santurtzi y para tal fin la congregación adquirió el chalet Sanginés, rodeado todavía de un parquecito con tilos. En un extremo del parque aún se mantenía un edificio exento destinado al servicio y otros fines, algo común en este tipo de mansiones. Este conjunto era propiedad del sacerdote Jesús González López de Lacalle, que había dirigido en él una importante obra social: el Solacium Alma Mater.

El 29 de septiembre de 1959 quedaba constituida la primera Comunidad de Hermanas Carmelitas Teresas de San José. Estas hermanas llevaron a cabo los preparativos para acoger a las primeras alumnas con las dificultades propias de todos los comienzos y el 15 de noviembre de 1959 abría las puertas el Colegio San José-Hermanas Carmelitas.

Año tras año, el número de alumnos fue creciendo. Este progresivo aumento de las matrículas hizo urgente la ampliación del edificio, por ello, en el año 1963 se construyó, al lado del chalet, un edificio de siete plantas, de las que inmediatamente se habilitaron cinco. A comienzos de los años setenta se vio la necesidad no solo de ampliar el número de aulas sino de hacerlas más espaciosas.

En consecuencia, en febrero de 1973 se derribó el primitivo chalet y en su lugar se construyó un pabellón de cuatro plantas que completaba la edificación anterior. El 19 de mayo de 1974 tenía lugar la inauguración solemne de los nuevos locales con instalaciones más modernas y funcionales: aulas, gimnasio, comedores, cocina, patio cubierto, etc. Y el antiguo chalet Sanginés fue cayendo en el olvido…

Tengo que agradecer la colaboración de mi buena amiga donostiarra Marisol Etxeberria, siempre pendiente de lo que se publica relativo a la historia y patrimonio de su ciudad, por haberme conseguido dos interesantes publicaciones tituladas Villas de San Sebastián y Villas de San Sebastián II. Dos obras consecutivas, editadas en 2016 y 2017, realizadas por Lola Horcajo Calixto y Juan José Fernández Beobide, que reúnen y analizan, como dice el subtítulo, las villas donostiarras de la Belle Époque con historia.

En el segundo volumen, sin identificación ni referencia alguna, aparece la mejor fotografía que existe del chalet Sanginés.

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El 14 de febrero de 1978, hace exactamente 40 años, se constituía el grupo de danzas Mamarigako Etorkizuna. Este aniversario merece que dedique una entrada para difundir su historia, cuatro décadas dedicadas a la promoción de una parte muy importante de nuestro patrimonio etnográfico, las danzas vascas.

Los comienzos de Mamarigako Etorkizuna fueron modestos. No había antecedentes de un grupo de danzas en el barrio hasta la creación del Bihotz Gaztea en 1967, aunque se bailara en diversas fiestas. En aquella época, finales de los años 60 y principios de los 70 del pasado siglo XX, en casi todos los municipios vascos comenzó a revitalizarse con mucha intensidad el folklore propio que había estado reprimido durante toda la dictadura franquista. Hubo una gran eclosión de grupos, cada batzoki tenía el suyo.

Sin embargo, Mamarigako Etorkizuna no nació en el seno de un batzoki, fue uno de tantos grupos que surgió cuando un grupo de amigos, conscientes de que había que recuperar y fomentar nuestras tradiciones y amantes de las danzas vascas, inició con mucha ilusión esta aventura. Este grupo de amigos había estado ensayando informalmente al lado de la escuela del barrio y al cabo de poco tiempo dieron un paso adelante. El 14 de febrero de 1978 se constituyó formalmente la asociación y el 21 de marzo del mismo año se inscribió en el Registro de Asociaciones. El nombre hace referencia al barrio en que el grupo hunde sus raíces, en que viven sus miembros, y al optimista futuro que estaba entonces por llegar.

De aquellos primeros miembros es preciso citar al primer presidente, Ángel González Azcona “Tenderillo”, a la primera tesorera, Pilar Bengoetxea González, al primer monitor, Josu Fernández Ibáñez, etc. El primer domicilio social fue un local cedido por un amigo del grupo. Ensayaban en la sede del grupo Lora Barri de Portugalete, fundado en 1965. Josu Fernández era dantzari del grupo jarrillero y, como no dominaba todas las danzas, los miembros de Mamarigako Etorkizuna acudían a aprender y ensayar allí. En alguna ocasión, incluso bailaban con ellos en algún alarde de danzas.

Unos años después, el 16 de abril de 1980, Mamarigako Etorkizuna compró la sede actual, en la calle Vista Alegre, 9. Mientras se acondicionaba el local (oficina, vestuarios y baños, etc.), el grupo ensayaba en la antigua escuela de parvulitos de Vallejo, la actual Kultur Etxea. Algunas fotos de la primera etapa del grupo:

Las danzas exigen cierto nivel de compromiso que no siempre se puede cumplir por incompatibilidad de horarios, obligaciones escolares o laborales, etc., y el grupo fue mermando en miembros y actividad hasta cesar en 1985, aproximadamente. Una década después, con motivo de la celebración el 17 de mayo de 1998 del Bizkaiko Dantzari Eguna en Santurtzi, el primer monitor del grupo, Josu Fernández, hizo un llamamiento, en octubre/noviembre de 1997 a los antiguos dantzaris con la intención de retomar la actividad.

En la sociedad Bihotz Gaztea se coordinaba la organización del programa. Acudieron todos los grupos de danza de Ezkerraldea, Meatzaldea y resto de Encartaciones. Estefanía Fernández Frías, Fani, miembro de este grupo de danzas y que en aquella época también enseñaba bailes a los del Mamarigako, invitó a Amaia Vivanco Notario a esas reuniones. Y aunque Mamarigako Etorkizuna no bailó en el Bizkaiko Dantzari Eguna de 1998, sí que participó en su organización.

A partir de entonces adquiere un papel relevante Amaia Vivanco Notario, dantzari desde los inicios y monitora del grupo entre 1998 y 2015. Otras monitoras cuyos nombres hay que citar son: Eguzkiñe Zubia Abad, Aratxu Etxebarria Abad y Zuriñe Mantilla Rodríguez.

Actualmente el grupo está dirigido por Andoni Arriola Arana, el presidente desde hace 15 años, e Iratxe Vivanco Notario, la vicepresidenta y monitora de un grupo de amas. El grupo continua siendo modesto por falta de medios. No tiene objetivos marcados de carácter anual. No es un grupo que busque la “profesionalización” de sus miembros. Además, su ámbito de acción es fundamentalmente el barrio de Mamariga.

Cuenta con casi un centenar de miembros en activo, organizados por ocho monitores que enseñan a siete equipos de baile: dos grupos de txikis, dos grupos de amatxus que dominan las coreografías propias de las romerías, uno de veteranos, etc. La franja de edad de los dantzaris ha oscilado siempre entre los 5 y los 30 años.

Las mujeres son mayoría. Esto es algo generalizado y denota un cambio en la filosofía de las tradicionales danzas vascas. Antes, la moral marcaba que debían ser los hombre los únicos que bailaran. En el pasado siglo se rompió poco a poco con ese postulado y las mujeres comenzaron a bailar hasta ser mayoría. Como ejemplo, podemos citar el aurresku femenino de 1921.

Los hombres jóvenes son pocos porque, en el contexto actual, es difícil competir con el fútbol. El intervalo de 12 a 16 años que está vacío. Esta ausencia podría poner en peligro el futuro de Mamarigako Etorkizuna. Los miembros del grupo ensayan por las tardes, de lunes a viernes, dos horas por grupo. Los monitores hacen un gran esfuerzo para adaptarse a los horarios en los que la mayoría de los asociados puede acudir a los ensayos.

El grupo dinamiza el barrio a lo largo de todo el año, participando activamente en las fiestas patronales (en torno a la Virgen del Mar, el 8 de septiembre), Santa Águeda, Carnaval, Olentzero, etc. Su esfuerzo ha tenido su recompensa. Además del cariño del barrio de Mamariga, el pasado año Mamarigako Etorkizuna recibió el Premio Santurtzi 2017 que otorga la asociación hostelera Santurtzi Gastronomika.

No debemos olvidar que las danzas tradicionales son parte de la expresión cultural de cualquier pueblo. Sería una insensatez permitir que desaparecieran, ya que ese pueblo perdería algo fundamental: sus raíces.

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