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Archive for the ‘Asistencia sanitaria’ Category

Cada 12 de diciembre las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de la Cobertura Sanitaria Universal para recordarnos que todas las personas tienen derecho, sin discriminación alguna, a servicios sanitarios integrales de calidad. Este año, además, se conmemora el centenario de la virulenta pandemia de gripe de 1918 que causó la muerte de millones de personas en todo el mundo, en parte por no tener acceso a esos servicios básicos. Estas dos efemérides me sirven de excusa para dedicar una entrada a la afección de la epidemia de gripe de 1918 en Santurtzi.

La epidemia de gripe de 1918 tuvo una inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables. ​Es considerada la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 40 y 100 millones de personas. Esta cifra de muertos, que incluía una alta mortalidad infantil, se considera uno de los ejemplos paradigmáticos de crisis de mortalidad.

La mayoría de los investigadores aceptan que la pandemia se inició en marzo de 1918 en los Estados Unidos. Incluso señalan en su origen a los trabajadores chinos contratados en Camp Funston (Texas) y el 4 de marzo como el día exacto de su inicio. Sin embargo, en el otoño de 1917 ya se había producido una primera oleada heraldo en, al menos, catorce campamentos militares del ejército estadounidense.

Otros autores creen que la epidemia ya se había manifestado en el ejército inglés en 1916-1917. El origen oriental de la pandemia también podría estar en la “pneumonie des Annamites” que se observó en Francia en 1916 y 1917, como bien documentan los archivos militares franceses. Precisamente uno de sus últimos brotes documentados ocurrió el mes de abril de 1917 en Chartres.

Lo cierto es que el virus que causó la epidemia de gripe en los Estados Unidos en marzo de 1918, en algún momento del verano de ese mismo año, sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal, el Influenza virus A de subtipo H1N1. El primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses.​ Desde Francia la primera onda epidémica se extendió por toda Europa, devastada tras cinco años de guerra que acabaría con el armisticio de noviembre de 1918. Y rápidamente, en unos meses, la epidemia alcanzó los confines del mundo habitado, trasformada en pandemia global.

Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa. España no se vio involucrada en la gran guerra y no censuró la información sobre la enfermedad. Los médicos militares franceses la denominaban veladamente la maladie onze, la enfermedad once. A principios de junio, los parisinos, que desconocían los estragos que la gripe había causado en las trincheras, se enteraron de que dos terceras partes de los madrileños habían enfermado en solo tres días. Sin ser conscientes de que la gripe llevaba mucho más tiempo entre ellos y con la interesada condescendencia de sus respectivos gobiernos para cargarle el muerto a otro, los franceses, los británicos y los estadounidenses empezaron a llamarla la gripe española.

A diferencia de otros virus que se transmiten por contacto sexual o por la sangre, el virus de la gripe lo hace por el aire, en minúsculas gotas de agua expulsadas a través de toses, estornudos, etc. El contagio se produce cuando entran en contacto con las vías respiratorias de otra persona.

Los síntomas que presentan los enfermos de gripe son fiebre alta, dolor de cabeza, dolor y malestar general, tos, dolor de garganta, daños en los oídos…Como podemos observar la infección afecta a la nariz, la garganta y, si se da el caso, los pulmones, llegando  a provocar la muerte. En el caso de la gripe de 1918, la muerte se producía por asfixia, cuando los pulmones se llenaban de un líquido sanguinolento. De hecho, esta gripe se bautizó en un principio como “epidemia púrpura”, ya que los infectados cuando iban a morir presentaban manchas violáceas en las mejillas, que conforme pasaba el tiempo se transformaban en manchas negro-azuladas. En ese momento, el infectado estaba condenado a morir.

Para conocer más detalles de esta pandemia es recomendable la lectura del libro ‘El jinete pálido. 1918: la epidemia que cambió el mundo’ de Laura Spinney.

Anton Erkoreka en su publicación titulada La pandemia de gripe española en el País Vasco (1918-1919) analiza el comportamiento contradictorio de la enfermedad, condicionado por la orografía, el clima, las vías de comunicación que unen Paris y Madrid, etc. De este modo, se manifiesta una primera onda epidémica, a finales de la primavera de 1918, que subió desde Portugal, Andalucía y Extremadura y no atravesó las cadenas montañosas del norte de la península ibérica, contra las que se agotó en junio de ese año. En cambio, una segunda onda epidémica bajó de Francia en septiembre, atravesó rápidamente el territorio, se extendió por toda la península y provocó una gran mortandad, llegando hasta el último rincón en muy pocas semanas. La pandemia mostró su peor cara en otoño de 1918. Con la llegada de un tiempo propicio para enfermedades respiratorias, el virus de la gripe mutó y se volvió aún si cabe más letal. Durante este período se registraron más muertes que en ningún otro, especialmente durante el mes de octubre.

El 1 de octubre se publicaba en prensa la circular del gobernador civil de Bizkaia que, como presidente de la junta provincial de sanidad, ordenaba, entre otras medidas, la suspensión de toda clase de fiestas, espectáculos, reuniones y otras aglomeraciones públicas para evitar la propagación de la enfermedad.

El día 6 de octubre aparecían recomendaciones a tomar para evitar el contagio.

El día 22, ante la gran alarma social creada en Bilbao, el Ayuntamiento publica una estadística que recoge todas las muertes producidas en su término municipal durante los primeros 19 días del mes de octubre.

El grupo santurtziarra de aficionados a la genealogía, Santurtziko GenealogiZaleak, ha querido contrastar la información publicada al respecto a nivel global con el comportamiento de la epidemia en nuestro municipio.

El trabajo de campo ha sido sencillo pero muy laborioso. Se ha desarrollado a lo largo de un mes aproximadamente. En el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia se han contabilizado los fallecidos durante los años 1915-1921 para ver si en 1918 y siguientes hubo un número anormalmente alto de defunciones.

Además, se han revisado detenidamente todas las partidas de defunción de los santurtziarras fallecidos en 1918 buscando la causa del óbito. Las diferentes causas de defunción asociadas a la epidemia de gripe recogidas son: neumonía gripal, neumonía doble gripal, bronconeumonía de origen gripal, bronconeumonía doble de origen gripal, neumonía disentería gripal, neumonía gripal infecciosa, etc.

De los 119 fallecidos en Santurtzi en 1918, el 65% lo fueron a consecuencia de la gripe y sus complicaciones: 78 personas de las cuales 34 eran mujeres, 26 eran hombres y 18 eran niños entre 0 y 12 años. Efectivamente, la segunda onda epidémica fue más devastadora como se refleja en el gráfico.

Algunos días se registraron hasta cinco defunciones consecutivas  como, por ejemplo, el 10 de noviembre de 1918. De Santurtzi no tengo información, pero en otras localidades quedó suspendida la costumbre de que las campanas doblaran a muerto durante esos luctuosos escenarios para no sembrar el pánico.

Con algunas familias la epidemia se ensañó. Por ejemplo, el matrimonio formado por Inocencio García Mardones y Felipa Fernández Llaro: el falleció el 24 de octubre y ella el 30. El 27 de octubre, en pocas horas fallecen dos hermanas, Ascensión y Pilar Gutiérrez Bastida. Leonor Ruiz Urrestizala, de 27 años, fallece el 12 de octubre y su hermano Cristóbal, de 25 años, fallece dos días más tarde.

Más ejemplos. En apenas unos meses fallecen dos jóvenes de 14 y 17 años: Dolores Urioste Sodupe, el 3 de junio y su hermano Antonio, el 29 de noviembre. Una niña de 11 años, María Concepción Tirado Aguirrebeitia, fallece el 13 de enero  y su padre de 38 años, Apolinar Cecilio Tirado Rus, fallece el 28 de octubre. Desconsolada tuvo que ser la situación de la familia Alique Llana: dos hermanos, Jesús de 8 años y José de 14 meses, fallecen el 17 de octubre y el 27 de diciembre respectivamente. Un último ejemplo: María Luisa Abad Tueros, de 20 años de edad, se casa el 14 de octubre y fallece el día 21.

Afecta a todos los estratos sociales, fallece gente corriente y personajes acomodados como Santiago Joaquín Benito Murrieta Cabieces, hermano de Juan Murrieta el californiano; el maestro Fermín Reparaz Aguinaga; María Encarnación Baladía Quintana, suegra de José Sanginés, el propietario del chalet Sanginés y abuela de Leonor Amezaga; y María López Salgueiro, hermana del propietario del palacete en el que ahora se ubica la Escuela de Música.

Entre los fallecidos hay algún familiar más o menos cercano, Simón Baldomero Fernández Novo, hermano de mi abuelo paterno.

También hemos tenido en cuenta la repercusión que tuvo en los cinco primeros meses de 1919 y 1920, considerados a nivel mundial como afectados por la misma pandemia. Por suerte, la afección en Santurtzi fue mucho menor aunque se detectan defunciones a causa de la gripe. En 1919 hubo 15 fallecidos: 2 mujeres, 3 hombres y 10 niños entre 0 y 6 años. En 1920 hubo 14 fallecidos: 7 mujeres, 5 hombres y 3 niños  entre 0 y 13 meses.

En la siguiente tabla, en rojo el número total de fallecidos anualmente entre 1915 y 1921, y en verde las muertes causadas por la gripe (para 1919 y 1920 solo enero-mayo). Teniendo en cuenta que en 1912 (no se refleja en la tabla) hubo 123 fallecidos, más que en 1918, y que en 1921 se contabilizan 110 es difícil extraer conclusiones.

Además, sorprendentemente, de los 123 fallecidos en 1912, a 23 se les diagnosticó bronconeumonía,  a 18 bronquitis capilar y a otros 2 bronquitis catarral como causa de la muerte. Dicho esto, parece ser que la mortalidad no aumenta en exceso en 1918, si bien la causa de la muerte de la mayoría de los fallecidos en 1918 está directamente relacionada con la epidemia de gripe y afecta a sectores de la población que normalmente no se veían afectados. Además, las muertes se concentran en los meses de octubre y noviembre, principalmente.

Como acertadamente apunta la socióloga Beatriz Echeverri Dávila en su estudio sobre la gripe de 1918, la pandemia afectó especialmente a los adultos jóvenes. En un año no epidémico, las muertes por gripe se concentran en los dos sectores más débiles: los niños menores de un año y los ancianos. En 1918, en cambio, la mortalidad más elevada se registró entre las personas con edades comprendidas entre 20 y 44 años.

Para finalizar, el listado de las personas fallecidas en Santurtzi en 1918, 1919 y 1920 a causa de la epidemia de gripe.

  • 1918

Luis Rivero González, Maria Concepción Tirado Aguirrebeitia, María Encarnación Baladia Quintana, Luisa Torrealday Galíndez, Felisa Otaola Larrea, María Josefa Uriarte Iriarte, Araceli Fernández Tamayo, Mariana Gómez Barquín, Victoria Pantaleona Chabarri Muñecas, Cesáreo Mendazona Eugenia, Edmundo Resurreción Echandia Alberdi, Benedicta Ranero Uriarte, Santiago Joaquín Benito Murrieta Cabieces, José María Hormaechea Pon, Justa Fernández Quintana, Valentina Rodríguez López, Leonor Ruiz Urrestizala, Sergio Belategui Sierra, Plácida Mendicote Ibarra, Petra María Fernández Álvarez, Ubaldina Martín Torres, Cristóbal Ruiz Urrestizala, Trinidad Gajaca Peral, Genaro Arribas Martínez, Josefa Landeta Arana, Jesús Alique Llana, Avelina María Capetillo Vizcaya, Miguel Ugarte Iriarte, José López de Eguinoa San Miguel, María López Salgueiro, Hilaria Arenas Sarasola, María Luisa Abad Tueros, Carmen Castaños Ruiz, Buenaventura (Francisca Ramona) Arrizabalaga Izaguirre, Manuel Arenas Sarasola, Inocencio García Mardones, Benigna Recondo Aguirre, Manuela Lucena Ugalde, Eladio Martín García, Manuela Portillo Barreras, Francisco López Zardón, Martín García Balmuri, Custodio Ugalde Zuloaga, Ascensión Gutiérrez Bastida, Pilar Gutiérrez Bastida, Apolinar Cecilio Tirado Rus, Felipa Fernández Llaro, Ramón Rodríguez Urioste, María Josefa Camino Chabarri, Carmen Allu Patiño, Leonardo Juan Alonso Castillo, Segunda Felisa Loredo Muñoa, Simón Baldomero Fernández Novo, Isidro Larrabide Solachi, Francisco Enrique Llantada Ruiz, Gabriel Clavet Soler, Avelina Lafuente Val, José Manuel Ramón Bosque Rodriguez, Ramón Iriarte Manzaneda, Elisa Lázaro Lázaro, María Engracia Castillo Urioste, Genaro Belategui Herboso, Félix Cayón Trespalacios, Benita Alonso Fernández, Santiago Castaños Ruiz, Petra Díaz Chasco, Pablo Vallejo Encina, Bernarda Juliana (Luciana) Alcalde Echaniz, Timotea García Respaldiza, José María García Garrido, Fermina Martínez Rabre, Antonio Urioste Sodupe, Serafina Blanco Camaño, Manuel González Soteras, Julita Viguera Cosquero, Clementina Fernández Pérez y José Alique Llana.

  • 1919 (enero-mayo)

Concepción Obregón Pérez, Domingo Martínez Astobiza, Ricardo Vitoriano Cintas Rodríguez, Micaela Agustina Furundarena Larrañaga, Pedro Mendizabal Echebarria, José Oribe Nazabal, Inocencio Justo Zubillaga Cordón, Guillermo Barquín López de Eguinoa, Emilio Ranero Uriarte, Serafina Zarate Peral, Jesusa Fernández Pérez, Quintín Pérez Lafuente, Alejandro Pita Ugarte, Francisco Renobales Renobales y Federico Arana Arana.

  • 1920 (enero-mayo)

Dorotea García Alonso, José María Ortiz Arteaga, Isidora Montemayor Sodupe, Antonio Gutiérrez-Barquin Seistrueba, Félix Aramburu Tajada, Herminia Muñoz Carrasco, Petra Elisa Goiri Careaga, María Rosario Rubín de Celis Pradas, Severiana Lucía Landeta Quintana, Encarnación Cintas Rodríguez, Clemente Castillo San Martín, Manuel Urtiaga Bayón, Fermín Reparaz Aguinaga y Petra Elisa Doradel García.

En el artículo correspondiente a la repercusión de la pandemia de gripe en Portugalete, publicado por Aurelio Gutiérrez en su blog La vida pasa, encontramos algunos fallecidos que, siendo vecinos de Portugalete, habían nacido en Santurtzi: José García Gorostiza, Nicolás Santacoloma Sasia, Pedro Aranceta Menchaca, Elpidio San José Puente y Saturnina Balparda Durañona. Todos fallecidos en 1918.

 

 

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La primera mención que relaciona al apellido Chacón con una farmacia la encontramos en Lamiako (Leioa). A principios de 1926 Ángel Chacón Laiz (1888-1955) abrió la primera farmacia que hubo en ese municipio. Sin embargo, este farmacéutico pronto se trasladó al cercano municipio de Santurtzi. Era una buena oportunidad de negocio ya que, tras el cierre de la farmacia de la viuda de Picatoste, en nuestro municipio solo quedaba una única farmacia, la de Oraá, para atender a una población en crecimiento.

Ángel Chacón Laiz nació el 1 de marzo de 1888 en La Pola de Gordón (León). Hijo de Ildefonso Chacón Rodríguez, farmacéutico, y de María Laiz García. Cursó los estudios de farmacia en Santiago de Compostela, licenciándose en 1913. Antes de trasladarse a Bizkaia ejerció en Santa Lucía de Gordon (León) entre 1914 y 1925, según la investigación realizada por Arantza Saratxaga citada al final de esta entrada. Sin embargo, a comienzos de 1921 ya estuvo en Bizkaia puesto que contrae matrimonio en Ortuella con Teresa Rueda Velasco. Finalmente, en 1926, abrió una farmacia en Leioa entre enero y noviembre de ese año.

En diciembre de 1926 comunicó al Ayuntamiento de Santurtzi que había abierto una nueva farmacia en nuestro municipio, en los bajos del núm. 12 de la avenida Murrieta, y solicitaba la correspondiente inspección. Esta se realizó el 8 de enero de 1927, de manera que la farmacia quedó oficialmente inaugurada ese mismo día, hace 90 años. El Archivo Foral de Bizkaia conserva, entre la documentación histórica depositada por el Ayuntamiento de Santurtzi, un plano de las instalaciones de cuando Ángel Chacón Laiz solicitó la apertura del establecimiento en 1926. Se trata de un plano más completo y detallado de lo que suele ser habitual en este tipo de documentos.

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Angel Chacón Laiz estuvo al frente de su farmacia hasta su muerte en Santurtzi en febrero de 1955. A partir de entonces se hizo cargo de la farmacia su hijo, Ángel Chacón Rueda, nacido también en La Pola de Gordón en 1923. Se licenció en Farmacia en Santiago de Compostela en 1953. La transmisión de la dirección de la farmacia se hizo oficial el 13 de octubre de 1956 y ejercería en ella hasta febrero de 1986. Para entonces ya había cambiado de ubicación trasladándose al núm. 18 de la calle Jenaro Oraá a comienzos de 1978. Ángel Chacón Rueda falleció en Bilbao el 15 de febrero de 2010 a los 88 años de edad.

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Ángel Chacón Rueda participó en una conocida tertulia antifranquista de los años sesenta que desarrollaba un nutrido grupo de heterogéneos personajes en la cafetería La Concordia, situada en una calle perpendicular a la de la estación del mismo nombre, en el centro de Bilbao. Los participantes se solían reunir los sábados a partir de las siete de la tarde y la tertulia duraba generalmente hasta las diez de la noche. Entre los participantes, el farmacéutico Ángel Chacón era conocido, como el cónsul cubano de Santurce.

Era un ferviente admirador de la Revolución Cubana y, en consecuencia, se relacionaba mucho con marinos cubanos que recalaban a Santurtzi. Pronto les invitó a participar en la tertulia animando las conversaciones ya que permitían seguir al detalle la situación en Cuba después de la Revolución. Después del asesinato de Ernesto Che Guevara, los participantes de la tertulia celebraron varias reuniones en el domicilio particular de Ángel Chacón, en la que se leyeron y grabaron diversos poemas dedicados al comandante revolucionario. Sabina de la Cruz grabó un emotivo poema suyo. Blas de Otero grabó algunos de sus poemas como los dedicados a Vietnam, a Tania la guerrillera, al malecón de La Habana, etc.

Como curiosidad, la farmacia Chacón elaboraba una fórmula especial para calvas de la barba. Y durante la explosión del butano la noche del 17 de enero de 1967, la farmacia, que tenía el turno de guardia, permaneció toda la noche abierta.

Pero la relación de esta saga familiar de farmacéuticos con Santurtzi tiene una segunda vertiente en la persona de Miguel Rueda Goicuria, primo de Ángel Chacón Rueda, que abrió una farmacia en la actual avenida Iparraguirre, cerca de su intersección con  la actual calle Itsasalde, en 1956.

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Posteriormente, en 1968, trasladó la farmacia a un local en José Miguel de Barandiaran, 26 para acercarla al centro de salud recién construido. Su hija Elena Rueda Guantes se hizo cargo en 1990 de otra farmacia (farmacia Alonso) ubicada en las proximidades, en José Miguel de Barandiaran, 18. Pero en 2002 se trasladó a la de su padre, en donde continuó hasta su prematura muerte el 29 de septiembre de 2011.

Parte de la información la he extraído de una obra publicada en 1998, realizada por una compañera de facultad y durante un tiempo también de trabajo, Aranzazu Saratxaga Garai, el Catálogo de Farmacias Tradicionales de Bizkaia.

Y tengo que agradecer la colaboración de Begoña Muñoz en el grupo de Facebook Santurtzi y sus gentes que me informó de un dato fundamental: que las dos sagas de farmacéuticos estaban emparentadas. Gracias al Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, que permite consultar en línea los registros sacramentales, y a otras fuentes, he podido construir el siguiente árbol genealógico.

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Finalizo la entrada con una interesante fotografía, cedida por la web de fotografías de Santurtzi, de comienzos de los años 60. En ella se puede reconocer a varios médicos, practicantes y farmacéuticos de nuestro municipio: José Alegría Caamaño (médico), Bruno Alegría Corral (médico), Juan María Antuñano López de Bustamante “katxabo” (practicante), Esteban Aramburu Bilbao (médico), Rolando Azcorra (médico), Ángel Chacón Rueda (farmacéutico), José Elejoste Astarbe (médico), Isidoro Fuente Lozano (médico), José María Garrido Lázaro (practicante), Eusebio Juárez Zabalía (practicante), José Luis Lezcano del Río (médico), Miguel Rueda Goicuria (farmacéutico), Juan Ugalde Bernaola (médico).

médicos y farmacéuticos

Tengo que seguir investigando para identificar a varias de las mujeres que, me comentan, son matronas o comadronas y practicantas. De momento reconocemos a Basilisa Herranz Rey (matrona) y Ana María Abadía Castrillo (practicanta).

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Los orígenes del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi se remontan al año 1920, cuando los hermanos de la Orden de San Juan de Dios en Bizkaia y la Fundación Benéfica Aguirre, representada por Pedro Icaza Aguirre, acordaron poner en marcha un hospital en la Margen Izquierda de la ría de Bilbao.

Así, gracias a la financiación de las infraestructuras por parte de la Fundación Benéfica Aguirre y a la gestión de las mismas por parte de la Orden Hospitalaria, el 24 de octubre de 1924 abrió las puertas la entonces clínica, destinada en aquel momento a la atención a niños pobres e impedidos.

En esta labor centró su asistencia en las siguientes décadas, convirtiéndose en todo un referente en las poblaciones del Gran Bilbao. Sin embargo, en la década de los años sesenta del siglo pasado, la asistencia sanitaria pública comenzó a ocuparse también de los pacientes que, hasta entonces, eran sólo atendidos por la clínica. Ante el descenso en la demanda de los servicios que se ofrecían, en 1966, los gestores del centro se plantearon una reestructuración profunda de la asistencia ofertada y de las instalaciones existentes, con el fin de adecuarlas a las nuevas necesidades sanitarias de la población. Tras un año de trabajos, en 1968 se reinauguró el edificio, dando paso a lo que es hoy el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi.

Tras nuevas décadas de asistencia, los gestores del hospital vieron en 1999 la necesidad de hacer una nueva reforma que actualizara las instalaciones y el equipamiento a los estándares de la sanidad más puntera. Con este fin, ese mismo año se elaboró un plan general de reestructuración, que afectó de manera integral al complejo. En 2008 se concluyó la reforma, aunque la incorporación de profesionales y tecnología continúa de manera permanente.

En la actualidad, el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi trabaja como un auténtico Centro de Alta Resolución de la Margen Izquierda, en estrecha colaboración con el sector público, atendiendo consultas, urgencias, realizando pruebas diagnósticas y llevando a cabo sesiones de rehabilitación e intervenciones quirúrgicas.

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Pero volviendo a los orígenes… dos indianos vizcaínos, los hermanos Pedro y Domingo Aguirre Basagoiti decidieron emplear una parte de la fortuna amasada a lo largo de los años en obras de utilidad pública y beneficencia.

La vida de los hermanos Aguirre fue intensa. Nacieron en Berango, en 1830 y 1841 respectivamente, estudiaron las artes de la mar en la escuela de náutica de Plentzia y buscaron futuro y fortuna en América, primero en Cuba y después en México, en donde vivía un tío suyo. Trabajaron duro y triunfaron, primero colaborando con su tío, después como socios y finalmente como propietarios de la “Casa Aguirre” empresa dedicada al cultivo de caña de azúcar y algodón y su comercialización.

Al morir ambos, sin descendencia, en 1907, su sobrino Pedro Icaza Aguirre (Berango, 1867- Bilbao, 1942) fue designado titular de un legado que debía invertir, de acuerdo a los deseos de los hermanos Aguirre, en obras de utilidad pública y beneficencia.

Cumpliendo los designios encomendados como legatario de sus tíos, Pedro Icaza Aguirre creó tres fundaciones para dar respuesta a tres problemas específicos: mejorar las condiciones de trabajador agrícola, mejorar la formación de los profesionales de la economía (creando en 1916, en colaboración con los jesuitas, la Universidad Comercial de Deusto) y, finalmente, “contribuir al mejoramiento material y moral de los vizcaínos dolientes” a través de la Fundación Benéfica Aguirre, que es la que más nos interesa.

Fue constituida el 8 de marzo de 1920 y, en estrecha colaboración con la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, asumió la tarea de erigir el Hogar y Clínica de San Juan de Dios en Santurtzi.

Escudo Orden Hospitalaria San Juan de Dios

La plasmación de los acuerdos entre la fundación y la orden hospitalaria tuvo lugar el 28 de julio de ese mismo año, mediante un convenio, por el cual la orden quedó encargada de la organización y funcionamiento de un Hogar para niños pobres, lisiados y tullidos, así como de una Clínica Quirúrgica y Ortopédica para el tratamiento de este tipo de enfermedades, y de un Taller Ortopédico complementario. Al mismo tiempo, se compraron los terrenos en Santurtzi, lugar considerado especialmente idóneo para tales fines, por su situación junto al mar.

Fundación Aguirre 1930 (sepia)-2 - copia

Las obras del hogar y clínica comenzaron enseguida, según proyecto de los arquitectos José María Basterra Madariaga (Bilbao, 1859 – 1934) y Emiliano Amann Amann (Bilbao, 1882 – 1942), que dotaba al edificio de la amplitud y la adecuada ordenación de espacios (clínica, escuela, servicios recreativos, iglesia, etc.) para tal fin, con un coste de más de dos millones de pesetas de la época. La inauguración oficial tuvo lugar tal día como hoy, jueves 23 de octubre de 1924, hace 90 años, presidida por el obispo de la diócesis, Zacarías Martínez, el padre provincial de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Juan Jesús Adradas y otras autoridades estatales, provinciales y locales (representando a Santurtzi, su alcalde Mariano Torrontegui Arteagabeitia y el concejal Emiliano Pagazaurtundua Murrieta). La repercusión de la solemne inauguración puede verse en la noticia publicada en primera página del diario La Gaceta del Norte del día siguiente.

Cincuenta fueron las plazas internas pero, además de los niños hospitalizados, se atendía también gratuitamente a otros niños afectados de las mismas enfermedades, que acudían a consulta. El tratamiento médico, así como los planes de rehabilitación eran dirigidos por el prestigioso y longevo médico Manuel Salaverri Aranguren (Pamplona, 1883 – 1980), junto con un equipo de ayudantes, pionero en cirugía infantil del sistema óseo. Permaneció como director durante treinta y dos años, hasta 1956.

Retrato Manuel Salaverri

Bruno Alegría Corral (Burgos, 1885 – Santurtzi, 1973) es otra ilustre figura médica igualmente vinculada a esta institución sanitaria desde el primer día de su fundación, como responsable de la medicina general, durante cuarenta años. Figura entrañable, además, en su vertiente humana, por la que mereció el honor de que una calle del municipio perpetúe su memoria.

Bruno Alegría

Consultorio médico

Calle Doctor Bruno Alegría-3

Los religiosos desempeñaban también sus cometidos con eficacia. En los comienzos el número de hermanos fue de entre siete y diez, complementados con otros tantos jóvenes perseverantes y empleados ayudantes. El reverendo padre Tomás de Aquino Carbonell fue el primer superior elegido en capítulo. Empezó a ejercer incluso antes de la inauguración del centro.

Fundación Aguirre 1930 (sepia)-2 - copia (2)

La guerra civil afectó en varios aspectos el funcionamiento del Hogar y Clínica, pero siguió en funcionamiento. Se convirtió en Hospital de Sangre, llegando a instalarse, a tal fin, hasta 150 camas a disposición de los heridos. Acabó siendo también lugar de asilo y refugio para casi dos mil personas. Acabada la guerra se instaló un hospital para heridos y enfermos militares que estuvo funcionando hasta septiembre de 1939. Aunque la vida recobró la forzada normalidad, las dificultades y la escasez de alimentos y artículos de primera necesidad, hasta llegar al racionamiento, se hicieron notar. Se aprovechó el terreno no edificado para cultivar legumbres y hortalizas, y criando aves de corral y otros animales.

En 1942 falleció el fundador y único patrono de la fundación, Pedro Icaza Aguirre, al que, por cierto, también se le dedica una calle en el municipio. Se inició, en consecuencia, un nuevo periodo con la constitución de un patronato colegiado, presidido por el hijo del precedente, Pedro Icaza Gangoiti. Los años de postguerra fueron difíciles, la fundación vio recortada su capacidad financiera. Fue necesario recurrir a la postulación.

Pedro de Icaza y Gangoiti bis - copia

En 1968 se produce la gran reconversión del centro, que pasa a ser una clínica general. Cambiaron las circunstancias socio-sanitarias (la universalización de la asistencia sanitaria pública) y, en consecuencia, se hacía necesario adaptarse a los nuevos tiempos. La dirección técnica de las obras de remodelación fue encargada al arquitecto Juan Amesti. En 1999, coincidiendo con el 75 aniversario del centro se procede a una nueva y prolongada remodelación para adaptarlo a las nuevas tecnologías.

En 1972 fallece Pedro Icaza Gangoiti y le sucede, como presidente del patronato, su hijo Pedro Icaza Zabalburu, que lo será hasta su muerte en 2012. El hecho más importante durante su presidencia será, sin duda, la inclusión del hospital en el mapa sanitario de la CAV como hospital comarcal y su efectiva integración en la red de Osakidetza, el Servicio Vasco de Salud en 1990.

Pedro Icaza Zabalburu

En la actualidad es presidente del patronato su hijo, Pablo Icaza Ampuero.

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Como siempre, toda colaboración para completar la entrada será bien recibida.

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DYA cumple 25 años en Santurtzi

Aunque con un mes de retraso, por unas u otras razones, ha llegado la hora de publicar una entrada dedicada a la DYA, que durante las pasadas fiestas del Carmen ha celebrado el vigésimo quinto año entre nosotros.

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La Asociación de Ayuda en Carretera, DYA (Detente y Ayuda) es, como indican sus propios estatutos, una entidad sin ánimo de lucro que, desde su creación en Bizkaia el 1 de enero de 1966, no ha dejado de responder a todas las llamadas de auxilio que recibe.

Dos razones fundamentales decidieron al médico y ginecólogo Juan Antonio Usparitza Lecumberri (1919-2012) a crear esta asociación: el manifiesto desinterés de los conductores por ayudar al prójimo en casos de accidente o avería y la inexistencia de un servicio de ambulancias que se encargara de atender o trasladar de una manera reglada, metódica, segura y efectiva a las víctimas de un accidente.

A lo largo de su dilatada trayectoria, la DYA ha completado su labor de atención y traslado de pacientes de todo origen (accidentados y enfermos) con la organización de numerosos cursos y seminarios de educación vial, con servicios de traslados para ancianos y discapacitados, con la creación de un gabinete psicológico para la atención de víctimas de accidentes de tráfico y sus familiares y con ayuda internacional. Una importante labor social y humanitaria que ha sido reconocida con la concesión de numerosos galardones nacionales e internacionales.

En lo que concierne a nuestro municipio, el 10 de marzo de 1989 comenzó la DYA a prestar sus servicios en Santurtzi, a pesar de no disponer en aquel entonces de ningún local en el que ejercer su labor humanitaria. Se daba así solución a una demanda reiterada por numerosas asociaciones vecinales desde la supresión del servicio de urgencia en el cuarto de socorro cuatro años antes, el 21 de junio de 1985. Desde entonces solo se podía recurrir a los servicios de urgencia de la Cruz Roja en Ortuella o a los del Ayuntamiento de Portugalete (que no contaba con servicio permanente).

DYA marzo 1989

Y se desató la llamada “guerra de las ambulancias”…. De no tener ninguna pasamos a tener dos, una gestionada por la DYA y otra por la Cruz Roja, esta última a petición del Ayuntamiento, una semana después, el 17 de marzo de 1989. Una medida que, desde la oposición, se calificó de electoralista. Además, al parecer, la Corporación ordenó a la Policía Municipal que transmitiera los casos de urgencia a la Cruz Roja y no a la DYA. El vehículo de la Cruz Roja pertenecía a la dotación que esta institución sanitaria tenía en Ortuella, no tenía dedicación exclusiva en Santurtzi. Y tampoco contó con una sede física hasta meses después, el 6 de septiembre de 1989, tras el acondicionamiento del antiguo cuarto de socorro…. pero esta es otra historia… que puede seguirse con detalle en las hemerotecas.

El 24 de junio de 1989 se inauguraba la delegación de la DYA en Santurtzi en unos locales cedidos por RENFE en la antigua estación.

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En 1990 la DYA cuenta también con una unidad especial de rescate marítimo compuesta, en aquel entonces, por veinte buceadores.

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Actualmente, la nueva sede de la DYA en Santurtzi se sitúa en el edificio de la nueva Estación de Cercanías, a unos metros de la anterior ubicación.

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En la actualidad, además de dar respuesta a todo tipo de asistencias particulares, en lo que respecta a Protección Civil, la DYA participa de forma muy activa en las fiestas del Carmen, dando respuesta no solo a las necesidades pre-hospitalarias y de primeros auxilios, sino llevando a efecto un sistema de atención y prevención adecuado a las circunstancias y necesidades de unas fiestas patronales tan multitudinarias. Ese puesto de atención primaria se refuerza diariamente por dos ambulancias de soporte vital básico y un médico. En este operativo participan alrededor de 120 personas.

La DYA es una entidad humanitaria que necesita la colaboración de socios que ayuden con aportaciones económicas y voluntarios que dediquen parte de su tiempo libre a esta labor altruista que desarrolla desde 1966.

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