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Archive for the ‘Biografías’ Category

El Country Club, de cuya inauguración hoy se cumplen exactamente 50 años, fue no solo la primera sala de fiestas de Santurtzi sino de toda la margen izquierda y uno de los locales hosteleros más grandes de la época. Como era habitual en aquellos años la ceremonia de apertura el viernes 17 de marzo de 1967 incluyó una bendición religiosa.

El promotor de esta pionera sala de fiestas, que en origen se iba a llamar Jolastoki aunque acabó siendo el Country Club, fue Estanislao Ángel Barquín Arteche. Con esos apellidos uno puede suponer que nació en Zierbena y es cierto, exactamente en 1906. Falleció en Santurtzi en 1981.

Trabajó de maestro de albañiles en AHV y también en la construcción del embalse de Blasco Ibáñez o Benagéber sobre el río Turia,  en Valencia, entre 1943 y 1947. A continuación, durante unos años, entre 1947 y 1954 trabajó en Venezuela. A su regreso, con el capital que había conseguido ahorrar allí, empezó a construir, primero en Portugalete, en la calle Ruperto Medina, y después en Santurtzi: en la plaza Juan José Mendizabal, en la zona de la Txitxarra (Jenaro Oraá, Juan José de la Quintana, Santa Eulalia) y en la calle Itsasalde (todos los edificios entre los núm. 8 y 16).

Hacia 1965, en una época en la que todavía estaban muy activos los chicharrillos populares, asociado con Galo Salinas Navarro, se le ocurrió una idea novedosa: montar la primera sala de fiestas de toda la margen izquierda. Se construyó en un espacio medio abandonado, un gallinero, en la parte zaguera de la “casa del hotel”, casa de vecindad que se edificó en el núm. 34 de la actual calle Itsasalde, entonces llamada Capitán Mendizábal, destinada en origen a acoger un establecimiento hotelero.

En los bajos de ese edificio había por aquel entonces un bar, El Peñón, regentado por Santiago Beltrán y sus hijos, Santiago y Pepe. Este local se incorporó a la sala de fiestas.

El Country Club tenía tres plantas, dos de acceso público y uno reservado al personal. En la planta baja se ubicaba la sala de fiestas, en el piso inferior el restaurante (que en 1970 se sustituye por una segunda sala de fiestas) y en el superior, el dedicado a oficina, lavandería, depósito de aguas, etc. Como curiosidad el menaje (cristalería, cubertería, etc.) con el que se inauguró la sala de fiestas procedía del barco-hotel Imperial Bahama, retirado en 1965. También se aprovechó para la decoración del acceso a la sala de fiestas un mural de roble americano de la misma procedencia.

Durante los tres años en que el restaurante estuvo activo se celebraron numerosas bodas. Los menús eran, según dicen, de categoría, no aptos para todos los bolsillos pues algunos costaban hasta 500 pesetas.

Las vistas desde el restaurante eran diferentes a las actuales. Justo enfrente atracaba el Patricia, ferry que hacía la ruta Santurtzi-Southampton, y que este año, en abril, también celebra su aniversario.

En cuanto al personal fijo, la plantilla era bastante amplia. Podemos citar al portero, Lorenzo Esteban Flores; la taquillera, Rosa María Ezama Muñoz; el guardarropa; los dos barman; los tres camareros, Lucio Pérez Picado, Juan Ángel Tobar, Fernando García Cartón; y el jefe de sala, Tomás García Hermoso. También trabajó un excelente cocinero mientras estuvo abierto el restaurante, Félix Diez Peña, que después trabajó en El Txinbito (Portugalete), en el Landeta (junto al rompeolas) y en el Nervión (Portugalete). Tampoco podemos olvidarnos del personal de limpieza (tres personas).  Y por supuesto el disc-jockey y la orquesta de la casa, compuesta por cinco intérpretes (pianista, saxo, trompeta, batería y, en ocasiones, contrabajo).

Además de la citada orquesta, numerosos grupos musicales y populares artistas de la década de los setenta actuaron en el Country Club. En aquellos años, para poder actuar en clubs era preciso sacar, previo examen, el carné del Sindicato de Teatro, Circo y Variedades. Una vez superado ese escollo, el grupo Los Tañidores inauguró el Country Club, donde actuaron a diario durante dos semanas, según nos cuentan en el blog Memorias de Getxo.

Podemos citar además otros artistas que ofrecieron su espectáculo en el local como, por ejemplo, el actor y humorista Cassen o el más conocido José Luis Moreno. Solían actuar durante diez días seguidos.

El local abría todos los días de la semana excepto los lunes aunque, como es lógico suponer, los días fuertes eran los jueves, viernes, sábados (dos sesiones, tarde y noche) y los domingos. El aforo de un domingo cualquiera podía alcanzar las 1.200 personas. En alguna ocasión excepcional se superaron las 1.800.  El horario de apertura habitual era de 19:00 a 22:00 h y de 23:00 a 02:30 de martes a viernes.  Los sábados se cerraba una hora más tarde. Los domingos abría de 18:00 a 22:00 h.

Un año más tarde, Galo Salinas Navarro inauguró el Galo’s y poco después abrieron muchos más establecimientos hosteleros, pubs y salas de fiesta, que crearon en Santurtzi una importante zona de ocio conocida en todo el entorno. La entonces calle Capitán Mendizábal se trasformó en la calle del dólar.

A finales de los años 90 del pasado siglo los hábitos cambiaron y el Country Club cerró sus puertas, como las otras grandes salas de fiestas Galo’s y Aloha, y el tramo final de la otrora populosa calle del dólar fue paulatinamente languideciendo hasta la actualidad. El edificio en el que se ubicaba el Country Club fue vendido por sus propietarios en 2000 y en su lugar fue edificada una casa de vecindad.

Tengo que agradecer a Juan Ángel Barquín Palacios su imprescindible colaboración (información y fotografías) para la realización de esta entrada.

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Cada 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer que conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integral como persona.

Ya he dedicado varias entradas a diferentes grupos de mujeres trabajadoras en nuestro municipio: sardineras, trabajadoras del matadero, y escritoras. La figura de la sardinera es reconocida de forma unánime y su monumento conmemorativo sirve de homenaje a todas las mujeres relacionadas con la actividad portuaria, entre las que se incluyen las trabajadoras de las fábricas de conservas, escabeches y salazones a las que quiero referirme expresamente en esta ocasión.

En Santurtzi, en el último cuarto del siglo XIX e inicios del XX se fue consolidado una flota de traineras y vapores que impulsó el crecimiento de la actividad pesquera, de tal manera que se podía destinar una parte de las crecientes capturas a su transformación industrial. Las primeras industrias de conservas, escabeches y/o salazones ubicadas en Santurtzi se documentan a finales del siglo XIX. Algunas de las pioneras serán la fábrica de conservas regentada por Antonio Iglesias, instalada en 1882 y con actividad hasta 1885, la de salazones de Martín Goicoechea, instalada en 1894, y la fabrica de conservas de anchoa establecida por una empresa italiana, de la que se desconoce el nombre, en 1904.

Sin embargo, de estos inicios la información es muy escasa y no he encontrado referencias a mujeres empleadas en ellas. Más información sobre las características de una industria conservera de principios de siglo XX se puede obtener en la obra Historia de Santurtzi: el difícil equilibrio del siglo XX (1901-2001), pag. 97 y ss. De esos primeros años una postal nos permite ubicar con precisión una de esas industrias.

Ya avanzado el siglo XX documentamos la última concesión administrativa relativa a la industria transformadora de la pesca en nuestro municipio. Fue otorgada el 19 de julio de 1962 a la Cooperativa de Pescadores de Bajura (COPESBA) para la instalación de una fábrica de conservas en una parcela del puerto próxima a la sede de la cofradía de pescadores. Antes se ubicó durante un corto periodo en Mamariga, en un solar entre Juan Crisóstomo de Arriaga y Bruno Alegría conocido con el nombre de la huerta del Farras.

En la génesis de su constitución y explotación estuvo la Federación de Cofradías de Pescadores de Bizkaia. Se creó con la idea de poder dar salida a las abundantes capturas de anchoa que durante esos años se venían registrando en los puertos cantábricos, si bien al final se amplió el proyecto comprando maquinaria para la elaboración de conservas de pescado. La elección de Santurtzi estuvo condicionada por la inexistencia de industrias del ramo en la localidad, así como por la facilidad para conseguir los terrenos en donde ubicarse.

Comenzó a funcionar a mediados de 1962 elaborando salazón y posteriormente conservas de bonito, chicharro, verdel y filete de anchoa. Estuvo en activo hasta 1969 (o 1972, según las fuentes), si bien en los últimos años la gestión fue llevada por terceros. La marca comercial utilizada era La Sardinera.

El personal de la fábrica estaba formado principalmente por mujeres, la mayoría esposas e hijas de pescadores, por cuyas manos pasaba todo el proceso de manipulación y tratamiento del pescado recién capturado (descabezar, eviscerar, cortar, etc.) hasta su salida, transformado y enlatado en alguno de los diferentes productos listos para su comercialización y consumo.

El trabajo era generalmente temporal, supeditado a las diferentes costeras durante las cuales, la abundancia o escasez de capturas era determinante para la actividad de la fábrica. Por esta razón, la mayor parte de las operarias eran eventuales, se las contrataba sólo cuando entraba suficiente pescado para transformar. Las condiciones de trabajo eran duras y el salario era de aproximadamente unas 35 pesetas por jornada de trabajo, según algunas fuentes. Estas abnegadas mujeres mantenían a la unidad familiar con su sueldo cuando los hombres no podían salir a faenar y, a la vez, criaban a sus hijos con la ayuda de la familia. Cuando no trabajaban en la fábrica muchas de ellas vendían pescado de forma ambulante, es decir, eran temporalmente sardineras, por lo que también estarán incluidas en la entrada correspondiente.

El número de hombres era reducido, aproximadamente un 10% del total de la plantilla. Su actividad se caracterizaba por ser fija durante todo el año y por su especialización: administrativo, latero, soldador, mecánico, fogonero, conductor…

Entre las trabajadoras podemos citar, con nombre y apellidos, a las siguientes:

  • NN “la choclera, de Fontuso”

  • Angelines

  • Anita “la castreña”

  • Milagros ARCE VILLADA

  • Asunción CALVO GÓMEZ “la castreña”

  • Isabel CASTILLO SUSILLA “lsabelita, la de Suelas”

  • María Begoña LARRABIDE GONZÁLEZ

  • Visitación MÉNDEZ INCERA “Visi, la de Turtulu”

  • Catalina MIRA HORMAECHEA

  • Virginia del MORAL

  • Ascensión NOTARIO GONZÁLEZ “la Chamberina”

  • Ana OSUNA MORENO

  • Encarnación PÉREZ MARTÍNEZ

  • Carmen SANTAMARÍA LUIS

  • Belmira VILLADA CAMAÑO

Faltan otros muchos nombres y fotografías de detalle que me gustaría recopilar. Cualquier otra información será bienvenida.

Tengo que agradecer a Luis Javier Escudero Domínguez y a Koldo Urtiaga su colaboración para documentar, aunque sea sucintamente, la historia de las industrias transformadoras de la pesca en nuestro municipio.

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La semana pasada el Museo Diocesano de Arte Sacro inauguró una nueva instalación en la planta dedicada a la orfebrería que complementa a la perfección la colección de piezas que expone el museo, una de las más completas de su clase. Se trata de la recreación de un taller de platería, el del último maestro orfebre tradicional de Bizkaia, ya retirado. El orfebre o platero Eloy García Pérez ha cedido al museo sus mesa de trabajo, sus herramientas, moldes y bocetos.

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Su objetivo es contextualizar y acercar al público, a través de un vídeo, el oficio de un orfebre, una profesión prácticamente desaparecida. No existe relevo generacional. Aunque fue profesor e impartió clases de diseño y cincelado en bronce, plata y oro en el Instituto Vasco de Nuevas Carreras ningún alumno siguió sus pasos.

Eloy García Pérez nació en Santurtzi, hijo de Lorenzo García y Basilisa Pérez Casado. Es curioso que el nombre que le dieron sus padres fuese el del santo patrón de los joyeros, plateros, orfebres, etc.

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En el seno de esta modesta familia no existía ningún precedente relacionado con la orfebrería o trabajos artísticos. Ha trabajado en la orfebrería desde niño, oficio que aprendió por intuición, llevado por su gran afición a la pintura. Era muy pequeño cuando se escapaba a un taller ubicado frente a su casa. Se sentaba allí y se dedicaba a golpear una lata con un martillo durante horas. Luego volvía a casa y se ponía a dibujar.

Más tarde, tras formarse en la Fabrica de Bronces y lámparas Navarro y en la Escuela de Artes y Oficios, en Bilbao, con 19 años montó su primer taller en Portugalete, en casa de su madre. Posteriormente lo trasladó al núm. 51 de la calle Iturribide de Bilbao hasta su jubilación. Eloy García ha disfrutado siempre de su trabajo y afirma que para ser un buen orfebre hay que tener vocación, porque es un trabajo muy preciso, requiere muchísima paciencia, dedicación y gusto. Con los cinceles se pueden sacar infinidad de cosas, es todo creatividad.

La obra de Eloy García es, desde el punto de vista técnico, de una gran calidad y recoge modelos de arte sacro muy característicos. Ya fue objeto de una muestra retrospectiva de marzo a mayo de 2006, en  colaboración con el Servicio de Patrimonio Cultural de la Diputación Foral de Bizkaia, en la sala Ondare titulada Orfebres y plateros. El taller de Eloy García.

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A través de la actividad del orfebre, en aquella exposición se explicaban de forma didáctica las diferentes técnicas de este oficio, a medio camino entre lo artesanal y lo artístico (repujado, cincelado, grabado, estampado, fundido, dorado, esmaltado), los mecanismos de control de la calidad de los materiales preciosos con los que trabajaban, la regulación del oficio y la consideración social que se otorgaba a su trabajo, etc.

Y, al mismo tiempo, se aprovechaba para repasar la evolución de la orfebrería en Bizkaia, desde las piezas más antiguas, tardorrománicas, hasta las salidas de las manos de escultores contemporáneos como Durrio o Larrea. En total, más de 150 piezas de gran calidad pertenecientes a la colección del Museo Diocesano de Arte Sacro, a diferentes iglesias, a diversas instituciones, a particulares y talleres de orfebres y plateros.

De aquella exposición nació el proyecto que ya es una realidad, El taller de Eloy García, una didáctica exposición permanente en el Museo Diocesano de Arte Sacro que sirve, además, para  homenajear a uno de los mejores orfebres de Bilbao. La actividad a la que este orfebre ha dedicado sus últimos sesenta años está en trance de desaparición pero, gracias a esta exposición, permanecerá al menos en nuestra memoria.

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Más información en los siguientes enlaces:

Arte de metal (2006).

El taller de Eloy García (2006). En este enlace se puede ver parte de la obra realizada por el orfebre a lo largo de su vida.

El último artesano de los metales (2006).

Orfebres y plateros, un oficio en extinción (2006).

Artesanía vestida de plata fina (2017).

El Museo de Arte Sacro convierte el taller de platería de Eloy García en exposición (2017).

El Museo diocesano inaugura una sala-taller de platería (2017).

Un motivo más para visitar el Museo Diocesano de Arte Sacro en donde se exhibe permanentemente el tímpano románico de San Jorge.

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Cabecera EnSanturtzi.com

Noveno artículo de la serie, publicado en el número 111 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzicorrespondiente al mes de noviembre. Más información en el propio blog, en este enlace.

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El 31 de octubre de 2016 el restaurante Currito, todo un referente en la historia gastronómica de nuestro municipio, apagaba sus fogones y pailas para siempre. Este establecimiento hostelero, que llevaba 31 años en su última ubicación, el chalet Villa Esperanza en la avenida Murrieta, ha sido el último de una larga trayectoria empresarial y gastronómica que se remonta a los años 50 del pasado siglo XX. En su lugar se va a edificar una urbanización de lujo con vistas al Abra, similar a la que ahora ocupa el solar en el que se ubicaba el chalet de Amesti.

Urbanización en chalet Amesti

El primer contacto con el mundo de la hostelería de esta saga familiar santurtziarra de cocineros arraigados a su tierra y tradiciones lo inició José María González Barea (Santurtzi, 1931 – Bilbao, 2004). Hijo de Emilio González Pérez, nacido en La Arboleda y prematuramente fallecido en 1937, y de Elvira Barea Pascual, que durante años tuvo una tienda en La Risquera, en el barrio de Mamariga, donde nació Currito y el resto de hermanos.

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Apodado y conocido como Currito por haberse cortado accidentalmente el dedo pulgar en una panadería cuando tenía cuatro años, José María González Barea, fue un auténtico emprendedor, comenzó muy joven y desde abajo, colaborando en la tienda de su madre y luego asando sardinas en el puerto. Al poco tiempo abrió una txosna en una calle todavía a medio urbanizar (la hasta hace poco calle Capitán Mendizabal que por aquel entonces comenzaba a llamarse popularmente calle del dolar). Este local, llamado precisamente La Chozna, era un establecimiento estacional, para la temporada estival, en el que se servían guisos, sardinas y bacalao. A sus pies la efímera playa del Higarillo o Miami. Sobre las txosnas y merenderos santurtziarras de los años 50, 60 y 70 habría que hacer un estudio…

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A La Chozna le siguieron el Ichasalde, la bodega Currito (más tarde la bodega Miguelchu), Pacurro y, finalmente, el restaurante Currito desde 1968 hasta su cierre en 1979, todos ellos en el mismo entorno, la actual calle Itsasalde.

Sin embargo, Currito renace en Santurtzi en julio de 1985, ahora en el chalet Villa Esperanza, con su hijo, Emilio González Soto, su esposa Aranzazu Goyarzu, y su hermana María José con su esposo Roberto Vázquez. Y muchos más: Isaac González Murua, Beatriz Pérez, etc.

Del edificio no hay mucho que contar. Se trata de una vivienda unifamiliar que viene siendo adscrita a un imaginario estilo nórdico en la escasa bibliografía que podemos consultar al respecto. Fue diseñado en 1947 por el arquitecto Juan de Amesti, como el chalet adyacente hasta hace un año, para Manuel Peciña. Sin embargo fue enseguida adquirido por Benedicto Martínez Angulo que lo denominó Villa Esperanza en honor a su esposa, Esperanza Rodríguez Cugnón, como el grupo de viviendas Esperanza en Kabiezes. Muy modificado con el tiempo, no destaca por su valor arquitectónico ni patrimonial. Antes de instalarse el restaurante albergó la guardería Pinocho durante unos años.

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José María Gonzalez Barea dio el salto a Madrid y abrió otro restaurante Currito en 1975 en el pabellón de Bizkaia de la Feria del Campo que se organizaba en la Casa de Campo, antiguo coto de caza y después espacio natural formado por docenas de hectáreas de pinares y praderas que flanquean la zona más septentrional de la capital.

Madrid no le resultaba extraño puesto que ya había acudido en ocho ocasiones a las ferias que se celebraban durante el mes de mayo junto con varias y reconocidas sardineras de Santurzi pero también bermeanas. Lo que comenzó siendo estacional con el tiempo se hizo permanente a lo largo de todo el año y, en 1975, estable y definitivo.

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En poco tiempo se convirtió en uno de los referentes gastronómicos de la villa y corte al que acudían reyes, presidentes, ministros, artistas, etc. El programa Estudio Abierto de RTVE (1970-1975) incluyó una entrevista al entonces popular Currito, realizada por su presentador José María Iñigo. Era un personaje famoso.

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Con el tiempo la gestión del restaurante madrileño la asumió su hija Marta González Soto y su yerno José Miguel Muñoz. En octubre de 2014, casi 40 años después, el Currito madrileño tuvo que cerrar sus puertas por un alquiler excesivamente alto y varias circunstancias que aislaron la Casa de Campo (obras de la carretera de circunvalación M-30 y reducción de la actividad ferial en la zona en favor de IFEMA) y que dieron al traste con el Paseo de la Gastronomía, desolado tras el cierre de otros cuatro emblemáticos restaurantes.

En 1989 abrió en su querida calle del dolar un establecimiento dedicado a la venta de productos exquisitos (vinos, licores, quesos, etc.) que se llamó La Bodega de Currito. Al frente estaba su hija María José González Soto. Este comercio tampoco existe ya.

A pesar del cierre de uno de los restaurantes más representativos de nuestro municipio, Currito y su legado estarán siempre presentes en Santurtzi. No en vano se le recuerda con un busto en bronce en el paseo lineal que bordea y señala la antigua línea de acantilados, mirando al restaurante, y en los murales cerámicos que ornan el zócalo del kiosco de música.

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No es para menos. Además de su buen hacer entre fogones y pailas, Currito fue el promotor del Día de la Sardina, que desde 1973 señala el comienzo de nuestras fiestas patronales, y de la Asociación de Amigos de la Boina fundada en Madrid en 1990 y en Bizkaia en 1995. Sus miembros se reunían el primer lunes de cada mes en el restaurante. En 2011 surgió la Asociación de Amigas de la Boina que se reunía ahí el primer martes de cada mes. Ambas asociaciones tendrán que cambiar de lugar de reunión así como la ceremonia de entrega de los premios Sardina de Plata y Sardinera de Oro que anualmente otorga la asociación Comercios Unidos de Santurtzi.

La icónica imagen de la sardinera siempre ha estado presente en Currito, desde siempre y allá donde estuviera. Sin ir más lejos en el propio logotipo del restaurante y en una bonita escultura realizada por Mauricio Aldamiz-Etxebarria que adornaba su entrada en Madrid y en Santurtzi.

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No puedo dejar de citar algunos de los muchos premios y reconocimientos recibidos por el alma mater de esta saga de cocineros y hosteleros. Considerado un icono de la gastronomía vasca, Currito recibió, entre otros galardones, la distinción Ilustre de Bizkaia que entrega anualmente la Diputación Foral, en 2002 y la Sardina de Oro de Candás (Carreño, Asturias) en 1977, supongo que con motivo del hermanamiento entre las dos localidades. En 1996 recibió la Sardina de Plata que, como he comentado antes, entrega anualmente la asociación de comerciantes de nuestro municipio. Y por parte del Ayuntamiento de Santurtzi su Insignia de Oro.

Con la marca de la casa se han publicado dos libros: El Bacalao: biología y gastronomía (1996) y Currito, desde Santurce a… Madrid. Una cocina al lado del mar (2003). En el primero, Emilio González Soto comenta una posible e interesante etimología del término bacalao, alternativa al origen neerlandés más conocido. En el segundo, del que padre e hijo son coautores, se nos narra una interesante y detallada biografía de Currito con numerosas fotografías que nos sirven para evocar el Santurtzi del tercer cuarto del siglo XX.

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De este segundo libro se hizo ese mismo año 2008 otra edición en tres volúmenes que se distribuyó con el periódico Deia.

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Tengo que agradecer la ayuda de una colaboradora de excepción, Marina Sesumaga González, para la realización de esta entrada.

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Cabecera EnSanturtzi.com

Octavo artículo de la serie, publicado en el número 110 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzicorrespondiente al mes de octubre. santurtzi-ezagutu-8

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El 30 de septiembre de 1916 aparecía en primera plana del diario La Gaceta del Norte un sentido artículo de Tomás Gillín glosando la figura del maestro Fermín Repáraz Aguinaga, recién jubilado. Y cien años después me parece oportuno dedicar una entrada a este destacado personaje de nuestra historia, un tanto olvidado.

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Fermín Repáraz Aguinaga nació en Arbizu (Navarra) en 1850. Comenzó su labor docente en la escuela de Zizur en 1871. En 1880 paso a ser responsable de la escuela de Xemein, cuya plaza ganó por oposición. No estuvo mucho tiempo allí pues en 1883 obtuvo plaza en Ortuella, parte del entonces Concejo de Santurce. Finalmente, en 1892, tras la jubilación de Luis Iza Aguirre, paso a ejercer como maestro en las escuelas viejas hasta su jubilación en 1916, tras 45 años de ininterrumpida dedicación a la docencia.

Escuelas viejas

Al poco de tomar posesión de su plaza como maestro en nuestro municipio publicaba un libro de texto  titulado Geografía para niños del cual se conserva un ejemplar (nueva edición, corregida y aumentada, de 1894) en la biblioteca de Bidebarrieta (Bilbao). Quizás sea esta la obra que otras fuentes han atribuido a su antecesor Luis Iza y de la que no hemos encontrado rastro alguno. En enero de 1907 se publicaba la tercera edición.

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La dedicación de Fermín Repáraz a su trabajo fue encomiable. Para evitar el absentismo escolar, muy alto en aquella época, con el apoyo de benefactores locales comenzó a repartir un rancho de alubias y garbanzos con carne y tocino a sus alumnos más necesitados que tenían, como contrapartida, la obligación de asistir a clase. Niños que no solían ir empezaron a acudir diariamente. Dicho rancho se preparaba en la propia casa particular del maestro. Un rancho similar se ofrecía en el hospital-asilo municipal y no sé, hasta qué punto, si se trata del mismo hecho. En cuanto a la clase de adultos y dominicales, también se les repartía constantemente un buen número de prendas de vestir, poniendo como condiciones la asistencia a las clases y el buen comportamiento.

Por otra parte, a comienzos del siglo XX nacieron numerosas sociedades esperantistas en Euskadi. En Santurtzi, concretamente, en 1907. El primer presidente del Grupo Esperantista de Santurce fue el médico Guillermo Gorostiza. En 1909 lo era Fermín Repáraz. Esto nos da una idea de la vocación y el interés por la educación, la docencia y el aprendizaje de este ejemplar maestro.

En 1916, una vez hecho público el retiro del estimado maestro, sus discípulos solicitaron al Ayuntamiento la colocación de una placa conmemorativa en la escuela en donde había ejercido tantos años y había dejado tantos buenos recuerdos. El Ayuntamiento accedió a lo solicitado y el domingo 3 de diciembre, el pueblo entero rindió un sentido homenaje de agradecimiento al ilustre maestro acudiendo en procesión cívica a la escuela en donde, junto a los consabidos discursos, se descubrió la citada placa. Antes, en marzo, el Ayuntamiento había acordado concederle una pensión vitalicia de 1.000 pesetas anuales además de la que, por derecho, le correspondía.

Esa placa es seguramente el origen del nombre atribuido a las escuelas posteriormente aunque no conozco ninguna disposición oficial en este sentido hasta 1936, cuando las cuatro escuelas unitarias de niños que venían funcionando en el mismo edificio y en régimen graduado, se convirtieron por Orden de 31 de marzo de 1936 (Gaceta del 4 de abril) en la graduada Fermín Repáraz.

Fermín Repáraz Aguinaga falleció en junio de 1920 pero su grato recuerdo permaneció en nuestro municipio y volvió a ser reconocido y homenajeado durante la II República, cuando se dio su nombre a la tradicional calle de las escuelas denominada Primo de Rivera (por el general) en aquel entonces y desde hacía apenas cinco años antes. Sin embargo, en 1937, con el primer gobierno municipal franquista, se sustituyó su nombre por el de Primo de Rivera (intuyo que más por homenajear al falangista José Antonio que por recuperar el nombre del padre). La escuela, sin embargo, siguió denominándose, sin objeciones, Fermín Repáraz.

En 1980, cuando se eliminan la mayoría de los nombres franquistas del callejero, la calle se bautiza con el nombre de José Miguel de Barandiaran. Con la clausura del colegio en 1997 comienza a perderse el recuerdo de este personaje. Y el año pasado se perdió la oportunidad de recuperarlo para el callejero cuando no fue incluido entre las propuestas para sustituir a las denominaciones que incumplían la Ley de Memoria Histórica.

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Por último, me parece interesante incluir unos breves apuntes genealógicos de la familia Repáraz. Los orígenes del linaje se sitúan al norte de Navarra, en el barrio Erreparatzea / Reparacea de Bertiz. Este topónimo ha dado lugar dos apellidos: Reparace, muy poco frecuente y del que no consta escudo heráldico, y Repáraz, más común y bastante difundido, incluso en América.

Según su etimología, Repáraz podría significar huerto o jardín del rey (erre + baratz) de tal manera que algunos blasones ostentados por linajes con este apellido podrían calificarse de parlantes (al incluir como elemento figurativo principal del escudo un conjunto de flores, concretamente azucenas). Se puede blasonar de la siguiente manera: en azur (azul), una jarra con siete azucenas de plata, acompañada de cuatro estrellas, una en cada cantón del escudo, de oro. Hay, no obstante, variantes en cuanto a los esmaltes.

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Ya en el siglo XV aparece documentado el apellido Repáraz en Zubieta, Legasa, Oieregi, etc. De ahí pasa a Pamplona y posteriormente a Arbizu, donde nos encontramos numerosos vecinos con este apellido. Según nos consta, la persona que trajo el apellido Repáraz a Arbizu fue Martín de Repáraz casado con Josepha de Garralda en esa localidad el 22 de abril de 1691. Venía con el oficio aprendido en Pamplona y ejerció como maestro cerero. De momento no he podido seguir la línea hasta hallar el entronque con nuestro Fermín Repáraz. Este es el linaje he podido construir:

1. Antón Repáraz contrae matrimonio con María de Lacunza. Tienen los siguientes hijos:

2. Simón Repáraz Lacunza contrae matrimonio con Josefa Gracia [o Engracia] Mendinueta Arbizu. Tienen los siguientes hijos, nacidos en Arbizu:

3a. Manuel Francisco Repáraz Mendinueta, que nace en 1774

3b. Juan Miguel, que nace en 1776

3c. María Margaríta, que nace en 1779

3e. Miguel Andrés, que nace en 1780

3f. Agustín, que nace en 1791 ?

Del matrimonio de Manuel Francisco Repáraz con María Antonia Berastegui Milchotorena nacen los siguientes hijos:

4a. Domingo, que nace en 1801

4b. Martín Ramón, que nace en 1805

4c. José Ventura Repáraz Berastegui, que nace en 1807

4d. Gabriel, que nace en 1810

4e. Alexandro, que nace en 1814

José Ventura Repáraz contrae matrimonio en 183* en la parroquia de San Martín de Satrustegui (Navarra) con Lorenza Aguinaga Martirena (hija de Francisco y Catalina). De este matrimonio tengo documentados ocho hijos, todos nacidos en Arbizu:

5a. Pedro, que nace en 1834

5b. Miguel María, que nace en 1836

5c. José, que nace en 1839

5d. Gabriela Micaela, que nace en 1841

5e. Dorotea, que nace en 1845

5f. Juan Lorenzo, que nace en 1847

5g. Juana Vicenta, que nace en 1850, y su mellizo

5h. Juan Fermín Repáraz Aguinaga nace el 23 de junio de 1850 en Arbizu (Navarra).

Como he comentado antes, en 1871 es maestro en Zizur y será por aquel entonces cuando conozca a la que será su esposa, Eugenia Beltrán de Guevara Gauna, nacida en Azua (Elburgo) en 1846, hija de Bruno Beltrán de Guevara Barrena y Casimira Gauna Elorza. Contraen matrimonio en 1872 en la parroquia de San Vicente Mártir de Vitoria-Gasteiz. Fermín fallece en 1920 y Eugenia en 1929, ambos en Santurtzi. Respecto a los hijos de este matrimonio he encontrado algunos datos confusos:

6a. Juan, del que no he encontrado ni el lugar ni la fecha de nacimiento. Intuyo que es el primogénito y que nacería hacia 1873-1874 pues en 1892-1895 solicita plaza de maestro auxiliar de la escuela de la que su padre es titular, en Santurtzi. En 1942 aún vivía pero no he encontrado ni lugar ni fecha de defunción.

6b. Matilde, que nace en Izurdiaga en 1880. Contrae matrimonio en Santurtzi en 1903 con Ramón Adolfo Berdones Giménez, natural de Soria y nacido en 1882, maestro de instrucción primaria.

6c. Josefa, que nace en Santurtzi en 1883 y fallece ahí en 1887.

6d. Julia, de la que no he encontrado el nacimiento pero que fallece en Santurtzi en 1886.

6e. Felisa Catalina, que nace en 1886 en Santurtzi y de la que no he encontrado la defunción. No sé si se trata de la misma persona que la anterior (con alguna confusión en el nombre) o se trata de dos hermanas gemelas.

6f. Fermín Saturnino Vicente, que nace en 1889 en Santurtzi. Se graduará como capitán de la marina mercante, supongo que en nuestra Escuela de Náutica. Al parecer, era propietario de una ferretería ubicada en la calle Amistad de Getxo cuando, en 1937, le fue incautada como consecuencia del triunfo del bando franquista, por su militancia nacionalista.

Fermín Repáraz Beltrán (de Guevara) se exilió en Uruguay, tradicional destino de la emigración vasca, junto con su esposa Amelia Josefína Servan Castillo, nacida en Barbastro en 1891, y sus hijas María del Carmen y Rosario. Durante la Segunda Guerra Mundial, navegando en el buque de bandera uruguaya Montevideo, fue objeto de un ataque y hundido en aguas del mar Caribe. Posteriormente fue capitán de Armamento de la Administración Nacional de Puertos en Uruguay. En los años 50 llegó a ser presidente de la Junta Extraterritorial del Partido Nacionalista Vasco en Uruguay.

Tengo que agradecer a Francisco Javier Pérez Cano que nos haya recordado la efemérides en el grupo de Facebook Santurtzi y sus gentes (la tenía olvidada) y a Tomás Fernández e Itziar Murua por la información que me han facilitado.

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