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Archive for the ‘Biografías’ Category

Nuevo artículo, el 29.º de la serie, publicado en el número 131 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzi, correspondiente al mes de septiembre. Dedicado a un interesante personaje, sor Natividad Homedes, que dedicó toda su vida a asistir a las personas ingresadas en el hospital-asilo municipal.

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Hipólito García García, Polí, es un personaje santurtziarra que evoca gratos y suculentos recuerdos. Nació en la localidad burgalesa de Navas de Roa el 3 de febrero de 1890. A los diez años se trasladó a Portugalete. Se casó en Santurtzi con Victoriana Martínez Palomares en 1931 y falleció en Santurtzi el 3 de enero de 1970.

Se le recuerda en nuestro pueblo porque durante cuarenta años regentó un céntrico merendero que llevaba su nombre, al lado del Restaurant El Puerto y Hotel del Abra.

Se hace cargo del local en 1918 por una apuesta, según el mismo confesaba en una entrevista publicada en El Diario Vasco el 20 de mayo de 1969.

Al parecer, durante una comida entre amigos en el merendero, cuyo nombre de entonces no recordaba, se enteraron de que el local se traspasaba. Sus amigos le ofrecieron pagarle el café si se hacía cargo del merendero. La dueña le pidió 5.000 pesetas por el traspaso. Y Poli aceptó.

Como era marino de profesión, al comienzo dejó a dos tías a cargo del local, una de ellas llamada Andrea. Se había criado con ellas y a su amparo había conseguido el título de maquinista naval.

Pero enseguida le pidieron que abandonara la marina mercante pues el trabajo en el merendero aumentaba y no daban abasto. Y así, el merendero Poli se hizo un nombre y no solo en el municipio. En su merendero comieron sardinas asadas el general Primo de Rivera en una de sus visitas a Santurtzi, futbolistas (Venancio, Panizo), toreros (Cocherito), etc. Durante las fiestas del Carmen estaba siempre completo.

Durante esos cuarenta años se calcula que llegó a asar unas 1.300 toneladas de sardinas,  un promedio de cuatro arrobas (una arroba equivale a 22 kg) diarias, según sus propias palabras. El secreto para un resultado óptimo: paciencia, mucha paciencia, y distribuirlas adecuadamente sobre la paila.

Cuarenta años después, Hipólito García, con casi 70 años y cansado de toda una vida asando sardinas decidió jubilarse. Traspasó el local a otro querido personaje de nuestra historia gastronómica, Daniel Obregón, Mandanga, que lo regentó hasta su clausura, impuesta por la venta del solar para construir un edificio de viviendas.

El antiguo Merendero de Poli fue derruido en mayo de 1969.

Además del merendero, Poli regentó desde antes de la guerra civil una fabrica de hielo ubicada en La Txitxarra, en Torquillas, hasta que se abrió (Aberasturi) la ubicada en el puerto pesquero en los años 60. Abastecía no solo a los pescadores y sardineras sino también al antiguo hospital asilo y a la clínica de San Juan de Dios.

También desarrollo una faceta de armador de un barco de pesca, el San Roque, pero este negocio no tuvo recorrido. Finalmente, durante un tiempo fue juez de paz de Santurtzi.

Como siempre, toda colaboración para corregir o ampliar la entrada será bien recibida.

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Como dice la canción oficial de Murrieta, Gem of the Valley, todo comenzó en 1873 con Juan Murrieta y 100.000 ovejas.

De este santurtziarra, Juan Murrieta Cabieces, ya he tratado en dos ocasiones en el blog, en dos entradas consecutivas en abril y junio de 2011:

En la primera de esas entradas comentaba que Juan Murrieta Cabieces nació en Santurtzi en 1844 y falleció en Los Ángeles (California) en 1936. Es un perfecto desconocido en nuestro municipio y, sin embargo, una próspera localidad con más de 100.000 habitantes en el condado de Riverside (California) se denomina Murrieta en su honor para perpetuar la memoria de este pionero emprendedor.

Todo comenzó en 1873, el 17 de julio exactamente, cuando los hermanos Ezequiel y Juan Murrieta Cabieces, junto a otros socios, Domingo Pujol y el abogado Francisco Sanjurjo, compraron a Vicente de Laveaga, vecino de San Francisco, los ranchos Temecula y Pauba en el exuberante Valle de Temecula. Estos ranchos tenían una superficie total de 52.000 acres (21.043 hectáreas, 210,43 km²) que pagaron a razón de un dólar por acre. Para hacernos una idea de su desmesura, el municipio de Santurtzi tan solo tiene una superficie de 6,77 km².

La historia registral de esas propiedades, complicada a la par que interesante, está disponible en la University of Southern California Digital Library. El documento se titula Chain of title for Rancho Temecula and Rancho Pauba, ca.1920.

En origen formaban parte del territorio administrado por la misión de San Luis Rey en el Virreinato de Nueva España. En 1821 México logró su independencia. El gobierno secular mexicano acabó con el sistema de las misiones y muchos de los asentamientos fueron abandonados. Después de su secularización el territorio original fue dividiéndose en diferentes parcelas (ranchos). En 1848, perdida la guerra con los Estados Unidos, México tuvo que cederles California y otros muchos territorios (las denominadas Provincias Interiores). Dos años después, California se convierte en el trigésimo primer estado de la Unión.

A esa próspera California de la segunda mitad del siglo XIX llegaron los hermanos Murrieta, primero Ezequiel (en 1847) y luego Juan (en 1863), donde prosperaron hasta el punto de poder comprar los citados ranchos en 1873. Tres años después los socios decidieron dividir las propiedades compradas en común. A los Murrieta les correspondió el sector norte de los ranchos que incluía un afloramiento de agua termal (los futuros Murrieta Hot Springs).

En abril de 1882 los hermanos Murrieta acordaron ceder un derecho de paso para el futuro ferrocarril del sur de California a través del rancho Temecula, 100 pies de ancho a lo largo del trazado. El ferrocarril, operativo desde 1886, partió en dos el terreno, pero fue el origen de su desarrollo demográfico y económico.

Ezequiel Murrieta vendió sus propiedades a la California Southern Railroad Company y regresó a sus raíces en 1882. Juan Murrieta, nacionalizado estadounidense desde 1875, se convierte en residente permanente de Los Ángeles  en 1884 y acaba vendiendo casi todas las tierras que le pertenecían (cerca de 14,500 acres) a la Temecula Land and Water Company.

Esta compañía dividió el terreno en parcelas para crear en 1885 el pueblo denominado Murrietaville o simplemente Murrieta (las fuentes discrepan sobre esta cuestión), que formará parte de la zona rural (no incorporada) del condado de San Diego. Los lotes de terreno se vendieron entre 50 y 75 dólares cada uno.

En un año Murrieta ya contaba con un depósito para locomotoras (el origen de su centro histórico), una oficina de correos, una escuela, un herrero, una caballeriza y un hotel que servían a la población en crecimiento. Curiosamente, en la solicitud enviada al gobierno federal de los Estados Unidos para la creación de la oficina postal el nombre de la localidad fue mal escrito y durante muchos años figuró como Murrietta, con doble T. Un año más tarde se añadieron dos almacenes, un mercado de carne, un periódico, un restaurante y una iglesia. En 1890 vivían en el área unas 800 personas.

En 1893, la localidad de Murrieta y su territorio dependiente dejaron de ser parte del condado de San Diego para incluirse en el condado de Riverside, creado ese mismo año. Es entonces cuando, al parecer, se toma la decisión de reconocer la contribución de Juan Murrieta  y se adopta ya oficialmente su apellido como nombre del pueblo, cuando hacía ya unos siete años que éste se había mudado definitivamente a Los Ángeles.

Con el tiempo se desarrolla una comunidad básicamente agrícola centrada fundamentalmente en el cultivo de cereales (cebada, trigo, avena, alfalfa) y la fruticultura. La única excepción a este bucólico panorama fueron los populares baños termales denominados Murrieta Hot Springs que dieron lugar a un núcleo de población incorporado a la ciudad de Murrieta el 1 de abril de 2002. Las fuentes termales eran conocidas desde siempre, pero su explotación comercial comenzó en 1887. Su época de máximo esplendor fue la primera mitad del siglo XX.

En 1935, el servicio diario de la línea de ferrocarril que dio origen a la localidad fue clausurado y el lento pero constante desarrollo que había experimentado Murrieta hasta entonces cesó bruscamente. Su población se estancó: apenas 542 habitantes en 1972 y 2.250 una década después.

Juan Murrieta, además de dar nombre a una localidad californiana, figura junto a otros pioneros destacados en el desarrollo del valle de Temecula en un monolito inaugurado en 1970, ubicado junto al Temecula Valley Museum.

A comienzos de los años 80 la construcción de la autopista Interestatal 15 inició una nueva etapa de desarrollo y reordenación del territorio de todo el condado de Riverside. En 1989 la vecina localidad de Temecula accede al status de ciudad y al año siguiente los habitantes de Murrieta solicitan lo mismo para no verse eclipsados ya que esa categoría administrativa comporta una serie de ventajas. Y así, el 1 de julio de 1991 se establece la ciudad de Murrieta. En consecuencia, adopta un nuevo sello institucional.

Para la redacción de esta entrada he consultado tres interesantes publicaciones de la serie Images of América tituladas Murrieta, Murrieta Hot Springs y Temecula, así como la página oficial de Murrieta.

Por otra parte, tengo que advertir que la organización territorial local de los Estados Unidos, su clasificación en áreas incorporadas / no incorporadas, lugares designados por el censo y la relación entre condados y ciudades me ha resultado bastante compleja. Espero haber condensado la información de forma inteligible.

Y para finalizar tengo que hacer referencia a un interesante trabajo de investigación de Óscar Álvarez Gila titulado Cartas desde América. Dos visiones de los Estados Unidos en la correspondencia de emigrantes vascos. Este artículo  se puede consultar (y descargar) en la web de Academia.edu.

En este trabajo, el autor se centra en el estudio del modo en que el emigrante, a través de su correspondencia epistolar, presenta a su familia su visión del país de acogida. De los dos casos estudiados, nos interesa evidentemente la abundante correspondencia, 23 cartas fechadas ente 1885 y 1891, que Juan Murrieta remite a hermano Ezequiel ya regresado a Santurtzi. Forman parte del archivo familiar de un biznieto de Ezequiel, Ignacio Murrieta Sanguino. Desgraciadamente no contamos con las respuestas que sus familiares remitieron desde Santurtzi.

En la correspondencia, que aporta innumerables detalles de la vida de Juan en California y de su relación con su hermano, se puede ver cómo recurren como entidad bancaria intermediaria, para las diferentes transacciones económicas generadas por los negocios gestionados por Juan en nombre de los dos hermanos, a la banca Murrieta de Londres, fundada por su primo lejano Cristóbal Murrieta.

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Nuevo artículo, el 28.º de la serie, publicado en el número 130 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzi, correspondiente al mes de julio. Dedicado a un interesante personaje, el marino y profesor de náutica Daniel Camio Causo.

 

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El 11 de mayo de 1918, hace 100 años, cesaba en el cargo de alcalde de Santurtzi Juan José Mendizabal Echevarría. Voy a aprovechar esta efemérides para tratar de este curioso y poco conocido personaje que durante su vida llegó a ser alcalde de lugares tan distantes como Santurtzi y Melilla y cuyo recuerdo se perpetúa con la plaza que lleva su nombre desde 1918, la más antigua de nuestro pueblo, junto a la iglesia de San Jorge.

Juan José Mendizabal nació en Santurtzi y fue bautizado en San Jorge el 27 de junio de 1876. Fue el primer hijo del matrimonio formado en 1875 por Manuel Mendizabal Génova y Petra Echebarria [escrito con B en el libro parroquial] Castaños. Los Mendizabal procedían de Gipuzkoa y es preciso hacer una breve reseña genealógica de esta familia.

En la pequeña localidad de Orexa (dependiente de Tolosa hasta 1845) nace en 1772 Marcos Mendizabal Ugalde. En 1800 contrae matrimonio en Berastegi con Theresa Lacarra Arvide. De este matrimonio he encontrado en la web del Archivo Histórico Diocesano de San Sebastián el bautismo de seis hijos, tres de los cuales contraen matrimonio entre 1820 y 1830 en alguna localidad de las Encartaciones:

  1. Josefa Teresa Mendizabal, Lacarra (b. Berastegi, 1801) + [1820, Muskiz] Fco. Antonio Orella Narzabal.
  2. Ana Catalina Mendizabal, Lacarra (b. Berastegi, 1803) + [1826, Muskiz] José Antonio Orella Narzabal.
  3. María Josefa Mendizabal, Lacarra (b. Berastegi, 1805).
  4. Pablo Mendizabal, Lecarra (b. Berastegi, 1807).
  5. José Francisco Mendizabal, Lacarra (b. Berastegi, 1809) + [1832, Villaverde] Manuela Genua Gorgolas.
  6. María Bautista Mendizabal, Lacarra (b. Berastegi, 1812).

De esos hijos que pasan de Gipuzkoa a Encartaciones nos interesa la descendencia de José Francisco Mendizabal y Manuela Genua [o Genova, Jenoba, Germa]. Son nueve los hijos de este matrimonio:

De todos ellos nos interesan dos hermanos en particular: Miguel Ricardo Mendizabal Genua [Genova], que en 1879 contrae matrimonio en Santurtzi con Carmen Aldamiz-Echevarria Urquiola, y Manuel Bernardo Mendizabal Genua [Genova], que en 1875 contrae matrimonio, también en Santurtzi, con Petra Echevarria Castaños. En el registro de sus respectivos matrimonios su segundo apellido pasa de ser Genua a ser Genova.

El primero, Ricardo Mendizabal Genova, emigró a Puerto Rico en donde con el tiempo se asoció con otros encartados como Romualdo y Bernabé Chavarri de la Herrera. En 1874 se constituye la sociedad Chavarri, Mendizabal y Compañía con Bernabé como socio comanditario y Ricardo Mendizabal Genova y Bernabé Peña Chavarri (sobrino de los anteriores) como socios gestores. Los beneficios fueron extraordinarios los primeros cuatro años.

Además de participar en lucrativos negocios, los encartados tuvieron un notable protagonismo en la vida política del Puerto Rico del último tercio del siglo XIX. Dos corrientes pugnaban entre sí: una partidaria de establecer un autogobierno y otra partidaria de mantener la dependencia de Puerto Rico respecto de la metrópoli, reunida en torno al Partido Español sin Condiciones, liderado férreamente por el santurzano Pablo Ubarri Capetillo, conde de San José de Santurce y opuesto a la abolición de la esclavitud. En el seno del partido surgieron tendencias menos extremistas y más conciliadoras, lideradas, entre otros, por Ricardo Mendizabal, que fue expulsado del partido en 1893. Tras la cesión de Puerto Rico a los Estados Unidos en 1898, volvió a Santurtzi, donde falleció en 1905.

De su matrimonio con Carmen Aldamiz-Echevarria solo me consta un hijo, Bernabé Mendizabal Aldamiz-Echevarria, nacido en Santurtzi en 1886 y fallecido en El Escorial, 1938. Contrajo matrimonio en 1907 con Leonor Amezaga Balparda. Tuvo, entre otros, los siguientes hijos: Rafael (el capitán Mendizabal), Ramón, Ricardo y Manuel María. Bernabé Mendizabal fue alcalde de Santurtzi entre enero de 1914 y febrero de 1915.

El otro hermano, Manuel Bernardo Mendizabal Genova, contrae matrimonio con Petra Echevarria Castaños. De este matrimonio nacen dos hijos: Juan José Mendizabal Echevarria (Santurtzi,  1876 – Portugalete, 1933) y Cristobal Mendizabal Echevarria (Santurtzi, 1879 – Santurtzi, 1938).

Juan José Mendizabal Echevarria pertenecía a una familia que ha destacado en la vida política de nuestro municipio desde su constitución como municipio independiente en 1901 hasta 1931. Juan José Mendizabal contrajo matrimonio en 1899 con María Alzaga Hornes, hija del primer matrimonio de Antonio Alzaga Arrieta, el primer alcalde del Santurtzi independiente (entre 1901 y 1905) y nuevamente alcalde entre 1910 y 1913.

Su primo Bernabé Mendizabal Aldamiz-Echevarria, como ya he comentado, desempeñó el cargo entre enero de 1914 y febrero de 1915. Juan José Mendizabal fue elegido alcalde el 1 de enero de 1916 y cesó el 11 de mayo de 1918.

Y su hermano Cristóbal Mendizabal Echevarria fue alcalde entre abril de 1920 y abril de 1922. Este había contraído matrimonio en 1911 con Jerónima Jesusa Alzaga Cortabitarte (hija del segundo matrimonio de Antonio Alzaga Arrieta).

Juan José Mendizabal presentó su dimisión el 20 de abril de 1918. Justificó su renuncia porque dejaba de ser vecino de Santurtzi. Trasladaba su domicilio a otra localidad y eso le incapacitaba para desempeñar el cargo. A pesar de los ruegos de muchos de los concejales del Ayuntamiento para que reconsiderara su decisión, al final, dada la firme determinación del alcalde, la aceptaron por unanimidad. Sería efectiva el 11 de mayo, cuando se eligió a su sustituto, Mariano Torrontegui. Inmediatamente, el Ayuntamiento acordó, también unánimemente, dar el nombre de Juan José Mendizabal a la plaza que hasta entonces se denominaba plaza de la Constitución (la promulgada el 30 de junio de 1876).

Al parecer, tenía diversos negocios en Melilla y se traslada a esa localidad norteafricana para hacerse cargo de la gestión directa de ellos. No he encontrado más información al respecto. Vuelve a la escena política en 1931. Juan José Mendizabal era republicano. El 14 de marzo de 1931 se autoriza la organización de la Unión Republicana que a imitación de la Alianza Republicana englobará a todas las tendencias republicanas de Melilla. A los pocos días los republicanos melillenses se unirán a los socialistas en la llamada Conjunción Republicano-Socialista con el fin de aunar fuerzas de cara a las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.

En Melilla se conocen los resultados oficiales con bastante retraso, pero como en la mayoría de las grandes ciudades la victoria correspondía a los republicanos. La Conjunción Republicano-Socialista obtendrá 28 concejales (17 republicanos y 11 socialistas). El 15 de abril es elegido alcalde el concejal de la Unión Republicana Juan José Mendizábal, al que la prensa de la época describe del siguiente modo: “de origen vasco, alto, con buena planta”.

“El Comité de la Conjunción Republicano-Socialista y el nuevo alcalde, trabajaron en estos días incesantemente para la organización local del nuevo régimen, con la vista fija en la paz y prosperidad de Melilla. Fue unánime el sentir de la ciudad, que consideró un acierto la designación hecha por el Comité para alcalde de la Ciudad, a favor de don Juan Mendizábal Echevarría”.

Dimitió del cargo el 3 de julio de 1931. Dicen que de su estancia en Melilla son testigos las palmeras que todavía podemos ver en el parque central. Falleció en Portugalete, donde últimamente residía, el 1 de mayo de 1933.

La esquela publicada en la prensa de la época nos proporciona otra interesante información: su hija Lucía Petra se había casado con el médico Antonio Berguillos Gurruchaga, sobrino de José Gurruchaga Lasa, veterinario municipal de Santurtzi, casado con María Asunción Alzaga Cortabitarte, hija de Antonio Alzaga Arrieta.

Después de este galimatías genealógico, ya solo me falta recordar que, desde mediados de los años 80, se denomina impropiamente a la plaza de Juan José Mendizabal con el nombre popular de cagonillos o plaza [de los] cagonillos. Este nombre tiene una larga tradición. El problema es que se emplea de forma errónea para nombrar un espacio público desde hace unos 25 años, a raíz de su mal uso en un programa de fiestas, según parece.

Su origen está narrado en la obra Monólogos de una sardinera santurzana y tiene relación con el colegio de las Hijas de la Cruz. En principio, se trataba de un colegio para niñas pero admitía niños hasta los seis años para aprender las primeras letras. Al cumplir esa edad debían abandonar el colegio y acudir, si podían, a la escuela pública, la ubicada desde finales del siglo XIX en donde en la actualidad está el euskaltegi y la escuela de idiomas. Pues bien, a esas aulas mixtas de niños y niñas de corta edad (también llamados párvulos o parvulitos) ubicadas en el colegio de la Cruz se las denominaba popularmente la escuela de los cagonillos y de ahí la denominación pasó al espacio inmediatamente adyacente al colegio.

El término cagonillo para referirse a esos párvulos fue introducido y empleado por una de las monjas, de origen navarro, que atendía a los más pequeños de los entonces mal llamados “sin pago”. Estos niños ocupaban la clase que da al patio de entrada por la Escuela de Náutica y tenía su recreo justo delante de esa clase, enfrente de la capilla, en el hueco que hay entre el edificio de la Escuela de Náutica y el colegio de las Hijas de la Cruz. No a todos los parvulitos se les llamaba así: a los “de pago” se les llamaba francesitos y su recreo estaba en el patio interior, el grande, del colegio. Las clases y patios de recreo de los alumnos “de pago” estaban completamente separados de las clases y patios de recreo de los alumnos “sin pago” hasta el curso 1966-1967.

Tengo que agradecer la colaboración de Cristóbal Mendizabal Moraza, que me ha facilitado información y fotografías de sus antepasados, y la de Mari Carmen Alcedo, que me ha aclarado el origen del apelativo cagonillos, para completar esta entrada.

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Nuevo artículo, el 26.º de la serie, publicado en el número 128 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzi, correspondiente al mes de mayo. Dedicado a un personaje, Julio Alegría, al que he dedicado una entrada en el blog.

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El 16 de mayo de 1987 se inauguraba en las instalaciones que la Autoridad Portuaria de Bilbao tiene en Santurtzi la actual sede de una institución no muy conocida, dedicada a la atención al marino y que, según las épocas y las fuentes consultadas, recibe diversos nombres: Apostolado del Mar, Stella Maris, Seamen’s Club, Seafarers’ Centre, etc.

Numerosas iniciativas que buscan mejorar las condiciones de los marinos aparecen en la segunda mitad del siglo XIX de forma independiente en numerosos puertos europeos, principalmente ingleses. En 1818 surge el antecedente de la actualmente denominada Sailors’ Society (protestantes) y en 1856 nace formalmente la Mission to Seamen (anglicanos).

Son los primeros antecedentes de otras muchas asociaciones caritativas o de beneficencia que surgen más tarde, inspiradas en la filosofía de Mary Richmond, activista a favor de los derechos civiles y sociales de las clases populares. Postulaba una metodología de acción denominada Social Work para que las necesidades básicas de todos los trabajadores y trabajadoras de aquella época, con nula protección social  por parte de las administraciones públicas, fuesen satisfechas.

Uno de los grupos más desprotegidos eran los trabajadores del mar (estibadores de los puertos, pescadores, marinos mercantes, etc.). Un reverendo anglicano convertido al catolicismo, Peter Anson, que tenía su parroquia en el barrio marítimo de Glasgow (Escocia), conocedor y seguidor de los postulados de Mary Richmond, aplicó su método y creó un lugar de ayuda y protección para todos los trabajadores relacionados con el mar. En 1920 crea el Apostolado del Mar y en 1921 abre el primer Stella Maris. Un año después, el papa Pío XI le da carácter oficial y proyección internacional.

Con una rapidez fulgurante, este servicio de asistencia a las gentes del mar se propagó por todos los puertos de Inglaterra y después por los principales puertos del continente. El primer puerto en el estado español que ofreció el servicio del Apostolado del Mar fue el Puerto de Barcelona, inaugurado el 23 de abril del 1927.

Apadrinados por la Iglesia Católica, los diferentes Apostolados del Mar se van organizando hasta que, en 1977 bajo el pontificado de Pablo VI, entra en vigor el decreto específico que regulará en el futuro todos los Apostolados del Mar del mundo. El 31 de enero de 1997, el papa Juan Pablo II firma la carta apostólica en forma de motu proprio Stella Maris actualizando las normas anteriores.

El Apostolado del Mar, según este documento, es la organización que promueve la atención pastoral específica dirigida a la gente del mar y está orientada a sostener el esfuerzo de los fieles llamados a dar testimonio en ese ambiente con su vida cristiana. Pero, además, en su vertiente más social, ofrece una atención integral a los marinos y sus familias, independientemente de su raza, credo, lengua, nacionalidad y género. Es decir, combinan dos finalidades: la asistencia espiritual y la material.

Bajo los auspicios de la Organización Internacional del Trabajo se adoptó en 1987 el convenio 163 sobre el bienestar de la gente del mar en el mar y en el puerto, que entró en vigor en 1990. Este convenio establece para los estados firmantes la obligación de procurar  a los marinos asistencia básica y servicios informativos, culturales y recreativos.

En lo que concierne al Puerto de Bilbao, uno de los impulsores de la iniciativa en Barcelona en 1927, el padre Luis Maria Brugada Panizo, promovió casi inmediatamente el establecimiento del segundo Apostolado del Mar en Bilbao en 1930, ubicado primero en Erandio y después en diferentes emplazamientos en Bilbao. En 1964 se unificaron las dos sedes, el Stella Maris ubicado en la entonces calle Espartero (hoy Ajuriagerra) y el Hogar del Marino de Uribitarte, en un mismo local en la calle Henao. Constaba de dos plantas y sótano y ofrecía 44 plazas hoteleras. Al cabo de 12 años tuvo que cerrar debido a la aguda crisis económica de finales de la década de los 70. En 1980, la Autoridad Portuaria se ofreció a ubicar el centro en un local sin uso en las instalaciones del Puerto de Bilbao en nuestro municipio, en la antigua estación marítima del ferry, tras el fin de la ruta marítima servida por el Patricia.

En esta ubicación comenzó a desarrollarse la actividad del International Seafarers’ Centre con carácter ecuménico. Y en 1987, a primera hora de la tarde del 16 de mayo, se inauguraban las actuales instalaciones, bendecidas por el obispo de Bilbao, José María Larrea, acompañado del obispo auxiliar de Oviedo (presidente de la Asociación del Apostolado del Mar a nivel estatal), entre otras autoridades.

No podía faltar a la inauguración el santurtziarra Francisco Otamendi Guenaga. Nació en 1928 y falleció en Santurtzi el 21 de febrero de 2000, a los 71 años de edad. Miembro de una familia muy arraigada en nuestro municipio. Durante 44 años fue el capellán del Puerto de Bilbao y director del Stella Maris entre 1988 y 1993. Patxi Otamendi inició su andadura en el Apostolado del Mar en Bilbao en 1956 tras pasar tres años destinado en la iglesia de la Virgen del Puerto de Zierbena, recién ordenado. Los más mayores de El Puerto aún recuerdan que el sacerdote prohibió el baño en el puerto por razones de moralidad pública y consiguió que la Guardia Civil patrullase para hacer cumplir su orden. Eran otros tiempos…

Regresando a Santurtzi, el actual centro del club Stella Maris, edificado expresamente para su función en apenas ocho meses, costó 50 millones de pesetas y fue financiado por la Autoridad Portuaria de Bilbao. Ofrecía las siguientes prestaciones: bar, bazar, salas de lectura, reunión y juegos, servicios nacional e internacional de correos y teléfono (muy importante en una época en la que no existían los móviles), capilla, minicancha polivalente para baloncesto, balonmano y fulbito, cambio de divisas, etc. Actualmente cuentan con conexión a Internet y Wifi.

Uno de los servicios más valorados es el transporte gratuito en minibús entre el club y los muelles de atraque. Las distancias en el puerto son considerables, sobre todo si el barco atraca en Sollano o Punta Lucero y tanto en invierno, por el frío o la lluvia, como en verano, por el calor, es muy desagradable atravesar el puerto andando. Además, puede ser peligroso.

Los gastos de mantenimiento se sufragaban, en aquella época, por la aportación del Apostolado del Mar y el canon abonado por la Agrupación de Empresas Estibadoras y Consignatarias por cada barco que entraba en el puerto. En la actualidad, los recursos provienen en su mayor parte de la aportación de los armadores de los buques que entran en el puerto y las donaciones de la Autoridad Portuaria, el Ayuntamiento de Santurtzi y la Federación Internacional de Transporte.

Tras su inauguración, se estimaba que las nuevas instalaciones darían servicio a unos 18.000 marineros anualmente. En 1988 se superó la cifra, ya que cerca de 22.000 marinos de 85 nacionalidades visitaron el Stella Maris de Santurtzi. En la actualidad, en torno a 7.000 marinos (las tripulaciones ya no son tan numerosas como antaño y la estancia de los buques se ha reducido) encuentran en esta institución una asistencia personalizada los 365 días del año, con un amplio horario de atención. En 2016, la plantilla estaba formada por cinco personas: Arantza Astigarraga Otamendi (sobrina de Patxi Otamendi), Miren, María, Mari Nieves y Andoni.

La junta que administra el centro estuvo presidida por Manuel Santos hasta 2016. Al año siguiente fue sustituido por José María Jiménez. Como presidente del Stella Maris lo único que le preocupa, como sucede en otras asociaciones sin ánimo de lucro y con proyección altruista y social, es que en el consejo no hay relevo generacional. Actualmente esta formado por capitanes, navieros y algún profesor de náutica.

Actualmente, la International Seamen’s Club Stella Maris, la red internacional de clubes de atención y servicio al marino, está integrada por 400 centros en 75 países. Aunque hay Stella Maris por todos los continentes, el de Santurtzi es, junto al de Rotterdam y Hamburgo, uno de los de mayor prestigio en Europa. De hecho, este año opta al premio al mejor centro internacional de marinos que concede The International Seafarers’ Welfare and Assistance Network (ISWAN), otra asociación benéfica que se dedica al bienestar del marino.

No puedo concluir la entrada sin mencionar los centros que se crearon en Terranova. Su labor fue fundamental para asistir a los pescadores vascos y gallegos que faenaban en los caladeros canadienses durante varios meses al año en condiciones terribles para llenar de bacalao las bodegas de los barcos. Durante los años dorados de la pesca del bacalao, especialmente las décadas de los 50, 60 y, sobre todo, de los 70, más de 120 barcos con 5.000 hombres faenaban anualmente en esas aguas y capturaban cerca de 300.000 toneladas de bacalao.

Y, por supuesto, tengo que dar las gracias a dos colaboradores habituales, Iñaki Cítores y Luis Javier Escudero Domínguez por su ayuda para documentar la entrada con noticias publicadas en La Gaceta del Norte, El Correo y Deia, entre otras publicaciones.

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