Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Fuentes documentales’ Category

Cada 12 de diciembre las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de la Cobertura Sanitaria Universal para recordarnos que todas las personas tienen derecho, sin discriminación alguna, a servicios sanitarios integrales de calidad. Este año, además, se conmemora el centenario de la virulenta pandemia de gripe de 1918 que causó la muerte de millones de personas en todo el mundo, en parte por no tener acceso a esos servicios básicos. Estas dos efemérides me sirven de excusa para dedicar una entrada a la afección de la epidemia de gripe de 1918 en Santurtzi.

La epidemia de gripe de 1918 tuvo una inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables. ​Es considerada la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 40 y 100 millones de personas. Esta cifra de muertos, que incluía una alta mortalidad infantil, se considera uno de los ejemplos paradigmáticos de crisis de mortalidad.

La mayoría de los investigadores aceptan que la pandemia se inició en marzo de 1918 en los Estados Unidos. Incluso señalan en su origen a los trabajadores chinos contratados en Camp Funston (Texas) y el 4 de marzo como el día exacto de su inicio. Sin embargo, en el otoño de 1917 ya se había producido una primera oleada heraldo en, al menos, catorce campamentos militares del ejército estadounidense.

Otros autores creen que la epidemia ya se había manifestado en el ejército inglés en 1916-1917. El origen oriental de la pandemia también podría estar en la “pneumonie des Annamites” que se observó en Francia en 1916 y 1917, como bien documentan los archivos militares franceses. Precisamente uno de sus últimos brotes documentados ocurrió el mes de abril de 1917 en Chartres.

Lo cierto es que el virus que causó la epidemia de gripe en los Estados Unidos en marzo de 1918, en algún momento del verano de ese mismo año, sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal, el Influenza virus A de subtipo H1N1. El primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses.​ Desde Francia la primera onda epidémica se extendió por toda Europa, devastada tras cinco años de guerra que acabaría con el armisticio de noviembre de 1918. Y rápidamente, en unos meses, la epidemia alcanzó los confines del mundo habitado, trasformada en pandemia global.

Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa. España no se vio involucrada en la gran guerra y no censuró la información sobre la enfermedad. Los médicos militares franceses la denominaban veladamente la maladie onze, la enfermedad once. A principios de junio, los parisinos, que desconocían los estragos que la gripe había causado en las trincheras, se enteraron de que dos terceras partes de los madrileños habían enfermado en solo tres días. Sin ser conscientes de que la gripe llevaba mucho más tiempo entre ellos y con la interesada condescendencia de sus respectivos gobiernos para cargarle el muerto a otro, los franceses, los británicos y los estadounidenses empezaron a llamarla la gripe española.

A diferencia de otros virus que se transmiten por contacto sexual o por la sangre, el virus de la gripe lo hace por el aire, en minúsculas gotas de agua expulsadas a través de toses, estornudos, etc. El contagio se produce cuando entran en contacto con las vías respiratorias de otra persona.

Los síntomas que presentan los enfermos de gripe son fiebre alta, dolor de cabeza, dolor y malestar general, tos, dolor de garganta, daños en los oídos…Como podemos observar la infección afecta a la nariz, la garganta y, si se da el caso, los pulmones, llegando  a provocar la muerte. En el caso de la gripe de 1918, la muerte se producía por asfixia, cuando los pulmones se llenaban de un líquido sanguinolento. De hecho, esta gripe se bautizó en un principio como “epidemia púrpura”, ya que los infectados cuando iban a morir presentaban manchas violáceas en las mejillas, que conforme pasaba el tiempo se transformaban en manchas negro-azuladas. En ese momento, el infectado estaba condenado a morir.

Para conocer más detalles de esta pandemia es recomendable la lectura del libro ‘El jinete pálido. 1918: la epidemia que cambió el mundo’ de Laura Spinney.

Anton Erkoreka en su publicación titulada La pandemia de gripe española en el País Vasco (1918-1919) analiza el comportamiento contradictorio de la enfermedad, condicionado por la orografía, el clima, las vías de comunicación que unen Paris y Madrid, etc. De este modo, se manifiesta una primera onda epidémica, a finales de la primavera de 1918, que subió desde Portugal, Andalucía y Extremadura y no atravesó las cadenas montañosas del norte de la península ibérica, contra las que se agotó en junio de ese año. En cambio, una segunda onda epidémica bajó de Francia en septiembre, atravesó rápidamente el territorio, se extendió por toda la península y provocó una gran mortandad, llegando hasta el último rincón en muy pocas semanas. La pandemia mostró su peor cara en otoño de 1918. Con la llegada de un tiempo propicio para enfermedades respiratorias, el virus de la gripe mutó y se volvió aún si cabe más letal. Durante este período se registraron más muertes que en ningún otro, especialmente durante el mes de octubre.

El 1 de octubre se publicaba en prensa la circular del gobernador civil de Bizkaia que, como presidente de la junta provincial de sanidad, ordenaba, entre otras medidas, la suspensión de toda clase de fiestas, espectáculos, reuniones y otras aglomeraciones públicas para evitar la propagación de la enfermedad.

El día 6 de octubre aparecían recomendaciones a tomar para evitar el contagio.

El día 22, ante la gran alarma social creada en Bilbao, el Ayuntamiento publica una estadística que recoge todas las muertes producidas en su término municipal durante los primeros 19 días del mes de octubre.

El grupo santurtziarra de aficionados a la genealogía, Santurtziko GenealogiZaleak, ha querido contrastar la información publicada al respecto a nivel global con el comportamiento de la epidemia en nuestro municipio.

El trabajo de campo ha sido sencillo pero muy laborioso. Se ha desarrollado a lo largo de un mes aproximadamente. En el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia se han contabilizado los fallecidos durante los años 1915-1921 para ver si en 1918 y siguientes hubo un número anormalmente alto de defunciones.

Además, se han revisado detenidamente todas las partidas de defunción de los santurtziarras fallecidos en 1918 buscando la causa del óbito. Las diferentes causas de defunción asociadas a la epidemia de gripe recogidas son: neumonía gripal, neumonía doble gripal, bronconeumonía de origen gripal, bronconeumonía doble de origen gripal, neumonía disentería gripal, neumonía gripal infecciosa, etc.

De los 119 fallecidos en Santurtzi en 1918, el 65% lo fueron a consecuencia de la gripe y sus complicaciones: 78 personas de las cuales 34 eran mujeres, 26 eran hombres y 18 eran niños entre 0 y 12 años. Efectivamente, la segunda onda epidémica fue más devastadora como se refleja en el gráfico.

Algunos días se registraron hasta cinco defunciones consecutivas  como, por ejemplo, el 10 de noviembre de 1918. De Santurtzi no tengo información, pero en otras localidades quedó suspendida la costumbre de que las campanas doblaran a muerto durante esos luctuosos escenarios para no sembrar el pánico.

Con algunas familias la epidemia se ensañó. Por ejemplo, el matrimonio formado por Inocencio García Mardones y Felipa Fernández Llaro: el falleció el 24 de octubre y ella el 30. El 27 de octubre, en pocas horas fallecen dos hermanas, Ascensión y Pilar Gutiérrez Bastida. Leonor Ruiz Urrestizala, de 27 años, fallece el 12 de octubre y su hermano Cristóbal, de 25 años, fallece dos días más tarde.

Más ejemplos. En apenas unos meses fallecen dos jóvenes de 14 y 17 años: Dolores Urioste Sodupe, el 3 de junio y su hermano Antonio, el 29 de noviembre. Una niña de 11 años, María Concepción Tirado Aguirrebeitia, fallece el 13 de enero  y su padre de 38 años, Apolinar Cecilio Tirado Rus, fallece el 28 de octubre. Desconsolada tuvo que ser la situación de la familia Alique Llana: dos hermanos, Jesús de 8 años y José de 14 meses, fallecen el 17 de octubre y el 27 de diciembre respectivamente. Un último ejemplo: María Luisa Abad Tueros, de 20 años de edad, se casa el 14 de octubre y fallece el día 21.

Afecta a todos los estratos sociales, fallece gente corriente y personajes acomodados como Santiago Joaquín Benito Murrieta Cabieces, hermano de Juan Murrieta el californiano; el maestro Fermín Reparaz Aguinaga; María Encarnación Baladía Quintana, suegra de José Sanginés, el propietario del chalet Sanginés y abuela de Leonor Amezaga; y María López Salgueiro, hermana del propietario del palacete en el que ahora se ubica la Escuela de Música.

Entre los fallecidos hay algún familiar más o menos cercano, Simón Baldomero Fernández Novo, hermano de mi abuelo paterno.

También hemos tenido en cuenta la repercusión que tuvo en los cinco primeros meses de 1919 y 1920, considerados a nivel mundial como afectados por la misma pandemia. Por suerte, la afección en Santurtzi fue mucho menor aunque se detectan defunciones a causa de la gripe. En 1919 hubo 15 fallecidos: 2 mujeres, 3 hombres y 10 niños entre 0 y 6 años. En 1920 hubo 14 fallecidos: 7 mujeres, 5 hombres y 3 niños  entre 0 y 13 meses.

En la siguiente tabla, en rojo el número total de fallecidos anualmente entre 1915 y 1921, y en verde las muertes causadas por la gripe (para 1919 y 1920 solo enero-mayo). Teniendo en cuenta que en 1912 (no se refleja en la tabla) hubo 123 fallecidos, más que en 1918, y que en 1921 se contabilizan 110 es difícil extraer conclusiones.

Además, sorprendentemente, de los 123 fallecidos en 1912, a 23 se les diagnosticó bronconeumonía,  a 18 bronquitis capilar y a otros 2 bronquitis catarral como causa de la muerte. Dicho esto, parece ser que la mortalidad no aumenta en exceso en 1918, si bien la causa de la muerte de la mayoría de los fallecidos en 1918 está directamente relacionada con la epidemia de gripe y afecta a sectores de la población que normalmente no se veían afectados. Además, las muertes se concentran en los meses de octubre y noviembre, principalmente.

Como acertadamente apunta la socióloga Beatriz Echeverri Dávila en su estudio sobre la gripe de 1918, la pandemia afectó especialmente a los adultos jóvenes. En un año no epidémico, las muertes por gripe se concentran en los dos sectores más débiles: los niños menores de un año y los ancianos. En 1918, en cambio, la mortalidad más elevada se registró entre las personas con edades comprendidas entre 20 y 44 años.

Para finalizar, el listado de las personas fallecidas en Santurtzi en 1918, 1919 y 1920 a causa de la epidemia de gripe.

  • 1918

Luis Rivero González, Maria Concepción Tirado Aguirrebeitia, María Encarnación Baladia Quintana, Luisa Torrealday Galíndez, Felisa Otaola Larrea, María Josefa Uriarte Iriarte, Araceli Fernández Tamayo, Mariana Gómez Barquín, Victoria Pantaleona Chabarri Muñecas, Cesáreo Mendazona Eugenia, Edmundo Resurreción Echandia Alberdi, Benedicta Ranero Uriarte, Santiago Joaquín Benito Murrieta Cabieces, José María Hormaechea Pon, Justa Fernández Quintana, Valentina Rodríguez López, Leonor Ruiz Urrestizala, Sergio Belategui Sierra, Plácida Mendicote Ibarra, Petra María Fernández Álvarez, Ubaldina Martín Torres, Cristóbal Ruiz Urrestizala, Trinidad Gajaca Peral, Genaro Arribas Martínez, Josefa Landeta Arana, Jesús Alique Llana, Avelina María Capetillo Vizcaya, Miguel Ugarte Iriarte, José López de Eguinoa San Miguel, María López Salgueiro, Hilaria Arenas Sarasola, María Luisa Abad Tueros, Carmen Castaños Ruiz, Buenaventura (Francisca Ramona) Arrizabalaga Izaguirre, Manuel Arenas Sarasola, Inocencio García Mardones, Benigna Recondo Aguirre, Manuela Lucena Ugalde, Eladio Martín García, Manuela Portillo Barreras, Francisco López Zardón, Martín García Balmuri, Custodio Ugalde Zuloaga, Ascensión Gutiérrez Bastida, Pilar Gutiérrez Bastida, Apolinar Cecilio Tirado Rus, Felipa Fernández Llaro, Ramón Rodríguez Urioste, María Josefa Camino Chabarri, Carmen Allu Patiño, Leonardo Juan Alonso Castillo, Segunda Felisa Loredo Muñoa, Simón Baldomero Fernández Novo, Isidro Larrabide Solachi, Francisco Enrique Llantada Ruiz, Gabriel Clavet Soler, Avelina Lafuente Val, José Manuel Ramón Bosque Rodriguez, Ramón Iriarte Manzaneda, Elisa Lázaro Lázaro, María Engracia Castillo Urioste, Genaro Belategui Herboso, Félix Cayón Trespalacios, Benita Alonso Fernández, Santiago Castaños Ruiz, Petra Díaz Chasco, Pablo Vallejo Encina, Bernarda Juliana (Luciana) Alcalde Echaniz, Timotea García Respaldiza, José María García Garrido, Fermina Martínez Rabre, Antonio Urioste Sodupe, Serafina Blanco Camaño, Manuel González Soteras, Julita Viguera Cosquero, Clementina Fernández Pérez y José Alique Llana.

  • 1919 (enero-mayo)

Concepción Obregón Pérez, Domingo Martínez Astobiza, Ricardo Vitoriano Cintas Rodríguez, Micaela Agustina Furundarena Larrañaga, Pedro Mendizabal Echebarria, José Oribe Nazabal, Inocencio Justo Zubillaga Cordón, Guillermo Barquín López de Eguinoa, Emilio Ranero Uriarte, Serafina Zarate Peral, Jesusa Fernández Pérez, Quintín Pérez Lafuente, Alejandro Pita Ugarte, Francisco Renobales Renobales y Federico Arana Arana.

  • 1920 (enero-mayo)

Dorotea García Alonso, José María Ortiz Arteaga, Isidora Montemayor Sodupe, Antonio Gutiérrez-Barquin Seistrueba, Félix Aramburu Tajada, Herminia Muñoz Carrasco, Petra Elisa Goiri Careaga, María Rosario Rubín de Celis Pradas, Severiana Lucía Landeta Quintana, Encarnación Cintas Rodríguez, Clemente Castillo San Martín, Manuel Urtiaga Bayón, Fermín Reparaz Aguinaga y Petra Elisa Doradel García.

En el artículo correspondiente a la repercusión de la pandemia de gripe en Portugalete, publicado por Aurelio Gutiérrez en su blog La vida pasa, encontramos algunos fallecidos que, siendo vecinos de Portugalete, habían nacido en Santurtzi: José García Gorostiza, Nicolás Santacoloma Sasia, Pedro Aranceta Menchaca, Elpidio San José Puente y Saturnina Balparda Durañona. Todos fallecidos en 1918.

 

 

Anuncios

Read Full Post »

La interesante historia de los cementerios santurtziarras, que he resumido en el artículo publicado en noviembre en ensanturtzi.com, puede dividirse en tres periodos:

  • hasta aproximadamente 1815, cuando los enterramientos se hacen en torno a la iglesia y en su interior,
  • entre 1815 y 1932, cuando se realizan en el cementerio viejo,
  • y desde 1932, cuando se realizan en el cementerio actual.

En primer lugar, hay que aclarar que enterrar a los difuntos en el entorno de los templos data de antiguo y es previa a los efectuados en el interior. En Bizkaia existen numerosos ejemplos de cementerios de la Alta Edad Media situados en torno, alrededor, o junto a un templo. A partir del siglo XII comenzaron a realizarse enterramientos en el interior de las iglesias, sobre todo en las pertenecientes a órdenes religiosas. Esta costumbre se consolida por razones religiosas y económicas. Se pensaba que los enterramientos en el interior del templo hacían más efectivos los sufragios por el alma de los difuntos, al facilitar el recuerdo de los muertos y favorecer la intercesión de los santos. Y la Iglesia no lo desmentía porque, a la vez que conformaba a los creyentes, constituía una muy buena fuente de financiación de las arcas eclesiásticas. Para el siglo XVI ya era general la costumbre de enterrar dentro de las iglesias, que perdurará hasta el siglo XIX.

Los enterramientos en el interior de los templos generalmente ocupan bien los tramos delanteros o los traseros de la nave central. Las tumbas pueden ser simples fosas abiertas en la tierra sobre las cuales se disponen cubiertas de madera o sepulturas más elaboradas construidas con piedras y ladrillos y cubiertas por dos o tres losas de piedra. Esto en lo que concierne a sepulturas de personas comunes ya que las familias más distinguidas económica y socialmente tenían sus propios enterramientos, más o menos elaborados artísticamente, dentro de los templos. Tanto el clero parroquial como las distintas comunidades religiosas tenían instalado su propio osario en lugar privilegiado, cerca del presbiterio o en torno al altar mayor.

Según constatan sus respectivos libros de fábrica, una mayoría de templos vizcaínos renuevan a lo largo del siglo XVIII, fundamentalmente a mediados de siglo, sus necrópolis interiores, reestructurando el espacio sepulcral. En el territorio perteneciente al Obispado de Calahorra-La Calzada, en el que se incluía Santurtzi, una norma de 1700 establece que no puede utilizarse una sepultura hasta que no haya transcurrido un año desde el último enterramiento, y cuando se haga, se vacíe la tumba y se llene de tierra. Por lo tanto, lo más habitual era el vaciado de la sepultura antes de proceder a una nueva inhumación y el traslado de los huesos al osario. Los osarios se construyen, reconstruyen y trasladan tantas veces como sea necesario. La presencia de osarios localizados en el interior del templo o adosados a alguno de sus muros exteriores o incluso un poco alejados de la iglesia es una práctica generalizada.

En lo que concierne a San Jorge de Santurtzi, en 1605, el visitador general del arzobispado de Burgos, el licenciado Antonio de Valderrábano, mandó que las sepulturas que estaban de media iglesia hacia adelante se llenaran de tierra y se allanase el suelo, para que el nivel llegase hasta la primera grada que llevaba a la capilla mayor. Seguidamente, indicaba que, en el crucero de la iglesia, las gradas del altar mayor se iniciaban sobre la sepultura de Lope de Bañales (señor de la casa-torre de Bañales en Santurtzi, fallecido en 1563), y ordenaba a su sucesor, Martín de Bañales, que la quitase y sacase de la iglesia, dejándola desembarazada, sin bulto ni tumba, y que una vez quitada la tumba pudiese poner en su lugar una piedra y lápida sobre dicha sepultura, la cual podría elevarse media cuarta de vara.

Respecto al cementerio anexo, en un testimonio notarial otorgado por Antonio de Laya y Murga en 1668 se levanta acta de la colocación de veintidós cureñas en el cementerio de la iglesia de San Jorge de Santurce, y sus alrededores, por orden de don Pedro de Amabiscar, Síndico Procurador General de las Encartaciones.

Este testimonio viene confirmado en la imagen, correspondiente a 1684, incluida en informe que el capitán portugalujo Juan de Taborga realizó sobre las baterías de costa que protegían el Abra. En el dibujo se aprecian las baterías y otros edificios significativos en el puerto. En el centro se encuentra representada la iglesia de San Jorge con todo el recinto que le circunda destinado a cementerio.

Entre febrero y abril de 1990 se realizaron obras de pavimentación del suelo de la iglesia y se aprovechó para realizar un limitado estudio arqueológico de los restos descubiertos durante las obras. Se pudo observar que el nivel del suelo había sido elevado un metro aproximadamente con relleno de tierra traída de fuera, tierra oscura y suelta que presentaba abundantes restos óseos humanos del siglo XVIII sin conexión anatómica alguna y procedentes de ese cementerio anexo al templo, ubicado a su alrededor.

Apareció además un elemento relevante, la tapa de sarcófago con base plana y a dos aguas, con acanaladuras longitudinales remarcando las aristas y bordes de la pieza, que cronológicamente habría que datar o situar en la Baja Edad Media. Hoy permanece olvidada en una esquina de la iglesia.

Y lo más importante, aparecieron restos pétreos prerrománicos cuyo origen sería la primitiva ermita que se dataría en los siglos VIII o IX, pero este es otro tema…

Mediado el siglo XVIII el reformismo ilustrado desarrolló una intensa campaña de tipo higienista contra los enterramientos en el interior de los templos y en los atrios de las iglesias parroquiales situadas dentro de los núcleos urbanos, ya que el incremento demográfico empezaba a originar graves problemas de salubridad.

Con motivo de una virulenta epidemia sufrida en Pasaia (Gipuzkoa) en 1781, el hedor que se percibía en la iglesia parroquial era insoportable, además de insalubre. El 3 de agosto de 1784 una Real Orden de Carlos III disponía que a partir de entonces los cadáveres no fueran inhumados en las iglesias. Tres años más tarde, esta medida fue ratificada por una Real Cedula firmada el 3 de abril de 1787. Carlos III ordena que los enterramientos se realicen en cementerios y que éstos se construyan alejados de las poblaciones.

Sin embargo, la aplicación de esta orden se dilató al menos hasta la primera década del siglo XIX, tanto por las limitaciones presupuestarias de las administraciones parroquiales como por las resistencias de los feligreses apegados a sus creencias y tradiciones y la oposición de la Iglesia, que la consideraba una injerencia inaceptable del Estado en sus prerrogativas en el ámbito funerario. Además, la medida le causaría un importante perjuicio económico por la pérdida de ingresos por derechos de sepultura.

Según la Real Cédula, la construcción de los nuevos cementerios requiere el acuerdo entre autoridades civiles y eclesiásticas,  la ejecución de las obras se hará con el menor coste posible y se costearán con fondos parroquiales y públicos, más o menos al 50%. En caso de discrepancia se impondrá la resolución de la autoridad civil.

La construcción de cementerios alejados de los núcleos de población no fue inmediata, al contrario se demoró y mucho. Prácticamente antes del comienzo del siglo XIX no se había llevado a cabo ninguna edificación mortuoria de este tipo de forma generalizada. En consecuencia, Carlos IV en una circular de 28 de junio de 1804 reitera las órdenes, por entonces incumplidas, de la Cédula de su antecesor. Se recordaba, una vez más, la idoneidad de construir los cementerios fuera de las poblaciones, de acuerdo a una serie de recomendaciones: situarlos en lugares altos, alejados del vecindario y sin filtración de aguas. José Bonaparte, en un decreto de 4 de marzo de 1809, establece que para el día 1.º de noviembre de ese año se arrestase a los miembros de la Clerecía y las Municipalidades que no hubieran cumplido con su obligación en cuanto a la construcción de cementerios. A partir del 31 de octubre de 1814, la Diputación dispuso que no se enterrara cadáver alguno en las iglesias.

Por tanto, la llegada del siglo XIX viene a marcar el abandono del interior de los templos con fines sepulcrales, transfiriéndose dichas funciones a los camposantos externos, que están ya construidos en el primer cuarto del siglo XIX. Y así debe suceder en Santurtzi aunque no he encontrado, hasta el momento, datos concretos de la construcción del primer cementerio de nuestro municipio. Cierto es que hacia 1815 se procede a entarimar el suelo para hacerlo más firme y sólido. Es en ese momento cuando se nivela el subsuelo y se rellena hasta conseguir una superficie totalmente plana sobre la que instalar la tarima de madera. Y así se abandona definitivamente la costumbre de enterrar a los difuntos en el interior de la iglesia.

La construcción de este nuevo cementerio, hasta cierto punto alejado de la iglesia de san Jorge tiene, relación con la necesidad de edificar una casa consistorial que hasta entonces no había hecho falta ya que los cementerios adosados a los muros exteriores de iglesias parroquiales tenían otra función, que ahora puede parecernos asombrosa o extraña. Eran los lugares en donde se reunían los habitantes de un concejo en asamblea. La costumbre de reunirse en los cementerios para celebrar ayuntamientos se reforzó cuando la mayor parte de estos cementerios adosados se cubrieron con pórticos. De hecho en la documentación de los siglos XVI al XIX se utilizan indistintamente los términos cementerio, atrio y pórtico para hacer alusión a una misma realidad. De aquí procede la denominación de anteiglesia que emplean muchos municipios de Bizkaia.

Así, el 1 de julio de 1827 el Ayuntamiento del Concejo de Santurce inauguraba y se reunía por primera vez en la primera casa consistorial de su historia. Hasta ese momento, las asambleas de regidores y vecinos, en el tradicional concejo abierto, se habían realizado en el cementerio anexo a la iglesia de San Jorge, bajo su pórtico. Hasta entonces, la iglesia parroquial había sido no solo el centro de la vida religiosa sino también de la civil del municipio y en su archivo se custodiaban no solo los libros de culto y clero, incluidos los de la cofradía de pescadores, sino también los libros de actas del concejo. Nuevos aires llegaban, poco a poco, a Santurtzi.

Read Full Post »

La última semana de noviembre tendrán lugar unas jornadas de historia local cuya temática será la Guerra Civil. Organizadas por el Ayuntamiento de Santurtzi, estas jornadas tituladas La memoria visible pretenden rememorar acontecimientos sucedidos en Santurtzi durante aquellos aciagos doce meses entre julio de 1936 y junio de 1937, dando voz a las víctimas y recorriendo los lugares de memoria más significativos del municipio. Todo ello tiene como objetivo invitarnos a reflexionar conjuntamente sobre la memoria democrática, la paz y la convivencia, pilares base de nuestra sociedad.

En las jornadas participarán personas expertas en convivencia, conflicto y derechos humanos del grupo BAKEOLA y Javier Barrio, historiador y director del Museo de Las Encartaciones, así como historiadores locales.

Este es el programa de las jornadas:

Y para entrar en materia, estas son las entradas publicadas en el blog al respecto:

Read Full Post »

Como dice la canción oficial de Murrieta, Gem of the Valley, todo comenzó en 1873 con Juan Murrieta y 100.000 ovejas.

De este santurtziarra, Juan Murrieta Cabieces, ya he tratado en dos ocasiones en el blog, en dos entradas consecutivas en abril y junio de 2011:

En la primera de esas entradas comentaba que Juan Murrieta Cabieces nació en Santurtzi en 1844 y falleció en Los Ángeles (California) en 1936. Es un perfecto desconocido en nuestro municipio y, sin embargo, una próspera localidad con más de 100.000 habitantes en el condado de Riverside (California) se denomina Murrieta en su honor para perpetuar la memoria de este pionero emprendedor.

Todo comenzó en 1873, el 17 de julio exactamente, cuando los hermanos Ezequiel y Juan Murrieta Cabieces, junto a otros socios, Domingo Pujol y el abogado Francisco Sanjurjo, compraron a Vicente de Laveaga, vecino de San Francisco, los ranchos Temecula y Pauba en el exuberante Valle de Temecula. Estos ranchos tenían una superficie total de 52.000 acres (21.043 hectáreas, 210,43 km²) que pagaron a razón de un dólar por acre. Para hacernos una idea de su desmesura, el municipio de Santurtzi tan solo tiene una superficie de 6,77 km².

La historia registral de esas propiedades, complicada a la par que interesante, está disponible en la University of Southern California Digital Library. El documento se titula Chain of title for Rancho Temecula and Rancho Pauba, ca.1920.

En origen formaban parte del territorio administrado por la misión de San Luis Rey en el Virreinato de Nueva España. En 1821 México logró su independencia. El gobierno secular mexicano acabó con el sistema de las misiones y muchos de los asentamientos fueron abandonados. Después de su secularización el territorio original fue dividiéndose en diferentes parcelas (ranchos). En 1848, perdida la guerra con los Estados Unidos, México tuvo que cederles California y otros muchos territorios (las denominadas Provincias Interiores). Dos años después, California se convierte en el trigésimo primer estado de la Unión.

A esa próspera California de la segunda mitad del siglo XIX llegaron los hermanos Murrieta, primero Ezequiel (en 1847) y luego Juan (en 1863), donde prosperaron hasta el punto de poder comprar los citados ranchos en 1873. Tres años después los socios decidieron dividir las propiedades compradas en común. A los Murrieta les correspondió el sector norte de los ranchos que incluía un afloramiento de agua termal (los futuros Murrieta Hot Springs).

En abril de 1882 los hermanos Murrieta acordaron ceder un derecho de paso para el futuro ferrocarril del sur de California a través del rancho Temecula, 100 pies de ancho a lo largo del trazado. El ferrocarril, operativo desde 1886, partió en dos el terreno, pero fue el origen de su desarrollo demográfico y económico.

Ezequiel Murrieta vendió sus propiedades a la California Southern Railroad Company y regresó a sus raíces en 1882. Juan Murrieta, nacionalizado estadounidense desde 1875, se convierte en residente permanente de Los Ángeles  en 1884 y acaba vendiendo casi todas las tierras que le pertenecían (cerca de 14,500 acres) a la Temecula Land and Water Company.

Esta compañía dividió el terreno en parcelas para crear en 1885 el pueblo denominado Murrietaville o simplemente Murrieta (las fuentes discrepan sobre esta cuestión), que formará parte de la zona rural (no incorporada) del condado de San Diego. Los lotes de terreno se vendieron entre 50 y 75 dólares cada uno.

En un año Murrieta ya contaba con un depósito para locomotoras (el origen de su centro histórico), una oficina de correos, una escuela, un herrero, una caballeriza y un hotel que servían a la población en crecimiento. Curiosamente, en la solicitud enviada al gobierno federal de los Estados Unidos para la creación de la oficina postal el nombre de la localidad fue mal escrito y durante muchos años figuró como Murrietta, con doble T. Un año más tarde se añadieron dos almacenes, un mercado de carne, un periódico, un restaurante y una iglesia. En 1890 vivían en el área unas 800 personas.

En 1893, la localidad de Murrieta y su territorio dependiente dejaron de ser parte del condado de San Diego para incluirse en el condado de Riverside, creado ese mismo año. Es entonces cuando, al parecer, se toma la decisión de reconocer la contribución de Juan Murrieta  y se adopta ya oficialmente su apellido como nombre del pueblo, cuando hacía ya unos siete años que éste se había mudado definitivamente a Los Ángeles.

Con el tiempo se desarrolla una comunidad básicamente agrícola centrada fundamentalmente en el cultivo de cereales (cebada, trigo, avena, alfalfa) y la fruticultura. La única excepción a este bucólico panorama fueron los populares baños termales denominados Murrieta Hot Springs que dieron lugar a un núcleo de población incorporado a la ciudad de Murrieta el 1 de abril de 2002. Las fuentes termales eran conocidas desde siempre, pero su explotación comercial comenzó en 1887. Su época de máximo esplendor fue la primera mitad del siglo XX.

En 1935, el servicio diario de la línea de ferrocarril que dio origen a la localidad fue clausurado y el lento pero constante desarrollo que había experimentado Murrieta hasta entonces cesó bruscamente. Su población se estancó: apenas 542 habitantes en 1972 y 2.250 una década después.

Juan Murrieta, además de dar nombre a una localidad californiana, figura junto a otros pioneros destacados en el desarrollo del valle de Temecula en un monolito inaugurado en 1970, ubicado junto al Temecula Valley Museum.

A comienzos de los años 80 la construcción de la autopista Interestatal 15 inició una nueva etapa de desarrollo y reordenación del territorio de todo el condado de Riverside. En 1989 la vecina localidad de Temecula accede al status de ciudad y al año siguiente los habitantes de Murrieta solicitan lo mismo para no verse eclipsados ya que esa categoría administrativa comporta una serie de ventajas. Y así, el 1 de julio de 1991 se establece la ciudad de Murrieta. En consecuencia, adopta un nuevo sello institucional.

Para la redacción de esta entrada he consultado tres interesantes publicaciones de la serie Images of América tituladas Murrieta, Murrieta Hot Springs y Temecula, así como la página oficial de Murrieta.

Por otra parte, tengo que advertir que la organización territorial local de los Estados Unidos, su clasificación en áreas incorporadas / no incorporadas, lugares designados por el censo y la relación entre condados y ciudades me ha resultado bastante compleja. Espero haber condensado la información de forma inteligible.

Y para finalizar tengo que hacer referencia a un interesante trabajo de investigación de Óscar Álvarez Gila titulado Cartas desde América. Dos visiones de los Estados Unidos en la correspondencia de emigrantes vascos. Este artículo  se puede consultar (y descargar) en la web de Academia.edu.

En este trabajo, el autor se centra en el estudio del modo en que el emigrante, a través de su correspondencia epistolar, presenta a su familia su visión del país de acogida. De los dos casos estudiados, nos interesa evidentemente la abundante correspondencia, 23 cartas fechadas ente 1885 y 1891, que Juan Murrieta remite a hermano Ezequiel ya regresado a Santurtzi. Forman parte del archivo familiar de un biznieto de Ezequiel, Ignacio Murrieta Sanguino. Desgraciadamente no contamos con las respuestas que sus familiares remitieron desde Santurtzi.

En la correspondencia, que aporta innumerables detalles de la vida de Juan en California y de su relación con su hermano, se puede ver cómo recurren como entidad bancaria intermediaria, para las diferentes transacciones económicas generadas por los negocios gestionados por Juan en nombre de los dos hermanos, a la banca Murrieta de Londres, fundada por su primo lejano Cristóbal Murrieta.

Read Full Post »

Cuarta entrada dedicada a recopilar las fotografías antiguas de la procesión de la Virgen del Carmen. La primera entrada de la serie trata de las correspondientes al periodo 1907-1910. La segunda entrada está dedicada a las publicadas o atribuidas a la década 1911-1920. La tercera entrada está dedicada a las publicadas o atribuidas a la década de 1921-1930. Estos tres periodos constituyen la época dorada de este entrañable acto.

  • 1937

Durante la etapa republicana, entre 1931 y 1936, no se celebró la procesión. Se recuperó en 1937, una vez ocupado Santurtzi por las tropas fascistas. A este año pertenece la siguiente imagen, publicada en la prensa de la época.

  • 1938

Al año siguiente la propaganda franquista aprovechó la procesión marítima para realizar un homenaje a los marinos caídos por España, por su España. Lo interesante de las imágenes que se conservan de ese homenaje es que incluyen un monumento conmemorativo efímero que fue portada en la prensa de la época afín a los sublevados contra el gobierno legítimo.

  

Ya desde 1938, el régimen franquista improvisó una serie de monumentos, de carácter efímero, destinados al recuerdo de sus acólitos y que se concebían como monumentos a los caídos. La dictadura franquista, como todos los fascismos, utilizó el arte como medio propagandístico de su ideario.

Se trataba de obras provisionales que, al igual que en el Renacimiento y, sobre todo, en el Barroco, se realizaban con materiales baratos y obedecían a una sencilla ejecución que preveía un rápido y fácil montaje y desmontaje. Su estructura era sencilla, a base de contrachapados, yeso y arpillera, madera, cartón piedra y tela. Seguía principalmente un esquema rectilíneo con carácter monolítico y grandilocuente. Se ornaba con elementos vegetales, símbolos, divisas e insignias que servían para enlazar el régimen franquista con los momentos más gloriosos del pasado histórico de la nación, mostrando de este modo la solidez del Estado.

Ese monolito que vemos en las fotografías de 1938 bien podría haber sido fuente de inspiración para comenzar a erigir, diez años después, el monumento a la Virgen del Carmen.

Tengo que agradecer la colaboración de Jon Aingeru Lo Iza que me ha facilitado las siguientes tres imágenes de la procesión marítima de 1938.

  • 1939

De la procesión marítima de 1939 solo he encontrado, de momento, dos imágenes de escasa calidad publicadas, como siempre, en la prensa de la época. Solo una merece la pena reproducir aquí.

  • 1940

De 1940 no he encontrado ninguna, por ahora.

Read Full Post »

Ya he comentado en el blog la importancia que tienen las publicaciones de ámbito local para la investigación de temas circunscritos a nuestro municipio. Pues bien, en julio de 1988, hace justo 30 años, el Ayuntamiento comenzaba a distribuir una de sus primeras publicaciones periódicas, una revista municipal denominada Santurtzi. Según las noticias publicadas en la prensa de la época, que Iñaki Cítores me ha facilitado, el primer número de la revista se empezó a buzonear el 14 viernes de julio.

Con una tirada de 13.000 ejemplares y un presupuesto de 800.000 pesetas por número, el motivo de su creación, según el Ayuntamiento, era informar de las actividades que desarrollan las diferentes áreas de la institución. El equipo de redacción estaba formado originalmente por dos periodistas dirigidos por Iñigo G. Aldazabal.

La revista siguió editándose de forma irregular hasta octubre de 1991, según la información que aparece en el catálogo de la Fundación Sancho el Sabio. En febrero de 1992 comenzó a editarse una nueva publicación con el mismo título pero diferente formato y numeración.

Gracias a una generosa donación he conseguido casi todos los números editados:

Quizás sería interesante solicitar a la citada fundación Sancho el Sabio una copia digital de los números (2 y 7) que faltan ya que la publicación incluye interesantes artículos sobre diferentes aspectos históricos y patrimoniales, además de curiosidades que pueden tener cabida en la serie de efemérides.

Read Full Post »

Analizar los datos registrados de los habitantes del Concejo de Santurce en el denominado Censo de Policía de 1826 ha sido el paso previo para comenzar a planificar la publicación una serie de entradas que pretenden rescatar del olvido a un grupo concreto de vecinos de nuestro municipio: artesanos, comerciantes y otros profesionales.

Para el último tercio del siglo XIX y todo el siglo XX las fuentes son relativamente abundantes. Pero como hay que comenzar por el principio, me parecía interesante incluir la información reflejada en el citado censo para tener una idea más general de este grupo social y de su evolución a lo largo de todo el siglo XIX.

El Censo de Policía se realizó entre 1825 y 1826. Presenta una clasificación profesional más desarrollada, diversificada, completa y real que la aparecida en el anterior Censo de Floridablanca, realizado en 1787.

El de 1826 es un auténtico recuento de la población en el que se asentó a todos los habitantes del Señorío, con sus casas, barrios y localidades. Se incluía su edad, estado civil, familia, profesión, tiempo de residencia en el municipio y, en casos señalados, ideología política.

Con este censo se cerró definitivamente la etapa de los recuentos fiscales y fogueraciones (fuente de imprescindible consulta para Bizkaia) y se inauguró la de las estadísticas de población. De ahí que me parezca interesante reseñar la información contenida en este documento.

Está digitalizado y es accesible en línea en la web del Archivo Foral de Bizkaia. El grupo santurtziarra de aficionados a la genealogía (Santurtziko GenealogiZaleak) lo ha indexado, corregido (una familia estaba registrada dos veces) y enriquecido con datos extraídos del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia.

En 1826 la población registrada en el entonces Concejo de Santurce sumaba 966 personas. Se repartía en tres tercios: Santurce (con 329 habitantes), Cabieces (con 317) y Urioste (con 320). En el siguiente cuadro podemos ver la distribución de la población por tercios y sexo.

Bajo el epígrafe Destino u ocupación aparecen 25 ocupaciones, oficios o profesiones diferentes: arriero, cantero, capellán, carnicero/a, carpintero, cirujano, comerciante, costurera, escribano, estudiante, labrador/a, maestro, mareante, militar, párroco, pescador, piloto mayor, procurador, propietario/a, sacristán, sirviente/a, tendero/a, tratante y zapatero. No aparece registrado, por ejemplo, ningún molinero.

Se trata de un municipio eminentemente rural, en el que las actividades económicas más importantes son la agricultura y ganadería de subsistencia, que no produce excedentes. El 60% de la población del concejo que declara alguna ocupación dice ser labrador/a. El 7% dice ser mareante. Los mareantes se concentran, evidentemente, en el Tercio de Santurce, en donde suponen el 15% de la población ocupada. Y una única persona declara ser pescador. Casi un 3% de los censados declaran ser sirvientes. La mayoría son mujeres, aunque también hay hombres.  En el Tercio de Santurce reside el 60% de las personas que declaran esta ocupación.

  • Las personas que declaran algún estado u ocupación relacionada con lo eclesiástico (clero secular, clero regular, etc.) son apenas un 1%. Son las siguientes:

Beatas de la Merced (censadas en el Tercio de Cabieces): sor Nicolasa, sor Mercedes, sor Trinidad y sor María Antonia (todas naturales de Santurtzi)

Capellán: Juan Muñoz (natural de Santurtzi)

Párroco: Jose Zoilo de Garay (natural de Santurtzi), José de la Sierra (natural de Nabafera?), Juan de Zubaran (natural de Santurtzi)

Sacristán: Jorge de Aldegua (natural de Abando)

  • Las personas que declaran alguna ocupación propia de los sectores secundario (artesanos) y terciario (comercio, transporte, etc.) residen en su mayoría en el Tercio de Santurce. Únicamente dos residen en el Tercio de Cabieces (el teniente coronel y el escribano de los Tres Concejos) y ninguno en el Tercio de Urioste. Son los siguientes:

Arriero: José Antonio de Chabarria (natural de Santurtzi)

Cantero: Luis de Aranburu (natural de Gipuzkoa), Antonio de Echiguerra (natural de Guriezo)

Carnicero: Juan Manuel de Chabarria (natural de Bilbao), Lorenza de Chabarria (natural de Bilbao)

Carpintero: Ramón Escalante (natural de Galdames), José de Garmendia (natural de Gipuzkoa), Domingo de Garmendia [aprendiz] (natural de Gipuzkoa), Simón de Burgos (natural de Somorrostro)

Cirujano: Domingo Martínez (natural de Haro)

Comerciante: Joaquín de Gorrondona (natural de Santurtzi), Ángel de Arrarte (natural de Santurtzi)

Costurera: Manuela de Humaran (natural de Santurtzi), María Sebastiana de Ballibian (natural de Santurtzi), María de Ortiz (natural de Galdames)

Escribano de los Tres Concejos: Francisco María de Bildosola (natural de Barakaldo)

Maestro de Primeras Letras: Nicolás de Allende (natural de Santurtzi). Probablemente es el mismo maestro de náutica que, a finales del siglo XVIII, expedía certificaciones de suficiencia en pilotaje de altura.

Militar: teniente capitán Elías de Rebilla (natural de Markina), teniente coronel Cástor de Aresti (natural de Gordexola).

Piloto Mayor: Antonio de Musques (natural de Santurtzi)

Procurador: Andrés Ruiz de Oquendo (natural de Sopuerta)

Tendero/a: Ignacia López (natural de Santurtzi), Cándida López (natural de Santurtzi), Manuela de Bustamante (natural de Santurtzi), Antonia de Bustamante (natural de Santander), Antonio de Respaldiza (natural de Respaldiza), María de Respaldiza (natural de Respaldiza)

Tratante: Ramón de Zelada (natural de Medina de Pomar)

Zapatero: Domingo de Aldegua (natural de Laukiz)

Otro detalle que me parece interesante resaltar de la información que proporciona el censo es el empleo del tratamiento de don/doña. Se trata de un vocablo de origen hispano que antecede al nombre de la persona y que se usa como expresión de respeto, cortesía o distinción social. El uso de este tratamiento deferencial tuvo grandes variaciones a lo largo del tiempo.

En general, denota que la persona a la que se le atribuye tiene un nivel educativo (bachiller) o social relevante. En el Censo de Policía de 1826 solo lo llevan los tres párrocos y el capellán, pero no el escribano ni el procurador ni los militares, cosa que me sorprende.

Como curiosidad, en la página 5 del censo aparecen registrados los padres de Cristóbal Murrieta Mello: Mariano y Juana.

Por último, aunque ya se ha reseñado en la entrada dedicada al apellido Urrestizala, el Censo de Policía de 1826 nos proporciona una referencia escrita de un estadio intermedio en la transformación del apellido Ruiz de Salas en Urrestizala: se trata de la variante Rustizabal.

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: