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Archive for the ‘Patrimonio arqueológico’ Category

La interesante historia de los cementerios santurtziarras, que he resumido en el artículo publicado en noviembre en ensanturtzi.com, puede dividirse en tres periodos:

  • hasta aproximadamente 1815, cuando los enterramientos se hacen en torno a la iglesia y en su interior,
  • entre 1815 y 1932, cuando se realizan en el cementerio viejo,
  • y desde 1932, cuando se realizan en el cementerio actual.

En primer lugar, hay que aclarar que enterrar a los difuntos en el entorno de los templos data de antiguo y es previa a los efectuados en el interior. En Bizkaia existen numerosos ejemplos de cementerios de la Alta Edad Media situados en torno, alrededor, o junto a un templo. A partir del siglo XII comenzaron a realizarse enterramientos en el interior de las iglesias, sobre todo en las pertenecientes a órdenes religiosas. Esta costumbre se consolida por razones religiosas y económicas. Se pensaba que los enterramientos en el interior del templo hacían más efectivos los sufragios por el alma de los difuntos, al facilitar el recuerdo de los muertos y favorecer la intercesión de los santos. Y la Iglesia no lo desmentía porque, a la vez que conformaba a los creyentes, constituía una muy buena fuente de financiación de las arcas eclesiásticas. Para el siglo XVI ya era general la costumbre de enterrar dentro de las iglesias, que perdurará hasta el siglo XIX.

Los enterramientos en el interior de los templos generalmente ocupan bien los tramos delanteros o los traseros de la nave central. Las tumbas pueden ser simples fosas abiertas en la tierra sobre las cuales se disponen cubiertas de madera o sepulturas más elaboradas construidas con piedras y ladrillos y cubiertas por dos o tres losas de piedra. Esto en lo que concierne a sepulturas de personas comunes ya que las familias más distinguidas económica y socialmente tenían sus propios enterramientos, más o menos elaborados artísticamente, dentro de los templos. Tanto el clero parroquial como las distintas comunidades religiosas tenían instalado su propio osario en lugar privilegiado, cerca del presbiterio o en torno al altar mayor.

Según constatan sus respectivos libros de fábrica, una mayoría de templos vizcaínos renuevan a lo largo del siglo XVIII, fundamentalmente a mediados de siglo, sus necrópolis interiores, reestructurando el espacio sepulcral. En el territorio perteneciente al Obispado de Calahorra-La Calzada, en el que se incluía Santurtzi, una norma de 1700 establece que no puede utilizarse una sepultura hasta que no haya transcurrido un año desde el último enterramiento, y cuando se haga, se vacíe la tumba y se llene de tierra. Por lo tanto, lo más habitual era el vaciado de la sepultura antes de proceder a una nueva inhumación y el traslado de los huesos al osario. Los osarios se construyen, reconstruyen y trasladan tantas veces como sea necesario. La presencia de osarios localizados en el interior del templo o adosados a alguno de sus muros exteriores o incluso un poco alejados de la iglesia es una práctica generalizada.

En lo que concierne a San Jorge de Santurtzi, en 1605, el visitador general del arzobispado de Burgos, el licenciado Antonio de Valderrábano, mandó que las sepulturas que estaban de media iglesia hacia adelante se llenaran de tierra y se allanase el suelo, para que el nivel llegase hasta la primera grada que llevaba a la capilla mayor. Seguidamente, indicaba que, en el crucero de la iglesia, las gradas del altar mayor se iniciaban sobre la sepultura de Lope de Bañales (señor de la casa-torre de Bañales en Santurtzi, fallecido en 1563), y ordenaba a su sucesor, Martín de Bañales, que la quitase y sacase de la iglesia, dejándola desembarazada, sin bulto ni tumba, y que una vez quitada la tumba pudiese poner en su lugar una piedra y lápida sobre dicha sepultura, la cual podría elevarse media cuarta de vara.

Respecto al cementerio anexo, en un testimonio notarial otorgado por Antonio de Laya y Murga en 1668 se levanta acta de la colocación de veintidós cureñas en el cementerio de la iglesia de San Jorge de Santurce, y sus alrededores, por orden de don Pedro de Amabiscar, Síndico Procurador General de las Encartaciones.

Este testimonio viene confirmado en la imagen, correspondiente a 1684, incluida en informe que el capitán portugalujo Juan de Taborga realizó sobre las baterías de costa que protegían el Abra. En el dibujo se aprecian las baterías y otros edificios significativos en el puerto. En el centro se encuentra representada la iglesia de San Jorge con todo el recinto que le circunda destinado a cementerio.

Entre febrero y abril de 1990 se realizaron obras de pavimentación del suelo de la iglesia y se aprovechó para realizar un limitado estudio arqueológico de los restos descubiertos durante las obras. Se pudo observar que el nivel del suelo había sido elevado un metro aproximadamente con relleno de tierra traída de fuera, tierra oscura y suelta que presentaba abundantes restos óseos humanos del siglo XVIII sin conexión anatómica alguna y procedentes de ese cementerio anexo al templo, ubicado a su alrededor.

Apareció además un elemento relevante, la tapa de sarcófago con base plana y a dos aguas, con acanaladuras longitudinales remarcando las aristas y bordes de la pieza, que cronológicamente habría que datar o situar en la Baja Edad Media. Hoy permanece olvidada en una esquina de la iglesia.

Y lo más importante, aparecieron restos pétreos prerrománicos cuyo origen sería la primitiva ermita que se dataría en los siglos VIII o IX, pero este es otro tema…

Mediado el siglo XVIII el reformismo ilustrado desarrolló una intensa campaña de tipo higienista contra los enterramientos en el interior de los templos y en los atrios de las iglesias parroquiales situadas dentro de los núcleos urbanos, ya que el incremento demográfico empezaba a originar graves problemas de salubridad.

Con motivo de una virulenta epidemia sufrida en Pasaia (Gipuzkoa) en 1781, el hedor que se percibía en la iglesia parroquial era insoportable, además de insalubre. El 3 de agosto de 1784 una Real Orden de Carlos III disponía que a partir de entonces los cadáveres no fueran inhumados en las iglesias. Tres años más tarde, esta medida fue ratificada por una Real Cedula firmada el 3 de abril de 1787. Carlos III ordena que los enterramientos se realicen en cementerios y que éstos se construyan alejados de las poblaciones.

Sin embargo, la aplicación de esta orden se dilató al menos hasta la primera década del siglo XIX, tanto por las limitaciones presupuestarias de las administraciones parroquiales como por las resistencias de los feligreses apegados a sus creencias y tradiciones y la oposición de la Iglesia, que la consideraba una injerencia inaceptable del Estado en sus prerrogativas en el ámbito funerario. Además, la medida le causaría un importante perjuicio económico por la pérdida de ingresos por derechos de sepultura.

Según la Real Cédula, la construcción de los nuevos cementerios requiere el acuerdo entre autoridades civiles y eclesiásticas,  la ejecución de las obras se hará con el menor coste posible y se costearán con fondos parroquiales y públicos, más o menos al 50%. En caso de discrepancia se impondrá la resolución de la autoridad civil.

La construcción de cementerios alejados de los núcleos de población no fue inmediata, al contrario se demoró y mucho. Prácticamente antes del comienzo del siglo XIX no se había llevado a cabo ninguna edificación mortuoria de este tipo de forma generalizada. En consecuencia, Carlos IV en una circular de 28 de junio de 1804 reitera las órdenes, por entonces incumplidas, de la Cédula de su antecesor. Se recordaba, una vez más, la idoneidad de construir los cementerios fuera de las poblaciones, de acuerdo a una serie de recomendaciones: situarlos en lugares altos, alejados del vecindario y sin filtración de aguas. José Bonaparte, en un decreto de 4 de marzo de 1809, establece que para el día 1.º de noviembre de ese año se arrestase a los miembros de la Clerecía y las Municipalidades que no hubieran cumplido con su obligación en cuanto a la construcción de cementerios. A partir del 31 de octubre de 1814, la Diputación dispuso que no se enterrara cadáver alguno en las iglesias.

Por tanto, la llegada del siglo XIX viene a marcar el abandono del interior de los templos con fines sepulcrales, transfiriéndose dichas funciones a los camposantos externos, que están ya construidos en el primer cuarto del siglo XIX. Y así debe suceder en Santurtzi aunque no he encontrado, hasta el momento, datos concretos de la construcción del primer cementerio de nuestro municipio. Cierto es que hacia 1815 se procede a entarimar el suelo para hacerlo más firme y sólido. Es en ese momento cuando se nivela el subsuelo y se rellena hasta conseguir una superficie totalmente plana sobre la que instalar la tarima de madera. Y así se abandona definitivamente la costumbre de enterrar a los difuntos en el interior de la iglesia.

La construcción de este nuevo cementerio, hasta cierto punto alejado de la iglesia de san Jorge tiene, relación con la necesidad de edificar una casa consistorial que hasta entonces no había hecho falta ya que los cementerios adosados a los muros exteriores de iglesias parroquiales tenían otra función, que ahora puede parecernos asombrosa o extraña. Eran los lugares en donde se reunían los habitantes de un concejo en asamblea. La costumbre de reunirse en los cementerios para celebrar ayuntamientos se reforzó cuando la mayor parte de estos cementerios adosados se cubrieron con pórticos. De hecho en la documentación de los siglos XVI al XIX se utilizan indistintamente los términos cementerio, atrio y pórtico para hacer alusión a una misma realidad. De aquí procede la denominación de anteiglesia que emplean muchos municipios de Bizkaia.

Así, el 1 de julio de 1827 el Ayuntamiento del Concejo de Santurce inauguraba y se reunía por primera vez en la primera casa consistorial de su historia. Hasta ese momento, las asambleas de regidores y vecinos, en el tradicional concejo abierto, se habían realizado en el cementerio anexo a la iglesia de San Jorge, bajo su pórtico. Hasta entonces, la iglesia parroquial había sido no solo el centro de la vida religiosa sino también de la civil del municipio y en su archivo se custodiaban no solo los libros de culto y clero, incluidos los de la cofradía de pescadores, sino también los libros de actas del concejo. Nuevos aires llegaban, poco a poco, a Santurtzi.

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Comienza hoy mi colaboración con La Guía de Santurtzi con una sección titulada Conoce la historia de Santurtzi. Tengo que agradecer a Igor Merino que haya pensado en incluir en su web un apartado destinado a difundir la historia y el patrimonio de nuestro municipio.

Para inaugurar la sección he elegido un tema bastante desconocido: los ilsos del Serantes. Esta semana son objeto de una visita guiada / paseo teatralizado el sábado 2 de junio, la segunda que se realiza en los últimos años, organizada por la asociación Serantes Mendiko Lagunak.

Para saber más sobre los ilsos podéis leer los artículos publicados respectivamente en La Guía de Santurtzi y en esta entrada del blog.

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El miércoles 26 de abril tuvo lugar la presentación en Mamariga Kulturgunea del excelente trabajo de investigación realizado por Joseba Trancho sobre el molino harinero que se levantó en el paraje de Cercamar a finales del siglo XVII y del que aún quedan ruinas de su fábrica, pero de cuya existencia prácticamente nadie tenía recuerdo.

El próximo sábado, 10 de junio, tendremos la oportunidad de conocerlo in situ gracias a la visita guiada que se ha organizado al efecto. Además, se visitará uno de los escasos lavaderos que se conservan en el municipio, construido en 1919, en el que se escenificará cómo hacían la colada nuestras amamas hace 100 años.

Los que pudimos asistir a la exposición de Joseba Trancho tuvimos la oportunidad de conocer, a modo de introducción, diversos aspectos relativos a los molinos, las diferentes tipologías que han existido y su evolución a lo largo de la historia. Después trató específicamente de los molinos hidráulicos y su estructura (elementos que forman la instalación hidráulica y la moledora). La tercera parte de la exposición la dedicó a explicar el proceso de molienda. Estos tres primeros apartados nos ayudaron a comprender la importancia social y económica de estos ingenios que resultaron ser fundamentales en una sociedad eminentemente agrícola como era la anterior a la Revolución Industrial.

Finalmente, Joseba Trancho se centró en el trabajo realizado sobre el molino harinero que hubo en Cercamar, el molino más antiguo de los tres o cuatro de los que se tiene constancia en Santurtzi. Según su investigación, el de Cercamar no llegó a los cien años de vida. Sin embargo, es innegable su valor histórico como parte importante del patrimonio, presente o desaparecido, de Santurtzi.

Otros molinos, como el de Villar, no han dejado rastro físico pero sí en la toponimia histórica, dando lugar a la denominación río del molino o río del molino del Mello que hace referencia a un molino perteneciente en algún momento a un propietario apellidado Etxeandia. De este molino tenemos una clara referencia en una noticia publicada en el periódico La España el 19 de diciembre de 1860. Somo es un lugar del Serantes, toda la cuesta entre Villar y Las Pozas.

Otro molino se ubicaba casi en la desembocadura del arroyo de Las Viñas o de Los Pobres de Oyancas, en las inmediaciones de la actual casa consistorial, y fue propiedad de la familia Murrieta. No hay mucha más información al respecto.

Sobre el molino de Cercamar, del que tuvo conocimiento gracias a un comentario casual de un vecino de Mamariga, Agapito Bilbao Luis que en su juventud vivió en un caserío próximo, Joseba Trancho ha realizado un completo trabajo de investigación con el objetivo de rescatarlo del olvido. De ese trabajo he extraído la mayor parte de la información que presento a continuación.

Los restos del molino y de la casa del molinero se encuentran ubicados en la falda norte del Serantes, en una parcela propiedad de Repsol Butano, cruzada por el antiguo camino carretil (en amarillo) que comunicaba el núcleo de Santurtzi con Zierbena a través de Mamariga, Regales, Higareda, Ontanillas, Cercamar y El Calero. Hay que tener en mente que la actual carretera (en rojo) no existía y ni tan siquiera se imaginaba hasta finales del siglo XIX. Sus ruinas (señaladas con la flecha naranja), recubiertas de zarzas y vegetación diversa hasta hace unas semanas, han pasado desapercibidas a los ojos de las pocas personas que transitaban por ese paraje. El siguiente mapa de comienzos del siglo XX nos puede ayudar a ubicarnos.

Vista desde el mar de la vaguada por donde discurre el arroyo.

Y este es el croquis que Joseba Trancho ha realizado de toda el paraje en donde ha señalado el camino carretil que salvaba el arroyo mediante un puente, probablemente de piedra, del que no hay vestigios, la balsa de agua, la presa y, junto a ella, el molino. Unos metros aguas abajo la casa del molinero. Tanto desde el molino como desde la casa del molinero partían sendos caminillos que enlazaban con el principal.

Su valor arquitectónico es muy escaso pues, además de su estado ruinoso, se trataba de un molino muy sencillo, de planta cuadrada, construido en mampostería y similar a otros de la época: dos plantas, la estolda (término con el que en Encartaciones se denomina el cárcavo o cárcamo) donde se encontraba el mecanismo que permitía la rotación de la muela y, sobre ella, la sala de molienda.

Se conserva parte de la presa que recogía el agua en una balsa de unos 300 my parte de las paredes de la estolda. Todo el piso de molienda ha desaparecido. Cerca están los restos de la casa que se supone que era del molinero.

Tras seis meses de trabajo, el investigador ha podido constatar que la vivienda data del siglo XVI. Según la documentación conservada en diferentes archivos, Ochoa de Salazar, biznieto del banderizo y cronista Lope García de Salazar, heredó la casería (vivienda principal y diversas dependencias anejas) de Cercamar hacia 1535 y esta no incluía un molino. Alguno de los sucesores ordenaría su construcción pero no se ha encontrado documentación de la época que lo corrobore. Hay un largo lapso de tiempo durante el cual se desconoce cómo se transmite la propiedad de la casería de Cercamar hasta llegar a 1759 cuando los descendientes o herederos de Ochoa de Salazar, que residían en Villarcayo, vendieron el molino ya en estado ruinoso.

La construcción se habría hecho necesaria debido a la existencia de abundantes campos de cereal en toda esa ladera del Serantes que la toponimia histórica nos confirma. La Primera Mies, la Segunda Mies y la Tercera Mies son términos que nos indican terrenos se dedicaban al cultivo de cereal (pan sembrar). La calidad de la tierra para cultivar viene determinada por la geomorfología de la ladera del Serantes y las sucesivas fases de glaciación y deshielo. La existencia en ese amplio paraje de un arroyo aprovechable para emplear su caudal como fuerza motriz determinó dónde ubicar el molino para moler la cosecha.

La explicación de su corta vida en funcionamiento se centra en la introducción del maíz en nuestro entorno a comienzos del siglo XVII ya que el molino estaba destinado a moler exclusivamente trigo. El maíz, como el mijo al que en buena parte reemplazó, era un cereal de primavera. Se plantaba en esa estación y se recogía por septiembre, frente a los cereales como el trigo, plantados en invierno y segados en junio, julio o agosto. El maíz, por tanto, desde que se sembraba hasta que se cosechaba sólo pasaba en tierra unos seis meses, de ahí que se le denomine cereal de ciclo corto. Por este motivo la tierra podía descansar aproximadamente medio año, tiempo suficiente para reponer espontáneamente su capacidad nutricional y, junto al añadido de excrementos animales y sobre todo de rozo cortado (maleza, helechos, etc), permitir un cultivo intensivo, desplazando al sistema de año y vez.

Las limitaciones estructurales del molino tampoco facilitaron su adaptación a los cambios en los cultivos. Los molinos grandes tienen dos rodetes: una para trigo y otra para maíz. Pero el molino de Cercamar era pequeño y si quería moler maíz, debía cambiar las piedras. Joseba Trancho proporcionó durante la presentación del trabajo unas interesantes estimaciones de la producción media de cereal por hectárea cultivada (entre 30.000 y 40.000 kg al año) y la capacidad de procesado del grano del molino (unos 30 kg a la hora), funcionando entre 4 y 6 meses al año (en función del régimen de precipitaciones y disponibilidad de agua). Teniendo en cuenta todos estos factores y los cambios introducidos en los cultivos, al final, dejó de ser rentable al cultivarse menos trigo y más maíz y acabó siendo abandonado y sepultado por la vegetación circundante. A partir de entonces, el cereal cultivado en el Santurtzi costero, una vez separado el grano de la paja, se tenía que transportar en sacos a lomos de caballería (más burros que caballos) hasta otros molinos más alejados.

El arroyo, por su parte, también ha sufrido ulteriores transformaciones, fundamentalmente a finales del siglo XIX, cuando se aprovechó su caudal para el abastecimiento de aguas a la población del municipio. Mas recientemente, en pleno siglo XX, se construyó un abrevadero para el ganado.

En el Serantes, además de las ruinas del molino podemos encontrar otros elementos de importancia histórica y etnográfica como son los caleros (uno en la ladera sur y otro en la norte que ha dado lugar al topónimo El Calero) y los lavaderos. De los catorce censados se conservan dos. Uno en Sorías, totalmente cubierto por la vegetación.

Lavadero Sorías

Y otro en Ontanillas, recientemente restaurado, que también es objeto de esta visita. Las dos siguientes fotografías ilustran el antes y el después.

Se aprovechará para escenificar una estampa costumbrista, la limpieza cotidiana de la ropa por parte de nuestras amamas. No debemos olvidar que la inexistencia de agua corriente en las casas del siglo XIX y buena parte del XX hizo que las mujeres de aquella época tuvieran que servirse de las fuentes públicas y los lavaderos comunitarios, a los que acudían con los baldes de ropa sobre sus cabezas, para abastecerse de agua y mantener limpia la ropa de sus hogares. Una labor dura y exigente que muchas veces se hacía en lavaderos al aire libre o apenas techados en los que el viento y el frío castigaban la piel y los huesos de estas esforzadas amas de casa a las que la llegada al hogar con el balde de la ropa aún les esperaban numerosas tareas y responsabilidades.

Las siguientes imágenes pueden darnos una idea de como era la actividad que se desarrollaba en un lavadero. La primera corresponde a Muskiz, la segunda al lavadero de La Txitxarra y está fechada en 1943.

A los lavaderos les dedicaré una entrada específica más adelante para incluir los edificados en el núcleo urbano del municipio. Y para ubicar mejor todos los topónimos que he ido mencionando nada mejor que consultar la excelente obra de Carlos Glaría titulada Santurtzi, entidad histórica, lengua y toponimia.

Para hacerse una idea de un molino del periodo preindustrial os recomiendo una visita a la ferrería del Pobal, en el vecino municipio de Muskiz.

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La asociación Serantes Mendiko Lagunak ha organizado una interesante actividad coordinada por Joseba Trancho que pretende recuperar la memoria histórica de unas ceremonias habituales hasta el siglo XIX y que ahora sólo se recuerdan gracias a diversas fiestas populares en algunos municipios. La más conocida es la que se celebra en Olarizu (Vitoria-Gasteiz).

Se trata de recrear una visita oficial a los hitos, ilsos (palabra profusamente empleada en Santurtzi en otros tiempos y común en las Encartaciones), mojones o señales que marcan los límites del término municipal, un acto protocolario y solemne que se realizaba con carácter periódico, generalmente cada año.

La delimitación del territorio de un municipio es, normalmente, fruto de un largo proceso histórico desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Muy pocas veces era fruto de un acuerdo mutuo. Con bastante frecuencia afloran conflictos, a veces enconados, entre municipios limítrofes. Las razones eran fundamentalmente de carácter económico porque la explotación del territorio (cultivos, pastos, montes) era indispensable para la supervivencia de la mayor parte de la población, en una sociedad tradicional, agraria y ganadera.

Santurtzi no ha sido una excepción y, por unos palmos de tierra aquí o allá, se han sucedido a lo largo de los siglos numerosos pleitos entre los Tres Concejos (a los que pertenecía nuestro municipio) y los Cuatro Concejos del Valle de Somorrostro, o con la villa de Portugalete, con quien se ha disfrutado parte del territorio en proindiviso (bienes sin dividir que pertenecen en comunidad a varios propietarios). A modo de ejemplo, los montes altos de Triano fueron un espacio proindiviso hasta finales del siglo XIX. Incluso hubo una propuesta para que se constituyeran en municipio independiente…

7 concejos

Tras la fijación de los límites entre municipios, bien por acuerdo entre las partes implicadas, bien como resultado de una sentencia judicial, se colocaban los ilsos o mojones en los extremos de líneas más o menos rectas. Resultaban indispensables marcar de forma física estos límites sobre el terreno.

Eran elaborados con diferentes variedades de piedra (caliza, arenisca, granito, etc.). Hincados en la tierra, aparecían tradicionalmente asociados a lugares estratégicos, a cruces, árboles de gran porte en las proximidades u otros elementos destacados del paisaje con el fin de facilitar su localización. Además, era costumbre depositar carbón vegetal, ramas de tojo o trozos de teja debajo del mojón, para que sirviesen de referencia en el caso de que el mojón desapareciera por cualquier causa. Sirva la siguiente imagen de una gran piedra con cruces labradas en Morazarzal como ejemplo.

mojon con cruces en Morazarzal

En espacios urbanos se entallaban cruces en las esquinas de los edificios, generalmente singulares, que servían de hito: iglesias, ermitas, humilladeros o, como en el caso del límite entre Santurtzi y Portugalete, la esquina del primitivo cementerio.

La importancia de estos hitos de separación que delimitan territorialmente el término municipal se manifiesta en la revisión anual que se hacía de ellos, acto que recibe diversos nombres a lo largo y ancho de la geografía: andar, renovar o revisar las cruces, andar la mojonera, repasar los hitos, etc.

Estas revisiones se recogían en un “libro de visitas” en el que se anotaban los nombres de las personas que asistían como testigos, las diligencias efectuadas, los lugares visitados y las distancias que había entre unos y otros mojones. Esta documentación, junto con la generada por los propios pleitos, es muy interesante porque en ella se describen con bastante minuciosidad lugares, distancias, heredades, etc., y nos permite conocer y rescatar topónimos que se han olvidado con el paso del tiempo.

libro de visitas

Esta ceremonia es la que se pretende recrear. El recorrido no tiene dificultad pero como discurre por monte se recomienda un calzado adecuado. Las personas que necesiten más tiempo para llegar al comienzo de cada acto de posesión pueden salir un poco antes de la hora prevista. El itinerario y horario previsto (caminando a un ritmo normal) son los siguientes:

Itinerario I Día de los Mojones

Copia de Horario del itinerario

En el Ilso Eguna se visitan los dos antiguos mojones que se conservan en el Serantes:

  • Ilso de las Nueve Cruces

Este antiguo ilso, ubicado en la parte más prominente de la peña de las Nueve Cruces, sigue cumpliendo su función. Se encuentra en uno de los vértices de la línea divisoria entre los actuales municipios de Santurtzi, Abanto-Zierbena y Zierbena, dando continuidad a la lindera que procede del ilso anterior, en el Pino del Casal (árbol bajo el que se reunían los Siete Concejos del Valle de Somorrostro desde tiempo inmemorial).

Divisoria Tres y Cuatro Concejos

Es el ilso más antiguo de los Siete Concejos. Aparece registrado en 1598 en un pleito entre Portugalete y los Tres Concejos del Valle de Somorrostro pero, por referencias, ya estaba instalado unos veinte años antes. La cita de 1598 dice así: “… Ante mi, Bentura de San Martín escribano, el señor alcalde de los Tres Concejos Ochoa de Ugarte, Pedro de Loizaga teniente de preboste y Juan de Laia, visitaron los monjones del dicho monte de Sarantes, y el de Sobre Ygareda, a la vista de la mar, y el monjon que esta devajo del pico de Sarantes, y sobre unas peñas que estan a vista de el monte de Triano, e hicieron sus cruces y señales en señal de posesión y de allí vajaron con sus varas de justicia en sus manos a el Puerto o Pedregal de Santurce jurisdicción de la dicha villa privativa y en el tomaron posesión y se visitaron en todo lo que lava espuma de la mar salada…”.

Vuelve a aparecer mencionado en un apeo (deslinde) de 1761, donde se fijan los límites de la villa de Portugalete y que vienen pintados en un plano apaisado de Vicente Morales Guerrero del que se habla en esta entrada en el blog El Mareometro.

plano 1761

Está labrado en piedra caliza, es de forma cónica y presenta dos aletas que señalan la divisoria entre los Tres Concejos y Cuatro Concejos del valle de Somorrostro.. Lo que no podemos constatar es la antigüedad del ilso que existe actualmente. No sabemos si es el que se menciona a finales del siglo XVI o es posterior pero, en cualquier caso, por la erosión que muestra es anterior al siglo XVIII.

Nueve Cruces 2

  • Ilso de la Campa del Ilso

Este hito se encuentra situado en la crestería del monte Serantes en la divisoria entre Santurtzi, Abanto-Zierbena y Zierbena. Se trata de un ilso intermedio entre el anterior, el de las Nueve Cruces y el siguiente, el de la Cueva Mayor, que no se conserva. También está labrado en piedra caliza.

La datación de este mojón no está clara. Aparentemente es posterior al de las Nueve Cruces y bastante más antiguo que los que se colocaron durante el siglo XIX y comienzos del XX (1803, 1893-1896 y 1906). De estos mojones se tiene constancia documental aunque no quedan restos. Pero se sabe que su forma era completamente diferente al de la Campa del Ilso que, posiblemente, se colocase en el siglo XVIII.

Mojón de el Campo del Ilso

Con el Ilso Eguna se pretende representar el ritual tradicional de las visitas. Las inspecciones anuales de los límites jurisdiccionales que realizaban los municipios, en sí mismas actos netamente administrativos, pueden ser estudiadas desde un punto de vista antropológico. Destacan las investigaciones realizadas por José Ignacio Homobono y Josetxu Martínez de Montoya. Además de los conceptos relacionados con los espacios simbólicos, la identidad colectiva, la tradición y la costumbre, quizás habría que considerar otros aspectos, cierto carácter religioso, tanto por las marcas en forma de cruz labradas en los mojones como por su ubicación junto a cruces, que no han llegado a la actualidad pero presentes originalmente.

Por otra parte, sería también interesante marcar el sitio en donde se ubicaba la ermita o humilladero de los Hoyos pues esta ermita servía, según el citado apeo de 1761, como señal divisoria entre Portugalete y Santurtzi, de manera que, trazando desde ella una línea recta de unos 900 m hasta el primitivo cementerio de la iglesia de san Jorge (ni el actual ni el anterior, sino el que se ubicaba anexo al templo), se marcaba el límite entre ambos municipios.

Solo tras muchos años, pleitos, y gracias a la intervención de Cristóbal Murrieta, parte de Peñota, Campo Grande, La Txitxarra y Coscojales, que formaban parte de la jurisdicción de Portugalete, se integran en nuestro municipio en julio de 1866, hace 150 años.

Carteles de las diferentes ediciones del Ilso Eguna:

  • 2016

  • 2018

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Chalet Amesti

El reciente derribo del denominado chalet de Amesti para la construcción de un exclusivo edificio de viviendas de lujo junto al palacio de Oriol (así se publicita esta promoción por la Inmobiliaria Txitxarra) me permite llamar la atención sobre un elemento patrimonial del que ya he hablado en otra entrada, la batería de costa de Campo Grande.

Urbanización en chalet Amesti

La Batería de Campo Grande (el Campo de Bilbao o el fuerte de Santa Bárbara) estaba situada en la zona de Peñota a la altura del núm. 23 de la avenida Cristóbal Murrieta, donde se levantaba hasta hace unas semanas el chalet de Amesti, cuyos cimientos se fundamentaban precisamente sobre una gran plataforma de sillería de forma pentagonal que recuerda la planta que originalmente dispuso el recinto. Aunque ahora conocemos esa zona, como digo, con el nombre de Peñota tradicionalmente se denominaba Campo Grande. Este topónimo lo podemos leer, completo y sin dificultad, en los pilares de la puerta de acceso a la Escuela de Música y, hasta hace unos días, en el acceso al chalet Amesti.

Campo Grande 23

La construcción de la batería de costa se ejecutó en torno a 1639-1641, en un “parage muy preheminente y de donde á poco riesgo se puede haçer gran daño al enemigo“. El recinto en 1684 presentaba “una muralla de cal y canto” de 46 metros de largo y una anchura entre 1,70 y 4,20 m, en la que se abrían un total de 4 o 6 troneras (según las fuentes). La Guerra de la Independencia supondrá su práctica total destrucción (“estan enteramente derrotados e inutilizados desde la entrada de los yngleses“), y tras años de abandono será restaurada en 1827-1828 adoptando una nueva planta tal y como aparece reflejada en un sencillo plano dibujado a principios de la I Guerra Carlista. Esta nueva batería presentaba una superficie mayor que la de su antecedente (26 m de ancho por 47 de largo), con una planta pentagonal y un total de 5 troneras para cañones y una pequeña tejavana en el punto más protegido de la misma. A pesar de esas reformas la batería será completamente abandonada una vez finalizado ese conflicto, para finalmente en 1861 ponerse en venta el “terreno y escombros de la casa ó fuerte derruido denominado el Campo Grande”.

Desde entonces, apenas hay noticias sobre las ruinas. Al parecer, la propiedad fue adquirida por el ingeniero José Manuel Oraá Aizquibel, padre del conocido sacerdote Jenaro Oraá Mendia que edificó su residencia familiar en la parte más alta de la finca. Aún perdura un mirador de piedra.

Finalmente, a mediados de los años cincuenta del siglo XX (la solicitud de licencia de obras tiene fecha de 19 de agosto de 1954), Juan de Amesti Izaguirre proyectó y edificó una vivienda unifamiliar como residencia propia sobre los restos de la citada batería de costa. Sería de desear que se haya pensado en realizar una intervención arqueológica de urgencia para documentar al menos los restos que pudieran conservarse de la batería de costa.

Contorno del fortín-2 - copia

Contorno del fortín-3 - copia

Y además si, como parece observarse de la infografía que muestra el resultado del área, una vez concluida la edificación, sobre la batería de costa se ubica un jardín, sería el lugar perfecto para ubicar a nuestro oxidado cañón, junto con un panel informativo que nos recuerde el patrimonio perdido.

infografía

Para concluir la entrada acerca del “difunto” chalet de Amesti, unos apuntes sobre sus características. El chalet viene siendo descrito repetidamente en la escasa bibliografía existente al respecto como una vivienda unifamiliar de estilo tradicional… aunque yo no sé a qué se refieren al emplear ese calificativo. Era más bien un chalet con tejado a dos aguas que no destacaba por sus valores arquitectónicos o estéticos, en mi opinión. Sin embargo, en este chalet despuntaba un elemento ornamental por el que siento mucho interés, el escudo heráldico, el último trabajo realizado por el padre del arquitecto, Anastasio Amesti Astorquia, primo de Miren Rojí Astorquia.

Escudo Amesti piedra

Anastasio  Amesti (Mañaria, 1884 – Santurtzi, 1957) fue un célebre maestro cantero, constructor de sepulturas y panteones en la mayoría de los cementerios de Encartaciones que, una vez jubilado, esculpió en estilo neoclásico el escudo de su linaje para ornar la vivienda. Con yelmo, plumajes y manto de lambrequines, el escudo reproduce las armas del linaje Amesti que, al parecer, tiene su origen en Busturialdea y que puede blasonarse de la siguiente manera: en azul (como refleja el rayado horizontal) una banda de oro (que se deduce del punteado), acompañada en lo alto de tres estrellas de ocho puntas de oro, colocadas dos y una, y un creciente tornado de plata y en lo bajo de dos llaves atadas con tres eslabones, todo de oro.

Tras la construcción del nuevo edificio de viviendas el escudo heráldico del linaje Amesti se ha reubicado en la fachada principal. Además se ha recuperado la dirección original: Campo Grande, 23.

Campo Grande 23-3

Campo Grande 23

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La publicación en el grupo de Facebook Santurtzi y sus gentes de unas fotografías de un antiguo cañón abandonado a su suerte en las inmediaciones de la Casa del Gato y los comentarios subsiguientes me han inspirado esta entrada.

Nuestro protagonista es un oxidado cañón de hierro fundido de aproximadamente unos 900-1000 kg de peso y una longitud total de 240 cm (primer cuerpo de 100 cm y caña de 90 cm). La campana tiene 20 cm de longitud y 40 cm de diámetro. La boca tiene unos 30 cm de longitud, un diámetro exterior de 22 cm y un diámetro interior de 7 cm. Deduzco que el calibre es de 70 mm aproximadamente. Los gastados muñones del cañón se apoyan en gualderas de madera montadas sobre un carro o cureña que tiene una longitud de 160 cm y una altura de 65 cm. Las cuatro ruedas macizas tienen un diámetro de 28 cm.

Partes de un cañón - copia

Es muy probable que se fundiera en las Reales Fábricas de Artillería de Liérganes y La Cavada, en Cantabria, aunque en un principio iban a ubicarse en Bizkaia.  El establecimiento de estas fábricas supuso que cerca de setenta familias procedentes de Flandes se asentaran en esas localidades cántabras, en donde todavía perduran los apellidos de origen flamenco, que incluso han llegado a Santurtzi: Rojí es uno de ellos. Además el hierro utilizado para la fundición de estos cañones procedía de las minas de Somorrostro. El mundo es un pañuelo.

No soy especialista en la materia pero diría que se trata de un cañón de a 8 libras, una pieza de artillería que disparaba bolas de hierro fundido de 8 libras de peso (3,91 kg), además de palanquetas, cadenas y metralla. Un estudio detallado confirmaría si estoy en lo cierto o se trata de un cañón un poco más potente, de a 12 libras, o uno más ligero, de a 6 libras, que es más factible. Fue un modelo muy utilizado por la mayoría de las grandes potencias navales entre los siglos XVII  y XIX, tanto en mar como en tierra, en las baterías de costa. Quizás formó parte de la batería de Campo Grande, situada en las inmediaciones, entre el restaurante Currito y el palacio Oriol. Y esto me sirve de excusa para hacer un pequeño resumen de los fortines costeros que se construyeron en el litoral del Abra para defensa de sus costas a lo largo de los últimos cinco siglos.

Desde fines de la Edad Media hasta la abolición de los Fueros tras la III Guerra Carlista (1872-1876) el Señorío de Bizkaia debía garantizar la defensa militar de su territorio. Uno de las primeras medidas adoptadas fue la instalación de vigías o atalayas en los puntos más estratégicos del litoral desde los que se oteaba el horizonte. El Serantes y La Galea son buenos y cercanos ejemplos. Algunas de estas atalayas dieron lugar a instalaciones defensivas denominadas de muy diversa manera (baterías, fortines, fuertes o incluso castillos) en las primeras décadas del siglo XVI.

En el litoral vizcaíno hubo un total de 64 puestos fortificados aunque en ningún momento funcionando al mismo tiempo más de 45. Por municipios, el mayor número se situó en Bermeo con un total de 10, seguido ya a distancia por localidades como Getxo y Santurtzi con 5 cada uno, Portugalete con 4 y Zierbena y Muskiz con 3 respectivamente. El Abra se encontraba fuertemente protegido para defender infraestructuras básicas como los astilleros reales de Zorroza y los puertos de Portugalete y Bilbao.

La construcción y mantenimiento de estos fortines costeros era competencia del Señorío que ordenaba revisiones periódicas para garantizar su conservación. Asimismo nombraba a los guardafortines encargados de su custodia en períodos de paz. El papel de los municipios era secundario, se limitaba a la custodia de los pertrechos y pólvora perteneciente a cada fortín, así como tener en buen uso las distintas piezas de artillería. Por norma general, el cumplimiento de esas obligaciones fue bastante escaso, de ahí su progresivo deterioro.

Respecto a la estructura de estas baterías o fortines, podemos encontrar desde pequeñas posiciones defensivas con un par de piezas de artillería a otras que llegaron a albergar hasta 16 cañones. Las más antiguas eran muy sencillas (apenas unos parapetos de tierra compactada). Con el tiempo se realizan construcciones más sólidas con muros de piedra reforzados con sillería. El fuerte de La Galea (Getxo) incluso tenía un foso protegiendo la estructura defensiva. A falta de almacenes fue muy habitual el empleo de otras construcciones situadas en las cercanías para depositar los pertrechos o custodiar los cañones, tal y como ocurría en Santurtzi con la iglesia de San Jorge. El aprovechamiento de los espacios religiosos para usos militares provocó algunos conflictos entre las autoridades civiles y las religiosas.

Otro aspecto a resaltar es la ubicación de estos puestos defensivos. Inicialmente la mayor parte de las baterías buscará emplazamientos a baja cota desde los que se dominaban las playas o embarcaderos, debido a las propias limitaciones de los cañones disponibles, de pequeño calibre y reducida potencia de tiro. A finales del XVIII hay un cierto cambio en las estrategias defensivas y los fortines erigidos durante las primeras décadas del siglo XIX se harán en emplazamientos más prominentes que los anteriores.

Cronológicamente, la construcción de estas fortificaciones costeras está inducida por los diferentes períodos bélicos en los que se ve inmersa la Corona española. El primero está relacionado con la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y en concreto con la entrada de Francia en el conflicto a partir del año 1636. En este momento se llevará a cabo la construcción de buena parte de las defensas del Abra: Usategi y Arriluze en Getxo, Campo Grande en Portugalete, San Jorge y Bañales (en torno al antiguo puerto), Gibilis y El Campillo en Santurtzi, El Castillo, la del Puerto y Arenota en Zierbena y finalmente El Socorro, Castillo Viejo y Corbera en Muskiz.

Desde entonces hasta principios del siglo XVIII solo se erige una nueva, la batería santurtziarra de Las Cuartas. Su construcción parece relacionarse de una manera directa con un incidente armado ocurrido en 1673 cuando dos fragatas francesas apresaron una nave holandesa atracada en la zona y contra lo cual muy poco pudieron hacer las baterías costeras de la zona.

El siglo XVIII se inicia con un nuevo conflicto armado, la Guerra de Sucesión Española (1700-1714). Se diseñó un plan de defensa que conllevó la creación de nuevas baterías costeras como la de El Cuervo en Portugalete. Un nuevo impulso vendrá dado por el desarrollo de otro conflicto armado, la Guerra de la Sucesión Austríaca (1740-1748) y para contrapesar el peligro  que suponía la flota inglesa se encargó al ingeniero militar Jaime Sycre el diseño de una serie de fortificaciones, entre ellas el emblemático fuerte de La Galea.

Este proceso constructivo se vio violentamente truncado por la Guerra de la Independencia (1808-1814), cuando el litoral fue escenario de incidentes protagonizados por la flota inglesa y los guerrilleros locales, que con la excusa de azuzar a las tropas francesas provocaron la destrucción del sistema defensivo de baterías costeras creado durante los siglos precedentes (la inmensa mayoría de las baterías fueron quemadas o desmontadas, sus pertrechos robados y sus cañones inutilizados o arrojados al mar). Habrá que esperar al bienio 1827-1828 para que el Señorío aborde una reforma completa. Se restauraron muchas de las antiguas posiciones defensivas destruidas, otras quedaron definitivamente abandonadas y se construyeron algunas nuevas.

En cualquier caso, estas instalaciones se habían quedado obsoletas ante los avances técnicos experimentados en el campo de la artillería. A comienzos de la I Guerra Carlista (1833-1840) una buena parte eran absolutamente inútiles por estar nuevamente en muy deficiente estado de conservación. Incluso las mejor preparadas jugaron un papel muy secundario en el desarrollo de los acontecimientos militares. Por eso la inmensa mayoría se abandonó tras el fin de la guerra. Una prueba clara de esa situación la encontramos en las instancias presentadas a la Diputación en los años 1844 y 1845 por el chatarrero José Oronoz (vendedor de clavazón y comprador de hierros viejos), en las que señala que en las poblaciones de Getxo, Santurtzi, Zierbena y Muskiz existe “entre agua y orilla del mar varios despojos de cañones pedazados, y balas igualmente rotas todo de yerro colado é inutiles para su serbicio, los cuales solo sirben de tropiezo para las lanchas“ y solicita autorización para poder recogerlos aunque finalmente parece que le será denegada.

En lo que respecta a Santurtzi, su ubicación en la bocana del Abra convertirá a nuestra localidad en una pieza clave del sistema defensivo de la zona. Hoy en día ese frente litoral se encuentra totalmente alterado a raíz de la ejecución del puerto exterior que ha provocado la desaparición de toda evidencia constructiva relacionada con alguna de las 5 fortificaciones que hubo en nuestro municipio (6 si incluimos Campo Grande), cuyas características y evolución particular son las siguientes:

Plano del Abra-1 - copia

  • La Batería de Campo Grande (el Campo de Bilbao o el fuerte de Santa Bárbara) situada actualmente en el término municipal de Santurtzi pero hasta mediados del siglo XIX en el de Portugalete. En concreto, en la zona de Peñota, frente al polideportivo y a la altura del núm. 23 de la avenida Cristóbal Murrieta donde actualmente se levanta el chalet de Amesti, cuyos cimientos se fundamentan sobre una gran plataforma de sillería de forma pentagonal que recuerda la planta que originalmente dispuso el recinto. Su construcción tendrá lugar en torno a 1639-1641, en un “parage muy preheminente y de donde á poco riesgo se puede haçer gran daño al enemigo“. El recinto en 1684 presentaba “una muralla de cal y canto” de 46 metros de largo y una anchura entre 1,70 y 4,20 m, en la que se abrían un total de 4 o 6 troneras (según las fuentes). La Guerra de la Independencia supondrá su práctica total destrucción (“estan enteramente derrotados e inutilizados desde la entrada de los yngleses“), y tras años de abandono será restaurada en 1827-1828 adoptando una nueva planta tal y como aparece reflejada en un sencillo plano dibujado a principios de la I Guerra Carlista. Esta nueva batería presentaba una superficie mayor que la de su antecedente (26 m de ancho por 47 de largo), con una planta pentagonal y un total de 5 troneras para cañones y una pequeña tejavana en el punto más protegido de la misma. A pesar de esas reformas la batería será completamente abandonada una vez finalizado ese conflicto, para finalmente en 1861 ponerse en venta el “terreno y escombros de la casa ó fuerte derruido denominado el Campo Grande”. Podemos hacernos una idea gracias a la recreación realizada por Goio Bañales a partir de los planos de la misma, aunque las cureñas de los cañones aquí representados son diferentes a la del nuestro (en mi opinión, estos cañones parecen corresponderse con los de artillería de campaña, con grandes ruedas que facilitan su transporte y movilidad y no con los habituales en este tipo de fortines costeros).

Copia de Batería Campo Grande (reconstrucción)

  • El punto más vulnerable de la costa santurtziarra era su puerto, el cual estaba defendido por dos posiciones que desaparecieron completamente tras el relleno del antiguo embarcadero y la creación del Parque. Los primeros datos de fortificación de la zona datan de 1630 aunque no hay certeza de la ubicación específica de las mismas. La Batería de San Jorge (el “campo detrás de la iglesia” o La Almena) estaba situada al N-NE de la iglesia de San Jorge sobre una pequeña lengüeta de tierra. En 1684 será definida como un puesto “preminente y a proposito para haçer daño muy considerable al enemigo antes y despues que entre en la barra“, empleando la cercana iglesia como almacén de sus pertrechos y cañones. Destruido el fortín en la Guerra de la Independencia no volvió a ser artillado, y tras varios años en estado ruinoso la parcela fue finalmente enajenada a un particular. La otra posición era la Batería de Bañales (o la Plataforma), situada enfrente de la anterior, en una pequeña plazoleta ubicada junto a la casa-torre de Bañales (esta sí era una auténtica casa-torre), batiendo la entrada S del puerto. Su emplazamiento estaría situado en el entorno de la sucursal del Banco Santander. Ambas posiciones aparecen ya documentadas en 1638, siendo descrita la presente como un “parapeto…que esta echo en la puente que coxe de un lado a otro desde la puente dicha asta la lengueta del agua que esta antes de llegar a la torre de don Martin (de Bañales y Salazar) que es de largo çiento y sesenta y ocho pies que son beynte y quatro braças de a siete pies casa una”. Esta plataforma desaparecerá completamente a partir de 1726, quedando su emplazamiento completamente inutilizado.

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En el resto del litoral, los tres fortines que albergaban baterías de cañones eran conocidos también con el nombre de castillos. Se situaban al N del puerto de Santurtzi y estaban destinadas a proteger la zona empleada como atraque de las embarcaciones de mayor porte. Aparecen mencionados de tres formas diferentes: con el nombre del lugar de ubicación (Gibilis, Las Cuartas, El Campillo), con el nombre propio dado a la batería (San Carlos, San Gerónimo, San Bartolomé) o con el número que ocupa con respecto a su distancia al núcleo urbano de Santurtzi (Tercer, Segundo y Primer Castillo respectivamente). Estaban ubicados cada 200 metros aproximadamente.

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  • La más alejada será la Batería de Gibilis (San Carlos). Parece ser que se situó en las proximidades del desaparecido puertecillo de Las Vegas, junto a las piscinas de Iberdrola. Será construida en el mismo momento que las baterías del puerto, presentando en 1684 una planta trapezoidal con dos troneras enfiladas a la barra. A lo largo de su existencia será renovada en diferentes ocasiones hasta que durante la Guerra de la Independencia fue completamente desmantelada. Tras un período de abandono será restaurada nuevamente en el bienio 1827-1828, a pesar de lo cual su papel durante los siguientes conflictos fue mínimo.
  • La Batería de El Campillo (San Bartolomé de Cercamar o San Bernardo del Campillo) es coetánea a las anteriores y era la más cercana a la población, estando ubicada en la zona conocida como La Cerrada, al final del actual Paseo de la Sardinera. En 1684 presenta un recinto en forma de “L” donde se abrirán entre 5 y 7 troneras, según las fuentes, con una pequeña tejavana para el resguardo de estas piezas. Su evolución se verá truncada por la Guerra de la Independencia cuando la posición será desmantelada (“no hay cañon util ni utensilio”), quedando a partir de ese momento completamente abandonado su emplazamiento.
  • La Batería de Las Cuartas (San Gerónimo), a caballo entre las de Gibilis y El Campillo, es la más reciente de las defensas santurtziarras. Estaba ubicada en las proximidades de la zona donde arranca el Rompeolas. Su construcción data de finales del siglo XVII (1684), presentando una planta en forma de “L” en la que se abrían 5 troneras. Destruida en el transcurso de las guerras napoleónicas, abandonada durante años y restaurada en 1827-1828, aunque la posterior desidia hará inútiles estos esfuerzos.

Una vez despojados los fortines de sus cañones, éstos fueron frecuentemente utilizados en los muelles para sujetar las amarras de los buques que atracaban. Se empotraban verticalmente, unos ¾ de su longitud aproximadamente, dejando fuera la culata que tenía uno o varios rebordes, que impedían el deslizamiento de las amarras. Eran conocidos con el nombre de “cañón de amarre”. Es más, el Noticiero Bilbaino en febrero de 1880 se hacía eco de la necesidad de aprovechar los cañones para esta finalidad:

Uso de cañones como bolardos

Con el paso de los años, en muchos muelles fueron sustituidos por los “bolardos” y los “norays” pero en pequeños puertos, donde no se han realizado obras, es posible encontrarlos todavía. En Santurtzi también se emplearon con tal fin, como puede verse en esta fotografía (así me lo parece) fechada en 1906:

Cañon de amarre en Santurtzi

Y en el actual puerto pesquero se conserva un mutilón de amarre que según cuenta la leyenda sería un antiguo cañón ya aprovechado en el puerto viejo.

Sin embargo, nuestro protagonista permanece sobre su cureña, como mudo testigo de la historia del Abra, a la espera de un futuro mejor, de una intervención que garantice su conservación y puesta en valor como resto arqueológico que es de nuestro pasado, como  se ha realizado en otros municipios (Mundaka, Orio, etc.).

Cañon en Orio

La bibliografía empleada para realizar esta entrada es la siguiente:

– El artículo de Alfredo Moraza Barea titulado Claves para una radiografía de la defensa del Señorío de Bizkaia en Época Moderna: el sistema de baterías, fuertes y fortines costeros que se puede encontrar fácilmente a texto completo en pdf en Internet.

– El estudio inédito elaborado por Joseba Trancho López titulado Construcciones militares en el municipio de Santurtzi.

– El libro de Carlos Glaria titulado Santurtzi, entidad histórica, lengua y toponimia.

– El indispensable blog Somorrostro de Goio Bañales y su reciente publicación In insula maris.

Adenda [mayo 2015]:

Información sobre la procedencia del cañón, facilitada por Joseba Trancho:

El cañón de la Casa del Gato estaba ubicado anteriormente en las oficinas de Altos Hornos en Barakaldo. Al cerrarse Altos Hornos en 1996, hablé yo con la empresa (era empleado de la misma) para ver la posibilidad de que nos lo donara a Santurtzi para intentar instalarlo y reconstruir una de las baterías que hubo en el municipio, más concretamente en Campo Grande (era donde mejor se podía ubicar). Me dijeron que sin problemas. Luego hablé con Javier Cruz para trasladarle la idea y para que facilitara el transporte y la reconstrucción de la cureña (armazón de madera) que estaba totalmente podrida. Puso un camión del Ayuntamiento para traerlo, se dejó en el CIFO, se hizo la cureña, pero en lugar de ponerlo en Campo Grande, lo metieron en esa esquina de la Casa del Gato, medio escondido. Lo que no te puedo decir es donde estaba antes de colocarse en el jardín de Altos Hornos, porque ellos tampoco lo sabían. Yo lo he visto en la fábrica durante más de 30 años en el mismo lugar.

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Presentación Punta Lucero

Por fin llegó el día. La asociación Punta Luzero Elkartea presentará “urbi et orbi” el primer número de la revista  de historia local sobre el vecino municipio el próximo viernes a las 19:00 horas en la Kultur Etxea de Zierbena.

Este trabajo de la Asociación Punta Lucero divulgara y revalorizará, sin duda, el patrimonio histórico-cultural de Zierbena y de su entorno y constituye un ejemplo a imitar en nuestro municipio.

Espero que esté primer número de la revista Punta Lucero sea el primero de una larga serie, y que encuentre el lugar que merece en las bibliotecas de nuestro entorno. Zorionak!!!

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