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Archive for the ‘Patrimonio arquitectónico’ Category

Hoy hace exactamente 50 años que se publicaba en el Boletín Oficial del Estado la orden ministerial mediante la cual se creaban numerosas escuelas de enseñanza primaria entre las que estaba la entonces denominada Colegio Nacional Virgen del Mar en Mamariga.

La prensa de la época, ABC y La Gaceta del Norte, también se hacían eco de la creación del nuevo centro escolar.

Sin embargo, la gestación del centro escolar venía de mucho antes. En marzo de 1946 el Ayuntamiento compró la finca en la que se erigía la antigua residencia de Francisco Mac Lennan para destinarla a fines benéfico-docentes.

En 1956 el mismo Ayuntamiento la cedió al Instituto Nacional de la Vivienda junto con otros dos terrenos adyacentes para constituir una única parcela destinada a la construcción del equipamiento escolar.

En 1961 el arquitecto José Ramón Basterra Larrea presenta los planos del proyecto: un edificio en forma de L, dos alas de 4 y 3 plantas respectivamente, con un total de 3.520 m2 construidos.

A muchos les sorprenderá que se planteaban dos escalinatas de acceso, una para niños y otra para niñas ya que en aquella época todavía había segregación por sexos en el sistema escolar. Una alumna que inauguró el centro me ha comentado que se podían utilizar indistintamente las dos escalinatas.

También se puede ver a la derecha la vivienda destinada al conserje, Deogracias Miguel Ramón Fernández “Tolo” y su familia. El popular conserje se jubiló en 1985 y falleció en 1996.

Pero no adelantemos acontecimientos. Continuando con la evolución del solar y la construcción del edificio, en marzo de 1962 se procedía a la demolición del chalet Mac Lennan.

En enero de 1966 se hacía público el convenio entre el Estado y el Ayuntamiento de Santurtzi para la financiación de las obras de construcción.

Conseguido el dinero, comienzan las obras y finalmente se inaugura el lunes 9 de octubre de 1967. La primera directora fue Isabel de la Torre Bilbao, a la que vemos en la siguiente fotografía, acompañada de la maestra de educación física y unas alumnas.

Una de las primeras imágenes a color del edificio se incluye en una típica postal anterior a septiembre de 1972 (la plaza está aún sin urbanizar). Probablemente es de 1968. Se aprecia la escalinata de acceso que aún existe.

De la evolución posterior del colegio destacaría el momento en que se autoriza a impartir la Educación General Básica (E.G.B.), establecida por la  Ley General de Educación de 1970, aunque inicialmente de modo experimental. La Orden se publicó en el B.O.E. el 4 de febrero de 1972. Posteriormente el colegio nacional pasa a denominarse Colegio Público impartiendo los ocho cursos de la E.G.B. de forma ordinaria. Una década después, ya denominado Centro Escolar Itsasoko Ama, despedía en 1995 a la primera promoción que había realizado sus estudios en euskera.

Ya más cerca en el tiempo se edificó, en 1985, un segundo edificio de 4 plantas con un total de 1.450 m2 construidos, se regularizaron y urbanizaron los espacios colindantes con la calle Mamariga, se amplió y cubrió el patio de recreo, se dotó de comedor escolar, se instaló un ascensor, etc. En la actualidad la parcela del centro es de 2.460 m2 contando las construcciones y la zona deportiva y de juegos.

También cambió la legislación al implantarse la Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.). A partir de ese momento, curso 1994/1995, el centro escolar pasa a impartir educación infantil y primaria. En resumen, un montón de cambios que han hecho del colegio Itsasoko Ama uno de los mejores centros escolares de nuestro municipio.

No podía concluir una entrada sin incluir una fotografía de mi promoción, los que comenzamos en 1975 y finalizamos en 1983.

También quiero aprovechar para recordar los nombres de mis tutoras y otros maestros y maestras de aquellos años:

  • Mis tutoras:

1.º- María Adonina Gómez Feito

2.º-  María Encarnación Sedano López

3.º- María Pilar Herrero Prieto

4.º- Rosa Carmen Berdote Mangas

5.º- Dolores García García

6.º- Keltze Eguzkitza Bilbao (lengua)

7.º- Keltze Eguzkitza Bilbao

8.º- Keltze Eguzkitza Bilbao

  • Otros maestros y maestras:

Isabel Arrese Uribarrena (sociales), entre 1978 y 1996.

Pedro Leza Gallego (matemáticas y ciencias)

Lutxi (inglés)

Jesús (gimnasia)

Marisol (gimnasia)

Filo (gimnasia)

Jasone (euskera)

Inés (matemáticas)

José Luis Ontoria (txistu)

Guillermina

Como siempre, toda colaboración para ampliar o corregir la información de la entrada será bien recibida.

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Las Jornadas Europeas del Patrimonio se celebran desde 1991 por iniciativa del Consejo de Europa en colaboración con la Unión Europea. Tienen como objetivo fundamental establecer una conexión entre la ciudadanía y su patrimonio. Visitas guiadas, rutas e itinerarios, conferencias, exposiciones, conciertos y otras manifestaciones culturales pretenden que el visitante se identifique con el lugar visitado, se reconozca en él, lo valore y promueva su conservación.

Como cada año, las Jornadas Europeas del Patrimonio cuentan con un tema, un hilo conductor que trata de dar unidad a las numerosas actividades que municipios, museos, asociaciones, empresas e incluso particulares ofrecen en Bizkaia. En esta ocasión tienen como tema central la construcción de nuestros paisajes culturales, en cuya conformación a lo largo del tiempo han intervenido factores naturales y humanos, procesos de gran complejidad y cuya comprensión hace necesaria una perspectiva territorial.

Las actividades organizadas por el Ayuntamiento de Santurtzi son, como siempre, muy interesantes:

Las visitas guiadas a la desembocadura de la ría y el Abra tendrán lugar los sábados 7 y 21 de octubre y comenzarán a las 10 de la mañana. Para apuntarse se puede acudir a la Oficina de Turismo, en el puerto pesquero, enviar un correo electrónico a turismo@santurtzi.eus o llamar al tfno. 94 483 94 94.

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El 8 de septiembre de 1972 tenían lugar en Santurtzi dos inauguraciones: la de la remodelada plaza de la Virgen del Mar en Mamariga y la de un nuevo equipamiento escolar. En esta entrada voy a centrarme en la segunda de esas inauguraciones.

A las antiguas escuelas ya les he dedicado dos entradas: una breve, la reseña del artículo publicado en ensanturtzi.com, y otra más extensa en la que el protagonista es Fermín Repáraz, maestro que desarrolló en ellas su labor docente durante 25 años. Las escuelas antiguas fueron construidas, según planos de Francisco de Berriozabal, en 1878 y con el paso del tiempo se habían quedado pequeñas y obsoletas. Así pues, a finales de los años 60 se hizo evidente la necesidad de edificar un nuevo equipamiento docente acorde con las nuevas necesidades y la recién aprobada Ley General de Educación de 1970 que estableció la Educación General Básica (E.G.B.).

En abril de 1970 se reformaba la estructura y organización escolar en nuestro municipio y concretamente se procede a ampliar la escuela graduada mixta en régimen de agrupación escolar denominada Fermín Repáraz. Contará a partir de entonces con trece unidades escolares y dirección sin curso (siete unidades escolares de niños, cinco de niñas y una unidad de párvulos). A tal efecto se integran en ella una unidad escolar de niños y cuatro de niñas que dependían del entonces denominado Colegio Nacional mixto Daniel Pereda. Con estas integraciones la agrupación escolar Fermín Repáraz tenía sus aulas repartidas en cuatro diferentes ubicaciones, tal como detalla la publicación Escuela Española según el callejero de la época:

Para hacer frente a todos estos cambios se construyó el edificio que ha llegado hasta la actualidad. El Ayuntamiento solicitó la correspondiente subvención al entonces Ministerio de Educación y Ciencia para afrontar una inversión cercana a los 6 millones de pesetas de la época. La nueva construcción albergaría ocho aulas con capacidad para 320 plazas, ¡40 alumnos por aula!

Se trata de una obra proyectada por tres destacados arquitectos: Juan Daniel Fullaondo Errazu (Bilbao, 1936 – Madrid, 1994),  Álvaro Libano Pérez-Ullibarri (Bilbao, 1921 – Donostia, 2010) y Fernando Olabarria Delclaux (Bilbao, 1939). Entre 1969 y 1972 Fullaondo, en colaboración con Olabarría y Líbano, construyó ocho grupos escolares en diferentes municipios vizcaínos (Bilbao, Durango, Markina, Santurtzi y Zaratamo) en los que se aprecia un carácter neorracionalista. Fullaondo consideraba que en los centros escolares, donde la cultura era protagonista, era conveniente insertar un factor cultural arquitectónico. A la vez, la economía y funcionalidad que requerían los edificios escolares eran adecuadas a la metodología racionalista. Del edificio destaca su expresionista volumen con la escalera como elemento protagonista y articulador.

La inicial Agrupación Escolar Mixta Fermín Reparaz sería la base del futuro colegio nacional del mismo nombre. En julio de 1972 el centro recibe el permiso para impartir E.G.B.; en septiembre de 1979 para impartir educación preescolar y en noviembre de 1987 para impartir educación especial. Los tiempos siguen cambiando y por Decreto 319/1997 de 30 de diciembre (B.O.P.V. de 20 de enero de 1998) se suprime el centro para entonces ya denominado Colegio de Educación Infantil y Primaria Fermín Repáraz. La documentación producida por el centro se trasladó al Archivo General de la Administración Pública de Euskadi en dos transferencias, la primera en 1997 y la segunda en 2002. Y, 20 años después, su rastro ha desaparecido de Santurtzi. No he encontrado apenas imágenes de los primeros años y muy poca información.

Con la clausura del colegio en 1997 se aprovechan sus instalaciones para reubicar el Euskaltegi Municipal en 2001, aulas de Educación Permanente de Adultos y, finalmente, la Escuela Oficial de Idiomas en 2009. También se aprovecha la planta baja para crear la sala Kresala.

Por todo esto se realizan diferentes modificaciones en el edificio, tanto en el exterior como en el interior (cambian los accesos, se cierran miradores, se añade la última planta, se instala el ascensor en el hueco de las escaleras, etc.).

En resumen, hoy conmemoramos el 45 aniversario de la inauguración del edificio y el 20 aniversario de la desaparición, para mí un tanto inexplicable, de un colegio público en nuestro municipio.

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Hace 190 años, el 1 de julio de 1827, el Ayuntamiento del Concejo de Santurce inauguraba y se reunía por primera vez en la primera casa consistorial de su historia. Hasta ese momento, las asambleas de regidores y vecinos, en el tradicional concejo abierto, se habían realizado en el cementerio anexo a la iglesia de San Jorge o bajo su pórtico. Hasta entonces, la iglesia parroquial había sido no solo el centro de la vida religiosa sino también de la civil del municipio y en su archivo se custodiaban no solo los libros de culto y clero, incluidos los de la cofradía de pescadores, sino también los libros de actas del concejo.

Por aquel entonces y hasta mediados del siglo XIX además de las asambleas concejiles existían otras reuniones de ámbito supramunicipal, como las de los Tres Concejos del Valle de Somorrostro (al que pertenecía el Concejo de Santurce), que se celebraban en San Bernabé de Urioste, y las asambleas correspondientes al conjunto de municipios de dicho valle de Somorrostro (Tres Concejos y Cuatro Concejos), que se reunían en torno al Pino del Casal. No había espacios propios dedicados exclusivamente a albergar las reuniones de síndicos y regidores. Se reunían bajo un árbol o, a lo sumo, en el interior de una ermita.

Pero hacia 1825 el Ayuntamiento del Concejo de Santurce vio la necesidad de dotar al municipio, entonces mucho más extenso, ya que incluía el actual término municipal de Ortuella y parte del de Portugalete y Sestao (Repélega y Rivas), de una sede administrativa, de una casa consistorial. El 5 de junio de 1825 se consideró la propuesta y el plano presentado por Juan (o José) Ignacio de Garmendia Ugarte, vecino de Santurtzi, para levantar un edificio destinado a casa ayuntamiento en el lugar denominado La Pólvora, porque allí se había guardado años antes la que se empleaba en las baterías de La Llana.

El nombre del maestro de obras no lo tengo claro. En su obra In Insula Maris, Goio Bañales lo denomina Juan Ignacio. En el blog Somorrostro lo denomina José Ignacio. En el Centro Vasco de Arquitectura también lo denominan José Ignacio. Y es que en esa época se afincan en Bizkaia dos hermanos, Juan Ignacio y José Ignacio, naturales de Beizama (Gipuzkoa), nacidos en 1779 y 1793 respectivamente,  y vecinos, en el momento de tramitar su permiso de residencia (para lo cual tenían que demostrar hidalguía) en 1831 en la villa de Portugalete. José Ignacio falleció en Santurtzi en 1843, en donde se había casado en 1822 con Nicolasa Eduvigis Arteaga Valle, y su hermano Juan Ignacio en Portugalete en 1846. Así pues, creo que lo más probable es que el maestro de obras en cuestión sea José Ignacio.

José Ignacio de Garmendia Ugarte presentó, en 1831, un fantástico y faraónico proyecto como ejercicio de examen a evaluar por el tribunal correspondiente para obtener el título de la reputada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El proyecto llevaba por título Casa consistorial para la villa de Santurce, en la provincia de Vizcaya.

Volviendo a la realidad, el Ayuntamiento de Santurce determinó ajustar con Garmendia las condiciones en que se realizaría la obra, comisionando para ello a los regidores Francisco de Salcedo y Manuel de Urioste. El 3 de julio de 1825 se decidió sacar a público remate, pero el asunto se fue demorando probablemente por falta de recursos económicos para sufragar la obra. El municipio carecía de liquidez ya que debía hacer frente a las deudas e intereses contraídos en los conflictivos años previos.

En el último tercio del año siguiente parece ser que el asunto volvió a retomarse y en los meses de septiembre y noviembre se apremió para que se iniciase cuanto antes la obra. Se encargó de las gestiones a Juan Tomás de Arrarte y se le autorizó a sacar nuevamente a remate la obra. Para junio de 1827 ya se había construido el edificio, pero aún quedaba que Juan Tomás de Arrarte tratase con los constructores la distribución de los espacios interiores.

El último ayuntamiento celebrado en el pórtico de la iglesia parroquial tuvo lugar el 24 de junio de 1827 y el primero que inauguró la nueva casa consistorial el 1 de julio del mismo año, bajo la presidencia del alcalde José Bonifacio de Arrarte, hermano de Juan Tomás.

Ese mismo año se decidió que, para mejorar las condiciones de la enseñanza en el municipio, se trasladase el maestro José García con todos sus alumnos al salón de plenos del edificio, donde se situaría la escuela durante los años sucesivos, hasta que se instaló a los locales que se habilitaron en el que había sido convento de la Merced (antecedente de las escuelas viejas o de Fermín Repáraz). El resto de salas que no fuese necesario utilizar habitualmente se pusieron a disposición de ser arrendadas para obtener algún beneficio para el municipio.

La primera casa consistorial estuvo en uso hasta comienzos del siglo XX, unos 75 años. Fue demolida para construir, entre 1903 y 1905, la actual que fue inaugurada el 23 de abril de 1905.

En la imagen que encabeza la entrada, datada hacia 1880, podemos ver la casa consistorial rodeada por un rectángulo rojo y, a la derecha, la capilla del colegio de las Hijas de la Cruz, delante del edificio del propio colegio. Bajo estas líneas una vista más amplia.

 

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A comienzos de año dediqué una entrada al 50 aniversario de la explosión del butano. En ella mencionaba que, para socorrer a los damnificados que se quedaron sin vivienda, el Ministerio competente construyó, en donde actualmente se ubica el parque de Mirabueno, una barriada de unos 200 barracones prefabricados que recibió el nombre de El Burgo. Hoy se cumplen 50 años de la entrega de las primeras viviendas y aprovecho para rescatar su historia.

La primera alusión a esta barriada aparece apenas unos días después del accidente. En el diario El Correo se publicaba el 20 de enero una reseña titulada “Santurce: se estudia la posible construcción de un Burgo como el habilitado en Santiago de Compostela prefabricado”. Unos días después, el 29 de enero, el diario ABC publicaba una noticia en la que se volvía a mencionar esa posibilidad.

El primero se refería expresamente al Burgo de las Naciones, una instalación hostelera provisional que se creó en Santiago de Compostela para acoger a los peregrinos en el Año Santo de 1965. El arquitecto Julio Cano Lasso fue el encargado de materializar un complejo compuesto por 47 pabellones prefabricados con característicos tejados de uralita que tenían que durar lo justo, pero que se convirtieron en un ejemplo de arquitectura efímera que, bien administrada, puede tener largo recorrido (los últimos pabellones sobrevivieron como alojamiento para estudiantes hasta bien entrados los años 90).

En Santurtzi para paliar la falta de viviendas, y dado el carácter de urgencia, se empleó un procedimiento similar. Se trataba de sistemas de prefabricación integral de la firma Uniseco y Secolin. El proyecto fue dirigido por José María Martínez Diego, Ramón Fradua y José Luis Ortega. Y no solo se emplearon técnicas similares a las de Santiago de Compostela sino que además se heredó el nombre, Burgo, que no tenía ningún antecedente en nuestro municipio.

De las características de las viviendas podemos encontrar referencias en el artículo publicado el 24 de febrero en La Vanguardia.

Dos fotografías de las obras de explanación del solar y cimentación de las viviendas prefabricadas.

El 21 de junio el diario ABC anuncia la inminente inauguración de la barriada y se menciona, por primera vez, la colocación de un monumento en honor a los bomberos que participaron en la extinción del incendio del butano.

El 1 de julio La Vanguardia daba cuenta de la inauguración de la barriada y proporcionaba información sobre las características de las viviendas y el coste total del proyecto: unos 50 millones de pesetas.

El jueves 10 de agosto se entregaban las últimas viviendas y se inauguró, al parecer, un monolito conmemorativo del que no he encontrado más referencias ni tampoco una imagen detallada.

Finalmente, el 28 de noviembre de 1967, ABC publicaba una noticia relacionada, en la que se daba cuenta del total recaudado en suscripción publica para los damnificados por la explosión del butano.

Tras la paulatina construcción de diversos grupos de viviendas (San Juan de Dios, etc.) a finales de los años 70 y comienzos de los 80, la barriada de El Burgo desapareció. En la noticia publicada en El Correo el día 13 de abril de 1984 (facilitada por Iñaki Cítores) se pronosticaba el final de El Burgo para 1986.

Ese año 1986 fue bastante conflictivo según se desprende de la lectura de estas dos noticias publicadas el 13 de junio y el 28 de septiembre, respectivamente.

Una de las últimas referencias que he encontrado ha sido el anuncio publicado en el B.O.P.V. el 20 de octubre de 1987.

Sin embargo, las obras no concluyeron totalmente hasta 1990.

En términos generales, su provisionalidad duró 23 años (1967-1990), casi tanto como su homónimo de Santiago de Compostela.

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La lucha de los estibadores portuarios en defensa de sus derechos laborales está a la orden del día y coincide, casualmente, con el sesenta aniversario de la inauguración de un grupo de viviendas ubicado en Las Viñas que es conocido precisamente como las casas de los portuarios.

Su construcción se enmarca en el proceso de urbanización acelerada de nuestro municipio, y de la margen izquierda en general, en los años 50 y 60 del pasado siglo para dotar de vivienda a una población en rápido crecimiento. Son muchas y variadas las soluciones urbanísticas que se ponen en marcha en Santurtzi en esa época (barrio San Juan, grupo Pescadores, grupo Aurora Vildósola, grupo Nafarroa, etc.) y este es otro más, con la particularidad de que se ubica en el centro de Santurtzi, en el ensanche que se planeó en los años 30 y que dio lugar al barrio de Las Viñas.

La historia de este grupo de viviendas comienza el 9 de noviembre de 1953 cuando se publicaba en el B.O.E. el anuncio de la subasta-concurso para la edificación de 56 viviendas protegidas y 5 lonjas en Santurtzi con un valor estimado en algo más de tres millones de pesetas de la época.

El proyecto de la edificación fue redactado por el arquitecto de la Obra Sindical del Hogar Luis Lorenzo Blanc (¿?, 1912 – Ronda, 1991), corresponsable de las viviendas del bilbaíno barrio de San Ignacio y de otros muchos edificios de viviendas o para usos industriales o terciarios en nuestro entorno (Barakaldo, Basauri, Erandio, Getxo, etc.).

La obra de Luis Lorenzo es un ejemplo de la corriente racional que se desarrolla al amparo de la Ley de Viviendas Protegidas de 1939: viviendas de pequeña superficie, pero probada eficacia, segura higiene y rigor funcional. Al menos, eso pensaban en su época.

Dos años después, el 7 de diciembre de 1955 se publicaba en el B.O.E. el anuncio de la expropiación forzosa del terreno en donde se construirían las viviendas en el que ya se especifica que irían destinadas a los obreros portuarios. La finca afectada se describe, retrotrayéndose a unas décadas antes, de la siguiente manera:

Tras aproximadamente un año de obras, las viviendas promovidas por los Servicios Portuarios del Ministerio de Trabajo en Bizkaia se inauguraron el 18 de junio de 1957, hace justo 60 años. El entonces ministro de Trabajo, el navarro Fermín Sanz Orrio, tuvo un día muy ajetreado. Comenzó inaugurando viviendas en Somorrostro, después en San Fuentes, luego en Sestao y, finalmente en Santurtzi, a donde llegó a las cinco de la tarde, precedido del obispo de la diócesis de Bilbao, el también navarro Pablo Gurpide.

Tras los consabidos discursos de rigor, el acto culminó con el descubrimiento de una placa en los porches soportales que homenajeaba a Francisco Ruiz Jarabo, antiguo subsecretario de Trabajo, quien al parecer impulsó la construcción de estas viviendas. La placa aún existe aunque está convenientemente anulada con pintura.

No parece que la denominación franquista oficial, grupo Francisco Ruiz Jarabo, tuviese mucha repercusión. Al contrario, el nombre popular, las casas de los portuarios, ha prevalecido hasta la actualidad aunque este apelativo se está perdiendo. Por otra parte, desde 1958 la calle se denomina Ramón y Cajal.

El grupo de viviendas, de cuatro alturas y sobrias fachadas con balcones en el eje de simetría, se organiza en torno a dos patios interiores gemelos a los que se accede desde el exterior por sendas arcadas porticadas (una de ellas modificada en la actualidad).

 

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El miércoles 26 de abril tuvo lugar la presentación en Mamariga Kulturgunea del excelente trabajo de investigación realizado por Joseba Trancho sobre el molino harinero que se levantó en el paraje de Cercamar a finales del siglo XVII y del que aún quedan ruinas de su fábrica, pero de cuya existencia prácticamente nadie tenía recuerdo.

El próximo sábado, 10 de junio, tendremos la oportunidad de conocerlo in situ gracias a la visita guiada que se ha organizado al efecto. Además, se visitará uno de los escasos lavaderos que se conservan en el municipio, construido en 1919, en el que se escenificará cómo hacían la colada nuestras amamas hace 100 años.

Los que pudimos asistir a la exposición de Joseba Trancho tuvimos la oportunidad de conocer, a modo de introducción, diversos aspectos relativos a los molinos, las diferentes tipologías que han existido y su evolución a lo largo de la historia. Después trató específicamente de los molinos hidráulicos y su estructura (elementos que forman la instalación hidráulica y la moledora). La tercera parte de la exposición la dedicó a explicar el proceso de molienda. Estos tres primeros apartados nos ayudaron a comprender la importancia social y económica de estos ingenios que resultaron ser fundamentales en una sociedad eminentemente agrícola como era la anterior a la Revolución Industrial.

Finalmente, Joseba Trancho se centró en el trabajo realizado sobre el molino harinero que hubo en Cercamar, el molino más antiguo de los tres o cuatro de los que se tiene constancia en Santurtzi. Según su investigación, el de Cercamar no llegó a los cien años de vida. Sin embargo, es innegable su valor histórico como parte importante del patrimonio, presente o desaparecido, de Santurtzi.

Otros molinos, como el de Villar, no han dejado rastro físico pero sí en la toponimia histórica, dando lugar a la denominación río del molino o río del molino del Mello que hace referencia a un molino perteneciente en algún momento a un propietario apellidado Etxeandia. De este molino tenemos una clara referencia en una noticia publicada en el periódico La España el 19 de diciembre de 1860. Somo es un lugar del Serantes, toda la cuesta entre Villar y Las Pozas.

Otro molino se ubicaba casi en la desembocadura del arroyo de Las Viñas o de Los Pobres de Oyancas, en las inmediaciones de la actual casa consistorial, y fue propiedad de la familia Murrieta. No hay mucha más información al respecto.

Sobre el molino de Cercamar, del que tuvo conocimiento gracias a un comentario casual de un vecino de Mamariga, Agapito Bilbao Luis que en su juventud vivió en un caserío próximo, Joseba Trancho ha realizado un completo trabajo de investigación con el objetivo de rescatarlo del olvido. De ese trabajo he extraído la mayor parte de la información que presento a continuación.

Los restos del molino y de la casa del molinero se encuentran ubicados en la falda norte del Serantes, en una parcela propiedad de Repsol Butano, cruzada por el antiguo camino carretil (en amarillo) que comunicaba el núcleo de Santurtzi con Zierbena a través de Mamariga, Regales, Higareda, Ontanillas, Cercamar y El Calero. Hay que tener en mente que la actual carretera (en rojo) no existía y ni tan siquiera se imaginaba hasta finales del siglo XIX. Sus ruinas (señaladas con la flecha naranja), recubiertas de zarzas y vegetación diversa hasta hace unas semanas, han pasado desapercibidas a los ojos de las pocas personas que transitaban por ese paraje. El siguiente mapa de comienzos del siglo XX nos puede ayudar a ubicarnos.

Y este es el croquis que Joseba Trancho ha realizado de toda el paraje en donde ha señalado el camino carretil que salvaba el arroyo mediante un puente, probablemente de piedra, del que no hay vestigios, la balsa de agua, la presa y, junto a ella, el molino. Unos metros aguas abajo la casa del molinero. Tanto desde el molino como desde la casa del molinero partían sendos caminillos que enlazaban con el principal.

Su valor arquitectónico es muy escaso pues, además de su estado ruinoso, se trataba de un molino muy sencillo, de planta cuadrada, construido en mampostería y similar a otros de la época: dos plantas, la estolda (término con el que en Encartaciones se denomina el cárcavo o cárcamo) donde se encontraba el mecanismo que permitía la rotación de la muela y, sobre ella, la sala de molienda.

Se conserva parte de la presa que recogía el agua en una balsa de unos 300 my parte de las paredes de la estolda. Todo el piso de molienda ha desaparecido. Cerca están los restos de la casa que se supone que era del molinero.

Tras seis meses de trabajo, el investigador ha podido constatar que la vivienda data del siglo XVI. Según la documentación conservada en diferentes archivos, Ochoa de Salazar, biznieto del banderizo y cronista Lope García de Salazar, heredó la casería (vivienda principal y diversas dependencias anejas) de Cercamar hacia 1535 y esta no incluía un molino. Alguno de los sucesores ordenaría su construcción pero no se ha encontrado documentación de la época que lo corrobore. Hay un largo lapso de tiempo durante el cual se desconoce cómo se transmite la propiedad de la casería de Cercamar hasta llegar a 1759 cuando los descendientes o herederos de Ochoa de Salazar, que residían en Villarcayo, vendieron el molino ya en estado ruinoso.

La construcción se habría hecho necesaria debido a la existencia de abundantes campos de cereal en toda esa ladera del Serantes que la toponimia histórica nos confirma. La Primera Mies, la Segunda Mies y la Tercera Mies son términos que nos indican terrenos se dedicaban al cultivo de cereal (pan sembrar). La calidad de la tierra para cultivar viene determinada por la geomorfología de la ladera del Serantes y las sucesivas fases de glaciación y deshielo. La existencia en ese amplio paraje de un arroyo aprovechable para emplear su caudal como fuerza motriz determinó dónde ubicar el molino para moler la cosecha.

La explicación de su corta vida en funcionamiento se centra en la introducción del maíz en nuestro entorno a comienzos del siglo XVII ya que el molino estaba destinado a moler exclusivamente trigo. El maíz, como el mijo al que en buena parte reemplazó, era un cereal de primavera. Se plantaba en esa estación y se recogía por septiembre, frente a los cereales como el trigo, plantados en invierno y segados en junio, julio o agosto. El maíz, por tanto, desde que se sembraba hasta que se cosechaba sólo pasaba en tierra unos seis meses, de ahí que se le denomine cereal de ciclo corto. Por este motivo la tierra podía descansar aproximadamente medio año, tiempo suficiente para reponer espontáneamente su capacidad nutricional y, junto al añadido de excrementos animales y sobre todo de rozo cortado (maleza, helechos, etc), permitir un cultivo intensivo, desplazando al sistema de año y vez.

Las limitaciones estructurales del molino tampoco facilitaron su adaptación a los cambios en los cultivos. Los molinos grandes tienen dos rodetes: una para trigo y otra para maíz. Pero el molino de Cercamar era pequeño y si quería moler maíz, debía cambiar las piedras. Joseba Trancho proporcionó durante la presentación del trabajo unas interesantes estimaciones de la producción media de cereal por hectárea cultivada (entre 30.000 y 40.000 kg al año) y la capacidad de procesado del grano del molino (unos 30 kg a la hora), funcionando entre 4 y 6 meses al año (en función del régimen de precipitaciones y disponibilidad de agua). Teniendo en cuenta todos estos factores y los cambios introducidos en los cultivos, al final, dejó de ser rentable al cultivarse menos trigo y más maíz y acabó siendo abandonado y sepultado por la vegetación circundante. A partir de entonces, el cereal cultivado en el Santurtzi costero, una vez separado el grano de la paja, se tenía que transportar en sacos a lomos de caballería (más burros que caballos) hasta otros molinos más alejados.

El arroyo, por su parte, también ha sufrido ulteriores transformaciones, fundamentalmente a finales del siglo XIX, cuando se aprovechó su caudal para el abastecimiento de aguas a la población del municipio. Mas recientemente, en pleno siglo XX, se construyó un abrevadero para el ganado.

En el Serantes, además de las ruinas del molino podemos encontrar otros elementos de importancia histórica y etnográfica como son los caleros (uno en la ladera sur y otro en la norte que ha dado lugar al topónimo El Calero) y los lavaderos. De los catorce censados se conservan dos: uno en Sorías, totalmente cubierto por la vegetación, y otro en Ontanillas, recientemente restaurado, que también es objeto de esta visita. Las dos siguientes fotografías ilustran el antes y el después.

Se aprovechará para escenificar una estampa costumbrista, la limpieza cotidiana de la ropa por parte de nuestras amamas. No debemos olvidar que la inexistencia de agua corriente en las casas del siglo XIX y buena parte del XX hizo que las mujeres de aquella época tuvieran que servirse de las fuentes públicas y los lavaderos comunitarios, a los que acudían con los baldes de ropa sobre sus cabezas, para abastecerse de agua y mantener limpia la ropa de sus hogares. Una labor dura y exigente que muchas veces se hacía en lavaderos al aire libre o apenas techados en los que el viento y el frío castigaban la piel y los huesos de estas esforzadas amas de casa a las que la llegada al hogar con el balde de la ropa aún les esperaban numerosas tareas y responsabilidades.

Las siguientes imágenes pueden darnos una idea de como era la actividad que se desarrollaba en un lavadero. La primera corresponde a Muskiz, la segunda al lavadero de La Txitxarra y está fechada en 1943.

A los lavaderos les dedicaré una entrada específica más adelante para incluir los edificados en el núcleo urbano del municipio. Y para ubicar mejor todos los topónimos que he ido mencionando nada mejor que consultar la excelente obra de Carlos Glaría titulada Santurtzi, entidad histórica, lengua y toponimia.

Para hacerse una idea de un molino del periodo preindustrial os recomiendo una visita a la ferrería del Pobal, en el vecino municipio de Muskiz.

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