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Una vez repasada la historia del parque voy a centrarme en su elemento más singular, el kiosco de música. En primer lugar, es necesario tener en cuenta algunas consideraciones generales acerca de este tipo de edificación. Os remito a la lectura del artículo Una arquitectura para la música, el kiosco del arquitecto e historiador Iñaki Uriarte del que he extraído algunas ideas.

El kiosco o gazebo es un templete techado de planta simétrica (circular o poligonal) empleado como exótico mirador y elemento ornamental en los jardines palaciegos desde la segunda mitad del siglo XVII. En la siguiente imagen podemos ver a la vez dos ejemplos, uno de estilo clásico y otro de estilo oriental, en los Jardines del Príncipe en Aranjuez.

En el siglo XIX se suceden significativas transformaciones políticas, sociales y urbanísticas. Las nuevas políticas de ordenación urbana de las ciudades y el desarrollo de nuevos hábitos populares (la música deja de ser patrimonio de las elites) hacen que el kiosco de música se convierta en un elemento arquitectónico destacado en plazas, parques y bulevares.

Deviene una construcción elegante, diseñada para acomodar a las bandas de música tan de moda en la época. Sigue siendo una construcción muy abierta, simétrica con relación al eje central y de planta circular o poligonal, pero de mayor tamaño que su antecedente. Consta de un sólido basamento o zócalo de piedra o ladrillo sobre el que se sitúa la escena. La cubierta sostenida por columnas debe cumplir con ciertos requisitos acústicos y, a la vez, proporcionar abrigo básico ante las inclemencias meteorológicas. Para proporcionar mayor protección la cubierta sobresale a modo de alero.

Inicialmente eran modestas estructuras de madera, incluso sin techumbre. Con el tiempo se construyen en metal. El hierro fue empleado desde el último tercio del siglo XIX por su robustez, ligereza y posibilidades de moldeado. Existían catálogos con diferentes modelos de kiosco fabricados por diversas empresas de fundición. En numerosas localidades fueron proyectados ex novo por sus arquitectos municipales, pero también era muy habitual emplear como referencia piezas y elementos de esos catálogos, adaptándolos a las circunstancias concretas de cada lugar. La adecuada combinación de materiales, proporciones y ornamentos en una construcción tan simple, era fundamental para lograr una obra bella y correctamente integrada, ofreciendo la sensación de solidez en su base y ligereza en el resto.

Actualmente, debido a su escaso uso y falta de mantenimiento en algunos casos, porque se les considera simples peanas multiusos, padecen una preocupante desfiguración. Casi ningún municipio los destaca como una construcción de valor arquitectónico. Apenas están protegidos culturalmente, excepto si se insertan en un centro histórico o conjunto monumental. Y, sin embargo, aún en la soledad de su silencio emiten emoción y armonizan un lugar. En Santurtzi tenemos la suerte de haber sabido mantener nuestro kiosco de música en muy buen estado. Y además, el Ayuntamiento ha invertido en su conservación, sobre todo en la última década.

Respecto a la historia y evolución de los kioscos de música, Santurtzi constituye un buen ejemplo. Tenemos que remontarnos a los últimos años del siglo XIX para constatar la presencia de un kiosco de música de madera, desmontable y sin cubierta. Esto último era un inconveniente ya que en caso de lluvia la actuación de la banda de música y el baile se suspendían o se trasladaban al lugar techado más próximo, al pórtico de la iglesia de San Jorge. Este apaño finalizó a comienzos de 1919 cuando se prohibió utilizar el pórtico para estas lúdicas actividades, a petición del párroco Jenaro Oraá.

De este tipo de kiosco documentamos gráficamente dos modelos. Uno cuadrangular, que parece el más antiguo. Es apenas un tablao elevado con una estrecha escalera de cuatro peldaños y sencilla barandilla perimetral de largos travesaños horizontales. Se ubicaba en la entonces plaza del pueblo, la plaza del solar denominada con el tiempo plaza Juan José Mendizábal.

El segundo, documentado en la primera década del siglo XX es más elaborado. Sigue siendo de madera, pero es más amplio y más elegante. Tiene forma octogonal y tupida balaustrada de travesaños verticales torneados. En las fotos no se aprecia bien, pero podría tener unos altos y delgados soportes para sostener un toldo.

Finalmente, en 1917, aprovechando la transformación de parte de la explanada generada por el relleno en parque y jardines se edifica en el centro el actual kiosco de música. Ya en 1913 se había previsto la necesidad de edificar un kiosco estable. El primer proyecto fue el del arquitecto municipal Mario Camiña Beraza. Era el proyecto que se adjuntaba a la petición de cesión en arriendo de los terrenos para destinarlos a parque y jardines.

El kiosco diseñado por Mario Camiña constaba de dos cuerpos: el inferior de piedra y el superior formado por una estructura metálica. El primero tenía planta octogonal que se transformaba en cruciforme gracias a los cuatro pórticos sostenidos por pequeñas columnas. En el centro se planeaba un pequeño bar. El cuerpo superior, más estilizado, repetía la planta del inferior. Sobre el octógono central se elevaban ocho finas columnas metálicas que sostenían una desarrollada y decorativa cubierta con amplio alero.

Se desconocen las razones por las que este proyecto no se llevó a cabo. Quizás fuese la cuantía de la obra, la falta de tiempo para ejecutarlo o simplemente que Mario Camiña ya no era el arquitecto municipal.

El segundo y definitivo proyecto fue realizado por Ramiro Leza Agost. El tiempo apremiaba. En noviembre de 1916 el Ayuntamiento acuerda dirigirse a Ramiro Leza, excelente dibujante nacido en Madrid y formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En aquel entonces era delineante del Ayuntamiento de Getxo y tenía experiencia y reputación. Además, se aprovechó para abrir una suscripción popular para la financiación de las obras.

Para principios de diciembre Ramiro Leza ya tenía el proyecto, los planos y el presupuesto. A finales de ese mes el proyecto recibía el informe favorable de la Comisión municipal de Fomento, que además estimaba oportuno separar las obras: por una parte el parque, por otra el kiosco. Ramiro Leza redactaría los pliegos de condiciones para la realización de las obras y asumiría también la dirección facultativa. Como he comentado en la entrada precedente, a comienzos de enero de 1917 se sacaba a subasta las obras del parque, que se adjudicaban a finales de ese mismo mes a Pantaleón Rementería. Las obras para acondicionar la explanada como parque público se dieron por terminadas en junio de 1917.

Respecto al kiosco, el proyecto de Ramiro Leza se aprobó en febrero. Tras una primera subasta que quedó desierta, a finales del mes de mayo se adjudicaba al portugalujo Víctor Aroma por 7.900 pesetas. La obra finalizó en octubre. El 29 de diciembre de 1917 se aprueba la liquidación de las obras por la cantidad de 8.560’63 pesetas. Sin embargo, el director de las obras del parque, Ramiro Leza, encuentra deficiencias en el tejado del kiosco y propone el 20 de enero de 1918 tomar medidas para su subsanación porque en algunos aspectos no se ejecutaron conforme a las prescripciones técnicas.

Finalmente, la ceremonia de inauguración y bendición del parque y del kiosco tuvo lugar el domingo 31 de marzo de 1918 a las 12 horas. Las deficiencias se subsanaron en abril y con la instalación de las luces ese mismo mes concluyó la obra.

El kiosco que diseñó Ramiro Leza es un digno y elegante ejemplo de la arquitectura ecléctica de la época. Sobre una plataforma de planta circular se sitúa el escenario sobre el que se alzan nueve columnas de piedra unidas por arcos de medio punto que sostienen una original cubierta: una cúpula con visera en todo su perímetro recubierta con tejas planas lagrimadas.

Disponía también de un sótano dedicado a almacén al que se accede por una pequeña puerta situada a la izquierda de la escalera de acceso a la escena.

Así valoraban la originalidad del kiosco en la prensa de la época.

Según el proyecto, el kiosco tendría las siguientes características, según nos cuenta el historiador Víctor Arroyo en su segundo volumen dedicado a la Historia de Santurtzi, pág. 26 y 27:

En los años veinte se añade la balaustrada de estilo clásico que ha permanecido, aunque en deficiente estado, hasta la última reforma de 2009 durante la cual se ha sustituido por otra más ligera de acero y cristal más acorde con el proyecto original.

Entre mayo y julio de 1992 se sustituyó el jardín perimetral por un mosaico de cerámica refractaria de alta resistencia compuesto por 256 placas trapezoidales y 56 rectangulares. El mosaico, obra de Iñaki Martínez Coco (Barakaldo, 1962), reproducía vistas de la ría y de los pueblos de las márgenes. No he conseguido, de momento, imágenes de detalle.

En 1994 la Diputación de Bizkaia editó una interesante obra titulada Bizkaiko musika kioskoak = Kioscos de música de Bizkaia. Se trata de un inventario de estas edificaciones en el cual destaca por sus singulares características el kiosco de Santurtzi,  protagonista de la cubierta del libro.

Al parecer, es nuevamente restaurado en 2002 (desconozco la trascendencia) y finalmente en 2009. En esta última intervención se suprime el mosaico colocado en 1992 y las palomillas que sujetaban unos clásicos faroles.

Presenta, sin embargo, una especie de gárgolas por donde desagua el agua de lluvia acumulada en la cubierta que a mí no me gustan nada.

El kiosco, además de su valor patrimonial, tiene relevancia por otro motivo también relacionado con la memoria histórica. En el perímetro del zócalo y en el interior de la cúpula se han ido colocando anualmente unos relieves cerámicos conmemorativos realizados por Paco Presa Merodio. Les he dedicado dos entradas:

En la siguiente imagen, composición de Alfredo Bilbao, se pueden ver todos los relieves del zócalo:

Nueve personajes que destacan por su compromiso con el municipio en muy diversas facetas sociales:

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El 31 de marzo de 1918, hace hoy un siglo, se celebraba solemnemente la inauguración del parque, ahora llamado de Santurtzi, y de su emblemática construcción, el kiosco de música.

Cien años de historia que voy a intentar resumir en esta entrada, tratando primero del parque. En una entrada consecutiva me centraré en el kiosco de música.

El espacio que ocupa el parque de Santurtzi, la antiguamente denominada concha de Santurce, es terreno ganado al mar a comienzos del siglo XX. Todo lo que se ve en color beis y azul en la siguiente ilustración que reproduce el litoral santurtziarra en 1901.

Era consecuencia de las obras de encauzamiento de la ría y mejora de su navegabilidad que se habían iniciado con la construcción del muelle de hierro para eliminar la barra de Portugalete. La construcción de muelles al abrigo del rompeolas y la previsible llegada del ferrocarril (demorada casi 20 años) obligó a rellenar y alinear el frente costero. En 1906-1907 se construyó el dique que desde Peñota llegaba al rompeolas. Hacia 1911 ya se había completado el relleno, pero no se había dado uso a la amplia explanada resultante del mismo.

El Ayuntamiento de Santurtzi solicita en marzo de 1913 la cesión del espacio sobrante del previsto para dar acceso al puerto exterior para destinarlo a parque público al Ministerio de Fomento. En la solicitud se incluye un proyecto de urbanización (incluye parque y kiosco) redactado por el arquitecto Mario Camiña Beraza, que fue arquitecto municipal de Santurtzi durante esos años.

Como todo terreno ganado al mar, el relleno es propiedad del Estado, sobre el que ejerce su jurisdicción la Junta de Obras del Puerto de Bilbao, dependiente del citado ministerio. Un año después, el 14 de mayo de 1914, mediante Real Orden, se accede a la petición en régimen de concesión administrativa.

Una vez recibida la respuesta del Ministerio de Fomento, el Ayuntamiento decide abrir un nuevo expediente para solicitar no su arriendo sino la plena propiedad del terreno. Nunca hubo respuesta y mientras tanto, la explanada seguía tal cual. A finales de 1916 estaba a punto de expirar el plazo que el Estado había dado para hacer efectiva la cesión. El Ayuntamiento tenía que licitar las obras rápidamente para que su ejecución se realizase en plazo. Se desconocen las razones por las que no se ejecutó el proyecto de Mario Camiña. Quizás fuese la cuantía de la obra, la falta de tiempo para ejecutarlo o simplemente que Mario Camiña ya no era el arquitecto municipal.

En noviembre de 1916 el Ayuntamiento acuerda dirigirse a Ramiro Leza Agost, nacido en Madrid y formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En aquel entonces era delineante del Ayuntamiento de Getxo y tenía experiencia en la planificación y diseño de jardines y parques. Además se abrió una suscripción popular para la financiación de las obras (se recaudaron 2.095 pesetas). A principios de diciembre Ramiro Leza ya tenía el proyecto, los planos y el presupuesto. Presentaba un cuidado trazado más o menos concéntrico en torno al kiosco de música.

A finales de ese mes el proyecto recibía el informe favorable de la Comisión municipal de Fomento, que además estimaba oportuno separar las obras: por una parte el parque, por otra el kiosco. Ramiro Leza redactaría los pliegos de condiciones para la realización de las obras y asumiría también la dirección facultativa. A comienzos de enero de 1917 se sacaba a subasta las obras del parque, que se adjudicaban a finales de ese mismo mes a Pantaleón Rementería por 4.512 pesetas. Las obras para acondicionar la explanada como parque público se dieron por terminadas en junio de 1917.

Las condiciones del arriendo del terreno acordadas entre las partes se aprobaron en la sesión del Ayuntamiento celebrada el 20 de junio de 1917. Tres meses después, el 15 de septiembre de 1917, el alcalde Juan Jose Mendizabal y el presidente de la Junta de Obras del Puerto Ramón de la Sota rubricaron el contrato de arriendo. De las siete condiciones es interesante resaltar la segunda: No podrá el Ayuntamiento levantar otras construcciones que un kiosco para la música, debiendo dedicarse el resto del terreno a jardines públicos. La renta anual que el Ayuntamiento debía pagar era simbólica: 50 pesetas.

La construcción del kiosco, diseñado también por Ramiro Leza Agost, se acordó en febrero y finalizó en octubre, pero una serie de deficiencias alargaron la recepción de la obra unos meses más. Finalmente, la ceremonia de inauguración y bendición del parque y del kiosco tuvo lugar el domingo 31 de marzo de 1918 a las 12 horas.

A finales de 1917 se acuerda trasplantar 21 árboles de la actual plaza Juan José Mendizabal al nuevo parque. Y poco a poco se fueron plantando numerosas especies arbóreas, algunas poco habituales hasta entonces: secuoyas de California, cedros del Himalaya, aligustres del Japón y palmeras americanas y africanas, entre otras. El Ayuntamiento y la sociedad Bihotz Gaztea editaron en 2005 una publicación al respecto.

Algunas fuentes apuntan a que este espacio ha sido declarado parque de interés histórico-artístico, pero yo no he encontrado ninguna referencia al respecto. Sin embargo, es cierto que fue declarado Conjunto de Conservación Integral según el PGOU aprobado definitivamente por Orden Foral 140/1998, de 12 de marzo, del Departamento de Urbanismo de la Diputación Foral de Bizkaia.

En 1981, el Estado transfirió la propiedad del terreno que constituye el parque al Ayuntamiento de Santurtzi. Desde entonces puede intervenir con total libertad sobre este espacio. La primera gran renovación que he documentado es la que se ejecuta en 1985. Así nos lo contaban en la prensa el 1 de marzo de 1985.

A comienzos de la década de los noventa del pasado siglo, la denominada calle peatonal se aprovecha para construir un aparcamiento subterráneo.

En 2003 se instalan sobre los parterres varias esculturas que forman parte del  denominado Museo de Esculturas al aire libre.

El 10 de julio de 2003 se inauguró la nueva estación de ferrocarril, ubicada 100 metros antes que la anterior. Dejó libre un espacio que se utilizó como aparcamiento provisional en superficie (y años después subterráneo). También se aprovechó para construir un tanque de agua de tormentas de 12.000 metros cúbicos de almacenaje (inaugurado el 10 de diciembre de 2007) y dos pequeños edificios unidos por una pérgola. El primero acoge la oficina de información juvenil, el Gaztebox, inaugurada el 18 de diciembre de 2007. El segundo da acceso a la maquinaria del tanque de tormentas. El 16 de mayo de 2008 se inauguraba, además, un área de juegos infantiles de casi 700 metros cuadrados.

La segunda gran renovación tiene lugar en 2009. Los trabajos costaron algo más de tres millones de euros, financiados por el primer Fondo Estatal de Inversión Local. Las obras comenzaron en junio y la reforma se inauguró el sábado 27 de febrero de 2010.

Se renovó el pavimento, la red de saneamiento, la iluminación, los aseos públicos y el mobiliario urbano. También se instaló un sistema de riego automático para los jardines. Una vez concluidas las obras, el parque ganó un 10% de zonas verdes. Además, se plantaron veinte árboles más, ocho de los cuales sustituían a los árboles muertos. En total, tras la reforma, el parque contaba con aproximadamente 150 ejemplares.

Durante la reforma, tuvo lugar un curioso hallazgo. Bajo los jardines se encontró un espacio olvidado que sirvió como refugio durante la Guerra Civil, pero originalmente diseñado para acoger aseos públicos, según parece. No tiene valor arquitectónico, pero sí simbólico. Fue sepultado de nuevo, pero una placa en el suelo señala su ubicación.

Otro de los elementos más característicos del parque, exceptuando el kiosco, la fuente de los monos, también fue renovada completamente en 2009, aunque la nueva mantiene una notable semejanza con la sustituida, instalada en 1974. Sin embargo, no fue la primera, sino la tercera fuente ornamental que ocupaba ese mismo lugar. Y siempre con polémica derivada de las condiciones del arriendo que solo permitía una edificación en el parque, el kiosko.

En principio, en 1918 se trasladó la fuente ornamental de 1882 que se ubicaba delante del palacio de Casa Torre, junto a la entrada de la antigua Escuela de Náutica.

Sin embargo, en 1922 se tuvo que trasladar unos 50 metros más al este, fuera del terreno ganado al mar, a consecuencia de la denuncia de una vecina, Liboria de la Iglesia, que mantenía un contencioso, sin relación con el parque, con el Ayuntamiento.

Luego, hacia 1926, se instaló una pequeña fuente de cantos rodados y pequeño surtidor y cascada. En la imagen podemos observar las dos fuentes: en primer lugar la de cantos y en segundo plano, casi en línea recta, la fuente de 1882.

Otra imagen de la fuente y del paseo de los rosales desde la perspectiva opuesta.

En la reforma de 2009 se eliminó la estructura ya abandonada de la gasolinera que había dejado de dar servicio hacia ya un año. La eliminación de esta peligrosa actividad había sido una de las reivindicaciones más demandadas de los vecinos próximos. El primer surtidor se instaló entre 1927 y 1930 en el lugar que ahora ocupa la escultura del Niño pescando, más o menos. La proximidad del surtidor a la iglesia facilitó su incendio en 1932.

Desde 1967 se ubicó en el lado opuesto del parque, junto a los baños, hasta que dejó de dar servicio a comienzos (primavera) de 2008.

El 29 de marzo de 2010, apenas un mes después del estreno del renovado parque, se inauguró un nuevo elemento ornamental, la estatua del niño pescando que nos recuerda y señala hasta donde llegaba el mar a comienzos del siglo XX.

En 2012 se procede a su ampliación en más de 8.600 metros cuadrados de zonas verdes sobre la cubierta del aparcamiento subterráneo. Se trató de un novedoso proyecto de urbanismo denominado “Los barcos traen promesas” en el que el uso y disfrute por parte de los ciudadanos es el principal objetivo, con especial atención a la vegetación, alternando praderas, jardineras, parterres en forma de olas de césped, etc. y con una iluminación que cobra gran importancia. Este diseño fue el más votado entre los siete presentados al concurso de proyectos para la ampliación del parque. Se inauguró el 24 de julio de ese mismo año.

Y a lo largo de sus cien años de vida, el parque ha cambiado su denominación oficial en varias ocasiones, al compás de los tiempos. En algunos documentos de 1923-1926 se le llama parque de Murrieta, quizás por confusión o por metonimia. Oficialmente, se denominó en primer lugar, el 30 de abril de 1927, parque Alfonso XIII. Con el advenimiento de la II República pasó a llamarse parque Galán y García Hernández el 26 de abril de 1931. Tras la ocupación de nuestro municipio por las tropas franquistas el parque recibió un nuevo nombre, el parque del Generalísimo Franco, el 7 de julio de 1937. Finalmente, el 15 de mayo de 1980, se denominó parque de Santurtzi.

Cien años después siguen plenamente vigentes las palabras con que finalizó su discurso el alcalde Juan José Mendizabal.

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Febrero es un mes significativo para el elegante chalet Sanginés, tristemente desaparecido. En febrero de 1878 (hace ahora 140 años) aparece la primera referencia a su construcción y en febrero de 1973 (hace ahora 45 años) se procedió a su demolición. Durante su casi un siglo de vida fue, en mi opinión, la mansión familiar más sobresaliente del patrimonio arquitectónico de nuestro municipio. Y ya es hora de dedicarle una entrada.

Todo comienza, hasta donde he podido investigar, a finales de febrero de 1878. Ángel Balparda, entonces vecino de Portugalete, solicita al Ayuntamiento del Concejo de Santurce licencia para quitar temporalmente unos árboles recién plantados en el paseo de la avenida Murrieta. Estos árboles impedían el acceso a una finca en donde se iba a comenzar a edificar una vivienda unifamiliar para su yerno José Sanginés Umaran. Se trata de una de las primeras residencias, villas o chalets construidos sobre la costa santurtziarra entre el antiguo puerto pesquero y Peñota, en el límite con Portugalete, durante la Belle Époque.

Para valorar en su justa medida el chalet Sanginés es imprescindible leer con detenimiento un documentado artículo de Maite Paliza Monduate titulado La importancia de la arquitectura inglesa del siglo XIX y su influencia en Vizcaya.

La arquitectura inglesa de la época victoriana (1837-1901) ejerció gran influencia en la de otros muchos países, sobre todo en la arquitectura residencial. La casa en sus numerosas versiones fue la gran protagonista de la arquitectura inglesa de la época. Es un fenómeno que se denomina Domestic Revival. Estuvo dominado por dos corrientes: por un lado, el Historicismo o Eclecticismo con una gran variedad de estilos (Neogótico, Old English, Reina Ana) y, por otro lado, el Pintoresquismo (con rasgos de Orientalismo y Romanticismo). En multitud de edificios podemos apreciar, mezcladas, influencias de los diferentes estilos.

En el caso del chalet Sanginés, el estilo arquitectónico empleado es el Reina Ana victoriano (no hay que confundirlo con el Reina Ana del s. XVIII) con algunos rasgos del Neogótico y Old English. El estilo Reina Ana nace en los años 70 del siglo XIX. Emplea, como el Old English, el ladrillo visto. Tiene una concepción asimétrica del edificio. Las ventanas se colocan con libertad y el tipo preferido es el de guillotina, de madera pintada de blanco y múltiples paneles de cristal. También se emplean los miradores oriel-window y bay-window. En las fachadas pueden aparecer motivos decorativos como pilastras de ladrillo, hornacinas con algún motivo escultórico y jarrones enlazados por guirnaldas y girasoles. Los hastiales tenían formas variadas, aunque eran típicos los que acababan en esquemas avolutados. Los tejados, como los el Old English, eran muy complicados y tenían ventanas que correspondían a habitaciones abuhardilladas.

Las fotografías nos permiten hacernos una idea más clara del estilo arquitectónico empleado en el chalet Sanginés.

Otros ejemplos de casa con torre-faro, cada una en su estilo y muy reformadas, se conservan todavía en diferentes localidades de nuestro entorno: Villa Clotilde en Bakio [su historia en este enlace] y Kurutz Alde en Lekeitio, sin ir más lejos.

Como he comentado, la construcción del chalet es una iniciativa del galdamés José Sanginés Umaran que cinco años antes, en 1873, se había casado en la iglesia de San Jorge con María Encarnación Balparda Baladia, nacida en Santurtzi en 1853 y fallecida en 1902. M.ª Encarnación era hija de Ángel Balparda Gorrondona, alcalde del Concejo de Santurce entre 1868 y 1872, y de su segunda esposa, María Encarnación Baladia Quintana.

José Sanginés, nacido en el barrio de Montellano de Galdames en 1829, era el típico propietario benefactor de la época, el equivalente a nuestro Cristóbal Murrieta. Era el cuarto hijo de José Sanginés y Ramona Umaran. En el siguiente cuadro, obtenido del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, podemos observar las diferentes grafías de los apellidos.

Su familia había poseído dos ferrerías y un molino. En 1863 edificaron una gran casona, actualmente en ruinas, en el solar en el que había arraigado el linaje en Galdames. Imágen facilitada por Nagore Orella Ruiz, del grupo de Facebook Montellano-Galdames.

También contribuyó a la financiación del retablo del altar mayor de la iglesia de Santa María de Montellano, instalado en 1869. Y sostenia a sus expensas una escuela de instruccion primaria. Así nos lo presentaban en la prensa de la época. 

José Sanginés y Encarnación Balparda tuvieron varios hijos. Los cinco primeros están bautizados en Bilbao, lo que probablemente indica que residían allí. El sexto está bautizado en Portugalete en 1881 y los dos últimos en Santurtzi en 1882. Además, sin cumplir un año de edad, también fallecen en Santurtzi. Todo parece indicar que el chalet Sanginés ya estaba acabado y habitable. En el siguiente cuadro, obtenido igualmente del AHEB, podemos observar la variabilidad que existe en la grafía de los apellidos.

Desgraciadamente, el promotor del chalet falleció inesperadamente el 30 de diciembre de 1884. Apenas pudo disfrutar de su preciosa casa de recreo veraniego.

Algunas fotografías antiguas nos muestran la situación del chalet y las magnificas vistas que tenía del Abra.

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El matrimonio de José Sanginés y Encarnación Balparda unía varios linajes encartados que, a lo largo del último cuarto de siglo XIX, dejaron su impronta en el patrimonio arquitectónico de nuestro municipio.

Una cuñada de José Sanginés, Adela Balparda Baladia, casó con Rafael Amezaga Piñaga. De sus hijos la más conocida fue Leonor Amezaga Balparda. Fueron los propietarios de otra residencia unifamiliar, el palacete Bellamar en Campo Grande, con excelentes vistas sobre el Abra. En la imagen, es el de la izquierda. El de la derecha es el palacete Arana-Vidósola (antes de la reforma).

Uno de los primeros hijos de José Sanginés y Encarnación Balparda, Pedro Sanginés Balparda, nacido en Bilbao en 1877, fue un deportista que destacó en esgrima y aeronáutica (fue piloto de aviación). Su trayectoria se recoge en el libro, editado por Euskal Museoa, Galería de celebridades vizcaínas. En el Torneo Nacional de Esgrima de 1900, en la modalidad de sable, participaron los hermanos José y Pedro Sanginés Balparda, discípulos del maestro de esgrima Pedro Duccouso. Pedro Sanginés Balparda contrajo matrimonio con María Teresa Aznar González, nacida en 1890 y fallecida en Getxo el 22 de enero de 1968. Ya viuda, sucedió en el título de marqués de Bérriz en 1959. Pedro murió asesinado en Madrid a comienzos de la Guerra Civil, el 7 de noviembre de 1936.

Otra hija, Elena Sanginés Balparda, contrajo matrimonio con Francisco Taramona Díaz de Entresotos. Y una cuñada de Elena, Dolores Taramona y Díaz de Entresotos, marquesa de Astorga y duquesa de Sessa por su matrimonio con Francisco Osorio de Moscoso y Jordán de Urríes, tenía también una mansión familiar muy próximo al chalet Sanginés, el palacete Taramona.

Otro personaje entroncado con esta familia fue José Villalba Avilés, fallecido el 14 de abril de 1932. Había contraído matrimonio con Amparo Sanginés y Balparda. Una hija de este matrimonio, Carolina Villalba Sanginés, se casó con el marqués de Perales. Este matrimonio también tenía una mansión familiar en las cercanías, junto al hospital San Juan de Dios.

Siguiendo con la historia del protagonista de la entrada, en 1959, las Hermanas Carmelitas Teresas de San José deciden fundar un colegio en Santurtzi y para tal fin la congregación adquirió el chalet Sanginés, rodeado todavía de un parquecito con tilos. En un extremo del parque aún se mantenía un edificio exento destinado al servicio y otros fines, algo común en este tipo de mansiones. Este conjunto era propiedad del sacerdote Jesús González López de Lacalle, que había dirigido en él una importante obra social: el Solacium Alma Mater.

El 29 de septiembre de 1959 quedaba constituida la primera Comunidad de Hermanas Carmelitas Teresas de San José. Estas hermanas llevaron a cabo los preparativos para acoger a las primeras alumnas con las dificultades propias de todos los comienzos y el 15 de noviembre de 1959 abría las puertas el Colegio San José-Hermanas Carmelitas.

Año tras año, el número de alumnos fue creciendo. Este progresivo aumento de las matrículas hizo urgente la ampliación del edificio, por ello, en el año 1963 se construyó, al lado del chalet, un edificio de siete plantas, de las que inmediatamente se habilitaron cinco. A comienzos de los años setenta se vio la necesidad no solo de ampliar el número de aulas sino de hacerlas más espaciosas.

En consecuencia, en febrero de 1973 se derribó el primitivo chalet y en su lugar se construyó un pabellón de cuatro plantas que completaba la edificación anterior. El 19 de mayo de 1974 tenía lugar la inauguración solemne de los nuevos locales con instalaciones más modernas y funcionales: aulas, gimnasio, comedores, cocina, patio cubierto, etc. Y el antiguo chalet Sanginés fue cayendo en el olvido…

Tengo que agradecer la colaboración de mi buena amiga donostiarra Marisol Etxeberria, siempre pendiente de lo que se publica relativo a la historia y patrimonio de su ciudad, por haberme conseguido dos interesantes publicaciones tituladas Villas de San Sebastián y Villas de San Sebastián II. Dos obras consecutivas, editadas en 2016 y 2017, realizadas por Lola Horcajo Calixto y Juan José Fernández Beobide, que reúnen y analizan, como dice el subtítulo, las villas donostiarras de la Belle Époque con historia.

En el segundo volumen, sin identificación ni referencia alguna, aparece la mejor fotografía que existe del chalet Sanginés.

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La tercera entrada dedicada a los Mac Lennan se centra en la residencia familiar que Francisco Mac Lennan White ordenó construir en Mamariga en 1899, el denominado chalet Mac Lennan. Sobre este señorial edificio, uno de tantos elementos destacables de nuestro patrimonio arquitectónico que desapareció en la segunda mitad del pasado siglo, se celebró una conferencia en Mamariga Kulturgunea el pasado mes de mayo.

El objetivo era doble: por un lado, dar a conocer una edificación del barrio de Mamariga de la que apenas conservamos testimonios gráficos y, por otro, presentar una maqueta del edificio construida, con mucho mimo, por Pedro Martín a partir de esos escasos testimonios más la colaboración de los vecinos que conocieron y habitaron el chalet hasta su desaparición. El resultado se puede ver en la entrada del Mamariga Kulturgunea, donde se expone permanentemente, y en YouTube.

Comentaba en la primera entrada sobre los Mac Lennan que Francisco y su familia ya son vecinos de Santurtzi en 1892, año en el que nace su última hija, María Blanca. Su madre, como era habitual, dio a luz en su domicilio, pero en el certificado de nacimiento no se especifica el nombre de la calle o de la residencia. Así pues, entre 1892 y 1900 desconozco dónde vivía la familia Mac Lennan.

Lo que sí está claro es que en 1899 Francisco Mac Lennan decide ordenar la construcción de una residencia unifamiliar acorde a su status para alojar a su numerosa familia en Santurtzi, como otras destacadas familias pudientes durante la Belle Époque. Y se decide por un paraje en Mamariga, junto a la ermita de la Virgen del Mar, que tenía unas vistas incomparables sobre el Abra. No en vano ese punto era una auténtica atalaya desde la que se abarcaba una amplísima panorámica del entorno, difícil de imaginar ahora…

En el solar en el que se edificó el chalet Mac Lennan existía una casa, en donde residía Gabriel Peña Cuesta, marino de profesión, y su familia, denominada precisamente con el nombre del barrio, casa Mamariga. En 1898 o 1899, la casa y su heredad fueron adquiridas por Francisco Mac Lennan y, en su lugar, edificó su residencia, aprovechando los cimientos de la casa preexistente. Además cercó toda la finca con una pared de mampostería.

Se trata de un edificio de planta cuadrada con dos cuerpos poligonales que sobresalen, uno al Este (que da lugar a una amplia terraza en la primera planta) y otro al Sur (con escaleras que comunican la primera planta con el jardín), con un total de 228 metros cuadrados aproximadamente. Consta de planta baja, dos pisos y buhardilla.

No sé quién fue el autor del proyecto. El panteón de los Mac Lennan en el cementerio de Vista Alegre en Derio lo diseñó el arquitecto Enrique Epalza Chanfreau, autor también, entre otras obras, del edificio de la antigua Bolsa de Bilbao. Podría ser el responsable del proyecto del chalet de Mamariga, pero es una mera suposición ya que no dejó archivo profesional y el chalet tampoco presentaba un diseño singular, “de autor”, que permita una atribución más fundada.

Fuera quién fuese el arquitecto, eligió un estilo elegante y de raíces francesas en las fachadas del edificio: paramentos lisos revocados que contrastan con las sencillas molduras de los huecos, impostas, cornisa y esquinales. Se busca un efecto de bicromía en las fachadas con la alternancia de materiales. La balaustrada que remata el edificio oculta el tejado y aporta elegancia al edificio similar, por otra parte, a muchas villas, palacetes y casonas de indianos en Galicia, Asturias, Cantabria y Bizkaia.

Sin ir muy lejos, en Peñota, conservamos un edificio de características similares (solo le falta la balaustrada), el denominado chalet del médico o de Alegría, al que dedicaré una entrada en su momento. También el desaparecido palacio de los marqueses de Santurce, en la calle Mayor (ahora Sabino Arana), compartía ese estilo clasicista francés.

La familia Mac Lennan vive en su chalet hasta aproximadamente comienzos de la Guerra Civil, aunque Francisco había fallecido en 1928 y su esposa, Matilde, en 1932. Varios hijos, ya casados, habían pasado a residir en Cantabria, Madrid, Palencia, Sevilla, etc., y antes también residieron algún tiempo en la urbanización de chalets de Peñota junto con otros vecinos (ingenieros, etc.) de origen británico.

Concluida la Guerra Civil el chalet estaba abandonado. Durante escasos años lo ocuparon las Religiosas del Amor Misericordioso para albergar un colegio para niñas con necesidades especiales. Sin embargo, en 1942 lo dejaron para reubicarse en el palacio del marqués de Casa Torre y, de nuevo, el chalet Mac Lennan quedó vacío y sin uso.

En 1946 los herederos de Francisco Mac Lennan y Matilde Marmolejo decidieron enajenarlo y fue adquirido por el Ayuntamiento de Santurtzi que, según noticias publicadas en la prensa de la época lo iba a destinar a alojar a familias humildes. Gracias a estas informaciones disponemos de una imagen del chalet.

Las obras de alineación y ensanche de la calle Mamariga también tuvieron relación con este asunto. Para tal obra era necesario demoler la casa-estanco de Sandalia Gutiérrez Ostria. Para reubicar el estanco, Sandalia y su esposo Domingo Gonzalo adquieren una casa, el número 16 de la misma calle en donde viven cinco familias numerosas a las que hay que realojar. El Ayuntamiento había proyectado la construcción de una casa con cinco viviendas sobre el antiguo depósito de aguas de Vallejo. Pero antes de iniciar las obras, la familia Mac Lennan ofreció vender el chalet.

El Ayuntamiento acepta la propuesta. El precio de venta del chalet Mac Lennan fue de 130.000 pesetas. El Ayuntamiento pudo afrontar esta compra gracias a dos donaciones, una de 30.000 pesetas de Lucas Oriol Urquijo y otra de 50.000 pesetas de Carmen Vildosola de los Campos. Destinarlo a realojar a familias sin vivienda era una medida temporal pues en el momento de la compra ya se expresaba que el destino final del solar era ubicar un colegio de religiosos dedicados a la enseñanza que contribuya a elevar el nivel moral y cultural de los niños de familias humildes, obreros y pescadores, que habitan aquella populosa barriada de Mamariga. Las obras de adaptación del chalet Mac Lennan para alojar a esas cinco familias se encargan al contratista Juan Lasala.

A mediados de los años 50 del pasado siglo el Ayuntamiento decide iniciar el procedimiento para destinar el solar que ocupa el chalet y su heredad a la edificación de un nuevo equipamiento escolar, el actual colegio Itsasoko Ama, que este año ha cumplido 50 años. En 1956 el Ayuntamiento cedió el solar al Instituto Nacional de la Vivienda junto con otros dos terrenos adyacentes para constituir una única parcela destinada a la construcción del colegio, aunque el proyecto se demoró casi una década. Finalmente, en marzo de 1962 se procedía a la demolición del chalet Mac Lennan.

Como he comentado al comienzo, no disponemos de imágenes de calidad del chalet Mac Lennan. Y una de las escasas fotografías antiguas que se conservan pertenece a mi archivo familiar. Datada en 1950, cuando ya se habían realizado las obras de acondicionamiento, aparecen varios miembros de mi familia, entre ellos mi madre y mi tía.

También disponemos de una foto del dormitorio de Francisco Mac Lennan, incluida en su biografía ya citada.

No puedo concluir sin agradecer a la Biblioteca de Muskiz y a su director, Fernando Juárez, su colaboración para consultar el archivo fotográfico de los Mac Lennan de donde proceden las dos únicas imágenes, muy similares, que nos permiten observar con detalle diversos aspectos arquitectónicos del chalet.

Como siempre, toda colaboración para corregir o completar la información sobre el chalet Mac Lennan será bien recibida.

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El pasado mes de octubre comenzaron las obras de rehabilitación del edificio conocido popularmente (aunque cada vez menos, si no se pone remedio) como la antigua escuela náutica. Se trata de uno de los edificios más antiguos del municipio y constituye un buen ejemplo de arquitectura docente en Bizkaia en el siglo XIX. Era la sede de una institución con un gran valor histórico y sentimental para nuestro municipio, la Escuela de Náutica de Santurce, fundada en 1859 (fecha en la que se autoriza su creación) por nuestro mecenas local, Cristóbal Murrieta (junto a su olvidado socio, Francisco Luciano Murrieta) y que subsistió hasta 1936.

La rehabilitación del vetusto edificio estaba prevista desde hace tiempo para subsanar deficiencias estructurales y dotar de accesibilidad y mayor funcionalidad al edificio. A finales de diciembre de 2016 el Ayuntamiento de Santurtzi ya había adjudicado el contrato de las obras de reparación del edificio denominado Casa Náutica por un importe cercano a los 350.000 euros y un plazo de ejecución de las obras de cinco meses. En el proyecto de actividad y obras, redactado por el estudio EMES, arquitectura y urbanismo en octubre de 2016, se denomina rehabilitación a la intervención que se va a ejecutar en la Casa Náutica.

La antigua escuela de náutica se encuentra situada en el núm. 3 de la calle Sabino Arana, la antigua calle Mayor, en el km 0 de nuestro municipio, junto a los edificios más relevantes de nuestro escaso patrimonio histórico-artístico.

Según el citado proyecto, tiene forma rectangular (14,54 m x 18,04 m) y dos plantas: planta baja y primer piso. Cuenta también con un espacio bajo cubierta que carece de la altura mínima exigible y no se puede contabilizar como planta útil. La superficie construida total del edificio es de 522,86 m2 (261,43 m2 por planta). La superficie útil total del edificio en la actualidad es 374,28 m2. Las alturas libres son de 4,42 m en la planta baja y de 3,95 m en la planta primera.

La construcción está realizada a base de muros de carga de mampostería y forjados y cubierta de madera. La carpintería es de madera y la fachada se encuentra raseada y pintada. El acceso al edificio se realiza actualmente a través de un antuzano, elemento típico de épocas pasadas, una terraza elevada paralela a la fachada principal a la que se accede mediante un tramo de escaleras (a la que se añadió una rampa para facilitar la accesibilidad).

La cubierta, a cuatro aguas, tiene estructura de madera que se encuentra en buen estado y el acabado es de teja cerámica del tipo denominado árabe. Presenta un curioso elemento, un bobarril, una ventana en el camarote por la que se accede al tejado de la casa.

La distribución interior, que no es la original, se realiza a base de tabiques prefabricados de oficina que dividen la superficie en despachos y zonas de trabajo. Las escaleras de comunicación vertical, situadas entre dos muros de carga, son también de madera y se encuentran muy deterioradas.

En principio estaba previsto comenzar las obras antes de verano, pero una serie de imprevistos la ha retrasado hasta el pasado mes de octubre. Además se ha incrementado el coste hasta alcanzar casi el medio millón de euros de presupuesto del que 180.000 euros se cubren con una subvención de la Diputación Foral.

Este inmueble se incluye como elemento de conservación básica en el catálogo municipal de bienes y espacios protegidos. En consecuencia, se autorizará la restauración conservadora de las fachadas garantizando la unidad de composición y enfatizando el valor de su fachada a la vía pública, así como los elementos característicos de la misma.

Tendrán que preservarse los volúmenes existentes, elementos singulares de fachada y cubierta, espacios de circulación originales y elementos decorativos exteriores como cornisas, artesonados, etc. Entiendo que, entre los elementos a conservar, se incluyen los singulares enrejados de carácter náutico que nos recuerdan la función original del edificio.

La intervención proyectada modifica el acceso principal al edificio, aunque lo hace por cuestiones de accesibilidad.

No obstante, el acceso actual al mismo se mantiene por lo que resulta compatible con las medidas de protección, aunque en los planos que se adjuntan al proyecto de rehabilitación parece que se altera y condena el acceso tradicional.

Asimismo se abrirá un hueco nuevo y se ampliará alguno existente pero garantizando la unidad de composición y poniendo en valor las fachadas a vía pública. Debido a la limitación presupuestaria y a la urgencia con la que van a acometer las obras, éstas se llevarán a cabo, al parecer, en dos fases. Durante la primera se acometerá la rehabilitación completa del edificio con excepción del acabado de la fachada y de la instalación del ascensor que, se ejecutarán en una segunda fase y con presupuesto aparte.

Respecto a la historia del edificio, en el proyecto que podemos leer íntegramente en este enlace en la web del Ayuntamiento, no hay, lamentablemente, ni una sola mención. Ni a la antigüedad del edificio (más de 150 años) ni a su valor histórico o inmaterial. Como apunta un excelente colaborador del blog, este proyecto es muy necesario ya que su objetivo es mejorar tanto las condiciones de trabajo de los empleados como dignificar las oficinas de atención al público del Área de Acción Social, que falta les hace. Sin embargo, de su lectura se desprende la triste impresión de que el desinterés por el valor histórico de nuestro patrimonio es palpable.

Así que para remediarlo, en la medida de lo posible, he realizado una pequeña investigación sobre el edificio en cuestión. La institución será tratada en otra entrada aunque avanzo que toda la documentación generada por la escuela en su actividad docente desapareció durante la Guerra Civil, probablemente en 1937.

La historia comienza a finales de 1858, año en el que Cristóbal Murrieta compró (o solicitó a la Diputación, según otras fuentes) un terreno en Campo Grande para la construcción del edificio destinado a escuela de náutica. Sin embargo, al poco tiempo debió de cambiar de parecer respecto a la ubicación, quizás porque ese terreno aún formaba parte del municipio de Portugalete, puesto que a comienzos de 1861 se estaba concluyendo la construcción del edificio actual.

El autor del proyecto fue el entonces célebre y cualificado arquitecto Antonio Goycoechea Ercoreca (Bermeo, 1798 – Bilbao 1865). A pesar de que la escuela náutica no era un gran edificio como, por ejemplo, la Casa de Misericordia de Bilbao, proyectada también por este arquitecto poco después, Cristóbal Murrieta recurrió a uno de los más importantes arquitectos del momento en Bizkaia. Titulado en arquitectura en 1821 por una prestigiosa institución, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en donde además obtendría posteriormente el título de académico de mérito en 1829. Nombrado arquitecto municipal de Bilbao en 1822, fue el autor, en 1828, del auténtico puente colgante de Bilbao, el puente colgante de cadenas de San Francisco, que fue uno de los primeros ejemplos de la arquitectura del hierro que comenzaba a emplearse en Europa. También trabajó en la Diputación Foral como director de los caminos del Señorío.

En 1861 el edificio estaba casi concluido y, según algunas escasas referencias, la actividad docente de la Escuela Especial de Náutica de Santurce se inició en 1862.

El contratista de la obra fue José de Orueta que se obligó a ejecutarla en el plazo y las condiciones exigidas por contrato. El presupuesto ascendió a la cantidad de 102.000 reales. El arquitecto percibió otros 8.000 reales en concepto de honorarios por su labor como director facultativo de la obra (proyecto, planos, etc.). Así pues, Cristóbal Murrieta invirtió 110.000 reales (27.500 pesetas) en la edificación de la sede de su escuela náutica. A esta inversión habría que añadir el coste del mobiliario y del instrumental, los mejores de su época.

En 1896 se publican unas memorias de un exalumno, Julián Salazar, en la que aparece la primera representación que se conoce del edificio.

Lógicamente, el edificio a lo largo de tan dilatada historia ha sufrido diversas reformas, fundamentalmente de los interiores. A comienzos del siglo XX, se llevan a cabo numerosas mejoras, tanto en el inmueble como en su equipamiento docente, financiadas por el entonces patrono de la fundación responsable de la institución, Mariano Murrieta del Campo (hijo de Cristóbal), y por Casilda de la Quintana Murrieta.Estas obras podrían ser las que incluyen algunos elementos calificados de racionalistas en la ficha dedicada al edificio en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico. Tampoco podemos olvidar que, además de las aulas, el edificio incluía la casa-habitación del director de la escuela.

Con la Guerra Civil, la escuela cesa en su actividad y el edificio, de propiedad municipal, será transformado interiormente al ser destinado a albergar diferentes servicios municipales a lo largo de los años (juzgado, aulas preescolares e infantiles, escuela de música, etc.) hasta que en los últimos años, ya en el siglo XXI, se ubican las oficinas del área de servicios sociales que se han quedado obsoletas y necesitan reformarse.

De ahí el proyecto que ha dado origen a esta entrada y al que yo añadiría un detalle. No solo espero que no se pierdan las verjas marinas sino que, además, propongo que se recupere el rótulo que existía en la fachada y que se instale una placa que recuerde la historia del edificio y de la institución que acogió entre 1862 y 1936, similar a la placa que todavía en 1931 lucía en el zaguán, sobre la puerta de acceso de arranque de la escalera: una lápida de mármol negro en la que con grandes caracteres amarillos recordaba que la Escuela de Náutica de Santurce fue fundada en 1859 por Cristóbal Murrieta. ¿A dónde habrá ido a parar esta placa?

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Hoy hace exactamente 50 años que se publicaba en el Boletín Oficial del Estado la orden ministerial mediante la cual se creaban numerosas escuelas de enseñanza primaria entre las que estaba la entonces denominada Colegio Nacional Virgen del Mar en Mamariga.

La prensa de la época, ABC y La Gaceta del Norte, también se hacían eco de la creación del nuevo centro escolar.

Sin embargo, la gestación del centro escolar venía de mucho antes. En marzo de 1946 el Ayuntamiento compró la finca en la que se erigía la antigua residencia de Francisco Mac Lennan para destinarla a fines benéfico-docentes.

En 1956 el mismo Ayuntamiento la cedió al Instituto Nacional de la Vivienda junto con otros dos terrenos adyacentes para constituir una única parcela destinada a la construcción del equipamiento escolar.

En 1961 el arquitecto José Ramón Basterra Larrea presenta los planos del proyecto: un edificio en forma de L, dos alas de 4 y 3 plantas respectivamente, con un total de 3.520 m2 construidos.

A muchos les sorprenderá que se planteaban dos escalinatas de acceso, una para niños y otra para niñas ya que en aquella época todavía había segregación por sexos en el sistema escolar. Una alumna que inauguró el centro me ha comentado que se podían utilizar indistintamente las dos escalinatas.

También se puede ver a la derecha la vivienda destinada al conserje, Deogracias Miguel Ramón Fernández “Tolo” y su familia. El popular conserje se jubiló en 1985 y falleció en 1996.

Pero no adelantemos acontecimientos. Continuando con la evolución del solar y la construcción del edificio, en marzo de 1962 se procedía a la demolición del chalet Mac Lennan.

En enero de 1966 se hacía público el convenio entre el Estado y el Ayuntamiento de Santurtzi para la financiación de las obras de construcción.

Conseguido el dinero, comienzan las obras y finalmente se inaugura el lunes 9 de octubre de 1967. La primera directora fue Isabel de la Torre Bilbao, a la que vemos en la siguiente fotografía, acompañada de la maestra de educación física y unas alumnas.

Una de las primeras imágenes a color del edificio se incluye en una típica postal anterior a septiembre de 1972 (la plaza está aún sin urbanizar). Probablemente es de 1968. Se aprecia la escalinata de acceso que aún existe.

De la evolución posterior del colegio destacaría el momento en que se autoriza a impartir la Educación General Básica (E.G.B.), establecida por la  Ley General de Educación de 1970, aunque inicialmente de modo experimental. La Orden se publicó en el B.O.E. el 4 de febrero de 1972. Posteriormente el colegio nacional pasa a denominarse Colegio Público impartiendo los ocho cursos de la E.G.B. de forma ordinaria. Una década después, ya denominado Centro Escolar Itsasoko Ama, despedía en 1995 a la primera promoción que había realizado sus estudios en euskera.

Ya más cerca en el tiempo se edificó, en 1985, un segundo edificio de 4 plantas con un total de 1.450 m2 construidos, se regularizaron y urbanizaron los espacios colindantes con la calle Mamariga, se amplió y cubrió el patio de recreo, se dotó de comedor escolar, se instaló un ascensor, etc. En la actualidad la parcela del centro es de 2.460 m2 contando las construcciones y la zona deportiva y de juegos.

También cambió la legislación al implantarse la Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.). A partir de ese momento, curso 1994/1995, el centro escolar pasa a impartir educación infantil y primaria. En resumen, un montón de cambios que han hecho del colegio Itsasoko Ama uno de los mejores centros escolares de nuestro municipio.

No podía concluir una entrada sin incluir una fotografía de mi promoción, los que comenzamos en 1975 y finalizamos en 1983.

También quiero aprovechar para recordar los nombres de mis tutoras y otros maestros y maestras de aquellos años:

  • Mis tutoras:

1.º- María Adonina Gómez Feito

2.º- María Encarnación Sedano López

3.º- María Pilar Herrero Prieto

4.º- Rosa Carmen Berdote Mangas

5.º- Dolores García García

6.º- Keltze Eguzkitza Bilbao (lengua)

7.º- Keltze Eguzkitza Bilbao

8.º- Keltze Eguzkitza Bilbao

  • Otros maestros y maestras:

Isabel Arrese Uribarrena (sociales), entre 1978 y 1996.

Pedro Leza Gallego (matemáticas y ciencias)

Lucila Escudero Lavín “Lutxi” (inglés)

Jesús Sánchez Marín (gimnasia)

Marisol (gimnasia)

Filo (gimnasia)

Jasone Larrañaga (euskera)

Inés (matemáticas)

José Luis Ontoria (txistu)

Guillermina

Mariano Cascón

Abel Llanes Pariente

José María Rosón

Irene Mendieta

José Ramón (Joserra) Gregorio Guirles

Mercedes Iturralde Amor

Albina

Ulises

María José Canals

Como siempre, toda colaboración para ampliar o corregir la información de la entrada será bien recibida.

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El 8 de septiembre de 1972 tenían lugar en Santurtzi dos inauguraciones: la de la remodelada plaza de la Virgen del Mar en Mamariga y la de un nuevo equipamiento escolar. En esta entrada voy a centrarme en la segunda de esas inauguraciones.

A las antiguas escuelas ya les he dedicado dos entradas: una breve, la reseña del artículo publicado en ensanturtzi.com, y otra más extensa en la que el protagonista es Fermín Repáraz, maestro que desarrolló en ellas su labor docente durante 25 años. Las escuelas antiguas fueron construidas, según planos de Francisco de Berriozabal, en 1878 y con el paso del tiempo se habían quedado pequeñas y obsoletas. Así pues, a finales de los años 60 se hizo evidente la necesidad de edificar un nuevo equipamiento docente acorde con las nuevas necesidades y la recién aprobada Ley General de Educación de 1970 que estableció la Educación General Básica (E.G.B.).

En abril de 1970 se reformaba la estructura y organización escolar en nuestro municipio y concretamente se procede a ampliar la escuela graduada mixta en régimen de agrupación escolar denominada Fermín Repáraz. Contará a partir de entonces con trece unidades escolares y dirección sin curso (siete unidades escolares de niños, cinco de niñas y una unidad de párvulos). A tal efecto se integran en ella una unidad escolar de niños y cuatro de niñas que dependían del entonces denominado Colegio Nacional mixto Daniel Pereda. Con estas integraciones la agrupación escolar Fermín Repáraz tenía sus aulas repartidas en cuatro diferentes ubicaciones, tal como detalla la publicación Escuela Española según el callejero de la época:

Para hacer frente a todos estos cambios se construyó el edificio que ha llegado hasta la actualidad. El Ayuntamiento solicitó la correspondiente subvención al entonces Ministerio de Educación y Ciencia para afrontar una inversión cercana a los 6 millones de pesetas de la época. La nueva construcción albergaría ocho aulas con capacidad para 320 plazas, ¡40 alumnos por aula!

Se trata de una obra proyectada por tres destacados arquitectos: Juan Daniel Fullaondo Errazu (Bilbao, 1936 – Madrid, 1994),  Álvaro Libano Pérez-Ullibarri (Bilbao, 1921 – Donostia, 2010) y Fernando Olabarria Delclaux (Bilbao, 1939). Entre 1969 y 1972 Fullaondo, en colaboración con Olabarría y Líbano, construyó ocho grupos escolares en diferentes municipios vizcaínos (Bilbao, Durango, Markina, Santurtzi y Zaratamo) en los que se aprecia un carácter neorracionalista. Fullaondo consideraba que en los centros escolares, donde la cultura era protagonista, era conveniente insertar un factor cultural arquitectónico. A la vez, la economía y funcionalidad que requerían los edificios escolares eran adecuadas a la metodología racionalista. Del edificio destaca su expresionista volumen con la escalera como elemento protagonista y articulador.

La inicial Agrupación Escolar Mixta Fermín Reparaz sería la base del futuro colegio nacional del mismo nombre. En julio de 1972 el centro recibe el permiso para impartir E.G.B.; en septiembre de 1979 para impartir educación preescolar y en noviembre de 1987 para impartir educación especial. Los tiempos siguen cambiando y por Decreto 319/1997 de 30 de diciembre (B.O.P.V. de 20 de enero de 1998) se suprime el centro para entonces ya denominado Colegio de Educación Infantil y Primaria Fermín Repáraz. La documentación producida por el centro se trasladó al Archivo General de la Administración Pública de Euskadi en dos transferencias, la primera en 1997 y la segunda en 2002. Y, 20 años después, su rastro ha desaparecido de Santurtzi. No he encontrado apenas imágenes de los primeros años y muy poca información.

Con la clausura del colegio en 1997 se aprovechan sus instalaciones para reubicar el Euskaltegi Municipal en 2001, aulas de Educación Permanente de Adultos y, finalmente, la Escuela Oficial de Idiomas en 2009. También se aprovecha la planta baja para crear la sala Kresala.

Por todo esto se realizan diferentes modificaciones en el edificio, tanto en el exterior como en el interior (cambian los accesos, se cierran miradores, se añade la última planta, se instala el ascensor en el hueco de las escaleras, etc.).

En resumen, hoy conmemoramos el 45 aniversario de la inauguración del edificio y el 20 aniversario de la desaparición, para mí un tanto inexplicable, de un colegio público en nuestro municipio.

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