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Seguimos con los aniversarios que nos permiten recuperar parte de nuestra olvidada memoria histórica. En esta ocasión, el de las antiguas escuelas públicas de Las Viñas de cuya inauguración hace hoy 85 años.

Durante siglos pasados, antes de la brutal transformación urbanística de nuestro municipio, Las Viñas era un valle de suaves laderas por el que discurría y discurre aún pero canalizado subterráneamente un regato que nacía en el Bullón. Los habitantes de Mamariga, Oyancas y Fontuso tenían en ese valle sus heredades o piezas de labrantío, cercadas todas con un cierre común. De ahí que, en tiempos pasados, se denominase El Común. El principal cultivo era el viñedo del que se obtenía una buen chacolí y que dio nombre a la denominación actual de la zona, Las Viñas.

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Valle de Las Viñas

Las Viñas no se convierte en un barrio definido y urbanizado de Santurtzi hasta la segunda mitad de la década de los años 20 del pasado siglo como consecuencia del aumento de la población del municipio. Más precisamente, del barrio de Mamariga, dentro del cual se incluía la mayor parte del espacio que ahora ocupa el de Las Viñas. En 1926 Santurtzi tiene más de 7.000 habitantes y el mismo numero de escuelas que cuando tenía 3.000. La masificación de las aulas obligaba a construir con urgencia nuevos equipamientos escolares.

En 1922, el Ayuntamiento juzga razonable que el ensanche del núcleo urbano de Santurtzi se proyecte en la zona de Las Viñas y en 1923 se encarga un estudio para el planeamiento de las calles de ese ensanche. En 1924 solicita una subvención a la Diputación para acometer las obras de apertura de una calle paralela y tres transversales y construir una escuela en Mamariga. En 1927, el Ayuntamiento ofrece al Estado, de quien dependen las competencias en esta materia, un amplio solar en la zona denominada Las Matas, incluido en el barrio de Mamariga en ese momento. De ahí la confusión y la discusión que suele surgir respecto a si las futuras escuelas se califican como “las de Mamariga” o “las de Las Viñas”.

Las Matas - Las Viñas

Se suele contar la anécdota de que el 14 de agosto de 1927,  durante la segunda visita de Miguel Primo de Rivera a Santurtzi (la primera fue con motivo de la inauguración de la ampliación de la línea férrea Bilbao-Portugalete hasta Santurtzi y el puerto exterior), el alcalde Mariano Torrontegui recordó en su discurso que una de las principales carencias del municipio era la falta de escuelas. Primo de Rivera, con su peculiar gracejo andaluz, le contestó: “el arcarde de Santurce, arrimando el ascua a su sardina, me pide escuelas para su pueblo y las tendrá en breve plazo”.

El Ayuntamiento inició los trámites correspondientes ante el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Uno de los informes que se adjuntan es el de los propios maestros en aquellos años (Francisco Calles Casado y Jorge Alias Capitán) que corroboran la necesidad del nuevo equipamiento.

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El nuevo grupo escolar se iba a denominar Primo de Rivera en su honor y probablemente tendría en mente acudir a su inauguración pero los acontecimientos políticos que desembocaron en la proclamación de la II República provocaron, por una parte, el retraso en la construcción y, por otra, el cambio de denominación de las nuevas escuelas.

En septiembre de 1931 las escuelas están casi concluidas. El Ayuntamiento propone al Ministerio de Instrucción Pública la denominación de Grupo Escolar de Joaquín Costa para homenajear al “gran sociólogo y jurista, republicano ejemplar y patriota insigne, cuya memoria debe ser honrada por todos los españoles”. Aunque hubo otra propuesta, la del pedagogo y librepensador Francisco Ferrer Guardia, la primera prevaleció.

Joaquín Costa

Unos meses después, la tarde del domingo 7 de febrero de 1932, tuvo lugar la solemne inauguración del nuevo edificio destinado a escuela pública. Las reseñas en prensa, unas más amplias que otras nos dan cuenta de la ceremonia, en la que no podía faltar la participación de la banda municipal de música.

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De la ceremonia de inauguración tenemos dos fantásticas fotografías. Una del pasacalles inmediatamente anterior y otra ya finalizado el acto en la que desgraciadamente no identificamos al portador de la bandera o pendón.

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Se trataba de un edificio moderno para la época que acogía unas escuelas graduadas (es decir,  que organizaban a los alumnos por edad y nivel). Distribuido en amplias y ventiladas salas con cuatro aulas para niños y otras cuatro para niñas.

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En la siguiente noticia de El Liberal dan buena cuenta del autor del proyecto (el arquitecto Jorge Gallegos Trelanzi, especializado en el diseño de centros escolares), presupuesto de la obra (266.173 ptas.), características de la edificación, etc.

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Otras edificaciones proyectadas por Jorge Gallegos con la misma finalidad guardan un gran parecido con la de Santurtzi. Es paradigmático el antiguo Grupo Escolar San Sebastián en Vinaròs que todavía existe, aunque podemos encontrar más ejemplos en otras localidades levantinas.

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El edificio fue empleado para la celebración de mítines. Por ejemplo el que se celebró en agosto de 1932 precisamente para protestar por un intento de golpe contra el gobierno legítimo de la II República, la Sanjurjada.

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La liquidación final de las obras se verifica por Orden de 21 de abril de 1933. En la siguiente imagen lo podemos ver a la derecha, con un pequeño tramo de la actual calle Dr. Fleming apenas urbanizado. ¡Comparad con la imagen coloreada incluida más arriba!

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Y apenas cinco años después, en 1937, tras la ocupación de Santurtzi por las fuerzas franquistas todo lo que recordara a la República se borró de un plumazo. Calles y edificios públicos recibieron denominaciones acordes con los nuevos tiempos. Las escuelas fueron bautizadas con el nombre de Escuelas Nacionales General Primo de Rivera. Se realizaron purgas políticas y muchos empleados públicos fueron expulsados de sus plazas y sometidos a juicio de depuración acusados de haber inculcado en la sociedad y en las mentes jóvenes el virus republicano. A las escuelas fueron destinados nuevos maestros y maestras.

De esta larga etapa tenemos algunas fotografías de calidad, fechadas en los años 40.

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A comienzos de los años 70, la moderna escuela de 1932 se había quedado anticuada y, sobre todo, pequeña debido al incremento de la población provocado tanto por el crecimiento vegetativo como, sobre todo, por los movimientos migratorios que hacen que Santurtzi supere los 45.000 habitantes.

Se decide hacer un nuevo edificio en el mismo solar así que la piqueta reduce a escombros las antiguas escuelas 45 años después. Los alumnos que cursaban sus estudios ahí tendrán que asistir a clase de forma provisional en otros locales, públicos y privados, acondicionados para acoger provisionalmente las aulas. Entre ellos, los locales que se encuentran frente a las propias escuelas, en la calle Dr. Fleming, y en las escuelas de Mamariga, inauguradas unos años antes, en 1967, hace 50 años.

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Del nuevo equipamiento escolar, el actual Colegio de Educación Infantil y Primaria Las Viñas (CEIP Las Viñas), hablaremos en otra entrada.

Tengo que agradecer a Francisco Javier Pérez Cano el trabajo publicado en el grupo de Facebook Santurtzi y sus gentes que me ha servido de guion para redactar esta entrada. Y a Tomás Fernández y Sestao en el Recuerdo por la información e imágenes facilitadas.

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Cabecera EnSanturtzi.com

Décimo artículo de la serie, publicado en el número 112 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzicorrespondiente al mes de diciembre. Más información en el propio blog, en este enlace.

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Hoy, 19 de septiembre, se cumplen 120 años del inicio de una institución que, aunque transformada al compás de los tiempos, aún pervive en nuestro municipio: el hospital-asilo, hoy Residencia Nuestra Señora de Begoña.

Como sucede con otros muchos aspectos de nuestro municipio, su historia está todavía por escribir y su génesis presenta algunas lagunas. Al parecer, el hospital-asilo nació en 1896 como una institución benéfica de carácter privado, creada por las “fuerzas vivas” de Santurtzi, como era habitual a finales del siglo XIX, cuyo objetivo era paliar las necesidades asistenciales de la población más desfavorecida (pobres, huérfanos y ancianos).

Antes de su creación, las personas de nuestro municipio que necesitaban de tal asistencia eran ingresadas en la Santa y Real Casa de Misericordia de Bilbao, popularmente denominada La Misericordia. Este antiguo orfanato reconvertido en residencia de ancianos fue fundado en 1774. El edificio actual se construyó en el último tercio del siglo XIX sobre el solar de otro asilo, el de San Mamés, extinguido en la época de la desamortización. A su financiación contribuyó, al parecer, Cristóbal de Murrieta.

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En la documentación municipal aparece denominado como asilo de San Mamés porque su capilla estaba dedicada a este santo, un niño mártir que, según la leyenda, amansó a los leones a los que fue arrojado por sus verdugos. Este es el origen del nombre del estadio de fútbol del Athletic Club y el apelativo leones que reciben sus jugadores.

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Respecto a nuestro asilo, no puedo apuntar con certeza quiénes contribuyeron y cómo se constituyó la institución santurtziarra, de la que se tiene alguna vaga y confusa noticia en el periodo 1885-1895 referida a un barracón donde se aislaba a los enfermos de cólera sobre cuya ubicación hay opiniones dispares (Campo Grande, donde luego se edificaría el hospital San Juan de Dios, o Fontuso).

El 19 de septiembre de 1896 el párroco de San Jorge, Marcos de Aspizua, como presidente del Hospital-Asilo particular comunicaba oficialmente al alcalde que, hallándose habilitado dicho establecimiento para asilar en él a pobres desgraciados, según Reglamento aprobado por el Gobernador de la provincia, lo que pongo en conocimiento de su autoridad para los efectos de la ley y poder proceder a su apertura. La Junta acordaría el 21 de mayo de 1897 que la cuota diaria por asilado sería de una peseta con cincuenta céntimos.

De esa edificación no he encontrado imágenes claras e inequívocas porque, como he comentado antes, de la primera etapa del hospital-asilo hay muy poca información. Sin embargo, me atrevo a proponer, con muchas reservas, un candidato: un extraño edificio que aparece en una postal de 1903-1904.

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A comienzos del siglo XX, las crecientes necesidades asistenciales de la población aconsejan que la gestión del asilo sea asumida por el propio Ayuntamiento que, por otra parte, ya sufragaba la asistencia de los enfermos asilados en él por carecer de recursos económicos. Así pues, en 1904 se cede la titularidad del hospital-asilo particular al municipio y el Ayuntamiento decide reconstruir el edificio dotándole de mayor capacidad y mejores servicios.

El proyecto lo realiza el arquitecto municipal, Emiliano Pagazaurtundua, autor también de la casa consistorial  y de la casa para venta del pescado, y lo ejecuta Narciso Garay, contratista de obras, por la suma de 90.000 pesetas, de las cuales la Diputación subvencionó el 20%. La nueva construcción contaba incluso con gallinero y cuadra. El agua corriente llegaría en 1906 y aprovechando las obras se instaló una fuente pública para dar servicio al barrio de Fontuso. Separado del asilo, a la izquierda, se construyó o reformó una edificación preexistente (el referido barracón) para asistir a las personas con enfermedades infecciosas.

En las siguientes imágenes podemos ver:

  • una perspectiva desde lo alto de Fontuso o Cueto, de 1915 aproximadamente, con el asilo a la derecha y la casa para tuberculosos a la izquierda.

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  • una vista frontal, más tardía (de mediados de los años 30), en la que se aprecia la fachada, casi simétrica, articulada en cinco cuerpos más dos anexos a los lados: una doble logia o galería porticada a la izquierda y un edificio más bajo, del que desconozco su finalidad, a la derecha.

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Otra de las prestaciones que proporcionaba el hospital-asilo durante estos primeros años de existencia era la de ofrecer una comida caliente diaria a personas sin recursos, incluyendo a los alumnos más necesitados de la escuela pública, sobre todo en invierno. Todavía en 1935, el Ayuntamiento empleaba estas instalaciones para organizar comedores gratuitos como el que se puede ver en las siguiente imagen.

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Y, andando el tiempo, hacia 1918, surgiría la denominada sala cuna comunicada con el edificio principal por una pasarela elevada (a este espacio se le  denominaba popularmente el túnel). Esta sala cuna, cuya función era cuidar durante el día a los hijos pequeños de los trabajadores, parece ser que estaba ubicada en el conjunto de casas para obreros subvencionadas por la benefactora Aurora Vildósola y proyectadas por el arquitecto, jarrillero de adopción, Santos Zunzunegui Echevarria en elegante estilo neovasco.

En el siguiente mapa se marca en rojo la ubicación aproximada de los edificios: el asilo señalado con el número 1, las casas para obreros con el 2 y el edificio para tuberculosos con el 3.

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Y con las siguientes fotos, fechadas en 1960, 1965 y comienzos de los años 70 del pasado siglo, nos podemos ubicar aún mejor. Se reconoce fácilmente el grupo 8 de marzo (antes Víctor Sáez) en las tres imágenes. Y en las dos primeras se puede ver, desde dos perspectivas opuestas, el grupo de casas para obreros.

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En febrero de 1914 el Ayuntamiento acuerda hacer desaparecer el carácter de hospital que tenía aún el hospital-asilo manteniendo su nombre tradicional. A la vez acuerda subvencionar al Santo Hospital Civil de Basurto con 500 pesetas anuales para que los enfermos de nuestro municipio puedan recibir asistencia en él.

La institución, ya municipal, se benefició de donaciones particulares, como la herencia recibida en 1913 de las acaudaladas próceres locales Eusebia Ubarri Capetillo (prima por parte de madre del conde de San José de Santurce, fallecida soltera en 1909) y de  la más conocida Aurora Vildósola de los Campos, fundadora del Patronato Santa Eulalia, que costeó las obras de ampliación del asilo y la construcción de la nueva capilla en 1924. Otra fuente de financiación fue la famosa rifa benéfica a la que ya he dedicado una entrada.

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La asistencia de los enfermos y ancianos se encomendó a religiosas de la orden de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul entre las que destacó sor Natividad Homedes, a la que se dedicó una calle en las proximidades del asilo en 1961.

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Bruno Alegría Corral (Burgos, 1884 – Santurtzi, 1973), que ejerció como médico titular del municipio entre 1918 y 1954, era el que velaba por la salud de los acogidos en el asilo.

Bruno Alegría

A finales de los años 60 del siglo XX se percibe la necesidad de modernizar tanto el edificio como las prácticas asistenciales. Se busca una nueva ubicación, que se encontrará en el barrio de Villar. A comienzos de 1970 se procede a la enajenación y agrupación de diversas fincas para construir un nuevo asilo, denominado desde ese momento residencia de ancianos. El 25 de junio de ese año se acuerda crear la Fundación Pública del Servicio de la Residencia de Ancianos de Nuestra Señora de Begoña (desconozco el porqué de la elección de esta denominación) y se aprueban sus estatutos. Y el 1 de febrero de 1971, hace 45 años, el Ayuntamiento da cuenta de la resolución del Ministerio de Gobernación que aprueba el expediente de creación de la referida fundación pública y se nombra la primera  junta de gobierno de la refundada institución. Con la construcción de la sede actual y el traslado de los ancianos ingresados el viejo edificio queda sentenciado. En su antigua ubicación permanecerá en funcionamiento la capilla hasta 1976.

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Con el tiempo los estatutos se reformarán, adecuándose de nuevo a los tiempos, y desde 1995 la institución es un organismo autónomo local denominado Residencia Nuestra Señora de Begoña.

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Como siempre, toda colaboración para corregir, precisar o completar la escasa e imprecisa información que he encontrado sobre el hospital-asilo será bien recibida.

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Copia de Detalle fachada

Este año celebramos que un edificio emblemático de nuestro municipio ha cumplido un siglo. Se trata de la llamada Casa para venta del pescado que, en otras localidades, también suele denominarse lonja.

Una lonja es un lugar de reunión de comerciantes en el que la venta se hace al por mayor. Por el contrario, el término mercado suele asociarse más a la venta al por menor, al consumidor final. De mercado o plaza de abastos municipal teníamos un buen ejemplo hasta que se derribó en 2001/2002. En las lonjas de pescado es habitual la venta a la baja de la que ya he hablado en otra entrada.

Pues bien, durante la primera década del siglo XX se vio la necesidad de acercar la lonja de pescado a las inmediaciones del recién construido puerto pesquero. Hasta entonces la lonja había estado ubicada detrás de la actual casa consistorial, cuando el puerto pesquero se encontraba a los pies del pórtico de la iglesia de San Jorge. El relleno realizado entre 1906 y 1910 alejó en exceso (unos 300 m en línea recta) el muelle de la lonja que, además, ya no estaba en buenas condiciones y cuya ubicación en el centro del pueblo no se veía adecuada.

lonja pesca antigua

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El actual puerto pesquero se dio por concluido en 1912 y, en ese contexto, se planteó la necesidad de construir una nueva lonja. En marzo de 1913, el arquitecto Emiliano Pagazaurtundua, autor también del proyecto de la casa consistorial y del hospital-asilo, firmaba los planos de la futura casa para venta del pescado y sede, lógicamente, de la Cofradía de pescadores. De ahí que muchas veces se denomine, por metonimia, cofradía al edificio, pero no olvidemos que la cofradía es la institución, la asociación gremial que agrupa a personas de la misma profesión, en este caso pescadores. Y la cofradía de pescadores de Santurtzi es mucho más antigua ya que se remonta por lo menos al siglo XVII.

El edificio de 320 m2 de superficie proyectado en un sencillo estilo ecléctico por Pagazaurtundua se caracterizaba por una planta poligonal con tres alturas (sótano, planta baja y primera planta).

1 Plano Planta baja

2 Plano Planta principal

La fachada principal presenta en planta baja un pórtico (arquería de medio punto con curiosas dovelas bicolores) que define un pequeño porche de entrada que da acceso al local donde se realiza la venta de pescado. Los vanos de la planta principal, la línea de impostas y otros elementos se resaltan a base de estuco imitando sillería de piedra y revoco pintado. Por último, está rematada en un frontón avolutado que, junto con unos pináculos con bolas y unas acróteras de palmetas que recorren toda la cornisa abalaustrada, constituye la decoración del edificio.

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Por encima del frontón señorea la campana, fabricada en una de las fundiciones más reputadas del momento, Hijos de Ignacio Murua, en Vitoria-Gasteiz, y donada, como las del campanario de san Jorge, por Juan José de la Quintana. La fotografía me la ha facilitado Carlos Glaría.

Anuncio de Murua 18-07-1913

Campana cofradía

El terreno donde se pretendía construir el edificio dependía, como todos los terrenos ganados al mar (el relleno), de la Junta de Obras del Puerto de Bilbao, ente subordinado al Ministerio de Fomento. El Ayuntamiento de Santurtzi, representado por su alcalde Antonio Alzaga, y la Sociedad de pescadores de San Pedro, representada por su mayordomo, Juan Urrestizala, solicitaron la cesión del uso del terreno por parte del Estado para la construcción de una casa de contratación de pesca.

El 7 de mayo de 1915 se publica en la Gaceta de Madrid (antecedente del actual Boletín Oficial del Estado) que se resuelve otorgar la concesión solicitada detallando, además, algunas condiciones de carácter técnico y la obligación de satisfacer un canon al Estado, cuya cuantía será de dos pesetas anuales por metro lineal de muelle ocupado.

Se señalaba un plazo de 4 meses para comenzar las obras y dos años para culminarlas. Y realmente fueron muy rápidos porque en 10 meses se había completado la construcción del edificio. Gracias a la investigación realizada por José Manuel López Díez, que me ha facilitado la información a través de otro colaborador del blog, sabemos que la casa para venta de pescado se dio por concluida el 8 de abril de 1916, según la noticia publicada en el periódico El Noticiero Bilbaíno. Nos informa que el edificio fue construido por cuenta de la Sociedad de pescadores de Santurce y por iniciativa del ingeniero-jefe de Obras públicas Juan Eguidazu. Costó 50.000 pesetas de la época. Y aporta un detalle más, muy interesante: ya estaba prevista la adquisición del bombo o mesa de subastas. Así pues, parte del misterio de este curioso aparato queda desvelado.

Copia de 08-04-1916 EL NOTI

Es más, al día siguiente el mismo periódico publicaba en portada la primera foto que existe del edificio.

Copia de 09-04-1916 EL NOTI (portada)

Respecto a la inauguración oficial, ninguna de las personas que hemos estado investigando ha conseguido dar con la fecha exacta por ahora. Parecería lógico que se hubiese celebrado el día de san Jorge de 1916 pero hasta el momento no hay documento que lo corrobore. Existe una antigua fotografía de la que se dice que ilustra el acto del inicio de las obras o de inauguración, pero tengo mis dudas.

El edificio original fue modificado por ampliaciones (a comienzos de los años 40) y sucesivas reformas de que ha sido objeto, como puede apreciarse comparando su aspecto actual con antiguas fotografías.

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Hace unos años se sometió a una reforma integral para destinar el edificio a equipamientos culturales (museo del mar y oficina de turismo). Resultó más compleja y costosa de lo previsto debido a su avanzado deterioro, ya que el hormigón propio de la época de construcción poco tiene que ver con la calidad de los materiales actuales y, al estar expuesto al ambiente marino, fue sufriendo un deterioro progresivo. Las obras comenzaron en junio de 2010 y acabaron en 2012, siendo reinaugurado el 12 de mayo de ese año.

Un siglo de vida es motivo más que suficiente para celebrarlo y para ello se han programado varias actividades. La primera para el 29 de junio, coincidiendo con la festividad de san Pedro, actual patrón de la cofradía. Ese día tendrá lugar un emotivo acto en la casa para venta del pescado. Y unos meses más tarde, el 1 de octubre, también hay prevista otra celebración, incluida en el programa del tercer Sardinera Eguna.

 

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Cabecera EnSanturtzi.com

Aunque en la versión en papel viene numerado con un 4, se trata del quinto artículo de la serie, publicado en el número 107 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzicorrespondiente al mes de junio.

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En el marco de las jornadas de puertas abiertas que este fin de semana del 19 y 20 de marzo se han desarrollado en nuestro municipio para promocionar las diversas actividades turísticas que el Ayuntamiento de Santurtzi ofrecerá a lo largo de 2016, un grupo de personas preocupadas por la preservación de la memoria histórica hemos asistido a una de ellas, la visita teatralizada al puerto pesquero y al centro de interpretación Santurtzi Itsasoa que ha culminado con una recreación teatralizada de una subasta de pescado en la sede de la Cofradía de Pescadores.

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La visita ha sido muy bien conducida por Miren, la guía, que ha relatado los principales hitos históricos de nuestro municipio desde 1075 a la actualidad. Las recreaciones han sido interpretadas por tres actores del grupo Encrucijada que han dado vida a Julián, un turista de finales del siglo XIX que nos ha evocado el Santurtzi de la Belle Époque, Carmentxu, una típica sardinera que nos ha hablado de las duras condiciones de vida y de trabajo de las gentes dedicadas a la pesca y, finalmente, Rogelio, en su papel de subastador o cantador en la sala de subastas de la Casa para Venta del Pescado (popularmente denominada la cofradía), cuya construcción concluye en 1916 siguiendo los planos del arquitecto municipal Emiliano Pagazaurtundua. Este año, pues, celebramos su centenario.

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Merece la pena la asistencia a este tipo de actividades porque son muchos los santurtziarras que desconocen, casi por completo, el asunto de la subasta de la pesca capturada por nuestros arrantzales. Las subastas tenían lugar de martes a viernes durante toda la temporada (de mayo a octubre, fundamentalmente) en la cofradía hasta no hace tantos años, ya que la última tuvo lugar el 25 de mayo de 2000. Y, sin embargo, es una actividad de enorme interés etnológico que se debe preservar como parte de nuestro patrimonio inmaterial.

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La subasta, también conocida como venta al encante es, por definición, un sistema de venta que adjudica un bien al mejor postor. Hay varios tipos de subasta según el producto y el tipo de comprador. En el sector pesquero todavía se emplea la subasta a la baja, también denominada subasta holandesa: desembarcado el  pescado y congregadas las sardineras en la sala (lonja, cofradía), el subastador (denominado cantador en Santurtzi, vocablo que incluso ha generado un apodo familiar) marca un precio de salida del pescado acordado con el patrón del barco. Este precio va bajando gradualmente hasta que un comprador (sardinera), en competencia con el resto, detiene la subasta a voz en grito y adquiere el pescado por el último precio cantado, sin posibilidad de contraofertas. La subasta a la baja permite vender rápidamente mucha cantidad de producto perecedero y hacer llegar al consumidor pescado fresco del día, pescado pocas horas antes, un atributo muy valorado en este tipo de alimento. De aquí el prestigio de las famosas sardinas, anchoas, etc. de Santurtzi y del Abra en general.

Para determinar el valor de la pesca a subastar se exponían unas muestras para comprobar la calidad del producto antes de comenzar la subasta. Cada sardinera evaluaba a cuándo la podría comprar y a cuánto la podría vender para sacar un beneficio y en función de ese cálculo detendría antes o después la subasta. Como en todo, la experiencia era un grado, la picaresca estaba a la orden del día pues el pescado expuesto solía ser seleccionado entre lo mejor de las capturas para elevar su precio y había que tener en cuenta que quien antes compraba antes llegaba al consumidor final y antes vendía su producto. Más allá de las 13:30 era muy difícil vender o había que hacerlo a muy bajo precio.

El procedimiento inicial para adjudicarse la subasta, a mano alzada y a viva voz, generaba no pocas riñas y altercados entre las sardineras así que, con el tiempo, se implantó un sistema más moderno, el uso de la curiosa mesa de subastas o bombo que todavía se conserva aunque necesita una intervención para garantizar su conservación. Se trata de un dispositivo electromecánico con terminales en cada uno de los asientos numerados de los bancos de la sala de subastas. Cuando una de las sardineras quería adjudicarse un lote de pescado pulsaba el botón ubicado en el lateral del asiento y un impulso eléctrico en la mesa dejaba caer la bola numerada correspondiente a ese asiento. Aun así, las disputas entre sardineras no cesaron, era mucha la rivalidad y la necesidad.

Un asistente del cantador, el secretario, tomaba nota del nombre del comprador, del lote adjudicado, cantidad (por raseros o baldes) y del precio de venta. Extendía una papeleta y con ella iba la sardinera hasta la embarcación en donde le entregaban la pesca adquirida.

Como ya he comentado, la mesa de subastas no está en buenas condiciones. De hecho no se podría utilizar porque el mecanismo electromecánico no funciona. Y su reparación requiere de la intervención minuciosa de un especialista. Tampoco debemos pensar que es una pieza única aunque desde luego es una rareza. Apenas hay noticia de tres o cuatro ejemplos más según me informa Luis Javier Escudero Domínguez: uno en Mutriku (en la cofradía); dos en Bermeo (en el Museo del Pescador), uno manual y otro eléctrico;  y otro en Ribadesella.

En esta última localidad la mesa de subastas es muy semejante a la nuestra. Se conserva en la sede de la Cofradía de Pescadores Virgen de la Guía. El antiguo sistema de subasta a la baja se denomina Rula y todavía funciona la mesa de Rula, de forma circular, dividida en 5 secciones con 10 hoyos numerados con una bola en su interior. Cuando el comprador detiene la subasta pulsando el botón en una moderna pantalla se muestra su número y en la mesa de rula el hoyo con ese número hace saltar la bola. En el caso de que varios compradores pulsen a un tiempo, el número de cada uno de ellos destacará en la pantalla pero en la mesa de rula sólo saltará una bola con el número del ganador de la subasta. Tradición y modernidad caminan de la mano sin problemas.

Interior Cofradía Rivadesella

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Sobre el origen de nuestra mesa de subastas la única pista que tenemos es la placa que conserva en un lateral y la leyenda, sin confirmar, de que procede de la cofradía de Zierbena.

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Mesa frontal

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Está realizada también en madera y es algo más grande que la de Ribadesella. Tiene forma de decágono regular, dividida en 10 secciones de 6 hoyos. Fabricada por una empresa denominada Miguel y Felipe con sede en el casco viejo de Bilbao. He encontrado algunas referencias e incluso imágenes de esta empresa en viejos anuarios comerciales de comienzos del siglo XX.

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Pero, aun así, no podemos establecer la fecha exacta en que se construyó esta curiosa mesa y su relativamente complejo sistema eléctrico interior ni cuándo y cómo llegó a Santurtzi. Otro misterio a resolver…

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Chalet Amesti

El reciente derribo del denominado chalet de Amesti para la construcción de un exclusivo edificio de viviendas de lujo junto al palacio de Oriol (así se publicita esta promoción por la Inmobiliaria Txitxarra) me permite llamar la atención sobre un elemento patrimonial del que ya he hablado en otra entrada, la batería de costa de Campo Grande.

Urbanización en chalet Amesti

La Batería de Campo Grande (el Campo de Bilbao o el fuerte de Santa Bárbara) estaba situada en la zona de Peñota a la altura del núm. 23 de la avenida Cristóbal Murrieta, donde se levantaba hasta hace unas semanas el chalet de Amesti, cuyos cimientos se fundamentaban precisamente sobre una gran plataforma de sillería de forma pentagonal que recuerda la planta que originalmente dispuso el recinto. Aunque ahora conocemos esa zona, como digo, con el nombre de Peñota tradicionalmente se denominaba Campo Grande. Este topónimo lo podemos leer, completo y sin dificultad, en los pilares de la puerta de acceso a la Escuela de Música y, hasta hace unos días, en el acceso al chalet Amesti.

Campo Grande 23

La construcción de la batería de costa se ejecutó en torno a 1639-1641, en un “parage muy preheminente y de donde á poco riesgo se puede haçer gran daño al enemigo“. El recinto en 1684 presentaba “una muralla de cal y canto” de 46 metros de largo y una anchura entre 1,70 y 4,20 m, en la que se abrían un total de 4 o 6 troneras (según las fuentes). La Guerra de la Independencia supondrá su práctica total destrucción (“estan enteramente derrotados e inutilizados desde la entrada de los yngleses“), y tras años de abandono será restaurada en 1827-1828 adoptando una nueva planta tal y como aparece reflejada en un sencillo plano dibujado a principios de la I Guerra Carlista. Esta nueva batería presentaba una superficie mayor que la de su antecedente (26 m de ancho por 47 de largo), con una planta pentagonal y un total de 5 troneras para cañones y una pequeña tejavana en el punto más protegido de la misma. A pesar de esas reformas la batería será completamente abandonada una vez finalizado ese conflicto, para finalmente en 1861 ponerse en venta el “terreno y escombros de la casa ó fuerte derruido denominado el Campo Grande”.

Desde entonces, apenas hay noticias sobre las ruinas. Finalmente, a mediados de los años cincuenta del siglo XX (la solicitud de licencia de obras tiene fecha de 19 de agosto de 1954), Juan de Amesti Izaguirre proyectó y edificó una vivienda unifamiliar como residencia propia sobre los restos de la citada batería de costa. Sería de desear que se haya pensado en realizar una intervención arqueológica de urgencia para documentar al menos los restos que pudieran conservarse de la batería de costa.

Contorno del fortín-2 - copia

Contorno del fortín-3 - copia

Y además si, como parece observarse de la infografía que muestra el resultado del área, una vez concluida la edificación, sobre la batería de costa se ubica un jardín, sería el lugar perfecto para ubicar a nuestro oxidado cañón, junto con un panel informativo que nos recuerde el patrimonio perdido.

infografía

Para concluir la entrada acerca del “difunto” chalet de Amesti, unos apuntes sobre sus características. El chalet viene siendo descrito repetidamente en la escasa bibliografía existente al respecto como una vivienda unifamiliar de estilo tradicional… aunque yo no sé a qué se refieren al emplear ese calificativo. Era más bien un chalet con tejado a dos aguas que no destacaba por sus valores arquitectónicos o estéticos, en mi opinión. Sin embargo, en este chalet despuntaba un elemento ornamental por el que siento mucho interés, el escudo heráldico, el último trabajo realizado por el padre del arquitecto, Anastasio Amesti Astorquia, primo de Miren Rojí Astorquia.

Escudo Amesti piedra

Anastasio  Amesti (Mañaria, 1884 – Santurtzi, 1957) fue un célebre maestro cantero, constructor de sepulturas y panteones en la mayoría de los cementerios de Encartaciones que, una vez jubilado, esculpió en estilo neoclásico el escudo de su linaje para ornar la vivienda. Con yelmo, plumajes y manto de lambrequines, el escudo reproduce las armas del linaje Amesti que, al parecer, tiene su origen en Busturialdea y que puede blasonarse de la siguiente manera: en azul (como refleja el rayado horizontal) una banda de oro (que se deduce del punteado), acompañada en lo alto de tres estrellas de ocho puntas de oro, colocadas dos y una, y un creciente tornado de plata y en lo bajo de dos llaves atadas con tres eslabones, todo de oro.

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