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Posts Tagged ‘Lavaderos’

El miércoles 26 de abril tuvo lugar la presentación en Mamariga Kulturgunea del excelente trabajo de investigación realizado por Joseba Trancho sobre el molino harinero que se levantó en el paraje de Cercamar a finales del siglo XVII y del que aún quedan ruinas de su fábrica, pero de cuya existencia prácticamente nadie tenía recuerdo.

El próximo sábado, 10 de junio, tendremos la oportunidad de conocerlo in situ gracias a la visita guiada que se ha organizado al efecto. Además, se visitará uno de los escasos lavaderos que se conservan en el municipio, construido en 1919, en el que se escenificará cómo hacían la colada nuestras amamas hace 100 años.

Los que pudimos asistir a la exposición de Joseba Trancho tuvimos la oportunidad de conocer, a modo de introducción, diversos aspectos relativos a los molinos, las diferentes tipologías que han existido y su evolución a lo largo de la historia. Después trató específicamente de los molinos hidráulicos y su estructura (elementos que forman la instalación hidráulica y la moledora). La tercera parte de la exposición la dedicó a explicar el proceso de molienda. Estos tres primeros apartados nos ayudaron a comprender la importancia social y económica de estos ingenios que resultaron ser fundamentales en una sociedad eminentemente agrícola como era la anterior a la Revolución Industrial.

Finalmente, Joseba Trancho se centró en el trabajo realizado sobre el molino harinero que hubo en Cercamar, el molino más antiguo de los tres o cuatro de los que se tiene constancia en Santurtzi. Según su investigación, el de Cercamar no llegó a los cien años de vida. Sin embargo, es innegable su valor histórico como parte importante del patrimonio, presente o desaparecido, de Santurtzi.

Otros molinos, como el de Villar, no han dejado rastro físico pero sí en la toponimia histórica, dando lugar a la denominación río del molino o río del molino del Mello que hace referencia a un molino perteneciente en algún momento a un propietario apellidado Etxeandia. De este molino tenemos una clara referencia en una noticia publicada en el periódico La España el 19 de diciembre de 1860. Somo es un lugar del Serantes, toda la cuesta entre Villar y Las Pozas.

Otro molino se ubicaba casi en la desembocadura del arroyo de Las Viñas o de Los Pobres de Oyancas, en las inmediaciones de la actual casa consistorial, y fue propiedad de la familia Murrieta. No hay mucha más información al respecto.

Sobre el molino de Cercamar, del que tuvo conocimiento gracias a un comentario casual de un vecino de Mamariga, Agapito Bilbao Luis que en su juventud vivió en un caserío próximo, Joseba Trancho ha realizado un completo trabajo de investigación con el objetivo de rescatarlo del olvido. De ese trabajo he extraído la mayor parte de la información que presento a continuación.

Los restos del molino y de la casa del molinero se encuentran ubicados en la falda norte del Serantes, en una parcela propiedad de Repsol Butano, cruzada por el antiguo camino carretil (en amarillo) que comunicaba el núcleo de Santurtzi con Zierbena a través de Mamariga, Regales, Higareda, Ontanillas, Cercamar y El Calero. Hay que tener en mente que la actual carretera (en rojo) no existía y ni tan siquiera se imaginaba hasta finales del siglo XIX. Sus ruinas (señaladas con la flecha naranja), recubiertas de zarzas y vegetación diversa hasta hace unas semanas, han pasado desapercibidas a los ojos de las pocas personas que transitaban por ese paraje. El siguiente mapa de comienzos del siglo XX nos puede ayudar a ubicarnos.

Y este es el croquis que Joseba Trancho ha realizado de toda el paraje en donde ha señalado el camino carretil que salvaba el arroyo mediante un puente, probablemente de piedra, del que no hay vestigios, la balsa de agua, la presa y, junto a ella, el molino. Unos metros aguas abajo la casa del molinero. Tanto desde el molino como desde la casa del molinero partían sendos caminillos que enlazaban con el principal.

Su valor arquitectónico es muy escaso pues, además de su estado ruinoso, se trataba de un molino muy sencillo, de planta cuadrada, construido en mampostería y similar a otros de la época: dos plantas, la estolda (término con el que en Encartaciones se denomina el cárcavo o cárcamo) donde se encontraba el mecanismo que permitía la rotación de la muela y, sobre ella, la sala de molienda.

Se conserva parte de la presa que recogía el agua en una balsa de unos 300 my parte de las paredes de la estolda. Todo el piso de molienda ha desaparecido. Cerca están los restos de la casa que se supone que era del molinero.

Tras seis meses de trabajo, el investigador ha podido constatar que la vivienda data del siglo XVI. Según la documentación conservada en diferentes archivos, Ochoa de Salazar, biznieto del banderizo y cronista Lope García de Salazar, heredó la casería (vivienda principal y diversas dependencias anejas) de Cercamar hacia 1535 y esta no incluía un molino. Alguno de los sucesores ordenaría su construcción pero no se ha encontrado documentación de la época que lo corrobore. Hay un largo lapso de tiempo durante el cual se desconoce cómo se transmite la propiedad de la casería de Cercamar hasta llegar a 1759 cuando los descendientes o herederos de Ochoa de Salazar, que residían en Villarcayo, vendieron el molino ya en estado ruinoso.

La construcción se habría hecho necesaria debido a la existencia de abundantes campos de cereal en toda esa ladera del Serantes que la toponimia histórica nos confirma. La Primera Mies, la Segunda Mies y la Tercera Mies son términos que nos indican terrenos se dedicaban al cultivo de cereal (pan sembrar). La calidad de la tierra para cultivar viene determinada por la geomorfología de la ladera del Serantes y las sucesivas fases de glaciación y deshielo. La existencia en ese amplio paraje de un arroyo aprovechable para emplear su caudal como fuerza motriz determinó dónde ubicar el molino para moler la cosecha.

La explicación de su corta vida en funcionamiento se centra en la introducción del maíz en nuestro entorno a comienzos del siglo XVII ya que el molino estaba destinado a moler exclusivamente trigo. El maíz, como el mijo al que en buena parte reemplazó, era un cereal de primavera. Se plantaba en esa estación y se recogía por septiembre, frente a los cereales como el trigo, plantados en invierno y segados en junio, julio o agosto. El maíz, por tanto, desde que se sembraba hasta que se cosechaba sólo pasaba en tierra unos seis meses, de ahí que se le denomine cereal de ciclo corto. Por este motivo la tierra podía descansar aproximadamente medio año, tiempo suficiente para reponer espontáneamente su capacidad nutricional y, junto al añadido de excrementos animales y sobre todo de rozo cortado (maleza, helechos, etc), permitir un cultivo intensivo, desplazando al sistema de año y vez.

Las limitaciones estructurales del molino tampoco facilitaron su adaptación a los cambios en los cultivos. Los molinos grandes tienen dos rodetes: una para trigo y otra para maíz. Pero el molino de Cercamar era pequeño y si quería moler maíz, debía cambiar las piedras. Joseba Trancho proporcionó durante la presentación del trabajo unas interesantes estimaciones de la producción media de cereal por hectárea cultivada (entre 30.000 y 40.000 kg al año) y la capacidad de procesado del grano del molino (unos 30 kg a la hora), funcionando entre 4 y 6 meses al año (en función del régimen de precipitaciones y disponibilidad de agua). Teniendo en cuenta todos estos factores y los cambios introducidos en los cultivos, al final, dejó de ser rentable al cultivarse menos trigo y más maíz y acabó siendo abandonado y sepultado por la vegetación circundante. A partir de entonces, el cereal cultivado en el Santurtzi costero, una vez separado el grano de la paja, se tenía que transportar en sacos a lomos de caballería (más burros que caballos) hasta otros molinos más alejados.

El arroyo, por su parte, también ha sufrido ulteriores transformaciones, fundamentalmente a finales del siglo XIX, cuando se aprovechó su caudal para el abastecimiento de aguas a la población del municipio. Mas recientemente, en pleno siglo XX, se construyó un abrevadero para el ganado.

En el Serantes, además de las ruinas del molino podemos encontrar otros elementos de importancia histórica y etnográfica como son los caleros (uno en la ladera sur y otro en la norte que ha dado lugar al topónimo El Calero) y los lavaderos. De los catorce censados se conservan dos: uno en Sorías, totalmente cubierto por la vegetación, y otro en Ontanillas, recientemente restaurado, que también es objeto de esta visita. Las dos siguientes fotografías ilustran el antes y el después.

Se aprovechará para escenificar una estampa costumbrista, la limpieza cotidiana de la ropa por parte de nuestras amamas. No debemos olvidar que la inexistencia de agua corriente en las casas del siglo XIX y buena parte del XX hizo que las mujeres de aquella época tuvieran que servirse de las fuentes públicas y los lavaderos comunitarios, a los que acudían con los baldes de ropa sobre sus cabezas, para abastecerse de agua y mantener limpia la ropa de sus hogares. Una labor dura y exigente que muchas veces se hacía en lavaderos al aire libre o apenas techados en los que el viento y el frío castigaban la piel y los huesos de estas esforzadas amas de casa a las que la llegada al hogar con el balde de la ropa aún les esperaban numerosas tareas y responsabilidades.

Las siguientes imágenes pueden darnos una idea de como era la actividad que se desarrollaba en un lavadero. La primera corresponde a Muskiz, la segunda al lavadero de La Txitxarra y está fechada en 1943.

A los lavaderos les dedicaré una entrada específica más adelante para incluir los edificados en el núcleo urbano del municipio. Y para ubicar mejor todos los topónimos que he ido mencionando nada mejor que consultar la excelente obra de Carlos Glaría titulada Santurtzi, entidad histórica, lengua y toponimia.

Para hacerse una idea de un molino del periodo preindustrial os recomiendo una visita a la ferrería del Pobal, en el vecino municipio de Muskiz.

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