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Cada 12 de diciembre las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de la Cobertura Sanitaria Universal para recordarnos que todas las personas tienen derecho, sin discriminación alguna, a servicios sanitarios integrales de calidad. Este año, además, se conmemora el centenario de la virulenta pandemia de gripe de 1918 que causó la muerte de millones de personas en todo el mundo, en parte por no tener acceso a esos servicios básicos. Estas dos efemérides me sirven de excusa para dedicar una entrada a la afección de la epidemia de gripe de 1918 en Santurtzi.

La epidemia de gripe de 1918 tuvo una inusitada gravedad. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables. ​Es considerada la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 40 y 100 millones de personas. Esta cifra de muertos, que incluía una alta mortalidad infantil, se considera uno de los ejemplos paradigmáticos de crisis de mortalidad.

La mayoría de los investigadores aceptan que la pandemia se inició en marzo de 1918 en los Estados Unidos. Incluso señalan en su origen a los trabajadores chinos contratados en Camp Funston (Texas) y el 4 de marzo como el día exacto de su inicio. Sin embargo, en el otoño de 1917 ya se había producido una primera oleada heraldo en, al menos, catorce campamentos militares del ejército estadounidense.

Otros autores creen que la epidemia ya se había manifestado en el ejército inglés en 1916-1917. El origen oriental de la pandemia también podría estar en la “pneumonie des Annamites” que se observó en Francia en 1916 y 1917, como bien documentan los archivos militares franceses. Precisamente uno de sus últimos brotes documentados ocurrió el mes de abril de 1917 en Chartres.

Lo cierto es que el virus que causó la epidemia de gripe en los Estados Unidos en marzo de 1918, en algún momento del verano de ese mismo año, sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal, el Influenza virus A de subtipo H1N1. El primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses.​ Desde Francia la primera onda epidémica se extendió por toda Europa, devastada tras cinco años de guerra que acabaría con el armisticio de noviembre de 1918. Y rápidamente, en unos meses, la epidemia alcanzó los confines del mundo habitado, trasformada en pandemia global.

Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa. España no se vio involucrada en la gran guerra y no censuró la información sobre la enfermedad. Los médicos militares franceses la denominaban veladamente la maladie onze, la enfermedad once. A principios de junio, los parisinos, que desconocían los estragos que la gripe había causado en las trincheras, se enteraron de que dos terceras partes de los madrileños habían enfermado en solo tres días. Sin ser conscientes de que la gripe llevaba mucho más tiempo entre ellos y con la interesada condescendencia de sus respectivos gobiernos para cargarle el muerto a otro, los franceses, los británicos y los estadounidenses empezaron a llamarla la gripe española.

A diferencia de otros virus que se transmiten por contacto sexual o por la sangre, el virus de la gripe lo hace por el aire, en minúsculas gotas de agua expulsadas a través de toses, estornudos, etc. El contagio se produce cuando entran en contacto con las vías respiratorias de otra persona.

Los síntomas que presentan los enfermos de gripe son fiebre alta, dolor de cabeza, dolor y malestar general, tos, dolor de garganta, daños en los oídos…Como podemos observar la infección afecta a la nariz, la garganta y, si se da el caso, los pulmones, llegando  a provocar la muerte. En el caso de la gripe de 1918, la muerte se producía por asfixia, cuando los pulmones se llenaban de un líquido sanguinolento. De hecho, esta gripe se bautizó en un principio como “epidemia púrpura”, ya que los infectados cuando iban a morir presentaban manchas violáceas en las mejillas, que conforme pasaba el tiempo se transformaban en manchas negro-azuladas. En ese momento, el infectado estaba condenado a morir.

Para conocer más detalles de esta pandemia es recomendable la lectura del libro ‘El jinete pálido. 1918: la epidemia que cambió el mundo’ de Laura Spinney.

Anton Erkoreka en su publicación titulada La pandemia de gripe española en el País Vasco (1918-1919) analiza el comportamiento contradictorio de la enfermedad, condicionado por la orografía, el clima, las vías de comunicación que unen Paris y Madrid, etc. De este modo, se manifiesta una primera onda epidémica, a finales de la primavera de 1918, que subió desde Portugal, Andalucía y Extremadura y no atravesó las cadenas montañosas del norte de la península ibérica, contra las que se agotó en junio de ese año. En cambio, una segunda onda epidémica bajó de Francia en septiembre, atravesó rápidamente el territorio, se extendió por toda la península y provocó una gran mortandad, llegando hasta el último rincón en muy pocas semanas. La pandemia mostró su peor cara en otoño de 1918. Con la llegada de un tiempo propicio para enfermedades respiratorias, el virus de la gripe mutó y se volvió aún si cabe más letal. Durante este período se registraron más muertes que en ningún otro, especialmente durante el mes de octubre.

El 1 de octubre se publicaba en prensa la circular del gobernador civil de Bizkaia que, como presidente de la junta provincial de sanidad, ordenaba, entre otras medidas, la suspensión de toda clase de fiestas, espectáculos, reuniones y otras aglomeraciones públicas para evitar la propagación de la enfermedad.

El día 6 de octubre aparecían recomendaciones a tomar para evitar el contagio.

El día 22, ante la gran alarma social creada en Bilbao, el Ayuntamiento publica una estadística que recoge todas las muertes producidas en su término municipal durante los primeros 19 días del mes de octubre.

El grupo santurtziarra de aficionados a la genealogía, Santurtziko GenealogiZaleak, ha querido contrastar la información publicada al respecto a nivel global con el comportamiento de la epidemia en nuestro municipio.

El trabajo de campo ha sido sencillo pero muy laborioso. Se ha desarrollado a lo largo de un mes aproximadamente. En el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia se han contabilizado los fallecidos durante los años 1915-1921 para ver si en 1918 y siguientes hubo un número anormalmente alto de defunciones.

Además, se han revisado detenidamente todas las partidas de defunción de los santurtziarras fallecidos en 1918 buscando la causa del óbito. Las diferentes causas de defunción asociadas a la epidemia de gripe recogidas son: neumonía gripal, neumonía doble gripal, bronconeumonía de origen gripal, bronconeumonía doble de origen gripal, neumonía disentería gripal, neumonía gripal infecciosa, etc.

De los 119 fallecidos en Santurtzi en 1918, el 65% lo fueron a consecuencia de la gripe y sus complicaciones: 78 personas de las cuales 34 eran mujeres, 26 eran hombres y 18 eran niños entre 0 y 12 años. Efectivamente, la segunda onda epidémica fue más devastadora como se refleja en el gráfico.

Algunos días se registraron hasta cinco defunciones consecutivas  como, por ejemplo, el 10 de noviembre de 1918. De Santurtzi no tengo información, pero en otras localidades quedó suspendida la costumbre de que las campanas doblaran a muerto durante esos luctuosos escenarios para no sembrar el pánico.

Con algunas familias la epidemia se ensañó. Por ejemplo, el matrimonio formado por Inocencio García Mardones y Felipa Fernández Llaro: el falleció el 24 de octubre y ella el 30. El 27 de octubre, en pocas horas fallecen dos hermanas, Ascensión y Pilar Gutiérrez Bastida. Leonor Ruiz Urrestizala, de 27 años, fallece el 12 de octubre y su hermano Cristóbal, de 25 años, fallece dos días más tarde.

Más ejemplos. En apenas unos meses fallecen dos jóvenes de 14 y 17 años: Dolores Urioste Sodupe, el 3 de junio y su hermano Antonio, el 29 de noviembre. Una niña de 11 años, María Concepción Tirado Aguirrebeitia, fallece el 13 de enero  y su padre de 38 años, Apolinar Cecilio Tirado Rus, fallece el 28 de octubre. Desconsolada tuvo que ser la situación de la familia Alique Llana: dos hermanos, Jesús de 8 años y José de 14 meses, fallecen el 17 de octubre y el 27 de diciembre respectivamente. Un último ejemplo: María Luisa Abad Tueros, de 20 años de edad, se casa el 14 de octubre y fallece el día 21.

Afecta a todos los estratos sociales, fallece gente corriente y personajes acomodados como Santiago Joaquín Benito Murrieta Cabieces, hermano de Juan Murrieta el californiano; el maestro Fermín Reparaz Aguinaga; María Encarnación Baladía Quintana, suegra de José Sanginés, el propietario del chalet Sanginés y abuela de Leonor Amezaga; y María López Salgueiro, hermana del propietario del palacete en el que ahora se ubica la Escuela de Música.

Entre los fallecidos hay algún familiar más o menos cercano, Simón Baldomero Fernández Novo, hermano de mi abuelo paterno.

También hemos tenido en cuenta la repercusión que tuvo en los cinco primeros meses de 1919 y 1920, considerados a nivel mundial como afectados por la misma pandemia. Por suerte, la afección en Santurtzi fue mucho menor aunque se detectan defunciones a causa de la gripe. En 1919 hubo 15 fallecidos: 2 mujeres, 3 hombres y 10 niños entre 0 y 6 años. En 1920 hubo 14 fallecidos: 7 mujeres, 5 hombres y 3 niños  entre 0 y 13 meses.

En la siguiente tabla, en rojo el número total de fallecidos anualmente entre 1915 y 1921, y en verde las muertes causadas por la gripe (para 1919 y 1920 solo enero-mayo). Teniendo en cuenta que en 1912 (no se refleja en la tabla) hubo 123 fallecidos, más que en 1918, y que en 1921 se contabilizan 110 es difícil extraer conclusiones.

Además, sorprendentemente, de los 123 fallecidos en 1912, a 23 se les diagnosticó bronconeumonía,  a 18 bronquitis capilar y a otros 2 bronquitis catarral como causa de la muerte. Dicho esto, parece ser que la mortalidad no aumenta en exceso en 1918, si bien la causa de la muerte de la mayoría de los fallecidos en 1918 está directamente relacionada con la epidemia de gripe y afecta a sectores de la población que normalmente no se veían afectados. Además, las muertes se concentran en los meses de octubre y noviembre, principalmente.

Como acertadamente apunta la socióloga Beatriz Echeverri Dávila en su estudio sobre la gripe de 1918, la pandemia afectó especialmente a los adultos jóvenes. En un año no epidémico, las muertes por gripe se concentran en los dos sectores más débiles: los niños menores de un año y los ancianos. En 1918, en cambio, la mortalidad más elevada se registró entre las personas con edades comprendidas entre 20 y 44 años.

Para finalizar, el listado de las personas fallecidas en Santurtzi en 1918, 1919 y 1920 a causa de la epidemia de gripe.

  • 1918

Luis Rivero González, Maria Concepción Tirado Aguirrebeitia, María Encarnación Baladia Quintana, Luisa Torrealday Galíndez, Felisa Otaola Larrea, María Josefa Uriarte Iriarte, Araceli Fernández Tamayo, Mariana Gómez Barquín, Victoria Pantaleona Chabarri Muñecas, Cesáreo Mendazona Eugenia, Edmundo Resurreción Echandia Alberdi, Benedicta Ranero Uriarte, Santiago Joaquín Benito Murrieta Cabieces, José María Hormaechea Pon, Justa Fernández Quintana, Valentina Rodríguez López, Leonor Ruiz Urrestizala, Sergio Belategui Sierra, Plácida Mendicote Ibarra, Petra María Fernández Álvarez, Ubaldina Martín Torres, Cristóbal Ruiz Urrestizala, Trinidad Gajaca Peral, Genaro Arribas Martínez, Josefa Landeta Arana, Jesús Alique Llana, Avelina María Capetillo Vizcaya, Miguel Ugarte Iriarte, José López de Eguinoa San Miguel, María López Salgueiro, Hilaria Arenas Sarasola, María Luisa Abad Tueros, Carmen Castaños Ruiz, Buenaventura (Francisca Ramona) Arrizabalaga Izaguirre, Manuel Arenas Sarasola, Inocencio García Mardones, Benigna Recondo Aguirre, Manuela Lucena Ugalde, Eladio Martín García, Manuela Portillo Barreras, Francisco López Zardón, Martín García Balmuri, Custodio Ugalde Zuloaga, Ascensión Gutiérrez Bastida, Pilar Gutiérrez Bastida, Apolinar Cecilio Tirado Rus, Felipa Fernández Llaro, Ramón Rodríguez Urioste, María Josefa Camino Chabarri, Carmen Allu Patiño, Leonardo Juan Alonso Castillo, Segunda Felisa Loredo Muñoa, Simón Baldomero Fernández Novo, Isidro Larrabide Solachi, Francisco Enrique Llantada Ruiz, Gabriel Clavet Soler, Avelina Lafuente Val, José Manuel Ramón Bosque Rodriguez, Ramón Iriarte Manzaneda, Elisa Lázaro Lázaro, María Engracia Castillo Urioste, Genaro Belategui Herboso, Félix Cayón Trespalacios, Benita Alonso Fernández, Santiago Castaños Ruiz, Petra Díaz Chasco, Pablo Vallejo Encina, Bernarda Juliana (Luciana) Alcalde Echaniz, Timotea García Respaldiza, José María García Garrido, Fermina Martínez Rabre, Antonio Urioste Sodupe, Serafina Blanco Camaño, Manuel González Soteras, Julita Viguera Cosquero, Clementina Fernández Pérez y José Alique Llana.

  • 1919 (enero-mayo)

Concepción Obregón Pérez, Domingo Martínez Astobiza, Ricardo Vitoriano Cintas Rodríguez, Micaela Agustina Furundarena Larrañaga, Pedro Mendizabal Echebarria, José Oribe Nazabal, Inocencio Justo Zubillaga Cordón, Guillermo Barquín López de Eguinoa, Emilio Ranero Uriarte, Serafina Zarate Peral, Jesusa Fernández Pérez, Quintín Pérez Lafuente, Alejandro Pita Ugarte, Francisco Renobales Renobales y Federico Arana Arana.

  • 1920 (enero-mayo)

Dorotea García Alonso, José María Ortiz Arteaga, Isidora Montemayor Sodupe, Antonio Gutiérrez-Barquin Seistrueba, Félix Aramburu Tajada, Herminia Muñoz Carrasco, Petra Elisa Goiri Careaga, María Rosario Rubín de Celis Pradas, Severiana Lucía Landeta Quintana, Encarnación Cintas Rodríguez, Clemente Castillo San Martín, Manuel Urtiaga Bayón, Fermín Reparaz Aguinaga y Petra Elisa Doradel García.

En el artículo correspondiente a la repercusión de la pandemia de gripe en Portugalete, publicado por Aurelio Gutiérrez en su blog La vida pasa, encontramos algunos fallecidos que, siendo vecinos de Portugalete, habían nacido en Santurtzi: José García Gorostiza, Nicolás Santacoloma Sasia, Pedro Aranceta Menchaca, Elpidio San José Puente y Saturnina Balparda Durañona. Todos fallecidos en 1918.

 

 

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La primera mención que relaciona al apellido Chacón con una farmacia la encontramos en Lamiako (Leioa). A principios de 1926 Ángel Chacón Laiz (1888-1955) abrió la primera farmacia que hubo en ese municipio. Sin embargo, este farmacéutico pronto se trasladó al cercano municipio de Santurtzi. Era una buena oportunidad de negocio ya que, tras el cierre de la farmacia de la viuda de Picatoste, en nuestro municipio solo quedaba una única farmacia, la de Oraá, para atender a una población en crecimiento.

Ángel Chacón Laiz nació el 1 de marzo de 1888 en La Pola de Gordón (León). Hijo de Ildefonso Chacón Rodríguez, farmacéutico, y de María Laiz García. Cursó los estudios de farmacia en Santiago de Compostela, licenciándose en 1913. Antes de trasladarse a Bizkaia ejerció en Santa Lucía de Gordon (León) entre 1914 y 1925, según la investigación realizada por Arantza Saratxaga citada al final de esta entrada. Sin embargo, a comienzos de 1921 ya estuvo en Bizkaia puesto que contrae matrimonio en Ortuella con Teresa Rueda Velasco. Finalmente, en 1926, abrió una farmacia en Leioa entre enero y noviembre de ese año.

En diciembre de 1926 comunicó al Ayuntamiento de Santurtzi que había abierto una nueva farmacia en nuestro municipio, en los bajos del núm. 12 de la avenida Murrieta, y solicitaba la correspondiente inspección. Esta se realizó el 8 de enero de 1927, de manera que la farmacia quedó oficialmente inaugurada ese mismo día, hace 90 años. El Archivo Foral de Bizkaia conserva, entre la documentación histórica depositada por el Ayuntamiento de Santurtzi, un plano de las instalaciones de cuando Ángel Chacón Laiz solicitó la apertura del establecimiento en 1926. Se trata de un plano más completo y detallado de lo que suele ser habitual en este tipo de documentos.

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Angel Chacón Laiz estuvo al frente de su farmacia hasta su muerte en Santurtzi en febrero de 1955. A partir de entonces se hizo cargo de la farmacia su hijo, Ángel Chacón Rueda, nacido también en La Pola de Gordón en 1923. Se licenció en Farmacia en Santiago de Compostela en 1953. La transmisión de la dirección de la farmacia se hizo oficial el 13 de octubre de 1956 y ejercería en ella hasta febrero de 1986. Para entonces ya había cambiado de ubicación trasladándose al núm. 18 de la calle Jenaro Oraá a comienzos de 1978. Ángel Chacón Rueda falleció en Bilbao el 15 de febrero de 2010 a los 88 años de edad.

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Ángel Chacón Rueda participó en una conocida tertulia antifranquista de los años sesenta que desarrollaba un nutrido grupo de heterogéneos personajes en la cafetería La Concordia, situada en una calle perpendicular a la de la estación del mismo nombre, en el centro de Bilbao. Los participantes se solían reunir los sábados a partir de las siete de la tarde y la tertulia duraba generalmente hasta las diez de la noche. Entre los participantes, el farmacéutico Ángel Chacón era conocido, como el cónsul cubano de Santurce.

Era un ferviente admirador de la Revolución Cubana y, en consecuencia, se relacionaba mucho con marinos cubanos que recalaban a Santurtzi. Pronto les invitó a participar en la tertulia animando las conversaciones ya que permitían seguir al detalle la situación en Cuba después de la Revolución. Después del asesinato de Ernesto Che Guevara, los participantes de la tertulia celebraron varias reuniones en el domicilio particular de Ángel Chacón, en la que se leyeron y grabaron diversos poemas dedicados al comandante revolucionario. Sabina de la Cruz grabó un emotivo poema suyo. Blas de Otero grabó algunos de sus poemas como los dedicados a Vietnam, a Tania la guerrillera, al malecón de La Habana, etc.

Como curiosidad, la farmacia Chacón elaboraba una fórmula especial para calvas de la barba. Y durante la explosión del butano la noche del 17 de enero de 1967, la farmacia, que tenía el turno de guardia, permaneció toda la noche abierta.

Pero la relación de esta saga familiar de farmacéuticos con Santurtzi tiene una segunda vertiente en la persona de Miguel Rueda Goicuria, primo de Ángel Chacón Rueda, que abrió una farmacia en la actual avenida Iparraguirre, cerca de su intersección con  la actual calle Itsasalde, en 1956.

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Posteriormente, en 1968, trasladó la farmacia a un local en José Miguel de Barandiaran, 26 para acercarla al centro de salud recién construido. Su hija Elena Rueda Guantes se hizo cargo en 1990 de otra farmacia (farmacia Alonso) ubicada en las proximidades, en José Miguel de Barandiaran, 18. Pero en 2002 se trasladó a la de su padre, en donde continuó hasta su prematura muerte el 29 de septiembre de 2011.

Parte de la información la he extraído de una obra publicada en 1998, realizada por una compañera de facultad y durante un tiempo también de trabajo, Aranzazu Saratxaga Garai, el Catálogo de Farmacias Tradicionales de Bizkaia.

Y tengo que agradecer la colaboración de Begoña Muñoz en el grupo de Facebook Santurtzi y sus gentes que me informó de un dato fundamental: que las dos sagas de farmacéuticos estaban emparentadas. Gracias al Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, que permite consultar en línea los registros sacramentales, y a otras fuentes, he podido construir el siguiente árbol genealógico.

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Finalizo la entrada con una interesante fotografía, cedida por la web de fotografías de Santurtzi, de comienzos de los años 60. En ella se puede reconocer a varios médicos, practicantes y farmacéuticos de nuestro municipio: José Alegría Caamaño (médico), Bruno Alegría Corral (médico), Juan María Antuñano López de Bustamante “katxabo” (practicante), Esteban Aramburu Bilbao (médico), Rolando Azcorra (médico), Ángel Chacón Rueda (farmacéutico), José Elejoste Astarbe (médico), Isidoro Fuente Lozano (médico), José María Garrido Lázaro (practicante), Eusebio Juárez Zabalía (practicante), José Luis Lezcano del Río (médico), Miguel Rueda Goicuria (farmacéutico), Juan Ugalde Bernaola (médico).

médicos y farmacéuticos

Tengo que seguir investigando para identificar a varias de las mujeres que, me comentan, son matronas o comadronas y practicantas. De momento reconocemos a Basilisa Herranz Rey (matrona) y Ana María Abadía Castrillo (practicanta).

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