Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Monumentos’

Como es tradicional, cada 23 de abril, fecha en que se venera de manera especial a San Jorge, copatrón de nuestro municipio, y “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”, la Red de Bibliotecas Municipales viene obsequiando a sus usuarios con un detalle. Se trata de una sencilla publicación que edita el Ayuntamiento desde  el año 2002, que no suele superar las 50 páginas, dedicada a promocionar el gusto por la lectura a través de obras de autores y/o temas locales, que ha dado lugar a la serie Cuentometrajes.

En 2014 se celebró el 40 aniversario de la creación de la primera biblioteca de la Red y por eso la efemérides mereció algo más significativo: una lámina que plasma una idílica vista del “casco” a comienzos del siglo XX (hacia 1907, con una licencia para incluir el monumento dedicado a Cristóbal y Luciano Murrieta, que es de 1923), realizada por el dibujante e investigador de temas locales Goio Bañales.

En 2015, aprovechando la citada lámina, se publicó un nuevo número de la serie Cuentometrajes, titulado Santurtzi 1900, en el que se ofrece unas pinceladas de los edificios, lugares y personajes más significativos que aparecen en ella como, por ejemplo, la iglesia dedicada al santo que dio nombre a nuestro municipio y de la cual este año se cumplen 940 años de la primera referencia escrita conservada.

En 2016, con motivo del Día Internacional del Libro, la Red de Bibliotecas de Santurtzi obsequió una lámina que reproduce una litografía a dos tintas realizada a mediados del siglo XIX por el pintor José Pérez de Castro (1823-1902). Se trata, precisamente, de una vista de parte de los arrecifes de Los Palos, situados entre La Peñota (gran peñasco que se encontraba próxima al acantilado y sobresalía en pleamar, que ha dado su nombre a la zona limítrofe con Portugalete) y la rada de Santurtzi (al antiguo puerto se le denominaba El Pedregal).

En 2017 no hubo regalo, pero se compensa con el de este año. Un álbum desplegable con ocho tarjetas postales que reproducen vistas y estampas costumbristas de ese pintoresco Santurtzi de comienzos del siglo XX. Un buen modo de celebrar el día del libro y de fomentar la memoria histórica de nuestro municipio. En esta iniciativa hemos participado, además de la Red de Bibliotecas, Pedro Martín (que ha iluminado una de las postales), Iñaki Cítores y yo mismo (que hemos cedido postales de nuestras colecciones particulares).

El álbum se puede conseguir, hasta agotar existencias, en las sucursales de la Red de Bibliotecas de Santurtzi.

 

Anuncios

Read Full Post »

Una vez repasada la historia del parque voy a centrarme en su elemento más singular, el kiosco de música. En primer lugar, es necesario tener en cuenta algunas consideraciones generales acerca de este tipo de edificación. Os remito a la lectura del artículo Una arquitectura para la música, el kiosco del arquitecto e historiador Iñaki Uriarte del que he extraído algunas ideas.

El kiosco o gazebo es un templete techado de planta simétrica (circular o poligonal) empleado como exótico mirador y elemento ornamental en los jardines palaciegos desde la segunda mitad del siglo XVII. En la siguiente imagen podemos ver a la vez dos ejemplos, uno de estilo clásico y otro de estilo oriental, en los Jardines del Príncipe en Aranjuez.

En el siglo XIX se suceden significativas transformaciones políticas, sociales y urbanísticas. Las nuevas políticas de ordenación urbana de las ciudades y el desarrollo de nuevos hábitos populares (la música deja de ser patrimonio de las elites) hacen que el kiosco de música se convierta en un elemento arquitectónico destacado en plazas, parques y bulevares.

Deviene una construcción elegante, diseñada para acomodar a las bandas de música tan de moda en la época. Sigue siendo una construcción muy abierta, simétrica con relación al eje central y de planta circular o poligonal, pero de mayor tamaño que su antecedente. Consta de un sólido basamento o zócalo de piedra o ladrillo sobre el que se sitúa la escena. La cubierta sostenida por columnas debe cumplir con ciertos requisitos acústicos y, a la vez, proporcionar abrigo básico ante las inclemencias meteorológicas. Para proporcionar mayor protección la cubierta sobresale a modo de alero.

Inicialmente eran modestas estructuras de madera, incluso sin techumbre. Con el tiempo se construyen en metal. El hierro fue empleado desde el último tercio del siglo XIX por su robustez, ligereza y posibilidades de moldeado. Existían catálogos con diferentes modelos de kiosco fabricados por diversas empresas de fundición. En numerosas localidades fueron proyectados ex novo por sus arquitectos municipales, pero también era muy habitual emplear como referencia piezas y elementos de esos catálogos, adaptándolos a las circunstancias concretas de cada lugar. La adecuada combinación de materiales, proporciones y ornamentos en una construcción tan simple, era fundamental para lograr una obra bella y correctamente integrada, ofreciendo la sensación de solidez en su base y ligereza en el resto.

Actualmente, debido a su escaso uso y falta de mantenimiento en algunos casos, porque se les considera simples peanas multiusos, padecen una preocupante desfiguración. Casi ningún municipio los destaca como una construcción de valor arquitectónico. Apenas están protegidos culturalmente, excepto si se insertan en un centro histórico o conjunto monumental. Y, sin embargo, aún en la soledad de su silencio emiten emoción y armonizan un lugar. En Santurtzi tenemos la suerte de haber sabido mantener nuestro kiosco de música en muy buen estado. Y además, el Ayuntamiento ha invertido en su conservación, sobre todo en la última década.

Respecto a la historia y evolución de los kioscos de música, Santurtzi constituye un buen ejemplo. Tenemos que remontarnos a los últimos años del siglo XIX para constatar la presencia de un kiosco de música de madera, desmontable y sin cubierta. Esto último era un inconveniente ya que en caso de lluvia la actuación de la banda de música y el baile se suspendían o se trasladaban al lugar techado más próximo, al pórtico de la iglesia de San Jorge. Este apaño finalizó a comienzos de 1919 cuando se prohibió utilizar el pórtico para estas lúdicas actividades, a petición del párroco Jenaro Oraá.

De este tipo de kiosco documentamos gráficamente dos modelos. Uno cuadrangular, que parece el más antiguo. Es apenas un tablao elevado con una estrecha escalera de cuatro peldaños y sencilla barandilla perimetral de largos travesaños horizontales. Se ubicaba en la entonces plaza del pueblo, la plaza del solar denominada con el tiempo plaza Juan José Mendizábal.

El segundo, documentado en la primera década del siglo XX es más elaborado. Sigue siendo de madera, pero es más amplio y más elegante. Tiene forma octogonal y tupida balaustrada de travesaños verticales torneados. En las fotos no se aprecia bien, pero podría tener unos altos y delgados soportes para sostener un toldo.

Finalmente, en 1917, aprovechando la transformación de parte de la explanada generada por el relleno en parque y jardines se edifica en el centro el actual kiosco de música. Ya en 1913 se había previsto la necesidad de edificar un kiosco estable. El primer proyecto fue el del arquitecto municipal Mario Camiña Beraza. Era el proyecto que se adjuntaba a la petición de cesión en arriendo de los terrenos para destinarlos a parque y jardines.

El kiosco diseñado por Mario Camiña constaba de dos cuerpos: el inferior de piedra y el superior formado por una estructura metálica. El primero tenía planta octogonal que se transformaba en cruciforme gracias a los cuatro pórticos sostenidos por pequeñas columnas. En el centro se planeaba un pequeño bar. El cuerpo superior, más estilizado, repetía la planta del inferior. Sobre el octógono central se elevaban ocho finas columnas metálicas que sostenían una desarrollada y decorativa cubierta con amplio alero.

Se desconocen las razones por las que este proyecto no se llevó a cabo. Quizás fuese la cuantía de la obra, la falta de tiempo para ejecutarlo o simplemente que Mario Camiña ya no era el arquitecto municipal.

El segundo y definitivo proyecto fue realizado por Ramiro Leza Agost. El tiempo apremiaba. En noviembre de 1916 el Ayuntamiento acuerda dirigirse a Ramiro Leza, excelente dibujante nacido en Madrid y formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En aquel entonces era delineante del Ayuntamiento de Getxo y tenía experiencia y reputación. Además, se aprovechó para abrir una suscripción popular para la financiación de las obras.

Para principios de diciembre Ramiro Leza ya tenía el proyecto, los planos y el presupuesto. A finales de ese mes el proyecto recibía el informe favorable de la Comisión municipal de Fomento, que además estimaba oportuno separar las obras: por una parte el parque, por otra el kiosco. Ramiro Leza redactaría los pliegos de condiciones para la realización de las obras y asumiría también la dirección facultativa. Como he comentado en la entrada precedente, a comienzos de enero de 1917 se sacaba a subasta las obras del parque, que se adjudicaban a finales de ese mismo mes a Pantaleón Rementería. Las obras para acondicionar la explanada como parque público se dieron por terminadas en junio de 1917.

Respecto al kiosco, el proyecto de Ramiro Leza se aprobó en febrero. Tras una primera subasta que quedó desierta, a finales del mes de mayo se adjudicaba al portugalujo Víctor Aroma por 7.900 pesetas. La obra finalizó en octubre. El 29 de diciembre de 1917 se aprueba la liquidación de las obras por la cantidad de 8.560’63 pesetas. Sin embargo, el director de las obras del parque, Ramiro Leza, encuentra deficiencias en el tejado del kiosco y propone el 20 de enero de 1918 tomar medidas para su subsanación porque en algunos aspectos no se ejecutaron conforme a las prescripciones técnicas.

Finalmente, la ceremonia de inauguración y bendición del parque y del kiosco tuvo lugar el domingo 31 de marzo de 1918 a las 12 horas. Las deficiencias se subsanaron en abril y con la instalación de las luces ese mismo mes concluyó la obra.

El kiosco que diseñó Ramiro Leza es un digno y elegante ejemplo de la arquitectura ecléctica de la época. Sobre una plataforma de planta circular se sitúa el escenario sobre el que se alzan nueve columnas de piedra unidas por arcos de medio punto que sostienen una original cubierta: una cúpula con visera en todo su perímetro recubierta con tejas planas lagrimadas.

Disponía también de un sótano dedicado a almacén al que se accede por una pequeña puerta situada a la izquierda de la escalera de acceso a la escena.

Así valoraban la originalidad del kiosco en la prensa de la época.

Según el proyecto, el kiosco tendría las siguientes características, según nos cuenta el historiador Víctor Arroyo en su segundo volumen dedicado a la Historia de Santurtzi, pág. 26 y 27:

En los años veinte se añade la balaustrada de estilo clásico que ha permanecido, aunque en deficiente estado, hasta la última reforma de 2009 durante la cual se ha sustituido por otra más ligera de acero y cristal más acorde con el proyecto original.

Entre mayo y julio de 1992 se sustituyó el jardín perimetral por un mosaico de cerámica refractaria de alta resistencia compuesto por 256 placas trapezoidales y 56 rectangulares. El mosaico, obra de Iñaki Martínez Coco (Barakaldo, 1962), reproducía vistas de la ría y de los pueblos de las márgenes. No he conseguido, de momento, imágenes de detalle.

En 1994 la Diputación de Bizkaia editó una interesante obra titulada Bizkaiko musika kioskoak = Kioscos de música de Bizkaia. Se trata de un inventario de estas edificaciones en el cual destaca por sus singulares características el kiosco de Santurtzi,  protagonista de la cubierta del libro.

Al parecer, es nuevamente restaurado en 2002 (desconozco la trascendencia) y finalmente en 2009. En esta última intervención se suprime el mosaico colocado en 1992 y las palomillas que sujetaban unos clásicos faroles.

Presenta, sin embargo, una especie de gárgolas por donde desagua el agua de lluvia acumulada en la cubierta que a mí no me gustan nada.

El kiosco, además de su valor patrimonial, tiene relevancia por otro motivo también relacionado con la memoria histórica. En el perímetro del zócalo y en el interior de la cúpula se han ido colocando anualmente unos relieves cerámicos conmemorativos realizados por Paco Presa Merodio. Les he dedicado dos entradas:

En la siguiente imagen, composición de Alfredo Bilbao, se pueden ver todos los relieves del zócalo:

Nueve personajes que destacan por su compromiso con el municipio en muy diversas facetas sociales:

Read Full Post »

Febrero es un mes significativo para el elegante chalet Sanginés, tristemente desaparecido. En febrero de 1878 (hace ahora 140 años) aparece la primera referencia a su construcción y en febrero de 1973 (hace ahora 45 años) se procedió a su demolición. Durante su casi un siglo de vida fue, en mi opinión, la mansión familiar más sobresaliente del patrimonio arquitectónico de nuestro municipio. Y ya es hora de dedicarle una entrada.

Todo comienza, hasta donde he podido investigar, a finales de febrero de 1878. Ángel Balparda, entonces vecino de Portugalete, solicita al Ayuntamiento del Concejo de Santurce licencia para quitar temporalmente unos árboles recién plantados en el paseo de la avenida Murrieta. Estos árboles impedían el acceso a una finca en donde se iba a comenzar a edificar una vivienda unifamiliar para su yerno José Sanginés Umaran. Se trata de una de las primeras residencias, villas o chalets construidos sobre la costa santurtziarra entre el antiguo puerto pesquero y Peñota, en el límite con Portugalete, durante la Belle Époque.

Para valorar en su justa medida el chalet Sanginés es imprescindible leer con detenimiento un documentado artículo de Maite Paliza Monduate titulado La importancia de la arquitectura inglesa del siglo XIX y su influencia en Vizcaya.

La arquitectura inglesa de la época victoriana (1837-1901) ejerció gran influencia en la de otros muchos países, sobre todo en la arquitectura residencial. La casa en sus numerosas versiones fue la gran protagonista de la arquitectura inglesa de la época. Es un fenómeno que se denomina Domestic Revival. Estuvo dominado por dos corrientes: por un lado, el Historicismo o Eclecticismo con una gran variedad de estilos (Neogótico, Old English, Reina Ana) y, por otro lado, el Pintoresquismo (con rasgos de Orientalismo y Romanticismo). En multitud de edificios podemos apreciar, mezcladas, influencias de los diferentes estilos.

En el caso del chalet Sanginés, el estilo arquitectónico empleado es el Reina Ana victoriano (no hay que confundirlo con el Reina Ana del s. XVIII) con algunos rasgos del Neogótico y Old English. El estilo Reina Ana nace en los años 70 del siglo XIX. Emplea, como el Old English, el ladrillo visto. Tiene una concepción asimétrica del edificio. Las ventanas se colocan con libertad y el tipo preferido es el de guillotina, de madera pintada de blanco y múltiples paneles de cristal. También se emplean los miradores oriel-window y bay-window. En las fachadas pueden aparecer motivos decorativos como pilastras de ladrillo, hornacinas con algún motivo escultórico y jarrones enlazados por guirnaldas y girasoles. Los hastiales tenían formas variadas, aunque eran típicos los que acababan en esquemas avolutados. Los tejados, como los el Old English, eran muy complicados y tenían ventanas que correspondían a habitaciones abuhardilladas.

Las fotografías nos permiten hacernos una idea más clara del estilo arquitectónico empleado en el chalet Sanginés.

Otros ejemplos de casa con torre-faro, cada una en su estilo y muy reformadas, se conservan todavía en diferentes localidades de nuestro entorno: Villa Clotilde en Bakio [su historia en este enlace] y Kurutz Alde en Lekeitio, sin ir más lejos.

Como he comentado, la construcción del chalet es una iniciativa del galdamés José Sanginés Umaran que cinco años antes, en 1873, se había casado en la iglesia de San Jorge con María Encarnación Balparda Baladia, nacida en Santurtzi en 1853 y fallecida en 1902. M.ª Encarnación era hija de Ángel Balparda Gorrondona, alcalde del Concejo de Santurce entre 1868 y 1872, y de su segunda esposa, María Encarnación Baladia Quintana.

José Sanginés, nacido en el barrio de Montellano de Galdames en 1829, era el típico propietario benefactor de la época, el equivalente a nuestro Cristóbal Murrieta. Era el cuarto hijo de José Sanginés y Ramona Umaran. En el siguiente cuadro, obtenido del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, podemos observar las diferentes grafías de los apellidos.

Su familia había poseído dos ferrerías y un molino. En 1863 edificaron una gran casona, actualmente en ruinas, en el solar en el que había arraigado el linaje en Galdames. Imágen facilitada por Nagore Orella Ruiz, del grupo de Facebook Montellano-Galdames.

También contribuyó a la financiación del retablo del altar mayor de la iglesia de Santa María de Montellano, instalado en 1869. Y sostenia a sus expensas una escuela de instruccion primaria. Así nos lo presentaban en la prensa de la época. 

José Sanginés y Encarnación Balparda tuvieron varios hijos. Los cinco primeros están bautizados en Bilbao, lo que probablemente indica que residían allí. El sexto está bautizado en Portugalete en 1881 y los dos últimos en Santurtzi en 1882. Además, sin cumplir un año de edad, también fallecen en Santurtzi. Todo parece indicar que el chalet Sanginés ya estaba acabado y habitable. En el siguiente cuadro, obtenido igualmente del AHEB, podemos observar la variabilidad que existe en la grafía de los apellidos.

Desgraciadamente, el promotor del chalet falleció inesperadamente el 30 de diciembre de 1884. Apenas pudo disfrutar de su preciosa casa de recreo veraniego.

Algunas fotografías antiguas nos muestran la situación del chalet y las magnificas vistas que tenía del Abra.

?

El matrimonio de José Sanginés y Encarnación Balparda unía varios linajes encartados que, a lo largo del último cuarto de siglo XIX, dejaron su impronta en el patrimonio arquitectónico de nuestro municipio.

Una cuñada de José Sanginés, Adela Balparda Baladia, casó con Rafael Amezaga Piñaga. De sus hijos la más conocida fue Leonor Amezaga Balparda. Fueron los propietarios de otra residencia unifamiliar, el palacete Bellamar en Campo Grande, con excelentes vistas sobre el Abra. En la imagen, es el de la izquierda. El de la derecha es el palacete Arana-Vidósola (antes de la reforma).

Uno de los primeros hijos de José Sanginés y Encarnación Balparda, Pedro Sanginés Balparda, nacido en Bilbao en 1877, fue un deportista que destacó en esgrima y aeronáutica (fue piloto de aviación). Su trayectoria se recoge en el libro, editado por Euskal Museoa, Galería de celebridades vizcaínas. En el Torneo Nacional de Esgrima de 1900, en la modalidad de sable, participaron los hermanos José y Pedro Sanginés Balparda, discípulos del maestro de esgrima Pedro Duccouso. Pedro Sanginés Balparda contrajo matrimonio con María Teresa Aznar González, nacida en 1890 y fallecida en Getxo el 22 de enero de 1968. Ya viuda, sucedió en el título de marqués de Bérriz en 1959. Pedro murió asesinado en Madrid a comienzos de la Guerra Civil, el 7 de noviembre de 1936.

Otra hija, Elena Sanginés Balparda, contrajo matrimonio con Francisco Taramona Díaz de Entresotos. Y una cuñada de Elena, Dolores Taramona y Díaz de Entresotos, marquesa de Astorga y duquesa de Sessa por su matrimonio con Francisco Osorio de Moscoso y Jordán de Urríes, tenía también una mansión familiar muy próximo al chalet Sanginés, el palacete Taramona.

Otro personaje entroncado con esta familia fue José Villalba Avilés, fallecido el 14 de abril de 1932. Había contraído matrimonio con Amparo Sanginés y Balparda. Una hija de este matrimonio, Carolina Villalba Sanginés, se casó con el marqués de Perales. Este matrimonio también tenía una mansión familiar en las cercanías, junto al hospital San Juan de Dios.

Siguiendo con la historia del protagonista de la entrada, en 1959, las Hermanas Carmelitas Teresas de San José deciden fundar un colegio en Santurtzi y para tal fin la congregación adquirió el chalet Sanginés, rodeado todavía de un parquecito con tilos. En un extremo del parque aún se mantenía un edificio exento destinado al servicio y otros fines, algo común en este tipo de mansiones. Este conjunto era propiedad del sacerdote Jesús González López de Lacalle, que había dirigido en él una importante obra social: el Solacium Alma Mater.

El 29 de septiembre de 1959 quedaba constituida la primera Comunidad de Hermanas Carmelitas Teresas de San José. Estas hermanas llevaron a cabo los preparativos para acoger a las primeras alumnas con las dificultades propias de todos los comienzos y el 15 de noviembre de 1959 abría las puertas el Colegio San José-Hermanas Carmelitas.

Año tras año, el número de alumnos fue creciendo. Este progresivo aumento de las matrículas hizo urgente la ampliación del edificio, por ello, en el año 1963 se construyó, al lado del chalet, un edificio de siete plantas, de las que inmediatamente se habilitaron cinco. A comienzos de los años setenta se vio la necesidad no solo de ampliar el número de aulas sino de hacerlas más espaciosas.

En consecuencia, en febrero de 1973 se derribó el primitivo chalet y en su lugar se construyó un pabellón de cuatro plantas que completaba la edificación anterior. El 19 de mayo de 1974 tenía lugar la inauguración solemne de los nuevos locales con instalaciones más modernas y funcionales: aulas, gimnasio, comedores, cocina, patio cubierto, etc. Y el antiguo chalet Sanginés fue cayendo en el olvido…

Tengo que agradecer la colaboración de mi buena amiga donostiarra Marisol Etxeberria, siempre pendiente de lo que se publica relativo a la historia y patrimonio de su ciudad, por haberme conseguido dos interesantes publicaciones tituladas Villas de San Sebastián y Villas de San Sebastián II. Dos obras consecutivas, editadas en 2016 y 2017, realizadas por Lola Horcajo Calixto y Juan José Fernández Beobide, que reúnen y analizan, como dice el subtítulo, las villas donostiarras de la Belle Époque con historia.

En el segundo volumen, sin identificación ni referencia alguna, aparece la mejor fotografía que existe del chalet Sanginés.

Read Full Post »

La tercera entrada dedicada a los Mac Lennan se centra en la residencia familiar que Francisco Mac Lennan White ordenó construir en Mamariga en 1899, el denominado chalet Mac Lennan. Sobre este señorial edificio, uno de tantos elementos destacables de nuestro patrimonio arquitectónico que desapareció en la segunda mitad del pasado siglo, se celebró una conferencia en Mamariga Kulturgunea el pasado mes de mayo.

El objetivo era doble: por un lado, dar a conocer una edificación del barrio de Mamariga de la que apenas conservamos testimonios gráficos y, por otro, presentar una maqueta del edificio construida, con mucho mimo, por Pedro Martín a partir de esos escasos testimonios más la colaboración de los vecinos que conocieron y habitaron el chalet hasta su desaparición. El resultado se puede ver en la entrada del Mamariga Kulturgunea, donde se expone permanentemente, y en YouTube.

Comentaba en la primera entrada sobre los Mac Lennan que Francisco y su familia ya son vecinos de Santurtzi en 1892, año en el que nace su última hija, María Blanca. Su madre, como era habitual, dio a luz en su domicilio, pero en el certificado de nacimiento no se especifica el nombre de la calle o de la residencia. Así pues, entre 1892 y 1900 desconozco dónde vivía la familia Mac Lennan.

Lo que sí está claro es que en 1899 Francisco Mac Lennan decide ordenar la construcción de una residencia unifamiliar acorde a su status para alojar a su numerosa familia en Santurtzi, como otras destacadas familias pudientes durante la Belle Époque. Y se decide por un paraje en Mamariga, junto a la ermita de la Virgen del Mar, que tenía unas vistas incomparables sobre el Abra. No en vano ese punto era una auténtica atalaya desde la que se abarcaba una amplísima panorámica del entorno, difícil de imaginar ahora…

En el solar en el que se edificó el chalet Mac Lennan existía una casa, en donde residía Gabriel Peña Cuesta, marino de profesión, y su familia, denominada precisamente con el nombre del barrio, casa Mamariga. En 1898 o 1899, la casa y su heredad fueron adquiridas por Francisco Mac Lennan y, en su lugar, edificó su residencia, aprovechando los cimientos de la casa preexistente. Además cercó toda la finca con una pared de mampostería.

Se trata de un edificio de planta cuadrada con dos cuerpos poligonales que sobresalen, uno al Este (que da lugar a una amplia terraza en la primera planta) y otro al Sur (con escaleras que comunican la primera planta con el jardín), con un total de 228 metros cuadrados aproximadamente. Consta de planta baja, dos pisos y buhardilla.

No sé quién fue el autor del proyecto. El panteón de los Mac Lennan en el cementerio de Vista Alegre en Derio lo diseñó el arquitecto Enrique Epalza Chanfreau, autor también, entre otras obras, del edificio de la antigua Bolsa de Bilbao. Podría ser el responsable del proyecto del chalet de Mamariga, pero es una mera suposición ya que no dejó archivo profesional y el chalet tampoco presentaba un diseño singular, “de autor”, que permita una atribución más fundada.

Fuera quién fuese el arquitecto, eligió un estilo elegante y de raíces francesas en las fachadas del edificio: paramentos lisos revocados que contrastan con las sencillas molduras de los huecos, impostas, cornisa y esquinales. Se busca un efecto de bicromía en las fachadas con la alternancia de materiales. La balaustrada que remata el edificio oculta el tejado y aporta elegancia al edificio similar, por otra parte, a muchas villas, palacetes y casonas de indianos en Galicia, Asturias, Cantabria y Bizkaia.

Sin ir muy lejos, en Peñota, conservamos un edificio de características similares (solo le falta la balaustrada), el denominado chalet del médico o de Alegría, al que dedicaré una entrada en su momento. También el desaparecido palacio de los marqueses de Santurce, en la calle Mayor (ahora Sabino Arana), compartía ese estilo clasicista francés.

La familia Mac Lennan vive en su chalet hasta aproximadamente comienzos de la Guerra Civil, aunque Francisco había fallecido en 1928 y su esposa, Matilde, en 1932. Varios hijos, ya casados, habían pasado a residir en Cantabria, Madrid, Palencia, Sevilla, etc., y antes también residieron algún tiempo en la urbanización de chalets de Peñota junto con otros vecinos (ingenieros, etc.) de origen británico.

Concluida la Guerra Civil el chalet estaba abandonado. Durante escasos años lo ocuparon las Religiosas del Amor Misericordioso para albergar un colegio para niñas con necesidades especiales. Sin embargo, en 1942 lo dejaron para reubicarse en el palacio del marqués de Casa Torre y, de nuevo, el chalet Mac Lennan quedó vacío y sin uso.

En 1946 los herederos de Francisco Mac Lennan y Matilde Marmolejo decidieron enajenarlo y fue adquirido por el Ayuntamiento de Santurtzi que, según noticias publicadas en la prensa de la época lo iba a destinar a alojar a familias humildes. Gracias a estas informaciones disponemos de una imagen del chalet.

Las obras de alineación y ensanche de la calle Mamariga también tuvieron relación con este asunto. Para tal obra era necesario demoler la casa-estanco de Sandalia Gutiérrez Ostria. Para reubicar el estanco, Sandalia y su esposo Domingo Gonzalo adquieren una casa, el número 16 de la misma calle en donde viven cinco familias numerosas a las que hay que realojar. El Ayuntamiento había proyectado la construcción de una casa con cinco viviendas sobre el antiguo depósito de aguas de Vallejo. Pero antes de iniciar las obras, la familia Mac Lennan ofreció vender el chalet.

El Ayuntamiento acepta la propuesta. El precio de venta del chalet Mac Lennan fue de 130.000 pesetas. El Ayuntamiento pudo afrontar esta compra gracias a dos donaciones, una de 30.000 pesetas de Lucas Oriol Urquijo y otra de 50.000 pesetas de Carmen Vildosola de los Campos. Destinarlo a realojar a familias sin vivienda era una medida temporal pues en el momento de la compra ya se expresaba que el destino final del solar era ubicar un colegio de religiosos dedicados a la enseñanza que contribuya a elevar el nivel moral y cultural de los niños de familias humildes, obreros y pescadores, que habitan aquella populosa barriada de Mamariga. Las obras de adaptación del chalet Mac Lennan para alojar a esas cinco familias se encargan al contratista Juan Lasala.

A mediados de los años 50 del pasado siglo el Ayuntamiento decide iniciar el procedimiento para destinar el solar que ocupa el chalet y su heredad a la edificación de un nuevo equipamiento escolar, el actual colegio Itsasoko Ama, que este año ha cumplido 50 años. En 1956 el Ayuntamiento cedió el solar al Instituto Nacional de la Vivienda junto con otros dos terrenos adyacentes para constituir una única parcela destinada a la construcción del colegio, aunque el proyecto se demoró casi una década. Finalmente, en marzo de 1962 se procedía a la demolición del chalet Mac Lennan.

Como he comentado al comienzo, no disponemos de imágenes de calidad del chalet Mac Lennan. Y una de las escasas fotografías antiguas que se conservan pertenece a mi archivo familiar. Datada en 1950, cuando ya se habían realizado las obras de acondicionamiento, aparecen varios miembros de mi familia, entre ellos mi madre y mi tía.

También disponemos de una foto del dormitorio de Francisco Mac Lennan, incluida en su biografía ya citada.

No puedo concluir sin agradecer a la Biblioteca de Muskiz y a su director, Fernando Juárez, su colaboración para consultar el archivo fotográfico de los Mac Lennan de donde proceden las dos únicas imágenes, muy similares, que nos permiten observar con detalle diversos aspectos arquitectónicos del chalet.

Como siempre, toda colaboración para corregir o completar la información sobre el chalet Mac Lennan será bien recibida.

Read Full Post »

Las Jornadas Europeas del Patrimonio se celebran desde 1991 por iniciativa del Consejo de Europa en colaboración con la Unión Europea. Tienen como objetivo fundamental establecer una conexión entre la ciudadanía y su patrimonio. Visitas guiadas, rutas e itinerarios, conferencias, exposiciones, conciertos y otras manifestaciones culturales pretenden que el visitante se identifique con el lugar visitado, se reconozca en él, lo valore y promueva su conservación.

Como cada año, las Jornadas Europeas del Patrimonio cuentan con un tema, un hilo conductor que trata de dar unidad a las numerosas actividades que municipios, museos, asociaciones, empresas e incluso particulares ofrecen en Bizkaia. En esta ocasión tienen como tema central la construcción de nuestros paisajes culturales, en cuya conformación a lo largo del tiempo han intervenido factores naturales y humanos, procesos de gran complejidad y cuya comprensión hace necesaria una perspectiva territorial.

Las actividades organizadas por el Ayuntamiento de Santurtzi son, como siempre, muy interesantes:

Las visitas guiadas a la desembocadura de la ría y el Abra tendrán lugar los sábados 7 y 21 de octubre y comenzarán a las 10 de la mañana. Para apuntarse se puede acudir a la Oficina de Turismo, en el puerto pesquero, enviar un correo electrónico a turismo@santurtzi.eus o llamar al tfno. 94 483 94 94.

Read Full Post »

Decimoctavo artículo de la serie, publicado en el número 120 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzi, correspondiente al mes de septiembre. Podéis encontrar información más detallada en el propio blog, en este enlace. Respecto a su restauración, estamos valorando qué actividades se podrían organizar para recaudar los 2000 euros necesarios.

Read Full Post »

Hace ya más de un año, con motivo de la inauguración en Bilbao de la fantástica exposición sobre exvotos marineros, en la que Santurtzi y especialmente Mamariga estuvieron muy bien representados, Itziar Murua y yo tuvimos la oportunidad de conversar con Juan Manuel González Cembellín, director técnico del Museo Diocesano de Arte Sacro, que nos sorprendió con la noticia de que un tímpano de madera que coronaba la portada sur de la iglesia de San Jorge se conservaba, muy deteriorado, en los depósitos del museo desde 1981. Este tímpano fue el que sufrió el incendio de 1932.

Inmediatamente le planteamos la posibilidad de verlo in situ y de fotografiarlo pues hasta ese momento desconocíamos su existencia. Juan Manuel G. Cembellín no puso ninguna objeción y, finalmente, el 21 de diciembre nos acercamos al museo para examinarlo. Se trata de un alto relieve tallado en diez tablas de madera cuyas dimensiones son 102 cm de altura, 194 cm de anchura y  aproximadamente 5-10 cm de grosor (excluyendo las partes sobresalientes del relieve).

Presenta la inconfundible escena de San Jorge a caballo lanceando al dragón. La batalla entre el caballero y el dragón simboliza la lucha entre el bien y el mal. Era un tema clásico en el arte occidental popularizado por la Leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine. Un dragón hace un nido en la fuente que provee de agua a una ciudad. Como consecuencia, los ciudadanos debían apartar diariamente el dragón de la fuente para conseguir agua mediante la ofrenda de un sacrificio humano que se decidía al azar entre los habitantes. Un día resultó seleccionada la hija del rey. Cuando estaba a punto de ser devorada por el dragón aparece San Jorge que se enfrenta con el dragón, lo mata y salva a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan el paganismo y abrazan el cristianismo.

Sin embargo, la forma que presenta el dragón en este relieve no es la más habitual pues generalmente se representa, en la cultura occidental, como un gran reptil terrestre, con dos o cuatro patas, dos alas y con cola espinosa, como la de un cocodrilo o una serpiente, acabada en forma de punta de flecha.

En nuestro caso, se representa como un monstruo marino, un cetus (de aquí procede el término cetáceo), alado y con una cola semejante a la de una ballena.

Algo muy singular incluso en una disciplina como la heráldica en la que las figuras fantásticas suelen ser habituales.

Además, en un segundo plano, de fondo, se representa a la iglesia de San Jorge, su pórtico de columnas de hierro fundido, a sus pies el puerto antiguo en el que podemos ver dos típicas traineras y a su izquierda el palacio de los marqueses de Casa Torre, con su característico mirador.

Quizás se inspiró en una conocida postal de la época.

Evidentemente, con estas particularidades, el relieve se talló ex profeso para Santurtzi. De ahí su valor como parte de nuestro escaso patrimonio histórico artístico, de nuestra memoria histórica. Sin olvidar, por supuesto, la determinante impronta del santo en el topónimo del municipio.

El autor del relieve, cuya firma aparece en el extremo izquierdo, es Pedro Sorriguieta Larrea, nacido en Bilbao en 1865.

Los Sorriguieta bilbaínos procedían en última instancia, de Elduain (Gipuzkoa) en donde tienen su solar originario. De ahí pasaron a Orozko, en donde vivieron tres generaciones, hasta afincarse en Bilbao. Como curiosidad, el linaje Zorreguieta de Máxima Zorreguieta Cerruti, actual reina consorte de los Países Bajos, también tiene su origen en Elduain. Las genealogías que podemos encontrar en diversas publicaciones se remontan hasta finales del siglo XVI. La que he realizado de los antepasados del escultor, con alguna duda en las dos primeras generaciones pues me he limitado a consultar únicamente los registros indexados y no los libros originales, casi alcanza ese periodo, pero no he podido encontrar un ancestro común, aunque probablemente lo tengan.

Pedro Sorriguieta Larrea era un reconocido escultor de imaginería religiosa que también vendía ornamentación y muebles de lujo. Tenía su establecimiento en los números 3 y 5 de Calzadas de Mallona. Había estudiado en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao en donde, en el curso 1879-1880, obtuvo el primer premio de dibujo y pintura. Fue concejal en el Ayuntamiento de Begoña (cuando todavía era una anteiglesia independiente), donde ejerció una cierta influencia.

De la obra de Pedro Sorriguieta, presente en numerosas iglesias vizcaínas, destacaría la imagen del misionero dominico San Valentín de Berrio-Ochoa, realizada para la parroquia de la Purísima Concepción de Elorrio en 1906 y, por supuesto, el tímpano de San Jorge, realizado a comienzos del siglo XX.

El tímpano, a consecuencia del incendio, se encuentra en un pésimo estado de conservación. Prácticamente toda su superficie se encuentra carbonizada, agrietada y oscurecida por el humo. Ha perdido parte del relieve, significativamente el remate del yelmo, el brazo derecho y la lanza, y la policromía. Las tablas que lo componen, exceptuando la superficie tallada, se encuentran en buen estado de resistencia y densidad.

Desde que lo vi una idea me rondó en la cabeza. Le pregunté a Juan Manuel G. Cembellín si sería posible restaurar el tímpano para poder mostrarlo en el museo, dado que en las condiciones actuales es imposible. Me comentó que se podría consolidar para evitar que continuara degradándose. Amablemente se ofreció a solicitar presupuestos a diferentes especialistas para conocer el coste de la intervención.

Pues bien, esta semana he recibido un correo electrónico muy esperado. Ya se han recibido los tres presupuestos pertinentes y uno de ellos no supera los 2.000 euros, una cantidad asequible. Por otra parte, Juan Manuel G. Cembellín tiene en mente, con la necesaria colaboración de otra institución, la digitalización del tímpano y su impresión en 3D a tamaño real. Si lo consigue se podría contar con una copia para instalar en Santurtzi. Esa copia podría estar restaurada al 100% (es decir, recreando las partes perdidas, como el penacho, el brazo y la lanza de San Jorge). Incluso se podría hacer otra versión más reducida intentando recrear la policromía perdida.

Pero, como digo, para todo esto es necesaria la previa intervención sobre la pieza que tiene un coste estimado de 2.000 euros. Hay que encontrar una fuente de financiación, una subvención de alguna institución y/o una cuestación popular para conseguir el dinero. ¡Algo habrá que hacer!

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: