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Posts Tagged ‘Monumentos’

Uno de los actos más emblemáticos de las fiestas patronales de nuestro municipio es la procesión de la Virgen del Carmen que en 2017 cumple 110 años de existencia desde que el papa Pío X la declarara patrona de Santurtzi. Y, sin duda, el elemento más significativo es la imagen procesional que simbólicamente la representa.

Para documentar su historia debemos recurrir a cuatro fuentes: el inédito trabajo de investigación realizado por el sacerdote y párroco de San Jorge, Luis Emiliano Pinedo Murga; la obra de Jesús Diez titulada Centenario del Patronazgo de la Virgen del Carmen en el pueblo de Santurce, editada en 2008; el trabajo de investigación que también permanece inédito de Francisco Cabo Carrasco titulado Ecos del centenario y la obra de Rafael de Nicolás Matute titulada Santurtzi, Sancti Georgii, Santurce, editada en 2011.

La imagen original tiene sus raíces en Sestao, en el convento carmelita denominado “Desierto de San José de la Isla” que existió entre 1719 y 1834 en el lugar conocido popularmente como La Punta o Campa del Carmen.

Un grupo de frailes carmelitas descalzos, mendicantes que vivían de las limosnas y de su propio trabajo, vino a parar a este paraje situado en el denominado alto de San Nicolás de Ugarte. Este nombre se origina por la existencia de una ermita dedicada a este santo, patrón de los mareantes, y porque en esa zona confluyen una serie de ríos como el Castaños y el Galindo que dieron lugar a una lengua de tierra de aluvial (de ahí el topónimo Ugarte, entre aguas) muy fértil que los carmelitas cultivaron durante más de un siglo. De la existencia del convento carmelita surgirá el topónimo Desierto (entendido como lugar de oración y recogimiento) que todos conocemos y que comparten Barakaldo y Erandio.

Entre 1719 y 1729 edifican el convento. Y la Virgen del Carmen es entronizada en la primitiva ermita de San Nicolás, que se mantenía junto al convento, postergando a su santo patrón. Hacia 1802 esta ermita amenazaba ruina y se reedifica. Se inauguró en julio de 1804, dedicada ya exclusivamente a la Virgen del Carmen. Se dotó de un nuevo retablo con su correspondiente imagen de la Virgen del Carmen, todo hecho para la ocasión. No se conoce al escultor o imaginero que la realizó.

La disputa dinástica a la muerte de Fernando VII entre los partidarios de su hija Isabel II y los partidarios de su hermano Carlos (los carlistas) provoca un conflicto bélico, la primera guerra carlista, que influye en el devenir del convento carmelita de Sestao. Con la promulgación en 1836-1837 de las leyes desamortizadoras de bienes pertenecientes a órdenes religiosas se procede a incautar, subastar y repartir los bienes expropiados que aún tenían valor. Es curioso que Sestao, en cuyo término municipal estaba ubicado el extinto convento carmelita, no tomase o conservase nada del mismo y, sin embargo, Bilbao, Portugalete y Santurtzi se vieran beneficiados y recibieran tapices, pinturas, retablos, imágenes, etc.

El 17 de diciembre de 1840, el cabildo de la parroquia de San Jorge, que necesitaba renovar su maltrecho retablo, dedicado evidentemente a San Jorge, solicita al corregidor político del Señorío (gobernador provincial) y este le concede unos días después, en calidad de depósito, el del convento carmelita de Sestao. Con este retablo llega a Santurtzi la imagen de la Virgen del Carmen que, poco a poco, va adquiriendo mayor relevancia en la iglesia de San Jorge.

Sin embargo, popularmente se ha difundido otra versión, una épica leyenda, que es la que ha acabado de suplantar a la más prosaica realidad. Según esta fábula, en 1834 se produjo un gran incendio en el convento que amenazaba con calcinarlo por completo. Al conocerse la noticia en Santurtzi, una trainera patroneada por Joaquín San Martín Garay (según cita Rafael de Nicolás) o Juan Simón San Pelayo (según Jesús Diez) subió por la ría hasta La Punta a tiempo de rescatar la imagen de la Virgen del Carmen que, de este modo, pasó a ser venerada en nuestro municipio. En cambio, del estudio de la documentación conservada en el archivo parroquial de San Jorge, ahora en el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, se deduce que el traslado se efectuó, en febrero o marzo de 1841, en solemne procesión en un barco propiedad y pilotado por Juan Simón San Pelayo, capitán de la marina mercante y práctico del puerto de Bilbao. Así lo citaba, respectivamente, La Gaceta del Norte el 23 de julio y El Nervión el 23 de julio de 1907.

Como ya he comentado, la devoción por la Virgen del Carmen en Santurtzi es considerable desde entonces. De hecho, en 1897, hace 120 años, se instaura oficialmente una cofradía dedicada a la Santísima Virgen del Carmen. No cabe duda que este hecho es fundamental para la posterior solicitud e institución, diez años después, del patronazgo de la Virgen del Carmen sobre nuestro municipio. Y con el patronazgo comienza la tradición, que nace de forma un tanto espontánea, de embarcar a la virgen para realizar una procesión marinera. De esa primera procesión, que se celebró el 21 de julio de 1907, tenemos una buena fotografía en la que se aprecia con bastante calidad la imagen y características de la Virgen del Carmen. Es importante observar la disposición del Niño, de pie y con una cabeza de angelito a sus pies.

En enero de 1932 el provocado incendio en la iglesia de San Jorge a consecuencia de la inestabilidad política del momento redujo a cenizas, entre otros objetos y ornamentos litúrgicos, aquella venerada imagen de unos 130 años de antigüedad.

Cuatro años más tarde, en enero de 1936, es instalada y bendecida una nueva imagen, muy similar a la original, costeada por Carmen Vildósola de los Campos. Tiene, por tanto, algo más de 80 años. Es la que actualmente vemos en el retablo mayor.

Por el momento, desconocemos quién fue el autor de esta imagen aunque es probable que fuera José Larrea Echániz (Bilbao, 1890 – Pamplona, 1975), hijo del también escultor Vicente Larrea Aldama (1852 – Bilbao, 1922). José Larrea tuvo una esmerada formación en el taller paterno y en París, en la Escuela de Bellas Artes. Trabajó en el taller familiar durante más de cincuenta años, especializándose en estatuaria religiosa. Se trata, por tanto, de un auténtico imaginero del siglo XX y su obra es muy abundante.

Por último, la tercera imagen de la Virgen del Carmen que conocemos es la que se emplea actualmente en la procesión marítima. Durante los primeros dos años se utilizó la original, la de Sestao, pero el peso de la talla aconsejó encargar una imagen más ligera expresamente para procesionar. Fue costeada por Casilda de la Quintana Murrieta. En las fotografías correspondientes a la procesión de 1909, publicadas en la prensa de la época, se puede observar que ya se utiliza esta imagen, diferente de la original (se aprecia, sobre todo, en la disposición del Niño, sentado en lugar de estar de pie).

Esta imagen se salvó en el incendio y tiene, aproximadamente, 108 años de existencia. Tampoco conocemos al imaginero autor de la escultura. Podría ser el citado José Larrea o su padre, Vicente Larrea, o ninguno de los dos. Aunque, en principio, es una imagen más accesible no he tenido la oportunidad de examinarla para ver si aparece la firma del escultor.

Estilísticamente, se trata de tallas en madera policromadas y estofadas que buscan un realismo convincente. Las imágenes que se conservan presentan una buena factura, un notable estudio de los ropajes y una gran composición escultórica.

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Decimoséptimo artículo de la serie, publicado en el número 119 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzi, correspondiente al mes de julio. Podéis encontrar información más detallada en el propio blog, en este enlace.

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Hace 190 años, el 1 de julio de 1827, el Ayuntamiento del Concejo de Santurce inauguraba y se reunía por primera vez en la primera casa consistorial de su historia. Hasta ese momento, las asambleas de regidores y vecinos, en el tradicional concejo abierto, se habían realizado en el cementerio anexo a la iglesia de San Jorge o bajo su pórtico. Hasta entonces, la iglesia parroquial había sido no solo el centro de la vida religiosa sino también de la civil del municipio y en su archivo se custodiaban no solo los libros de culto y clero, incluidos los de la cofradía de pescadores, sino también los libros de actas del concejo.

Por aquel entonces y hasta mediados del siglo XIX además de las asambleas concejiles existían otras reuniones de ámbito supramunicipal, como las de los Tres Concejos del Valle de Somorrostro (al que pertenecía el Concejo de Santurce), que se celebraban en San Bernabé de Urioste, y las asambleas correspondientes al conjunto de municipios de dicho valle de Somorrostro (Tres Concejos y Cuatro Concejos), que se reunían en torno al Pino del Casal. No había espacios propios dedicados exclusivamente a albergar las reuniones de síndicos y regidores. Se reunían bajo un árbol o, a lo sumo, en el interior de una ermita.

Pero hacia 1825 el Ayuntamiento del Concejo de Santurce vio la necesidad de dotar al municipio, entonces mucho más extenso, ya que incluía el actual término municipal de Ortuella y parte del de Portugalete y Sestao (Repélega y Rivas), de una sede administrativa, de una casa consistorial. El 5 de junio de 1825 se consideró la propuesta y el plano presentado por Juan (o José) Ignacio de Garmendia Ugarte, vecino de Santurtzi, para levantar un edificio destinado a casa ayuntamiento en el lugar denominado La Pólvora, porque allí se había guardado años antes la que se empleaba en las baterías de La Llana.

El nombre del maestro de obras no lo tengo claro. En su obra In Insula Maris, Goio Bañales lo denomina Juan Ignacio. En el blog Somorrostro lo denomina José Ignacio. En el Centro Vasco de Arquitectura también lo denominan José Ignacio. Y es que en esa época se afincan en Bizkaia dos hermanos, Juan Ignacio y José Ignacio, naturales de Beizama (Gipuzkoa), nacidos en 1779 y 1793 respectivamente,  y vecinos, en el momento de tramitar su permiso de residencia (para lo cual tenían que demostrar hidalguía) en 1831 en la villa de Portugalete. José Ignacio falleció en Santurtzi en 1843, en donde se había casado en 1822 con Nicolasa Eduvigis Arteaga Valle, y su hermano Juan Ignacio en Portugalete en 1846. Así pues, creo que lo más probable es que el maestro de obras en cuestión sea José Ignacio.

José Ignacio de Garmendia Ugarte presentó, en 1831, un fantástico y faraónico proyecto como ejercicio de examen a evaluar por el tribunal correspondiente para obtener el título de la reputada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El proyecto llevaba por título Casa consistorial para la villa de Santurce, en la provincia de Vizcaya.

Volviendo a la realidad, el Ayuntamiento de Santurce determinó ajustar con Garmendia las condiciones en que se realizaría la obra, comisionando para ello a los regidores Francisco de Salcedo y Manuel de Urioste. El 3 de julio de 1825 se decidió sacar a público remate, pero el asunto se fue demorando probablemente por falta de recursos económicos para sufragar la obra. El municipio carecía de liquidez ya que debía hacer frente a las deudas e intereses contraídos en los conflictivos años previos.

En el último tercio del año siguiente parece ser que el asunto volvió a retomarse y en los meses de septiembre y noviembre se apremió para que se iniciase cuanto antes la obra. Se encargó de las gestiones a Juan Tomás de Arrarte y se le autorizó a sacar nuevamente a remate la obra. Para junio de 1827 ya se había construido el edificio, pero aún quedaba que Juan Tomás de Arrarte tratase con los constructores la distribución de los espacios interiores.

El último ayuntamiento celebrado en el pórtico de la iglesia parroquial tuvo lugar el 24 de junio de 1827 y el primero que inauguró la nueva casa consistorial el 1 de julio del mismo año, bajo la presidencia del alcalde José Bonifacio de Arrarte, hermano de Juan Tomás.

Ese mismo año se decidió que, para mejorar las condiciones de la enseñanza en el municipio, se trasladase el maestro José García con todos sus alumnos al salón de plenos del edificio, donde se situaría la escuela durante los años sucesivos, hasta que se instaló a los locales que se habilitaron en el que había sido convento de la Merced (antecedente de las escuelas viejas o de Fermín Repáraz). El resto de salas que no fuese necesario utilizar habitualmente se pusieron a disposición de ser arrendadas para obtener algún beneficio para el municipio.

La primera casa consistorial estuvo en uso hasta comienzos del siglo XX, unos 75 años. Fue demolida para construir, entre 1903 y 1905, la actual que fue inaugurada el 23 de abril de 1905.

En la imagen que encabeza la entrada, datada hacia 1880, podemos ver la casa consistorial rodeada por un rectángulo rojo y, a la derecha, la capilla del colegio de las Hijas de la Cruz, delante del edificio del propio colegio. Bajo estas líneas una vista más amplia.

 

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A comienzos de año dediqué una entrada al 50 aniversario de la explosión del butano. En ella mencionaba que, para socorrer a los damnificados que se quedaron sin vivienda, el Ministerio competente construyó, en donde actualmente se ubica el parque de Mirabueno, una barriada de unos 200 barracones prefabricados que recibió el nombre de El Burgo. Hoy se cumplen 50 años de la entrega de las primeras viviendas y aprovecho para rescatar su historia.

La primera alusión a esta barriada aparece apenas unos días después del accidente. En el diario El Correo se publicaba el 20 de enero una reseña titulada “Santurce: se estudia la posible construcción de un Burgo como el habilitado en Santiago de Compostela prefabricado”. Unos días después, el 29 de enero, el diario ABC publicaba una noticia en la que se volvía a mencionar esa posibilidad.

El primero se refería expresamente al Burgo de las Naciones, una instalación hostelera provisional que se creó en Santiago de Compostela para acoger a los peregrinos en el Año Santo de 1965. El arquitecto Julio Cano Lasso fue el encargado de materializar un complejo compuesto por 47 pabellones prefabricados con característicos tejados de uralita que tenían que durar lo justo, pero que se convirtieron en un ejemplo de arquitectura efímera que, bien administrada, puede tener largo recorrido (los últimos pabellones sobrevivieron como alojamiento para estudiantes hasta bien entrados los años 90).

En Santurtzi para paliar la falta de viviendas, y dado el carácter de urgencia, se empleó un procedimiento similar. Se trataba de sistemas de prefabricación integral de la firma Uniseco y Secolin. El proyecto fue dirigido por José María Martínez Diego, Ramón Fradua y José Luis Ortega. Y no solo se emplearon técnicas similares a las de Santiago de Compostela sino que además se heredó el nombre, Burgo, que no tenía ningún antecedente en nuestro municipio.

De las características de las viviendas podemos encontrar referencias en el artículo publicado el 24 de febrero en La Vanguardia.

Dos fotografías de las obras de explanación del solar y cimentación de las viviendas prefabricadas.

El 21 de junio el diario ABC anuncia la inminente inauguración de la barriada y se menciona, por primera vez, la colocación de un monumento en honor a los bomberos que participaron en la extinción del incendio del butano.

El 1 de julio La Vanguardia daba cuenta de la inauguración de la barriada y proporcionaba información sobre las características de las viviendas y el coste total del proyecto: unos 50 millones de pesetas.

El jueves 10 de agosto se entregaban las últimas viviendas y se inauguró, al parecer, un monolito conmemorativo del que no he encontrado más referencias ni tampoco una imagen detallada.

Finalmente, el 28 de noviembre de 1967, ABC publicaba una noticia relacionada, en la que se daba cuenta del total recaudado en suscripción publica para los damnificados por la explosión del butano.

Tras la paulatina construcción de diversos grupos de viviendas (San Juan de Dios, etc.) a finales de los años 70 y comienzos de los 80, la barriada de El Burgo desapareció. En la noticia publicada en El Correo el día 13 de abril de 1984 (facilitada por Iñaki Cítores) se pronosticaba el final de El Burgo para 1986.

Ese año 1986 fue bastante conflictivo según se desprende de la lectura de estas dos noticias publicadas el 13 de junio y el 28 de septiembre, respectivamente.

Una de las últimas referencias que he encontrado ha sido el anuncio publicado en el B.O.P.V. el 20 de octubre de 1987.

Sin embargo, las obras no concluyeron totalmente hasta 1990.

En términos generales, su provisionalidad duró 23 años (1967-1990), casi tanto como su homónimo de Santiago de Compostela.

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El miércoles 26 de abril tuvo lugar la presentación en Mamariga Kulturgunea del excelente trabajo de investigación realizado por Joseba Trancho sobre el molino harinero que se levantó en el paraje de Cercamar a finales del siglo XVII y del que aún quedan ruinas de su fábrica, pero de cuya existencia prácticamente nadie tenía recuerdo.

El próximo sábado, 10 de junio, tendremos la oportunidad de conocerlo in situ gracias a la visita guiada que se ha organizado al efecto. Además, se visitará uno de los escasos lavaderos que se conservan en el municipio, construido en 1919, en el que se escenificará cómo hacían la colada nuestras amamas hace 100 años.

Los que pudimos asistir a la exposición de Joseba Trancho tuvimos la oportunidad de conocer, a modo de introducción, diversos aspectos relativos a los molinos, las diferentes tipologías que han existido y su evolución a lo largo de la historia. Después trató específicamente de los molinos hidráulicos y su estructura (elementos que forman la instalación hidráulica y la moledora). La tercera parte de la exposición la dedicó a explicar el proceso de molienda. Estos tres primeros apartados nos ayudaron a comprender la importancia social y económica de estos ingenios que resultaron ser fundamentales en una sociedad eminentemente agrícola como era la anterior a la Revolución Industrial.

Finalmente, Joseba Trancho se centró en el trabajo realizado sobre el molino harinero que hubo en Cercamar, el molino más antiguo de los tres o cuatro de los que se tiene constancia en Santurtzi. Según su investigación, el de Cercamar no llegó a los cien años de vida. Sin embargo, es innegable su valor histórico como parte importante del patrimonio, presente o desaparecido, de Santurtzi.

Otros molinos, como el de Villar, no han dejado rastro físico pero sí en la toponimia histórica, dando lugar a la denominación río del molino o río del molino del Mello que hace referencia a un molino perteneciente en algún momento a un propietario apellidado Etxeandia. De este molino tenemos una clara referencia en una noticia publicada en el periódico La España el 19 de diciembre de 1860. Somo es un lugar del Serantes, toda la cuesta entre Villar y Las Pozas.

Otro molino se ubicaba casi en la desembocadura del arroyo de Las Viñas o de Los Pobres de Oyancas, en las inmediaciones de la actual casa consistorial, y fue propiedad de la familia Murrieta. No hay mucha más información al respecto.

Sobre el molino de Cercamar, del que tuvo conocimiento gracias a un comentario casual de un vecino de Mamariga, Agapito Bilbao Luis que en su juventud vivió en un caserío próximo, Joseba Trancho ha realizado un completo trabajo de investigación con el objetivo de rescatarlo del olvido. De ese trabajo he extraído la mayor parte de la información que presento a continuación.

Los restos del molino y de la casa del molinero se encuentran ubicados en la falda norte del Serantes, en una parcela propiedad de Repsol Butano, cruzada por el antiguo camino carretil (en amarillo) que comunicaba el núcleo de Santurtzi con Zierbena a través de Mamariga, Regales, Higareda, Ontanillas, Cercamar y El Calero. Hay que tener en mente que la actual carretera (en rojo) no existía y ni tan siquiera se imaginaba hasta finales del siglo XIX. Sus ruinas (señaladas con la flecha naranja), recubiertas de zarzas y vegetación diversa hasta hace unas semanas, han pasado desapercibidas a los ojos de las pocas personas que transitaban por ese paraje. El siguiente mapa de comienzos del siglo XX nos puede ayudar a ubicarnos.

Y este es el croquis que Joseba Trancho ha realizado de toda el paraje en donde ha señalado el camino carretil que salvaba el arroyo mediante un puente, probablemente de piedra, del que no hay vestigios, la balsa de agua, la presa y, junto a ella, el molino. Unos metros aguas abajo la casa del molinero. Tanto desde el molino como desde la casa del molinero partían sendos caminillos que enlazaban con el principal.

Su valor arquitectónico es muy escaso pues, además de su estado ruinoso, se trataba de un molino muy sencillo, de planta cuadrada, construido en mampostería y similar a otros de la época: dos plantas, la estolda (término con el que en Encartaciones se denomina el cárcavo o cárcamo) donde se encontraba el mecanismo que permitía la rotación de la muela y, sobre ella, la sala de molienda.

Se conserva parte de la presa que recogía el agua en una balsa de unos 300 my parte de las paredes de la estolda. Todo el piso de molienda ha desaparecido. Cerca están los restos de la casa que se supone que era del molinero.

Tras seis meses de trabajo, el investigador ha podido constatar que la vivienda data del siglo XVI. Según la documentación conservada en diferentes archivos, Ochoa de Salazar, biznieto del banderizo y cronista Lope García de Salazar, heredó la casería (vivienda principal y diversas dependencias anejas) de Cercamar hacia 1535 y esta no incluía un molino. Alguno de los sucesores ordenaría su construcción pero no se ha encontrado documentación de la época que lo corrobore. Hay un largo lapso de tiempo durante el cual se desconoce cómo se transmite la propiedad de la casería de Cercamar hasta llegar a 1759 cuando los descendientes o herederos de Ochoa de Salazar, que residían en Villarcayo, vendieron el molino ya en estado ruinoso.

La construcción se habría hecho necesaria debido a la existencia de abundantes campos de cereal en toda esa ladera del Serantes que la toponimia histórica nos confirma. La Primera Mies, la Segunda Mies y la Tercera Mies son términos que nos indican terrenos se dedicaban al cultivo de cereal (pan sembrar). La calidad de la tierra para cultivar viene determinada por la geomorfología de la ladera del Serantes y las sucesivas fases de glaciación y deshielo. La existencia en ese amplio paraje de un arroyo aprovechable para emplear su caudal como fuerza motriz determinó dónde ubicar el molino para moler la cosecha.

La explicación de su corta vida en funcionamiento se centra en la introducción del maíz en nuestro entorno a comienzos del siglo XVII ya que el molino estaba destinado a moler exclusivamente trigo. El maíz, como el mijo al que en buena parte reemplazó, era un cereal de primavera. Se plantaba en esa estación y se recogía por septiembre, frente a los cereales como el trigo, plantados en invierno y segados en junio, julio o agosto. El maíz, por tanto, desde que se sembraba hasta que se cosechaba sólo pasaba en tierra unos seis meses, de ahí que se le denomine cereal de ciclo corto. Por este motivo la tierra podía descansar aproximadamente medio año, tiempo suficiente para reponer espontáneamente su capacidad nutricional y, junto al añadido de excrementos animales y sobre todo de rozo cortado (maleza, helechos, etc), permitir un cultivo intensivo, desplazando al sistema de año y vez.

Las limitaciones estructurales del molino tampoco facilitaron su adaptación a los cambios en los cultivos. Los molinos grandes tienen dos rodetes: una para trigo y otra para maíz. Pero el molino de Cercamar era pequeño y si quería moler maíz, debía cambiar las piedras. Joseba Trancho proporcionó durante la presentación del trabajo unas interesantes estimaciones de la producción media de cereal por hectárea cultivada (entre 30.000 y 40.000 kg al año) y la capacidad de procesado del grano del molino (unos 30 kg a la hora), funcionando entre 4 y 6 meses al año (en función del régimen de precipitaciones y disponibilidad de agua). Teniendo en cuenta todos estos factores y los cambios introducidos en los cultivos, al final, dejó de ser rentable al cultivarse menos trigo y más maíz y acabó siendo abandonado y sepultado por la vegetación circundante. A partir de entonces, el cereal cultivado en el Santurtzi costero, una vez separado el grano de la paja, se tenía que transportar en sacos a lomos de caballería (más burros que caballos) hasta otros molinos más alejados.

El arroyo, por su parte, también ha sufrido ulteriores transformaciones, fundamentalmente a finales del siglo XIX, cuando se aprovechó su caudal para el abastecimiento de aguas a la población del municipio. Mas recientemente, en pleno siglo XX, se construyó un abrevadero para el ganado.

En el Serantes, además de las ruinas del molino podemos encontrar otros elementos de importancia histórica y etnográfica como son los caleros (uno en la ladera sur y otro en la norte que ha dado lugar al topónimo El Calero) y los lavaderos. De los catorce censados se conservan dos: uno en Sorías, totalmente cubierto por la vegetación, y otro en Ontanillas, recientemente restaurado, que también es objeto de esta visita. Las dos siguientes fotografías ilustran el antes y el después.

Se aprovechará para escenificar una estampa costumbrista, la limpieza cotidiana de la ropa por parte de nuestras amamas. No debemos olvidar que la inexistencia de agua corriente en las casas del siglo XIX y buena parte del XX hizo que las mujeres de aquella época tuvieran que servirse de las fuentes públicas y los lavaderos comunitarios, a los que acudían con los baldes de ropa sobre sus cabezas, para abastecerse de agua y mantener limpia la ropa de sus hogares. Una labor dura y exigente que muchas veces se hacía en lavaderos al aire libre o apenas techados en los que el viento y el frío castigaban la piel y los huesos de estas esforzadas amas de casa a las que la llegada al hogar con el balde de la ropa aún les esperaban numerosas tareas y responsabilidades.

Las siguientes imágenes pueden darnos una idea de como era la actividad que se desarrollaba en un lavadero. La primera corresponde a Muskiz, la segunda al lavadero de La Txitxarra y está fechada en 1943.

A los lavaderos les dedicaré una entrada específica más adelante para incluir los edificados en el núcleo urbano del municipio. Y para ubicar mejor todos los topónimos que he ido mencionando nada mejor que consultar la excelente obra de Carlos Glaría titulada Santurtzi, entidad histórica, lengua y toponimia.

Para hacerse una idea de un molino del periodo preindustrial os recomiendo una visita a la ferrería del Pobal, en el vecino municipio de Muskiz.

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El 26 de abril de 1937, hace justo 80 años, se produjo un demoledor ataque aéreo sobre la villa de Gernika por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana cuyos gobiernos apoyaban al bando franquista en la contienda civil que se desencadenó al fracasar el golpe de estado del 18 de julio de 1936.

El de Gernika no fue el primer bombardeo en alfombra para destruir una población civil ni el primer bombardeo contra civiles que habían llevado a cabo los aliados de los sublevados en Bizkaia. Un mes antes, aviones italianos habían bombardeado Durango el 31 de marzo en tres oleadas a lo largo de todo el día. Y al comienzo de la contienda, el 22 de julio de 1936, había sido bombardeado Otxandio. Tampoco fue el último puesto que el 21 de junio de 1937 la Legión Cóndor bombardeó Zalla. Y durante toda la campaña desarrollada entre 1936 y 1937 otras poblaciones sufrieron bombardeos esporádicos más o menos intensos como, por ejemplo, Santurtzi, que sufrió seis o siete: tres, uno de ellos naval, en agosto de 1936 (el objetivo fue dañar instalaciones portuarias y depósitos de combustible) y tres o cuatro en 1937 (abril y mayo).

Se trata de los primeros ataques aéreos premeditados sobre población civil de la historia cuyo objetivo era provocar caos y terror, causar pánico, amedrentar a la población civil  con el fin de desmoralizarla y acelerar la derrota del gobierno legítimo. Aterrorizar era también la finalidad de las sirenas (las denominadas trompetas de Jericó) que sonaban al descender en picado los Henschel HS 123 (antecesores de los stukas) alemanes.

El ataque sobre Gernika fue devastador: los aviones (31 bombarderos y 26 cazas) lanzaron una gran cantidad de bombas medianas de 250 kg, ligeras de 50 kg y más de tres mil proyectiles incendiarios de aluminio de 1 kg sobre el casco urbano de Gernika que quedó casi completamente arrasado. Sin embargo, la Casa de Juntas y el árbol se salvaron.

Y Gernika y el emblemático roble, símbolo vivo del fuero, privilegios, franquezas y libertades tradicionales de los vizcaínos y, por extensión, de los vascos, se transformó en un icono universal, en un rotundo alegato antibelicista, gracias a la obra más conocida de Picasso, el Guernica, pintado para la exposición universal de París de 1937.

De ahí que contar con un retoño del roble de Gernika sea para muchas localidades de todos los continentes un verdadero honor porque representa no solo las raíces vascas de algunos de sus habitantes sino, también, el recuerdo de un hecho execrable que no debería volver a repetirse (aunque, por desgracia, no ha sido así). Los retoños del árbol de Gernika se empezaron a entregar ya en el siglo XIX. Aunque no hay un censo exacto, los expertos hablan de varios centenares procedentes fundamentalmente de los últimos dos árboles titulares más longevos, el árbol viejo y el árbol nuevo. En el siguiente cuadro podemos ver la genealogía del árbol de Gernika.

En los últimos 22 años se han plantado 66 retoños del roble de Gernika en lugares tan distantes como Australia, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Kenia, México, Venezuela, por citar solo unos ejemplos. Estos retoños no se entregan de forma indiscriminada. Tiene que ser una institución, entidad o asociación que sea significativa, digna, que vele por el interés público y social. Los solicitantes deben garantizar su posterior cuidado y mantenimiento en un espacio público. Cada retoño va a acompañado de un certificado de autenticidad firmado por la presidencia de las Juntas Generales de Bizkaia.

En Santurtzi se han plantado cuatro retoños de los cuales dos existen en la actualidad.

  • En 1987, con motivo del cincuenta aniversario del bombardeo de Gernika, el Ayuntamiento de Santurtzi decidió rendir su particular homenaje denominando Gernika tanto a la calle llamada hasta entonces Prolongación de Maestro Calles como al parque “de las monjas”, conformado en el lado sureste de dicha calle, resultantes del proyecto de urbanización de ese espacio. Sin embargo, en la práctica, el nombre solo lo conserva el parque y el tramo de vía, hasta su confluencia con la calle Doctor Fleming, se considera parte de la entonces calle Maestro Calles y ahora, desde hace unos meses, Vapor Habana. En 1988 la Diputación Foral propuso a todos los ayuntamientos la plantación de un retoño del árbol de Gernika en cada municipio. El Ayuntamiento de Santurtzi aceptó la propuesta y señaló como lugar idóneo el parque central. Sin embargo, el retoño se plantó casi diez años después, en enero de 1998, en el parque de Gernika. Al cabo de unos años tuvo que ser trasplantado al parque central a causa de las afecciones derivadas de las obras del Metro. Lamentablemente no resistió el cambio y se secó. No tengo ningún testimonio gráfico. ¡Sería fantástico que apareciese alguna imagen!
  • El segundo retoño plantado en Santurtzi tuvo mejor suerte. En 2009, el Centro de Iniciación Profesional y Ocupacional (C.I.F.O.) de Santurtzi cumplió 20 años y como reconocimiento a todo el trabajo desarrollado durante estas dos décadas, tanto en el ámbito educativo como en el social, se plantó un retoño en febrero de 2010. Fotografías del pasado lunes, facilitadas por Isabel Bayón.

  • El tercer retoño residente en Santurtzi se plantó en el instituto Kantauri el 26 de abril de 2016, hace justo un año. En una ceremonia conmemorativa del 79 aniversario del bombardeo, alumnos del Aula Estable del  IES Kantauri plantaron el retoño del que no hay rastro en la actualidad. Al parecer se secó al poco tiempo. Además, creo que ni siquiera era un retoño certificado por las Juntas Generales de Bizkaia.

  • Finalmente, el cuarto retoño fue plantado en Santurtzi hace apenas tres meses, el 26 de enero con motivo del 20 aniversario de la Asociación de Centros de Formación Profesional Ikaslan Bizkaia, en el Centro Integrado de Formación Profesional San Jorge. Fotografías del pasado lunes, facilitadas por Jorge Serrano.

Echo en falta un nuevo retoño del roble de Gernika en el parque de Gernika y/o algún elemento simbólico: un monolito, un mural… algo que nos recuerde qué se quiere evocar con el nombre del parque.

Adenda [junio 2017]:

Mi propuesta de 2015 se ha hecho realidad. Desde el 2 de junio tenemos oficialmente un nuevo retoño, con su correspondiente diploma, y un recuerdo al bombardeo de Gernika a través de dos imágenes seleccionadas del famoso cuadro de Picasso.

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Por otra parte, según me informa Borja Bilbao, hubo dos precedentes retoños del roble de Gernika en Santurtzi, uno en el parque al lado del “bunker”, plantado antes de 1982, y otro en el parque de  Gernika,  cuando el terreno dejó de ser propiedad privada. Este último lo plantaron su padre, Guido Bilbao Alonso, y Félix Marcos, apodado Mona Carola.

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SAN JORGE JARRILLERO

La casa-torre de Salazar, una auténtica casa-torre, es uno de los edificios más emblemáticos del casco viejo de Portugalete por su antigüedad y por su historia. Fue construida por Ochoa García de Salazar hacia 1379 junto a la Basílica de Santa María, en un lugar estratégico desde donde se dominaba toda la desembocadura de la ría. La heredó después su hijo Lope García de Salazar, el famoso cronista de las luchas de bandos en la Baja Edad Media vizcaína.

cuadro salazar

Es un edificio de planta rectangular, de 12 m de largo por 8,40 m de ancho, con muros de algo más de un metro de espesor. Sus paredes de mampostería se refuerzan con sillares de arenisca en las esquinas y los vanos. Al principio debió ser un sencillo edificio de volumen vertical con tres alturas con acceso alto a través de un patín lateral como las de Martiartu y Zamudio (que tan buenos recuerdos me trae a la memoria), rodeado por un pequeño cercado más simbólico que defensivo. Con el paso del tiempo, pasó de ser torre defensiva a ser residencia señorial, transformándose así según las nuevas necesidades de sus moradores. Diversas construcciones se adosaron a la torre, rodeando el edificio hasta ocultarlo, y sufrió además importantes reformas internas.

torre de salazar

Incendiada intencionadamente durante los sucesos de octubre de 1934, quedó en ruinas y se perdió una valiosa biblioteca que se ubicaba en su interior. Fue reconstruida entre 1958 y 1959 por el arquitecto guipuzcoano Joaquín Irizar Barnoya (Azkoitia, 1893 – Donostia-San Sebastián, 1979). En marzo de 2000 fue adquirida por el Ayuntamiento al último propietario del antiguo linaje de los Salazar para destinarla a fines culturales. Tras la restauración a la que fue sometida entre 2001 y 2003, alberga en su interior un pequeño museo sobre la historia de Portugalete y de los Salazar, una sala de exposiciones temporales y un restaurante.

torre de salazar

Se puede conocer más información sobre este histórico edificio en el blog El Mareometro, en los siguientes enlaces:

Y en una publicación en papel, editada en 2004 por J. Aitor González Gato.

Pero, por supuesto, el motivo de esta entrada no es publicitar las bondades del patrimonio jarrillero… Mi interés por la torre se debe a su actual contenido que desconocía hasta hace unos meses, cuando preparaba el artículo dedicado al incendio intencionado de san Jorge en 1932. En su primera planta, la dedicada a museo, exhibe una colección permanente sobre la historia de Portugalete que, curiosamente, está integrada por numerosos objetos (imágenes religiosas y utensilios litúrgicos) originarios, entre otras, de la parroquia de san Jorge de Santurtzi. Son objetos que, al parecer, se salvaron del incendio y que, posteriormente, se depositaron en el Museo Diocesano de Arte Sacro que los ha cedido, hará ya unos 12 años, para su exposición en la torre de Salazar.

Las imágenes pertenecientes a la parroquia de San Jorge son las siguientes:

  • la imagen (sin corona) del Niño Jesús de Praga, realizada en madera policromada probablemente en el siglo XIX.

nino-jesus-de-praga

  • la imagen (restaurada) de san Vicente, realizada en madera policromada en el siglo XVII.

san-vicente

  • la imagen (restaurada) de santa Catalina, realizada en madera policromada en el siglo XVII.

santa-catalina

  • la imagen de la Virgen del Rosario, realizada en madera policromada probablemente en el siglo XIX.

virgen-del-rosario

Los objetos litúrgicos pertenecientes a la parroquia de san Jorge son los siguientes:

objetos-liturgicos

  • crismera de plata del siglo XVI, donación del licenciado Montaño Salazar en 1569 a la iglesia de san Jorge como así consta en la dedicatoria grabada junto al escudo heráldico de su linaje Salazar (en gules, trece estrellas de oro, puestas en tres palos de cuatro y una en punta). De esta pieza y del donante se ha publicado una documentada entrada en el blog El Mareometro, a la que se puede acceder desde este enlace.

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salazar

  • recipiente litúrgico de plata del siglo XIX.

recipiente-del-xix

  • incensario de plata del siglo XIX.

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Sólo por estos objetos ya merece la pena la visita a la torre de Salazar. Pero, además, podemos ver una copia del oleo de 1761 que representa un mapa de los Tres Concejos y la villa de Portugalete y que tiene una interesante historia. ¡Ojala pudiésemos disponer de una copia también en Santurtzi!

plano 1761

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