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El beaterio de la Merced de Santurtzi es una institución completamente desconocida en nuestro municipio. Hasta ahora, solo el párroco Luis Emiliano Pinedo había investigado el tema en los años 70 del pasado siglo, pero como no llegó a publicar sus estudios, recogidos en un manuscrito titulado apócrifamente Santurce: apuntes históricos, no ha tenido la adecuada difusión. Tampoco disponía de los medios actuales y se limitó a consultar detenidamente los libros de la parroquia de san Jorge, que no es poco. Así que, aprovechando que en 2018 se celebra el octavo centenario de la orden de la Merced, voy a publicar ordenadamente todas las referencias que he ido recopilando sobre esta desconocida entidad religiosa santurtziarra.

Beatas era la denominación que en el pasado se daba a ciertas mujeres piadosas que vivían apartadas del mundo, o bien solas, o bien en beaterios, es decir, en pequeñas comunidades vinculadas en ocasiones a la tercera orden franciscana o a la orden de los predicadores (dominicos). Envueltas a menudo en una aureola de santidad, gozaban de cierto prestigio entre las clases populares. En el caso de Santurtzi, el beaterio existente estaba vinculado a la orden mercedaria.

Esta advocación tiene su inicio hace 800 años, cuando la Virgen María, en su advocación de Virgen de la Merced, se apareció el 1 de agosto de 1218 a tres ilustres barceloneses: a san Pedro Nolasco, quien sería precisamente el fundador de la Orden de la Merced; al rey Jaime I de Aragón el conquistador y a san Raimundo de Peñafort, fraile dominico, maestro general de su orden de predicadores y confesor del primero. Diez días después de la aparición, los tres caballeros se encontraron en la Catedral de Barcelona y compartieron haber tenido la misma aparición: la Virgen María les pedía la fundación de una orden religiosa dedicada a la redención de los cautivos. Sería la Orden de la Merced para la redención de los cautivos.

La iconografía usada para representar a la Virgen de la Merced queda definida a partir del siglo XVI, consistiendo fundamentalmente en el hábito mercedario: túnica, escapulario y capa, todo en color blanco, con el escudo de la orden en el pecho. Otros elementos recurrentes son las cadenas y el grillete, símbolos del cautiverio.

Un personaje femenino muy importante en la orden, de hecho la primera religiosa mercedaria,  fue santa María de Cervelló (Barcelona, 1230-1290). Es también conocida como María del Socorro por los relatos que cuentan que fue vista, en vida y después de muerta, acudir en ayuda de las naves de la redención en medio de enormes tempestades. Se le invoca como patrona de navegantes para evitar naufragios y por lo general se le representa con una embarcación en una de sus manos. Este aspecto me parece muy interesante a tener en cuenta en una población como Santurtzi que durante siglos fue patria de cientos de mareantes.

En 1384 la Orden de la Merced fundó el convento de Santa María en Burtzena (Barakaldo) que tuvo un notable influjo en el territorio. Tiempo después, la Orden de la Merced abrió numerosos beaterios a cargo de laicos, que se ponían al servicio de la obra de redención de cautivos. Fueron de gran ayuda para la colecta de limosnas y para la acogida de los cautivos liberados que volvían enfermos o sin medios. Estos beaterios vizcaínos florecieron al amparo de la comunidad de Burtzeña: Santurtzi (anterior a 1464?), Bilbao (1514), Deusto (1520), Markina (1545), Arrankudiaga y Larrabetzu (circa 1548), Berriz (1550), Ibarra (1563) e Ibarruri (1594). De este último se conserva el edificio, que ostenta el escudo de la orden en la fachada. Así podría haber sido el aspecto del beaterio santurtziarra.

Durante la Baja Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, siglos XV-XVI, convertirse en beata fue un fenómeno ampliamente documentado. En aquellos siglos no estaba bien vista la soltería femenina, pero profesar en una orden religiosa no estaba al alcance de mujeres sin recursos ya que era obligatorio aportar una elevada dote para ingresar en el convento. De forma más o menos espontánea un grupo reducido de mujeres laicas, las beatas, se juntaban voluntariamente para vivir en común y dedicarse a la oración, al trabajo y a ejercer tareas de enseñanza (catequesis) o labores piadosas y caritativas. Pero no vivían en clausura ni profesaban votos como las religiosas (monjas). Casi todos los municipios importantes tuvieron algún beaterio.

A partir del Concilio de Trento se exhortó a los beaterios a convertirse en monasterio o convento con los tres votos solemnes de pobreza, obediencia y castidad, y el cuarto de clausura. Como medida de presión se prohibía recibir nuevas novicias a los beaterios que no impusiesen la clausura.  Es decir, si un centro no aceptaba imponer la norma, estaba abocado a extinguirse. Muchos beaterios se opusieron puesto que la clausura impediría desarrollar actividades de las que dependía el sustento económico de estos beaterios: su dedicación a la enseñanza religiosa de niños y doncellas y al adiestramiento en las labores y gobierno de la casa, la visita y el cuidado a enfermos que carecían de familia, amortajar a los difuntos, otros trabajos manuales, etc.

Por alguna razón desconocida, el beaterio de Santurtzi, pudo continuar sin tener que transformarse en convento de clausura. En Bizkaia solo encontramos otra excepción, el beaterio de las agustinas de Markina (se extingue en 1846 con la muerte de la última beata, como sucede en Santurtzi).

La historia de los beaterios y su transformación en conventos ha sido estudiada en profundidad por Nere Jone Intxaustegi. Dos artículos suyos son de lectura recomendable: Beatas, beaterios y conventos: origen de la vida conventual femenina vasca y Beatas y beaterios vizcaínos: desde el nacimiento medieval a la extinción del siglo XIX.

En este último la autora señala la existencia de dos beaterios en Santurtzi, el adscrito a la orden de la Merced, protagonista de esta entrada, y otro adscrito a la Tercera Orden de San Francisco, cuya patrona es Santa Isabel de Hungría, por lo que las beatas fueron conocidas como terciarias o isabelinas. De las isabelinas de Santurtzi dicen que en 1631 seguían sin haber abrazado la clausura y que la comunidad desapareció con la muerte de la última beata (antes de 1655).

Como ocurre en otros muchos ámbitos de la historia de Santurtzi, desconocemos la fecha exacta de fundación del beaterio y el nombre del fundador o protector que dotaba inicialmente con una serie de bienes a la institución. Tampoco sabemos si se adscribió desde el comienzo a la Orden de la Merced, aunque es probable dada la cercanía y la reputación del convento de Burtzeña. Y son muy escasas las referencias que encontramos a lo largo del tiempo.

La primera referencia cronológica la encontramos en la biografía de Lope García de Salazar (1399-1476) realizada por Sabino Aguirre Gandarias. Según cuenta, a raíz de una riña conyugal, Juana de Butrón y Mujica la esposa del cronista se separó definitivamente y en 1464 se retraxo a un monasterio de Santursi en una casa situada cabe la iglesia de las beatas. No sé si este beaterio se corresponde con el mercedario o con el terciario-isabelino.

La segunda referencia conocida data de 1574. Se trata del testamento otorgado por Pedro de la Torre,  vecino de Mamariga, en el que se cita el beaterio de la Merced y a una de las beatas, la primera que conocemos por su nombre: Madalena de Nocedal.

Tenemos noticias de otra beata nacida en Galdames en 1609, Magdalena Ballibian Achuriaga. José María Urrutia Llano en su obra La casa Urrutia de Avellaneda, publicada en 1968, dice literalmente que fue monja en el convento de Nuestra Señora de la Merced en Santurce. Es evidente, a la vista de lo comentado, que utiliza los términos monja y convento como sinónimos de beata y beaterio.

Las beatas, adscritas a la citada Orden de la Merced, presentaron para su aprobación sus  ordenanzas al arzobispo de Burgos en 1688, a cuya jurisdicción pertenecía Santurtzi. En el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia se conserva el documento, fuente de información imprescindible para conocer sus normas de funcionamiento, usos y costumbres. Este documento se reclama tras un previo auto de visita pastoral (de inspección), visitas que más o menos regularmente se realizaban en cada diócesis. En sucesivos autos de visita reflejados en los libros de la parroquia de san Jorge (1705, 1708, 1724, 1739, 1800) se menciona el beaterio y se añade información adicional sobre sus reglas y prácticas. También aparece mencionado en otro tipo de documentación. En 1769, en respuesta a la demanda del Vicario, el párroco de san Jorge le informa que en el beaterio de la Merced viven siete beatas.

De 1744 se conserva un interesante protocolo notarial de Matías de Villar, una compraventa. La madre comendadora Rosa de Nozedal, y las beatas San Joseph de Balparda, María de Trinidad San Pedro de los Heros, y Francisca de Mercedes y Nozedal, venden al matrimonio formado por Joseph de Echavarria y María de Larrazabal un terreno por 100 ducados de vellón.

El diez de marzo de 1754, la santurtziarra Marina del Valle otorga una escritura de fundación de censo en favor del beaterio de Nuestra Señora de la Merced del Concejo de Santurce, ante el escribano Manuel Antonio de Aranguren. El citado censo era una especie de contrato hipotecario, una forma de pago aplazado, instituido por la madre de una futura beata para dotar a su hija, Brígida del Valle, para que pudiera ingresar en el beaterio. El pago de los réditos de este censo se incumple en 1793 y el beaterio demanda al entonces propietario de parte de los bienes hipotecados, entre los que se encuentra una casa en el barrio de Mamariga.

En 1794, el sacerdote Manuel de Salcedo escribe una detallada descripción de nuestro municipio que remite al geógrafo y cartógrafo Tomás López de Vargas Machuca (Madrid, 1730-1802) para la confección de su inconcluso diccionario geográfico-histórico. El manuscrito se conserva en la Biblioteca Nacional en Madrid, pero existe una copia microfilmada en la Biblioteca Foral de Bizkaia. Respecto al beaterio dice lo siguiente:

Y así se refleja en el primer volumen del citado diccionario, publicado en 1802:  Hay finalmente un beaterio de nuestra Señora de la Merced en Santurce.

En el Censo de Policía realizado entre 1825 y 1826 cuatro mujeres (censadas en el Tercio de Cabieces) declaran como estado u ocupación la de beata de la Merced. Son las siguientes: sor María Antonia, sor Mercedes, sor Nicolasa y sor Trinidad. Todas ellas dicen ser naturales de Santurtzi. En aquel momento declaran tener entre 48 y 56 años de edad.

Durante la regencia de la reina María Cristina se inicia un proceso conocido globalmente como la desamortización de Mendizabal.  Entre 1835 y 1837 se firman una serie de reales órdenes por las que se suprimen los conventos de órdenes religiosas (con algunas excepciones, como escolapios y hospitalarios y las Hermanas de la Caridad), se expropian sus bienes y se ponen en venta. El beaterio de Santurtzi es uno de las instituciones religiosas afectadas. El intercambio de correspondencia que se conserva entre la Comandancia General de Vizcaya, la Diputación del Señorío de Bizkaia y la Diócesis de Santander (a la que pertenece Santurtzi entre 1760 y 1862) en la que se cita expresamente el beaterio santurtziarra no aclara el asunto. Pero, en mi opinión, fue probablemente suprimido como institución entre 1836 y 1837, ejecutando las citadas reales órdenes y demás decretos complementarios.

De las beatas registradas en el Censo de Policía, el grupo de genealogistas santurtziarra SGZ ha localizado las partidas de defunciones de tres de ellas. Sor María Antonia se nos resiste. Son las siguientes:

  • sor Mercedes Quintana Barco fallece el 7 de febrero de 1840.
  • sor María Rosa de la Santísima Trinidad Escarzaga fallece el 12 de junio de 1845.
  • sor Nicolasa del Espíritu Santo Zuazo Balparda fallece el 13 de diciembre de 1851. Esta partida es muy interesante pues el párroco consigna que era la última beata que existía en el suprimido beaterio de la Merced de Santurtzi.

En 1850, en el auto de visita del obispo de Santander se recoge el inventario de los efectos trasladados a la iglesia de san Jorge que pertenecieron a la ermita del desaparecido beaterio de la Merced. Entre ellos se cita un retablo de madera con las efigies de la Virgen de la Merced, san Pedro Nolasco, y santa María del Socorro.

Durante su larga existencia, aproximadamente tres siglos,  el número de beatas vinculadas al mismo tiempo al pequeño beaterio de Santurtzi siempre fue muy reducido: entre tres y siete. La comunidad se sometía a la autoridad de la madre comendadora. Era elegida por la comunidad para un periodo de tres años, sin posibilidad de reelección consecutiva.

Vestían las beatas de ropa interior modesta y sobre ella el hábito blanco mercedario de tejido basto de estameña o su similar llamado anascote. Sus austeras celdas, únicamente decoradas con alguna imagen de devoción carecían de mesa o escritorio y aún de puerta, haciendo sus funciones una cortina de tela. Dos almohadas, dos colchones y un jergón junto a dos mantas completaban el aderezo de la habitación. Dada la pobreza del beaterio todo ello había de ser aportado por la nueva beata.

El día a día de las beatas transcurría entre el tiempo dedicado al trabajo y a la oración. La jornada comenzaba a las cinco y media de la mañana en verano y una hora más tarde en invierno. Realizaban las tres comidas diarias a las seis, las diez y a las seis (una hora más tarde en invierno), siendo preparadas por la hermana refitolera. Asistían diariamente a misa a la iglesia de san Jorge. Caminaban en formación de dos en dos y sin pausa, sin pararse a conversar con seglares y menos aún con hombres, aunque fueran sus padres, hermanos o familiares. Las salidas del beaterio no podían realizarse en solitario, siempre tenían que ir al menos dos beatas juntas.

Los hombres no podían acceder al edificio excepto el médico, oficiales de oficios para realizar reparaciones o el sacerdote a administrar la extremaunción. En este último caso podía ser acompañado de cualquier persona para visitar a la enferma. Ningún hombre podía pernoctar en el beaterio. Las mujeres sí que podían acceder a las celdas para visitar a las beatas, pues como hemos comentado, nunca adoptaron la clausura.

He dejado para el final la cuestión de la situación del beaterio. De las beatas de Santurtzi no ha quedado casi ningún recuerdo, pero el edificio utilizado como beaterio subsistió mucho más tiempo reconvertido en escuela de primeras letras. Es posible que en sus cuatro siglos de vida cambiara de lugar hasta ubicarse finalmente en la sede que conocemos, empleada después como escuela, la de Fermín Repáraz. En la actualidad, en ese solar se ubica el edificio que acoge el euskaltegi y la escuela de idiomas. Luis Emiliano Pinedo lo ubica un poco más arriba, en la intersección entre la calle José Gurrutxaga y el grupo de viviendas 8 de marzo, justo debajo de Fontuso, apunta Carlos Glaría. En el Censo de Policía de 1826 las beatas están censadas administrativamente en el Tercio de Cabieces.

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Las Jornadas Europeas del Patrimonio se celebran desde 1991 por iniciativa del Consejo de Europa en colaboración con la Unión Europea. Tienen como objetivo fundamental establecer una conexión entre la ciudadanía y su patrimonio. Visitas guiadas, rutas e itinerarios, conferencias, exposiciones, conciertos y otras manifestaciones culturales pretenden que el visitante se identifique con el lugar visitado, se reconozca en él, lo valore y promueva su conservación.

Como cada año, las Jornadas Europeas del Patrimonio cuentan con un tema, un hilo conductor que trata de dar unidad a las numerosas actividades que municipios, museos, asociaciones, empresas e incluso particulares ofrecen en Bizkaia. En esta ocasión tienen como tema central mostrar el papel de la mujer en la construcción de nuestro patrimonio. Se trata de interpretar el patrimonio desde una perspectiva de género para ver la indudable aportación de las mujeres en la conformación, transmisión y preservación de los bienes muebles e inmuebles, materiales e inmateriales, que conforman el patrimonio cultural de Bizkaia.

Cinco profesiones femeninas relacionadas con el Abra y la ría serán las protagonistas de las Jornadas Europeas de Patrimonio en Santurtzi: las portuarias, las rederas, las sardineras, las sirgueras y las trabajadoras de las fábricas de salazones y conservas. Pero no nos olvidaremos de su papel en las actividades agrícolas y mineras cuando el Concejo de Santurce englobaba parte de los montes de Triano. Y tampoco de las abnegadas trabajadoras del matadero municipal.

Las actividades organizadas por el Ayuntamiento de Santurtzi son, como siempre, muy interesantes:

Las visitas guiadas por el Abra en la lancha en la que se procesiona a la Virgen del Carmen tendrán lugar los sábados 6 y 13 de octubre y comenzarán a las 10 de la mañana. Para apuntarse se puede acudir a la Oficina de Turismo, en el puerto pesquero, enviar un correo electrónico a turismo@santurtzi.eus o llamar al tfno. 94 483 94 94.

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Con motivo del 50 aniversario de la inauguración del monumento a la sardinera, el Ayuntamiento organizó en 2014 una fiesta popular, el primer Sardinera Eguna, con vocación de perdurar en el tiempo con sucesivas ediciones. Y así, cada año se aprovecha la jornada festiva para homenajear o reivindicar algún aspecto relacionado con la memoria histórica, con nuestro pasado marinero.

En 2015, se recuperó un elemento muy importante dentro del patrimonio etnográfico santurtziarra: la amplia cesta que llevaban las sardineras sobre sus cabezas, de la que, desgraciadamente, no se conserva ningún ejemplar original en nuestro municipio.

En 2016, aprovechando que se conmemoraba el centenario de la construcción de la actual sede de la Cofradía de Pescadores de San Pedro, la Casa para Venta del Pescado, se realizó un homenaje a todos nuestros arrantzales representados por su Cofradía de Pescadores, entidad que, durante el último siglo, ha sido un referente en la vida del municipio.

En 2017, el acto más relevante de la jornada fue la recreación de un aurresku de honor bailado por mujeres el 11 de septiembre de 1921 para rendir tributo a los bogadores del pueblo que ganaron una de la primeras regatas del Abra.

Dos actividades tradicionales, las danzas y las regatas, se unían en un acto que, además, tenía una significación especial pues se celebraba también el cincuentenario de la creación del club de remo Itsasoko Ama.

Este año, el programa de actividades vuelve a ser amplio y diverso, pero en él destacaría el homenaje a las rederas, mujeres encargadas de confeccionar y reparar los artes de pesca. Muchas de ellas ejercían el trabajo desde niñas y por sus manos expertas pasaban todos los bolintxis de las lanchas del pueblo. A pesar de ser imprescindible para el sector pesquero, el oficio de redera careció de reconocimiento profesional hasta hace muy poco tiempo.

Para no olvidarnos de ellas un mural realizado por Jon Mao en el puerto nos recordará permanentemente a las mujeres de la mar: sardineras, rederas, portuarias, etc.

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Nuevo artículo, el 24.º de la serie, publicado en el número 126 de ensanturtzi.com en la sección Santurtzi Ezagutu: pequeños fragmentos de la historia de Santurtzi, correspondiente al mes de marzo. Podéis encontrar información más detallada en la entrada redactada para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.

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La quinta entrada dedicada a la mujer trabajadora en Santurtzi tiene como protagonista a las rederas. La figura de la redera se ha visto eclipsada, en general y particularmente en Santurtzi, por la de la sardinera. Ya es hora de reivindicar su papel, su trabajo y su contribución a la riqueza del municipio en épocas pasadas.

En una actividad económica como la pesca, tan decisiva para el municipio durante casi 100 años, entre 1880 y 1980 aproximadamente, el imprescindible papel de las rederas, confeccionando y reparando las redes no se puede obviar.

La pesca era una actividad que funcionaba en cadena y la participación de la mujer era fundamental. Trabajadoras incansables, en el hogar y en el puerto. En el caso de las rederas, la pesca de bajura suponía una labor casi diaria. Las redes de cerco, fabricadas con hilo de algodón, solían sufrir roturas en los paños debido a corrientes fuertes, a maniobras incorrectas al largar o virar el aparejo y a reventones provocados por la gran cantidad de pescado atrapado. No quedaba más remedio que remendar las redes rotas para poder salir a faenar al día siguiente.

Como el de arrantzale, el oficio de redera se adquiere desde temprana edad, a  los 13 o 14 años. Y también presenta una estratificación. Las más jóvenes acompañaban a sus madres, tías, etc. a ayudar y a aprender, sin cobrar hasta adquirir suficiente destreza. Se organizaban por grupos dirigidos por una redera experimentada, responsable de contratar el trabajo y apalabrar el precio con el patrón de la embarcación pesquera. Así mismo, se encargaba de reunir y coordinar a las demás rederas que formaban la cuadrilla de trabajo. Era un oficio duro, sin horarios fijos y con condiciones laborales inestables. El salario era bajo. Se solía cobrar por horas. No había forma de prever los posibles ingresos mensuales derivados de su trabajo.

La reparación de las redes se realizaba de forma manual. Sentadas sobre unas pequeñas banquetas colocadas encima de la red, en posturas incómodas. Estiraban la red, se la acercaban a las manos y pasando una pequeña aguja con hilo entre los dos extremos de la rotura cosían la red. Se ayudaban con los dedos de los pies para tensar las redes.

Hasta la construcción del puerto actual, las rederas reparaban esas redes en el pórtico de la iglesia de San Jorge o a la intemperie, en el primer relleno adyacente a la iglesia y la casa consistorial como podemos ver en la postal coloreada (quinta imagen, fechable en 1905 aproximadamente).

Después del relleno y construcción del puerto actual, el trabajo de las rederas se realiza en los nuevos muelles. Para poder realizar esas labores, la Cofradía de Pescadores tuvo que solicitar y obtener la pertinente licencia de la Junta de Obras del Puerto en 1918.

Más adelante, con la construcción de las bodegas, también conocidas como bolintxes, podían realizar el trabajo en su interior sin depender de las inclemencias meteorológicas. En las bodegas también se ubicaba la máquina que se empleaba para teñir las redes.

En los años 30 y 40 del pasado siglo XX se estima que entre 25 y 30 mujeres trabajaban habitualmente como rederas en nuestro puerto. Y su número fue decreciendo paulatinamente. Las rederas documentadas e identificadas, entre ellas mi amama paterna, están incluidas en la entrada dedicada a las mujeres trabajadoras con profesiones relacionadas con la actividad portuaria.

Cada 22 de julio celebraban el día de su patrona, santa María Magdalena. Con alguna gratificación o paga extra que les daban los armadores se iban a celebrarlo a Nocedal, Plentzia o a otros lugares.

En la actualidad ya no existen rederas en Santurtzi. Desaparecieron a finales de la década de los 70, por diversas circunstancias. Entre otras, la presencia en nuestro puerto de pescadores andaluces, de Barbate (Cádiz), que sabían coser redes y echar paños, de manera que no necesitaban de los servicios de las rederas puesto que incluso reparaban las redes en el propio barco tan pronto como se producía su rotura.

La falta de relevo generacional, la fabricación de redes con materiales sintéticos y la reducción de la flota pesquera abocan a la desaparición en el resto de puertos vascos de este tradicional oficio realizado por mujeres. Y, sin embargo, es justo ahora cuando se esta trabajando más para dar visibilidad y reconocimiento al trabajo que desarrollan las mujeres dedicadas a la reparación artesanal de redes de pesca, fomentando la igualdad de oportunidades, el asociacionismo, la formación y sobre todo la diversificación y el emprendimiento.

Sobre el tema se han publicado dos lecturas muy recomendables. En 2006, la Diputación Foral de Bizkaia publicó un interesante estudio titulado Profesiones, oficios y tareas de las mujeres en Bizkaia. Imágenes de ayer y hoy.

Y en 2012, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente publicó otro estudio, dedicado específicamente a esta profesión, titulado Rederas: un oficio desconocido.

Para la realización de este último informe se realizaron encuestas a un total de 223 cofradías de pescadores y a 17 asociaciones de rederas gallegas, asturianas, cántabras y vascas.

El informe se divide en dos bloques diferenciados, analizándose en el primero de ellos, las características generales del oficio de rederas, la normativa que lo regula, los tipos de arte que trabajan y los métodos para reparar las redes. Los resultados constatan que a 30 de diciembre de 2011, había un total de 802 personas dedicadas a la reparación de redes, según el Instituto Social de la Marina: 701 mujeres y 81 hombres. De estas, 648, el 81%, trabajaban en Galicia. El oficio de montaje y reparación de redes no está presente en todas las Comunidades Autónomas. Es un oficio más extendido en el norte (Galicia, Euskadi, Cantabria y Asturias). En Andalucía  solo estaban registradas 8 personas y en Cataluña 3.

En la segunda parte del estudio se realiza una descripción pormenorizada, con un especial enfoque de género, de las características y condiciones del trabajo. Del análisis se desprende que el perfil sociológico de las personas que realizan esta actividad corresponde a mujeres con edades comprendidas entre los 40 y los 65 años. Casi todas con algún vínculo familiar que las une al mar. Por este motivo, muchas de ellas han elegido esta profesión, la cual han aprendido en la mayoría viendo como lo hacían sus familiares.

En cuanto al lugar donde las mujeres desarrollan su trabajo, depende del tipo de arte, de su tamaño y su peso. Pueden trabajar a la intemperie en el muelle, en recintos habilitados como las naves o las carpas, en su propio domicilio o bien alternando trabajo al aire libre y en espacios cubiertos.

Además, el estudio da cabida a las principales problemáticas y cuestiones de interés que más preocupan a las asociaciones del colectivo de rederos y rederas. Así, en relación con las demandas manifestadas por los propios trabajadores, los equipamientos necesarios para mejorar sus condiciones laborales son sillas ergonómicas, accesorios para tener a mano las herramientas, armarios para almacenaje o elevadores o maquinaria específica para trasladar aparejos y mercancías.

Para finalizar la entrada, los enlaces a las entradas precedentes dedicadas a la mujer trabajadora en Santurtzi para conmemorar el Día Internacional de la Mujer:

Otros artículos del blog también reivindican el papel de la mujer en todos los campos:

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El aurresku femenino que tuvo lugar en Santurtzi el 18 de septiembre de 1921 ya fue protagonista de una entrada en el blog en febrero de 2016. Entonces comentaba que se había publicado un interesante articulo en la web dantzan.eus, editada por Dantza Sustatu eta Hedatzeko Elkartea, fruto de la investigación realizada por Emilio Xabier Dueñas acerca del primer aurresku de honor bailado por mujeres del que se tiene noticia (en este caso santurtziarras de familias relevantes), celebrado en el parque de Santurtzi para homenajear a los épicos bogadores ganadores de la regata de 1921, a los que he dedicado dos entradas (primera segunda).

En septiembre de este mismo año, el acto más relevante del IV Sardinera Eguna ha sido precisamente la recreación de ese aurresku de honor para rendir tributo en este caso a los bogadores actuales del club de remo Itsasoko Ama que, gracias a su esfuerzo, ha ascendido a la primera división de la liga de traineras de la Asociación de Clubes de Traineras (ACT) y que además este año celebra su cincuentenario.

Hace unos días se ha publicado otro interesante y extenso artículo de 20 páginas en el número 62 de la revista Dantzaria correspondiente a este año 2017, firmado por el mismo autor y titulado Unas regatas que finalizaron en aurresku.

En este artículo Emilio Xavier Dueñas describe con mucho detalle diversos aspectos técnicos relacionados con la regata y con los festejos organizados para celebrar la victoria de la tripulación santurtziarra (la mayoría del barrio de Mamariga) en la que destacó ese aurresku tan singular.

Además, ha hecho el esfuerzo de intentar identificar con nombre y apellidos a quienes participaron en el aurresku consultando diferentes fuentes: el padrón Santurtzi de 1920, este blog, archivos privados y otros testimonios. En el caso de las mujeres el trabajo de identificación ha sido muy arduo y no del todo definitorio. Respecto a los bogadores, las fuentes son más claras y abundantes y, en consecuencia, el trabajo algo más fácil y el resultado más seguro.

Para los interesados en las danzas tradicionales vascas, en el artículo se analiza meticulosamente la grabación del aurresku santurtziarra para determinar la estructura, el desarrollo e incluso las melodías de los bailes ejecutados.

Para el que quiera recurrir a la fuente original, la revista está a la venta, pero no en librerías. Para adquirirla hay que solicitarla a través del correo electrónico (edb-koordinazio@hotmail.com) o del teléfono 690 812 514 de Euskal Dantzarien Biltzarra.

Nuevamente tengo que agradecer a Emilio Xavier Dueñas no solo que me cite entre las fuentes de su investigación sino que además me haya facilitado su artículo para difundirlo en el blog.

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Con motivo del 50 aniversario de la inauguración del monumento a la sardinera, el Ayuntamiento organizó en 2014 una fiesta popular, el primer Sardinera Eguna, con vocación de perdurar en el tiempo con sucesivas ediciones. Y así, cada año se aprovecha la jornada festiva para homenajear o reivindicar algún aspecto relacionado con la memoria histórica, con nuestro pasado marinero.

Hace dos años, en 2015, se aprovechó la segunda edición para recuperar un elemento muy importante dentro del patrimonio etnográfico santurtziarra: la amplia cesta que llevaban las sardineras sobre sus cabezas, de la que, desgraciadamente, no se conserva ningún ejemplar original en nuestro municipio.

El año pasado, aprovechando que se conmemoraba el centenario de la construcción de la actual sede de la Cofradía de Pescadores de San Pedro, la Casa para Venta del Pescado, se realizó un homenaje a todos nuestros arrantzales representados por su Cofradía de Pescadores, entidad que, durante el último siglo, ha sido un referente en la vida del municipio.

Este año el acto más relevante de la jornada será la recreación de un aurresku de honor bailado por mujeres el 11 de septiembre de 1921 para rendir tributo a los bogadores del pueblo que ganaron una de la primeras regatas del Abra.

Dos actividades tradicionales, las danzas y las regatas, se unen en un acto que, este año, además, tiene una significación especial pues se celebra el cincuentenario de la creación del actual club de remo que acaba de ascender de categoría, a la liga ACT.

El programa de actividades, amplio y variado, culminará con una típica sardinada a las 19.30 horas.

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